martes, 12 de diciembre de 2017

Museo Bizantino de Atenas


Glykophilousa
Mosaico icono con marco de madera  de la Virgen con el niño procedente de Triglia en Bitinia, cerca de Constantinopla. Se trata de una Madre de Dios protectora, Episquepsis, realizada para ser portada en las procesiones ceremoniales. El resto del tiempo permanecería conservado en la iconostasis.


Siempre me ha sorprendido y gustado el mundo de los iconos orientales. Me parece sorprendente que, aún hoy en día, existan imágenes devocionales con tanta tradición y un saber hacer tan antiguo. Descubrir algunas de sus influencias en la Península Ibérica no ha hecho sino acrecentar el deseo de conocer mas y mejor estas manifestaciones y la oportunidad llegó de la mano de un viaje a Grecia en el que Atenas era una de las preferencias. Sorprendentemente, la visita al Museo Bizantino, no ha sido lo único que me ha transportando donde yo tanto anhelaba, pues cada pequeña iglesia, cada fiel ortodoxo presignándose, besando o acercando su cabeza a las imágenes, la visita a Meteora y los cantos de la iglesia oriental, me han permitido disfrutarlo en diferentes ocasiones, lugares y circunstancias.


Con Justiniano, el imperio bizantino tuvo presencia en el sureste de la Península Ibérica


En el siglo XVI comenzó a usarse el término Imperio Bizantino para designar al Imperio Romano a partir del siglo IV. Se trataba de un estado multinacional y, al menos inicialmente, multirreligioso, que tuvo un efecto decisivo en el devenir del mundo antiguo y medieval desde el siglo IV hasta 1453, cuando fue conquistado por los turcos otomanos. 
Desde el siglo IV, con la capitalidad transferida de Roma a Constantinopla, el Imperio comenzó progresivamente a cambiar territorial y administrativamente. Bizancio, la antigua colonia de la ciudad griega de Megara en la costa de Bosporos, fue renovada, adornada y rebautizada por el emperador Constantino el Grande.
Hasta el siglo V, el Imperio se extendió entorno al Mediterráneo abarcando Europa, Asia y África, pero a finales del mismo siglo, la presencia y empuje de las tribus nómadas lo acabó limitando a la zona mas oriental de su territorio. Desde entonces, sus fronteras cambiaron continuamente. En el siglo VI era un estado vasto, multinacional y aún multirreligioso. En los siglos XI y XII, todavía multinacional, se extendió por los territorios helénicos, el Egeo y de Asia Menor. En el siglo XIII, en 1204, dejó de existir, después de ser abolido por los cruzados de la Cuarta Cruzada, y fue sustituido por pequeños estados. Después de su reconstitución, en agosto de 1261, y principalmente durante los siguientes dos siglos, XIV y XV sufrió cambios interminables en sus estructuras, su función, su carácter.
Las incursiones bárbaras de los siglos II-VI, la expansión de los árabes a partir del siglo VII, las plagas, los cambios climáticos y otros factores dejaron sus huellas en sus ciudadanos, su administración, su cultura.
Mas de 25000 piezas de este mundo cultural secular, procedentes de Grecia, Asia Menor, los Balcanes y el Egeo, forman parte de la magnífica exposición de uno de los Museos de visita imprescindible en Atenas,  El Museo Bizantino y Cristiano.


