martes, 28 de marzo de 2017

La Abadía de Santa María de Jumièges




"Las mas bellas ruinas de Francia"
Victor Hugo (1802-1885)


La revolución francesa acabó con un sistema social, económico, religioso y político que, entre otras muchísimas cuestiones, convirtió todo lo inmediatamente anterior  en lo se hoy conoce como el Antiguo Régimen, y con el, el inicio de la conversión en ruinas de muchos monumentos.
La virtud de muchas de estos restos históricos está en su significado y su belleza, como ocurre en Jumiéges.
Los vestigios del inmenso conjunto abacial situados al abrigo de un meandro del Sena forman un decorado cautivador en el lugar donde existió uno de los mas afamados y grandes monasterios de occidente, un centro cultural y artístico de primer nivel, nacido al amparo de la protección de los reyes desde el siglo VII.




 Les Énervés, de Évariste-Vital Luminais, 1880


Es precisamente esa larga historia, esa magia de lo inmenso, la que ha creado historias paralelas imaginarias que pretenden explicar, en forma de leyendas y cuentos, algunas realidades que "innecesariamente" adquieren tintes misteriosos, halos fantásticos e incluso truculentos.
Sobre Jumiéges circularon importantes leyendas que, incluso, han sido llevadas a la gran pantalla, como la de Los Enervés o Desnervados  que viene a exponer que la antigua abadía, que había sido fundada en 654 por San Filiberto, era sostenida por el piadoso rey Clodoveo II, quien había organizado su peregrinación a Tierra Santa. La regencia, durante ese viaje, recayó en su esposa Batilda de Ascania y los príncipes. Aprovechando la ausencia paterna, estos se alzaron contra el rey, quien, conocedor de los hechos, regresó y los arrestó. Batilde, previendo castigos mas duros, aconsejó que se les quemaran los nervios de las piernas y se les abandonara en un barco sobre el Sena con alimentos. Así, postrados sobre la cubierta de la barcaza, fueron hallados por San Filiberto y llevados a la abadía, donde acabaron, como monjes, sus días.

Los Énervés de Jumièges. Publicado en Histoire de l’abbaye royale de Jumièges

Esta historia, que no ocurrió jamás ya que los herederos de Clodoveo - futuros  Clotario III, Teoderico III, Childerico II-  nunca se rebelaron contra su padre, debió ser inventada en el siglo XIII, a partir de la existencia del sepulcro dos jóvenes príncipes.

Otro tanto ocurre con el cuento del Lobo Verde que narra como las monjas del cercano monasterio de Pavilly, fundado por Santa Austreberta, eran responsables de lavar la ropa de los monjes de Jumièges. El traslado de los hatillos se hacía con un burro amaestrado. Un día, el animal no regresó, pues había sido atacado por el lobo. El Santo, poniéndole a sus pies, le hizo confesar el crimen obteniendo el perdón a cambio, como penitencia, de hacer su trabajo. El lobo fue domesticado e hizo toda su vida el trabajo de traslado de la lavandería.



Lo cierto es que la abadía de Jumièges, situada muy cerca de la ciudad de Rouen, se levantó  -a la entrada de un meandro del río Sena- en el siglo VII y es uno de los más antiguos y más grandes monasterios benedictinos   de Normandía.Se sostiene que fue fundada en 654 por San Filiberto, quien, después de su estancia en varios monasterios, impulsó la creación de este de Jumièges. 
La reina Bathilda, esposa de Clodoveo II, lo ayudó con la cesión de los terrenos necesarios para el nuevo establecimiento. 
Debido a un conflicto con la corte, Filiberto abandonó Jumièges y se retiró a Noirmoutier (Vendée), donde fundó una nueva abadía, y una vez restablecida la situación, regresó a Jumièges para, desde allí, fundar la abadía femenina de Montivilliers , cerca de Le Havre (683). 
El 682, San Acardo, que había fundado anteriormente el monasterio de Saint-Benoît de Quinçay (Vienne), fue designado abad de Jumièges. 
En año 841 los normandos, tras atacar Rouen, asaltaron, saquearon e incendiaron el monasterio en varias ocasiones, obligando a la comunidad a buscar refugio en la región de Cambrai (Norte) y dejando abandonado Jumièges durante una decena de años.
Alrededor de 930 Guillermo I de Normandía, hace venir una comunidad de Saint-Cyprien de Poitiers (Vienne) para comenzar el renacimiento monástico de Jumièges, pero su muerte truncó el proyecto que no se volvió a emprender hasta comienzos del siglo XI. 
Durante la primera mitad de aquel siglo se restauró la iglesia abacial y, a partir de ahí, la gran abadía que en los siglos siguientes logrará una considerable riqueza e influencia en esta región normanda del curso inferior del Sena.
La guerra de los Cien Años le afectó de manera directa prolongándose la situación desde mediados del siglo XIV hasta el 1450. 
La entrada del régimen comendatario (1464) y el relajamiento de las costumbres no ayudaron a su recuperación. Para regularizar la situación se intentó su unión con la congregación de Chezal-Benoît, pero nunca se llegó a concretar de manera efectiva. 
Tampoco se libró de los efectos de las guerras de Religión, en 1562 los monjes tuvieron que huir mientras la abadía era saqueada. 
En 1660 comenzaron las reformas llevadas a cabo por la congregación de San Mauro, que se hizo cargo de la recuperación tanto material como espiritual de Jumièges. 
La Revolución llegó cuando aún estaba en plena reconstrucción y en 1795 el monasterio pasó a manos particulares y comenzó su demolición sistemática hasta el 1824 fecha en que se detuvo. 
En 1853 pasó a manos de la familia Lepel-Cointet, que modificó algunas de sus estructuras para convertirlas en residencia.
En el año 1946 el lugar pasó a manos públicas, convirtiéndose en un lugar histórico protegido y comenzando la consolidación de sus restos. 
La abadía, finalmente, se convirtió en propiedad del departamento de Seine-Maritime en 2007.



La visita a las ruinas de la abadía de Jumieges es un viaje de nueve siglos de arquitectura e historia, pues se conservan restos de construcciones desde época carolingia, en el IX, hasta el siglo XVII, siendo el templo abacial  de estilo románico normando, el centro del complejo. Su situación se debe a constantes obras de consolidación y protección, pues, después del saqueo de la abadía, jamás de consideró la posibilidad de su reconstrucción.




El acceso se realiza a través de una portería gótica construída en el siglo XIV que fue reconstruida en el siglo XIX en estilo neogótico. En ella se encuentra la recepción con una tienda y alguna sala de exposición, todo ello sobre las estancias de la familia Lepel-Cointet.



El recorrido continúa hacia la impresionante fachada occidental de la iglesia abacial de Nuestra Señora, una obra maestra de la arquitectura románica normanda, que fue levantada entre los años 1040 y 1060 por iniciativa del Padre Robert Champart, a la que se accede a través de una puerta enmarcada por dos torres laterales de 46 metros de altura. 
La nave central, con sus 25 metros de altura, es la más alta de Normandía. A pesar de su situación, conserva los capiteles y las bóvedas de crucería de las naves laterales, así como restos de pinturas de despiece de sillares.



El crucero, con dos capillas orientadas y tribunas en los extremos, tenía una gran torre-linterna que alcanzaba una altura de cuarenta y un metros.
El coro de la Virgen fue reconstruido en el siglo XIII.





El templo poseía originalmente una cabecera con deambulatorio sin capillas, que después sería sustituida por una construcción gótica. 






La nave central perfeccionaba las experiencias de ordenación de los muros laterales que aparecen en los templos normandos: los tramos eran dobles, disponiendo entre dos pilares cruciformes una columna y, entre ellos, generando un intercolumnio de dos arcos semicirculares; sobre estos se colocaban arcos triples que correspondían a una tribuna que iba sobre las naves laterales; por último, el tercer orden correspondía a los ventanales. 
De los pilares cruciformes, parte una columna que ascendería por todo el muro para constituirse en apeo de unos arcos diafragma para colocar una cubierta de madera. La tribuna se abovedaba con aristas. 






En la parte occidental se ubicaba un nártex avanzado en fachada y flanqueado por dos torres.



A través del pasaje de Carlos VII se accede a la primitiva iglesia de San Pedro, que conserva la fachada y los dos primeros tramos de la nave con medallones circulares de época carolingia. El resto del edificio fue completamente reconstruido en el siglo XIII - la nave sur- y en el siglo XIV - la norte-. 






Sobre la fábrica del muro sur  original, se conserva el resto pintado de un busto masculino de época carolingia.








Hacia el oeste se levantaba una tribuna de época románica, cuyo arco central permanece, aún hoy parcialmente cegado y que conserva restos de pintura románica geométrica visible en el intradós.





El claustro, en el corazón de la abadía, ponía en contacto los diferentes edificios del complejo, pues d aba acceso a las iglesias de Nuestra Señora y de San Pedro, la sala capitular, la Sala del Tesoro, la antigua sala de hospedaje y el refectorio refectorio. 
Este lugar fue reconstruido en 1530 combinando elementos góticos y renacentistas. Fue completamente desmantelado en el siglo XIX y en su ubicación original se alza un tejo centenario.