Se ubica en la Villa Illisia, uno de los edificios más elegantes de la Atenas,  levantado recién establecida como capital del estado griego. En aquellos momentos, la ciudad pasó de tener 7.000 habitantes, a duplicarse con la llegada de funcionarios y numerosos nuevos residentes nacionales y extranjeros: europeos filohelenos, empresarios, banqueros, etc. y entre ellos la aristócrata Sophie de Marbois, duquesa de Placentia.
Había nacido en 1785 en Filadelfia, Estados Unidos. Era la hija del político y diplomático francés Marc François Barbé de Marbois y la estadounidense Elisabeth Moore. Se casó con Charles Lebrun, hijo de Napoleón y duque de Placentia (Piacenza o Plaisance). Fascinada por la impresión que le había causado la lucha de los griegos en Europa, llegó a Nafplio, la capital interina del estado.  Desde 1831 comenzó a comprar grandes terrenos en Atenas y Penteli, estableciéndose en Atenas tras muerte de su hija en 1837. La presencia en la ciudad una personalidad como la duquesa, con el intenso pasado, la gran riqueza, el estilo de vida peculiar y percepciones extrañas, fue un acontecimiento excepcional en la sociedad ateniense del tiempo.
Ella instruyó al arquitecto Stamatis Kleanthis para construir seis edificios en total, en Atenas y sus alrededores, entre los que se encuentran el Castello de Rododafni en Penteli y Villa Ilissia, su palacio de invierno.



Sophie de Marbois-Lebrun, duquesa de Placentia. (1785-1854). Artista desconocido, pintura al óleo, Museo Histórico Nacional



La Villa Ilissia comenzó a construirse en 1840 a las afueras de la ciudad, cerca del palacio real, próximo al río Ilisson - de donde viene su nombre-, que hoy está cubierto por la avenida Vasilissis Sofias. La zona  pronto se convirtió en una de las avenidas más bonitas de Atenas,  una señal de europeización de la nueva capital, donde edificios singulares de carácter público  y villas privadas de aristócratas y burgueses fueron levantados sobre proyectos de arquitectos de renombre.



En realidad se trata de un complejo de edificios en el que el principal consta de dos plantas y un sótano y posee galerías esteriores, si bien el conjunto se completa con dos alas laterales inferiores, destinado a usos auxiliares, y el edificio de la entrada.




Vista desde el edificio principal de Villa Ilissia hacia la entrada, una vez instalada la sede del Museo Bizantino y Cristiano

A la muerte de la Duquesa, la villa pasó al Estado griego convirtiéndose primero en Academia y luego, en 1926,  en sede del Museo Bizantino y Cristiano. El exterior del edificio se mantuvo casi como estaba previsto por el arquitecto Kleanthis, mientras que el interior se ha adaptado a las necesidades del nuevo uso, diseñadas por el arquitecto Aristotelis Zachos y de acuerdo con los conceptos museológicos del entonces director del Museo George Sotiriou. Las intervenciones más grandes se realizaron en la planta baja del edificio, donde se formaron tres cámaras imitando iglesias cristianas tempranas, bizantinas y posbizantinas. El patio fue formado por los arquitectos Kimonas Laskaris. 
Desde la década de 1930, cuando el Museo Bizantino y Cristiano abrió las puertas al público, comenzó una nueva era en la historia de Villa Ilissia, que a día de hoy ha sido completado con la realización de un espacio expositivo subterráneo, diseñado por Manos Perrakis, bajo las antiguas construcciones del palacete. 
La planta baja del Megaron se convierte en el punto central de recepción, reunión e información de los visitantes. 




Excavación y construcción  del espacio expositivo subterráneo




Salas del nuevo edificio

La exposición comprende más de 1500 años del arte bizantino y otras piezas de gran interés: cerámicas, objetos de plata, esculturas, iconos, mosaicos, bordados y frescos integran la colección, incluyendo fragmentos de iglesias pertenecientes a varios periodos de la arquitectura bizantina, hasta llegar a la época de la dominación de los francos, donde las esculturas tienen un papel preponderante.
Las pinturas murales de iglesias y el Epitafio bordado en oro de Salónica (siglo XIV) destacan entre los múltiples objetos de valor, antes de dar paso a las piezas pertenecientes a la Diáspora Griega, el masivo movimiento de emigración heleno hacia países extranjeros. Entre las más de 3.000 piezas que se muestran en el museo se pueden observar iconos religiosos, bordados, mosaicos, esculturas y pinturas provenientes del vasto Imperio Bizantino.
Además de la gran variedad de iconos religiosos del museo, también se puede contemplar la reconstrucción de una basílica cristiana del siglo V y la recreación de una iglesia Bizantina del siglo IX.