La hospedería, una gran sala abovedada del siglo XII, tenía la función de albergar a los invitados de alto rango. La construcción, de 35 metros de longitud, tiene una antigua fachada de ménsulas decoradas con personajes grotescos, elementos geométricos y cabezas barbudas. 
A partir del siglo XIII y durante el siglo XIV, la estancia se convierte en cilla y en el siglo XVII se le añade un piso superior que albergaba la biblioteca.
En el momento de su visita se hallaba en proceso de restauración





Los restos visitables de la Abadía Jumièges se encuentran rodeados por una extensión de 15 hectáreas cerradas, desde 1947. 
En 1797, después de la venta de la Abadía como bien nacional,  se realizó un plan de arreglos por parte de la congregación de San Mauro, consistente en un sistema de terrazas con escalinatas de acceso, la doble avenida de los tilos que conducen a la llamada red de "Agnes Sorel" y montículo artificial conocido con el simbólico nombre de Tabor, el monte de la transfiguración Cristo.
Los antiguos jardines monásticos han sido sustituidos, desde el siglo XIX, por un jardín inglés diseñado para poner en valor las ruinas por encargo de la familia Lepel-Cointet, propietaria de la abadía entre 1853 y 1946, a los paisajistas Henri y Achille Duchêne hacia 1900, que diseñarían la nueva parcelación con parterres de boj que inspiraron los existentes en la actualidad, que fueron creados en 1980.
De comienzos del XX es la plantación de hayas rojas y altos pinos cerca de la puerta de acceso y el cedro del Atlas destrozado por la tormenta 1999, cuyo tronco se conserva en el jardín. 



Al noreste de las ruinas de la abadía, se sitúa la casa abacial, antigua residencia de los abades comendadores de Jumièges. Su construcción se inició en 1666, en sustitución de la antigua casa medieval que se hallaba cerca de la iglesia de San Pedro y que había sido abandonada; se terminó en 1671, en la época en que Francisco II de Champvallon Harlay fue nombrado arzobispo de París y abad de Jumièges.
Se trata de un edificio clásico noble de tres plantas y cubierta de mansarda alta. El escudo de armas con las llaves de San Pedro, patrón de la abadía, adorna la fachada.

Durante la Revolución, la casa del abad se vendió aparte de la abadía y ué propiedad de diferentes familias hasta que fue adquirida en 1865 por Louis-Helmuth-Lepel Cointet, hijo de Aimé-Honoré-Lepel Cointet, propietario de las ruinas y el parque desde 1852.

En 1946, la Abadía de Jumièges se convierte en propiedad del Estado, estableciéndose una colección de piezas pétreas en 1954 en las habitaciones de la planta baja de la casa del abad, hasta el devastador incendio de 1974.
En la actualidad, tras profundos trabajos de restauración, la casa de la abadía se abre para exposiciones temporales de arte contemporáneo junto a la colección de piezas medievales.
Algunos espacios ajardinados se utilizan, igualmente, para instalaciones expositivas.




Desde el año 2000 se llevan a cabo trabajos de estudio y consolidación de las ruinas de Jumièges. El andamiaje ha permitido acceder a los paramentos para llevar a cabo un trabajo de lectura arqueológica de los alzados y determinar, de este modo, las diferentes etapas constructivas románicas de la iglesia abacial a cargo de James Morganstern, arqueólogo y profesor emérito de Historia del Arte de la Universidad del Estado de Ohio (EE.UU.) en colaboración con el arquitecto Regis Martin. Igualmente se lleva a cabo un estudio dendrocronológico sobre las piezas lígneas incrustadas en la mampostería y un catálogo de las marcas de cantería, estudiando tipología y posición, a sí como analíticas de los materiales pétreos utilizados y de los morteros.

Los estudios sirven para proponer y ejecutar las soluciones de consolidación de las ruinas con el fin de garantizar la seguridad de los visitantes y la estabilización de las ruinas de las iglesias de Notre-Dame, San pedro y el resto de los edificios, como el de Hospedería.

La puesta en valor de Jumièges se complementa con la aplicación de nuevas técnicas de realidad aumentada  que permiten, mediante la descarga de la app, superponer vistas en 3D de 360º.



Imagen de la reconstrucción digital de la iglesia de San Pedro


Las ruinas de la abadía de Jumièges son tan impresionantes por su apabullante arquitectura y su enorme valor histórico como por el silencio y la serenidad de la visita invernal.




¡Que pasen una feliz semana!




Enlace 

http://www.abbayedejumieges.fr/

martes, 21 de marzo de 2017

Mont San Michel






Mont San Michel representado en el libro de Las Ricas Horas del Duque de Berry, hacia 1390. Aparece con la bahía en marea baja, con los barcos y barcas encallados, la isla de Tombeline al fondo, las torres de la fachada de la iglesia abacial, hoy inexistentes pues fueron demolidas y  el ábside antiguo, desplomado en 1422. Se observa un doble cinturón de murallas, la aldea del monte con la iglesia de San Pedro, aún con su antigua espadaña, hoy inexistente.



San Miguel vela por la Baja Normandía, San Miguel, el ángel radiante y victorioso, que empuña la espada flamígera, el héroe del cielo, el triunfador, el dominador de Satán.


"Hubo un gran combate en los cielos. Miguel y sus ángeles lucharon contra el Dragón. También el Dragón y sus ángeles combatieron, pero no prevalecieron y no hubo ya lugar en el Cielo para ellos. Y fue arrojado el Dragón, la Serpiente antigua, el llamado Diablo y Satanás, el seductor del mundo entero; fue arrojado a la tierra y sus ángeles con él." (Apocalipsis 12, 7-9)


Guy de Maupassant, el afamado escritor francés del siglo XIX creó un  cuento explicando la confrontación de San Miguel y el demonio en la baja Normandía, en el entorno de Mont Saint Michel (cuento completo). Lo cierto es que la advocación al mas alto general de las huestes celestiales, ha respondido secularmente a criterios protectores frente al enemigo, en particular, y frente al mal, en general.



Una de las experiencias viajeras mas anheladas de los últimos años ha sido acercarme a la Bretaña y la Normandía y allí conocer Mont Saint Michel, un complejo de edificios que no se comprende sin su geomorfología, su territorio marítimo y su larga historia.
De las numerosas leyendas que envuelven el lugar, la mas remota refiere la existencia del bosque de Scissy, que en tiempo de los galos rodeaba el entorno de los peñascos de Mont Tombe y su vecino Tombelaine, de cuya existencia real no hay datos probados, aunque se apunta la posibilidad de que pudiera haber desaparecido a partir del siglo III por un hundimiento del suelo debido a las mareas. Según un manuscrito del siglo XV, la marea de equinoccio de 709 fue particularmente violenta y pudo provocar el remate final de la existencia del bosque.
Algunas tribus célticas habían ocupado  el territorio en época prerromana, lógicamente portando sus propias creencias y cultos; a decir del abad Gil Deric, historiador bretón del siglo XVIII, este lugar habría albergado un centro religioso «Mi vel Tumba Beneni», «Monte o Tumba de Belenus», el dios del sol, sobrepuesto a un megalito, milenios mas antiguo, en torno al que los galos mantuvieron el carácter sagrado.
Los romanos lo llamaron Puerto Hércules. A sus pies, por el oeste,  discurría la vía que unía Dolo con Fanarfmer, que fué desplazada hacia el este por efecto de subida de las mareas y acabó por desaparecer, uniéndose con la vía que pasa por Avranches.





Mont Saint Michel es un centro espiritual e intelectual que constituye, junto a Roma y Santiago de Compostela, uno de centros de peregrinación mas importantes del occidente medieval. Hombres, mujeres y niños vienen, por carreteras llamadas "caminos del Paraíso", a buscar, ante el Arcángel del juicio, y pesador de los almas, la seguridad de la eternidad.
Este lugar fué declarado Monumento Histórico en 1874, constituyendo una joya de la arquitectura religiosa de la época medieval. 





Dominando la inmensidad de la bahía, la abadía del Monte Saint-Michel muestra la pericia arquitectónica de los constructores de la Edad Media. 
Su larga historia comenzó en 708, cuando Aubert, obispo de Avranches, mandó construir en el Monte Tombe, suficientemente sugerente topónimo, un santuario en honor del Arcángel San Miguel. La leyenda cuenta cómo el arcángel se apareció al obispo durante el sueño, hasta en tres ocasiones, hasta conseguir que comenzara la obra de construcción de una iglesia. El arcángel habría dejado las huellas de su dedo en el cráneo de Auberto, que hoy se encuentra custodiado en la basílica de Saint-Gervais de Avranches.
Este, debería ser una réplica del santuario de San Michele Arcangelo, construído en el siglo V situado en Italia. Aubert reutilizó las piedras de una estructura de culto pagano que se encontraba en Mont Tombe y con ellas construyó en el mismo emplazamiento un santuario circular. 
Alrededor del año 708, el obispo Aubert envió dos monjes al santuario italiano del monte Gargano encargándoles que trajeran algunas reliquias del arcángel: una roca con la impronta de la huella de su pie y un trozo del tejido del altar que había consagrado. Durante esta misión, en marzo de 709, tuvo lugar supuestamente, un maremoto o gran marea, que inundó y abnegó el bosque de Scissy que rodeaba al monte, convirtiéndolo en una isla. El 16 de octubre del mismo año, el obispo consagró al culto el santuario e instaló doce canónigos en el lugar.
El templo se convirtió rápidamente en un importante lugar de peregrinación cristiana -lo que probablemente ya había sido a lo largo de la historia-, y en el siglo X una comunidad benedictina se instaló en la abadía. 
En la actualidad reúne más de 20 salas, compendio y palimpsesto de su devenir, entre ellas una capilla prerrománica, edificios religiosos románicos, un conjunto gótico conocido como “la Maravilla” y un coro gótico flamígero.
A lo largo de los siglos, tras sufrir incendios y hundimientos y ser objeto de reconstrucciones, decisiones arquitectónicas o cambios de función, la abadía se ha transformado, como un reflejo de los cambios acaecidos a lo largo de la historia de Francia. 
La abadía sigue siendo un importante lugar de peregrinación -el tercer monumento mas visitado de Francia tras el Louvre y Versailles- y  está a cargo del Centro de Monumentos Nacionales, con una mas que notable función turística y cultural: visitas guiadas, conciertos, conferencias, visitas familiares y proyectos escolares. 
La terraza del Oeste es un mirador ideal para contemplar la bahía, en especial durante las grandes mareas.