La colección permanente del museo es compleja y variada por lo que desisto de hacer una visita pormenorizada a cada obra, pero no a presentar algunas de llas por secciones:

1.-  la primera de ellas está dedicada al periodo transcurrido entre la antigüedad y el periodo Bizantino.


Las lucernas tardorromanas en cerámica ya presentan los nuevos signos religiosos.



Soporte de mesa con Orfeo.
Orpheus, el mítico tañedor de lira de Tracia, que amansaba con su música a las fieras era considerado por los antiguos cristianos como una alegoría de Cristo, quien con sus palabras amansa los corazones de incluso los más feroces de los hombres.



Los antiguos templos se abandonaron y reutilizando parte de aquellos se erigieron los nuevos, que ya poseen nuevos elementos con los emblemas de la nueva religión instaurada. El modelo es la basílica.



2.- en la segunda se trata con profundidad el mundo Bizantino hasta la conquista turca


Iconostasis de mampostería pintada de la iglesia de la Dormición de la Virgen, también conocida como Episkopi, en Evrytania. La iglesia se encontraba en la orilla occidental del río Megdova. 
Durante la década de 1960, la construcción de una presa hidroeléctrica en el río Acheloos y la creación del lago artificial de Kremasta,  condenaron a la iglesia y al área circundante a ser sumergidos. Antes de que el edificio fuera inundado, y mientras se trabajaba para catalogarlo, se descubrieron hasta dos niveles anteriores de pintura de los siglos IX y mediados del XI, bajo la pintura visible del siglo XIII.



En el centro de la imagen, San Nicolás



Pintura de Santa Catalina, de la Capilla de San Nicolás de Spilia Pendeli, Ática. Siglo XII



Cúpula de la Capilla de San Nicolás de Spilia Pendeli, Ática, en la que se representa el busto de un Cristo Pantocrátor  rodeado por la Virgen, que aparece flanqueada por los arcángeles Miguel y Gabriel y ocho profetas -David, Salomón, Isaías, Ezequiel, Habacuc, Jonás, Daniel y Elias-. Probablemente sea obra de un taller local y se data en el siglo XIII.


Piezas de iconostasis de las nuevas iglesias atenienses


Icono de San Miguel. Parece ser obra de un importante taller de  Constantinopla y se data en la primera mitad del siglo XIV. 



San Jorge



Icono con Cristo, la Virgen, las Doce Grandes Fiestas y Santos , procedente del Monasterio de los Taxiarcas en Cesarea. En el centro se representa a Cristo, sentado en un trono como Sumo Sacerdote,  y la Virgen, también aparece entronizada y sosteniendo al Niño Jesús, con ángeles que la coronan y profetas que predicen su papel en la divina Encarnación . 
Alrededor de los dos espacios centrales se abren dieciséis más pequeños que contienen las doce fiestas principales del año de la iglesia (Dodekaorton). 
En las secciones de la tercera, el "círculo" exterior está representado por la Santísima Trinidad con los apóstoles arriba, los santos (hombres y mujeres) y los arcángeles en pares o tres en cada lado y la Natividad y la Presentación de la Virgen en el Templo, el La hospitalidad de Abraham y la parábola de las Diez Vírgenes en la parte inferior. El autor, Constantine Smyrnaios, 
hecha mano de elementos tanto del arte islámico como europeo occidental, que eran populares en ese momento, de una manera ecléctica. Fue llevado a Grecia por refugiados de Asia Menor. 


Cota de malla y casco, espuelas y arreos de caballo de un caballero de los siglos X -XI.


3.- la tercera se trata el periodo desde la época Bizantina hasta los tiempos modernos.



El ascenso al cielo del profeta Elías en el carro,  procedente de Ano Korakiana, Corfú ; el autor es el cretense Theodore Poulakis.
La escena principal copia un grabado del impresor flamenco Jan Wierix. Posee elementos barrocos y renacentistas en la representación de los edificios,  textiles, gestos y actitudes.
Aparece dañado ya que fue cortado en nueve piezas para ser robado.



El segundo advenimiento. procedente de Constantinopla. fechado en el siglo XVII.
procede de una comunidad Romioi (ortodoxos bajo dominio otomano)



Mitra de Sinopi. Siglos XVII-XVIII

Aunque este sea un lugar especializado en la exposición de arte religioso, el Museo Bizantino y Cristiano posee algunas exposiciones de gran interés como la que trata sobre la época en la que el Partenón fue transformado en una iglesia cristiana.

¡Feliz semana!





http://www.byzantinemuseum.gr/el/museum/history/

martes, 5 de diciembre de 2017

Cariátides




Sustráete de la piedra! ¡Rompe
la cavidad que te aprisiona! ¡Irrumpe
en la campiña! Mófate de las cornisas –
mira: por la barba del ebrio Sileno
desde un eterno tumultuar
estremecido por extraña música
gotea vino en su sexo.

Escupe la sed de las columnas: seniles
manos muertas temblaron
hacia nublados cielos. Derriba
los templos ante el ansia de tus rodillas
que anhelan danza.

Extiéndete, florece, oh, sangra
tu suave arriate de grandes heridas:
mira, Venus con sus palomas se ciñe
de rosas la puerta del amor de las caderas –
mira exhalar este último azul del estío
vagar a la deriva en el mar de ásteres hacia las lejanas
riveras brunas de los árboles; mira
alborear esta postrer hora falaz de felicidad
sobre nuestra meridionalidad
alta como una bóveda.

Gottfried Benn. 1886



Elena, la que cautivó al príncipe troyano Paris, procedía de la ciudad lacónica de Caris, famosa por la belleza de sus mujeres. Situada en el Peloponeso, se había aliado a los persas contra las ciudades aliadas helenas en el conflicto de la II Guerra Médica, que tuvieron lugar en el siglo V a.C.
Cuenta Vitrubio que los griegos, vencedores, arrasaron Caris, pasaron a cuchillo a sus hombres y tomaron como botín de guerra a sus mujeres. Esclavizadas, distribuidas entre los vencedores, habían de aguantar, como tantas y tantas otras a lo largo de la historia de la Humanidad, una pesada carga permanente.
No obstante, Lessing, afirmaba que la asociación de las esculturas del Erecteion de la Acrópolis Ateniense con las mujeres de Caria se sostiene en una cuestión religiosa ligada al hecho de que en Caris tenía lugar un ritual en honor a Artemisa, en el que mujeres jóvenes danzaban en círculos frente a la estatua de la diosa con canastas sobre sus cabezas que contenían ofrendas en su honor.




Estos son los puntos de partida para que Alcamenes, uno de los mas afamados discípulos de Fidias, decidiera levantar como columnas del pórtico sur del templo ateniense, unas figuras femeninas conocidas como cariátides, que de modo metafórico soportaban la pesada cubierta de la construcción.













Esta tribuna es el ejemplo mejor conservado y mas famoso de columnas antropomorfas de la antigüedad griega que forma parte del proyecto de Pericles para convertir la ciudad de Atenas en un lugar de prestigio a través de la reconstrucción de su acrópolis -que había sido destruida durante la segunda guerra médica, de la que Grecia había salido victoriosa-.
El Erecteión estaba edificándose en un momento de confianza y orgullo griego, dentro del que se desarrolló el arte clásico, que combina a la perfección el interés por  la naturaleza humana, la armonía y la belleza haciendo posible que arquitectura, escultura y cuerpo humano se conviertan en un hecho único. Era un templo dedicado a los cultos más antiguos de la ciudad y estaba consagrado a los dioses Atenea, Poseidón y Hefesto, así como a los mas antiguos y míticos reyes atenienes Cécrope y Erecteo. Este espacio sagrado concentraba las leyendas sobre la fundación de la antigua ciudad, las de las disputas divinas, como de de Atenea y Poseidón, en las que la primera venció dando origen al nombre de la ciudad,  así como  algunas de las reliquias sagradas atenienses mas antiguas: las tumbas de los dioses fundadores, un pozo de agua salobre y el olivo sagrado de Atenea tras vencer al dios del mar. Se creía que la escultura de la diosa que allí se levantaba y que se conocía como Atenea Polis, había caído del cielo, siendo consagrada por Cécrope.