Origen de la historia de Mont Saint Michel

La primera mención documental de la abadía se encuentra en un escrito en latín datado en el siglo IX, Revelatio ecclesiae sancti Michaelis in monte Tumba, redactado por un canónigo que vivía en el monte Saint-Michel o en la catedral de Saint-André de Avranches, en una época de luchas de poder entre Bretaña y el condado de Normandía contra el reino de los francos, al mismo tiempo que se llevaban a cabo reformas de la leyes canónicas por parte de los emperadores carolingios.

No obstante, sabemos que, con la llegada del cristianismo a la región, alrededor del siglo IV, el Mont Tombe entró a formar parte de la diócesis de Avranches, cuyos límites se corresponden con el antiguo territorio de los abrincates.
A mediados del siglo VI, el cristianismo estaba implantado y Mont Tombe pasó a ser un lugar que ofrecía refugio a eremitas  a quienes suministraba provisiones el curato de Astériac, que llevaba una vida contemplativa en torno a diversos oratorios y que cuidaba la zona. 
A los eremitas San Pair y San Seubilion se les atribuye la fundación de un oratorio doble en el monte, dedicado al primer mártir cristiano, San Esteban, y al primer mártir de Autun, San Sinforiano, levantado al pie de Mont Tombe, de los que no conocemos evidencias materiales.
En 710, Mont Tombe fue renombrado como Mons Sancti Michaelis en periculo maris, donde el obispo de Avranches, Aubert, había construido, dos años antes, un oratorio dedicado a San Miguel Arcángel. 
Las primeras pequeñas edificaciones pronto fueron insuficientes y en la época carolingia se levantaron edificios de mayores dimensiones, en torno a las cuales se distribuyeron las celdas individuales de los religiosos. Carlomagno escogió al arcángel san Miguel como protector de su imperio en el siglo noveno y trató de renombrar el lugar como Mont-Saint-Michel, pero durante toda la Edad Media se le siguió llamando Mons Sancti Michaelis en periculo maris.

Notre Dâme Sous Terre
Los restos del oratorio fueron encontrados en la capilla de Notre-Dame-Sous-Terre, que albergaba a su vez la tumba de Aubert y probablemente las reliquias traídas de Gargano. Este templo prerrománico se encuentra bajo la nave de la iglesia de la abadía.
Se trata de la capilla mas antigua conservada en el Mont Saint Michel y su fábrica se conservó y utilizó para sujetar la parte oeste de la nave de la iglesia abacial. Es de planta cuadrada irregular, de entre 11 y 13 m y que está adosada a la roca por el este. Consta de dos naves paralelas rematadas en dos pequeños ábsides en los que se debían venerar las reliquias.
Tras la construcción de una nueva iglesia románica, a partir de 1023, la capilla de Santa María se alargó hacia el oeste para sostener la nueva construcción para ir siendo rodeada y tapada por las posteriores edificaciones.
Hasta 1960 no fue reconocida en su aspecto original de época carolingia: anchos muros  de 2 m de espesor, sillares de piedra ligeramente tallados, falta de simetría y reducidas muestras de decoración sobre el arco del muro central.
Muy probablemente su construcción remplazara la original levantada como oratorio por Aubert a comienzos del siglo VIII, que sería de un tamaño parecido e igualmente de carácter doble, dedicando una nave al culto de San Miguel y la otra al de la Virgen María o la Trinidad, copiando el santuario de Monte Gargano en Italia, como ya expusimos mas arriba.
Tras el muro del santuario sur, en un hueco abierto en las obras de 1961, se puede observar un muro vasto que rodea la roca contra la que se apoya la nave norte, tal vez, parte del primer templo construido en el VII por el obispo de Avranches.
La restauración de este lugar se llevó a cabo entre 1957 y 1983 bajo la dirección de Yves-Marie Froideveaux, conservador jefe de Monumentos Históricos, que la describe del siguiente modo: "De esta forma, esta extraordinaria superposición de construcciones que es el Mont Saint Michel rodea esta pequeña iglesia, piadosamente conservada e insertada con todo el respeto en el desarrollo de la abadía, ya que constituye el lugar sagrado primitivo"