Su pórtico sur, conocido como la Tribuna de las Cariátides  se sostiene sobre seis columnas de 2, 3 m, concebidas como esculturas femeninas de pie y con túnica, que estaban policromadas. Había sido levantado a finales del siglo V  como un espacio, al que no podía accederse desde el  exterior, que se orientaba a la contemplación del Partenón y que ocultaba la escalera de acceso a la tumba del mítico rey serpiente Cécrope, fundador de Atenas. 
Estaba dedicado a Pandrosia, hija del legendario rey Erecteo, de quien proviene el nombre del templo, que era considerada como inventora del tejido y a la que rendían culto las arréforas, mujeres de la nobleza ateniense encargadas de tejer peplos. Las cariátides visten esta túnica tradicional de la antigua Grecia.
Sus cariátides conservan pequeñas variaciones en el rostro, el peinado y los atuendos, soportando, todas por igual, su peso sobre una pierna, doblando suavemente la otra; las tres del lado derecho se apoyan sobre su pie izquierdo, mientras las tres del lado opuesto lo hacen sobre el derecho. Esta posición, que relaja una de las piernas para estirar aquella que sostiene la estructura del cuerpo, es común en la escultura clásica, brinda fluidez al conjunto y evita la sensación de rigidez. Desde el punto de vista arquitectónico, sin embargo, las cariátides proyectan estabilidad, sus brazos se ubican junto al resto del cuerpo para brindar una mayor firmeza, igualmente, el intricado peinado refuerza el área del cuello, que de otra forma sería demasiado delgado para soportar el peso de la cubierta.
La tribuna  se encuentra desplazada del eje central del edificio, formando una saliente sobre la pared desnuda al extremo sur del templo, de tal manera que sus mujeres columnas dirigen su mirada hacia el Partenón.
Cuando a principios del siglo XIX, Thomas Bruce, séptimo conde de Elgin y embajador británico en Constantinopla, hizo quitar una columna y una de las cariátides del pórtico sur del Erecteion de la acrópolis de Atenas, así como numerosas esculturas del Partenón, para venderlas al Museo Británico, no se entendía como expolio que alguien aprovechara el desamparo y la falta de estima por el patrimonio cultural de los griegos en aquellos momentos.
En la actualidad, las cariátides ubicadas en el Erecteión son réplicas, cinco de las originales son expuestas en el museo de la acrópolis en Atenas y una más, como acabamos de ver,  se encuentra en el Museo Británico en Londres.


Cariátides policromadas y completadas junto a una de las esculturas tal y como hoy se conservan. Reconstrucción digital

Hace unos años, la artista Amalía Sotiropoulou presentó en la Galería Skoufá de Atenas la exposición fotográfica Missing Sister-Trilogy. Con esta muestra Sotiropoulou completaba una trilogía dedicada a las cariátides del Erecteion que comenzó en 2013 con la instalación de varias esculturas en el paisaje urbano ateniense. Un año más tarde, la fotógrafa viajó hasta el Museo Británico de Londres para plasmar en fotogramas a la cariátide secuestrada por Elgin a principios del siglo XIX, la Missing Sister, esa que los griegos y filohelenos desearíamos ver algún día completando el conjunto en el luminoso Museo de la Acrópolis.






¡Que tengan una feliz semana!




Nota: los aditamentos puestos en la actualidad en la tribuna, que supongo luminarias, son de una entidad tal que su presencia diurna es una tortura para quienes buscamos la mejor foto del conjunto de la tribuna.