Durante el primer siglo tras su instalación en el monte, los canónigos demostraron su fidelidad a la misión encomendada y convirtieron el lugar en centro de estudio, oración y peregrinación, favorecidos por la época de estabilidad que conocía la neustria durante el mandato de Carlomagno, mientras el resto de la Galia sufría las invasiones bárbaras. Tras la muerte del emperador, aprovechando la desunión existente entre sus hijos, se sucedieron redadas e incursiones vikingas en la zona que finalmente llegaron al monte en 847, suponiendo que los monjes abandonaran el lugar.








Aspecto de Mont Saint Michel en el tapiz de Bayeux, cuando Harold, enviado a Normandía pasa a sus pies.


El templo de la Abadía después del año 1000

A medida que se incrementó la llegada de peregrinos al Monte Saint Michel, se decidió ampliar la abadía con la construcción de una nueva iglesia emplazada en el lugar que ocupaban las habitaciones antiguas de los monjes, que se trasladaron al norte de Notre-Dame-Sous-Terre. La nueva iglesia de la abadía tenía tres criptas: la capilla de Trente-Cierges, en la zona norte del brazo del transepto, la cripta del coro, en la zona este, y la capilla de Saint-Martin, en la zona sur del brazo del transepto. 



Cripta de San Martín


Cripta de los pilares, desde la que se soporta la cabecera gótica de la iglesia abacial

El abad Ranulphe inició la construcción de la nueva iglesia en 1060 y veinte años después los edificios monásticos distribuidos en tres plataformas, se alzaban al norte de Notre-Dame-Sous-Terre, incluyendo la salle de l’Aquilon, donde se llevaba a cabo la acogida a los peregrinos y que constituía un  lugar de encuentro de los monjes y hacía las veces de dormitorio comunitario. 
Es ahora cuando comienza la construcción de la bodega de vino.

En el año 1103 se derrumbaron tres tramos del lado oeste de la nave, por defectos de construcción y consolidación, que fueron reconstruidos por el abad Roger II, entre 1115 y 1125. 

En 1421 se derrumbó el coro románico y fue reconstruido en estilo gótico entre los años 1446-1523 (con una interrupción de 1450 a 1499). 

Tras un incendio en 1776, se decidió demoler los tres tramos occidentales de la nave y en 1780 se construyó la fachada clásica actual; desafortunadamente, las estructuras en los cimientos necesarios para edificarla dividieron en dos partes la primitiva iglesia de Notre-Dame-Sous-Terre.



Gran Degré. Escalera monumental de acceso a la zona alta de la abadía



Torre campanario de la abadía desde la fachada situada a los pies de la iglesia



Exterior de la cabecera gótica




Vista de la localización del coro gótico que apoya en la cripta de los pilares


Iglesia abacial



Alzado sur de la nave central con los tres órdenes de arcos en la zona románica conservada.


Nave norte desde el transepto
  
   

Fragmentos de relieves de la creación



La Mervelle
Se conoce así la zona donde vivían los monjes.
Vista desde el exterior, en su lado norte, se observa la fachada, que corresponde a la parte gótica. Tiene tres plantas y su construcción se prolongó durante 25 años.

La «Marvelle» se encuentra subdividida en dos partes: la oriental y la occidental. La parte del lado este fue la primera en ser edificada, entre 1211 y 1218, e incluye tres salas: la capellanía, la Sala des Hôtes y el refectorio. La zona oeste u occidental fue construida siete años más tarde y también alberga tres salas: la bodega, la Sala de los Caballeros y el claustro.


En la planta baja, la bodega refuerza la estructura a modo de contrafuerte. A medida que se sube de planta, cada piso es más pequeño y ligero hasta llegar a la parte superior, con contrafuertes en el exterior para mantener la estructura. Esta forma de construcción vino dada debido a las características topográficas de la zona.











Sala de los Caballeros


Refectorio desde la entrada



Refectorio desde el fondo



Capilla de San Esteban



Sala del Aquilón. El patio cerrado





El claustro.

El claustro corona la Maravilla, porque esta situado en la parte mas alta de todas las construcciones. Tiene la función de galería de distribución que da acceso a las diferentes estancias de la abadía: el refectorio, la iglesia o el dormitorio. También es utilizado como un espacio de reflexión personal para los monjes. Se halla encima de las bóvedas de otra sala. Esta cubierta de madera y su estructura se sostiene gracias a los anchos y sólidos muros de granito. En el interior verán una doble fila de pequeñas columnas, desplazadas por un semi-intervalo y unidas por pequeñas bóvedas ojivales de arcos extremadamente agudos. Se abren tres arcos al vacío sobre el mar y transforman el claustro en un mirador. Estas tres aperturas tendrían que haber dado encima de la sala capitular, que no se construyo nunca. También podrán observar las enjutas que en su mayoría acogen temas vegetales, aunque algunas están decoradas con figuras de Cristo o San Francisco de Asís.










En el centro alberga un jardín  en 1966 por el monje benedictino Bruno de Senneville, interesado en la botánica. En la zona central una serie de bojs forman un recuadro rodeado por 13 rosas de Damasco. Plantas medicinales, hierbas aromáticas y flores, en parterres encuadrados por cinerarias marítimas, simbolizan las necesidades cotidianas de los monjes en la Edad Media.

Los edificios de Robert de Torigni


El abad Robert de Torigni mandó construir, en las zonas oeste y suroeste, un complejo de edificios con una nueva casa para los abades, una sala para jueces eclesiásticos, un nuevo albergue, una enfermería y la capilla de Saint-Étienne. También hizo reacondicionar los caminos de acceso a Notre-Dame-Sous-Terre, para evitar demasiado contacto entre los peregrinos y los monjes de la abadía.

También acondicionó una grúa de rueda utilizando el cabrestante instalado a raíz de la conversión del lugar en la cárcel, para suministrar avituallamiento a los condenados, donde los propios presos caminaban dentro de la rueda para hacerla girar.


Junto al osario de monjes se halla la rueda del montacargas




Planos de plantas y niveles de la Abadía






Plano del primer nivel del santuario y los edificios anexos






Nivel 2





Plano del tercer nivel y los edificios anexos.




Maquetas del devenir arquitectónico de la abadía. Fotos C. Zeballos.






La aldea


En torno a la abadía, se desarrolló una aldea de la que se conoce el trazado histórico mas reciente y que cuenta con su propio callejero, adaptado a la zona media y baja del monte, con la Iglesia Parroquial, todo ello intramuros.
Esta fue la parroquia de San Pedro, bien conservada aún hoy, con restos de los siglos XI, XV y XVI, está rodeada de su cementerio y está inscrita desde 1909 en el inventario suplementario de monumentos históricos (ISMH).



Recientemente se han hallado evidencias del enterramiento de una treintena de individuos, en la zona baja del monte, datados en el siglo XIII, que podrían ponerse en relación con un incendio provocado que causó una gran masacre en la aldea y la abadía, aunque a la espera de las conclusiones científicas, se trata tan sólo de un apunte














Las murallas

En el año 966, Ricardo I asignó a los monjes benedictinos del monte una cantidad de dinero para construir esta muralla, probablemente una sencilla cerca de madera de la que hoy nada se conoce. 
Las primeras fortificaciones pétreas datan del s. XIII y fueron levantadas para defender el santuario, si bien fué durante la guerra de los Cien Años cuando se erigieron nuevas murallas para defenderse de los asaltos de los ingleses. 
La muralla urbana empieza a la altura de la torre Claudine y da acceso al camino de ronda de las murallas desde donde se pude admirar toda la bahía del Monte Saint Michel. El adarve pasa por la torre norte, la mas alta de la muralla y cuenta, además, con una torre bastión conocida como la torre Boucle que termina cerca del Corps de Garde des Bourgeois (Curpo de Guardia de los Burgueses). La muralla de los Fanils, que protegía los almacenes de la abadía desde el oeste, data del s. XVI y en ella se levanta  la torre Gabriel, sobre la que se instaló un molino de viento en el s. XVII.





Mont Saint Michel acabó convirtiéndose en una dura prisión que fué cerrada en 1863. A pesar de su avanzado estado de deterioro, se conservó en buena parte y su excepcionalidad acabó reconociéndose en 1874, cuando es declarada monumento histórico, dando comienzo a un permanente proceso de  restauración. 
En 1878, se abre un dique-carretera para facilitar el acceso al Monte y años mas tarde una línea de tranvía conduce hasta el monumento a los turistas, cuyo número aumenta sin cesar.
En 1969, una pequeña comunidad de monjes benedictinos se instalan en la abadía; años más tarde, en 2001, será remplazada por las Fraternidad Monástica de Jerusalén.
Las acciones del Estado francés a favor de la conservación del lugar logran que sea incluido en la lista del Patrimonio mundial de la Unesco en 1979 como «El Monte Saint-Michel y su bahía». El Mont-Saint-Michel es uno de los primeros bienes culturales franceses incluidos en esta lista. En 1998, el lugar vuelve a ser reconocido y se incluye en los «Caminos de Santiago de Compostela en Francia». Un doble reconocimiento que demuestra el valor universal y excepcional del monumento. 
Además del mantenimiento continuo que requiere la apertura al público de un sitio tan concurrido y la exposición a la intemperie, el Centre des Monuments Nationaux dedica importantes campañas de restauración a las que se han destinado  20 millones de euros desde 2007. La abadía está por tanto en continuas obras realizadas bajo la supervisión del arquitecto jefe de los monumentos históricos. 
El islote recibe cada año a más de tres millones de turistas que buscan disfrutar de su riqueza arquitectónica, histórica, y por las espectaculares mareas que cambian la geografía marítima en los alrededores de la isla.





El Scriptorial de Avranches


En 1791 el monasterio del Monte Saint-Michel pierde todos sus bienes. Unos 4.000 volúmenes procedentes de su biblioteca se depositan en Avranches, incluyendo 203 manuscritos que en algunos casos datan del s. IX. Estos representan la memoria espiritual, intelectual y artística de los benedictinos y, a través de ellos, del mundo medieval: crónicas y grandes obras de la Antigüedad y de la Edad Media, tratados de derecho romano y canónico, de botánica, de música, de astronomía, de medicina, de vidas de santos.
Se trata de una de las mas significativas y ricas colecciones de época románica de Francia por su rareza, su variedad y la presencia de obras de grandes autores antiguos como Cicerón, Platón, Boecio y, sobretodo, Aristóteles.
De entre todos destacaba el Cartulario de Mont Saint Michel, un manuscrito excepcional realizado en la abadía en el siglo XII. Era una obra única por la belleza de su escritura, la calidad del pergamino utilizado, la variedad y riqueza de las miniaturas con elegantes dibujos en las iniciales y a página completa. Desgraciadamente las cartas se quemaron el 6 de junio de 1944 durante el bombardeo de St. Lo, cabeza del departamento del Canal.

Para saber mas a cerca de los manuscritos conservados en Avranches, además del enlace que figura al final, es aconsejable el libro de Jean-Luc Leservoisier.



La Pasarela. 

Con el fin de preservar la isla, se ha construido recientemente, con el proyecto de Dietmar Feichtinger, un nuevo puente elevado y un muelle de 756 metros de longitud que remplazan el camino existente hasta 2016, permitiendo al agua circular y para restaurar el aislamiento de Mont Saint-Michel.





Photos: © DFA Pavel Rak and © Michael Zimmermann







Parques eólicos
Hace unos años, en 2009, las preciosas vistas de la bahía, protegida como Patrimonio de la Humanidad, estuvieron a punto de perder su encanto natural por la implantación de varios proyectos eólicos. Hasta nueve parques eólicos se planificaron en su entorno inmediato con una enorme contestación por parte de numerosas asociaciones y la Unesco, valorándose a la postre la conservación del territorio en su estado actual.



Escultura dorada de San Miguel Arcángel se colocó sobre la aguja de la iglesia abacial, a 170 metros sobre el nivel del mar. Fot. Getty


He tenido la suerte de visitar y conocer este lugar en el silencio y con la tranquilidad de los privilegiados viajeros invernales. Imposible trasmitir las emociones suscitadas. Si un día viajan hasta allí les deseo buen tiempo y tranquilidad para disfrutar de lo que ofrece, mucho mas allá de los souvenires y las aglomeraciones.




La historia, el patrimonio cultural y la naturaleza llenarán sus ojos, sus mentes y sus corazones.
Mientras eso ocurre, espero que la lectura de estas líneas y la visión de estas fotos les permitan comprender la grandeza y significado simbólico de este islote, su bahía y sus plataformas ascendentes.


¡ Buena semana!








Enlaces
http://www.abbaye-mont-saint-michel.fr/es/Explorar/L-histoire-de-l-abbaye-du-Mont-Saint-Michel#c29a97197f0cf960be3b7c87d45cd36f
http://es.france.fr/es/el-mont-saint-michel/rubric/77311/patrimonio-mundial-unesco
https://es.wikipedia.org/wiki/Abad%C3%ADa_del_Monte_Saint-Michel
http://www.enluminures.culture.fr/documentation/enlumine/fr/rechguidee_00.htm

http://www.enluminures.culture.fr/documentation/enlumine/fr/rechguidee_00.htm
http://www.sapiensa.org/patrimonio/noche-de-inauguracion-mont-saint-michel-normandia/
https://books.google.es/books?

http://www.guiaviajes.org/monte-saint-michel/#


Bibliografía

Froidevaux Y. M., 1961, «L’église Notre-Dame-sous-Terre de l’abbaye du Mont-Saint-Michel», Les Monuments Historiques de la France, 145-166.