miércoles, 29 de enero de 2020

Duhoda de Septimania y su Liber Manualis. Educando al hijo ausente




No es una carta sino un libro educativo lo que nos trae hasta este mujer carolingia del siglo IX. Noble erudita, esposa, madre, culta, tierna y cariñosa se refiere a su hijo ausente como “mi hijo primogénito, tan deseado”, “yo te exhorto, muy estimado hijo Guillermo” confesando su intención y necesidad de escribir tanto para suplir las conversaciones con su hijo adolescente, del que la separaron, como para educarle en el camino de la salvación a través de la moral cristiana, lo que le permitiría encarar adecuadamente los conflictos y dificultades que pudiera encontrar a lo largo de su vida. 
Como cualquier otra madre le dice amorosamente: "mío es el discurso pero tuyas serán las obras".
Nunca tuvo intención de dejar fuera de sus preocupaciones maternales ni de su obra a su hijo mas pequeño, un bebé cuando se lo arrebatan, indicándole de forma expresa a Guillermo la necesidad de querer, educar y enseñar valores al hermano pequeño.

 “Cuando tu hermano pequeño, del que ahora mismo no se ni el nombre, reciba el bautismo, no dejes de enseñarle, quererle y animarle a actuar con rectitud, y muéstrale este pequeño manual que escribo para ti, con tu nombre, cuando el llegue a la edad de hablar y leer"  

" Si mi segundo hijo hubiera tenido tu misma edad,
le habría escrito otro libro dedicado, igual que a ti"

En nombre de la Santa Trinidad, comienza el libro manual que Dhuoda:  "A la mayor parte de las madres de este mundo les es dado gozar de la proximidad de sus criaturas, mientras yo, Dhuoda, me veo tan lejos de ti, hijo mío Guillermo, y por ello llena de ansiedad y de deseo de serte útil,  te envío esta obrita escrita con mi nombre, para que la leas y te formes; me alegraré si, aunque yo esté corporalmente ausente, precisamente este librito te hace pensar cuando lo leas, en lo que, por amor de mí, debes hacer. 

Así llegamos a la historia de una mujer culta, una madre sola y de su obra, un breve texto que quiere rescatar y homenajear la memoria, importancia e influencia de una gran mujer. Una más de esas representantes de la mitad de la población...la otra mitad.


Roberto del Monte. Biblioteca Nacional de Francia. Paris
Copia del Liber-Manualis-ms-12293-XI-2-3-12.jpg


A mediados del siglo IX, utilizando un latín renovado, más sencillo, fácil, ágil y claro y tal vez algo menos vigoroso que el clásico y el utilizado por los padres de la Iglesia, escribirá la carolingia Duhoda su obra " Liber Manualis" traducido como "Manual para mi hijo",  considerado el primer tratado pedagógico de la Edad Media.
Escasamente conocida  para la mayor parte de nosotros, su obra tuvo una repercusión impresionante, pues contribuyó decididamente en la educación de su nieto, Guillermo de Aquitania, conocido como Guillermo el Piadoso, que en 910 fundó la abadía de Cluny, en la Borgoña francesa.
A la admiración por su obra y la influencia que tuvo en la historia, se une la que siento por una mujer que trasciende el dolor por la separación obligada de sus hijos y es capaz, generosamente, de alumbrar, en la distancia, la educación ética y moral de la prole.
Dhuoda había nacido a comienzos del siglo IX en una familia de la alta nobleza  Algunos sostienen que era hija de del duque de Gascuña, Sancho I López, y de Aznárez de Aragón, hija a su vez del conde de Aragón, Aznar I, mientras que para otros su procedencia, a partir del estudio de su nombre, sería el norte de la  Galia o Germania, sin que falten los que la hacen descender de la nobleza  visigoda y quienes sostienen que se trata de la hija de una noble familia de  Septimania.
Lo cierto es que su estatus, al que ella hace constantes referencias, le habría permitido recibir una buena educación, aprendiendo a leer y escribir en ese nuevo latín del que hablábamos al principio de este texto.
Es ella misma la que comenta algunos de sus datos biográficos como el su ascendecia noble y su casamiento en Aquisgrán con  Bernardo de Gothia, primo de Carlomagno, conde de Septimania, a la edad de 15 años, el 29 de junio del 824.


"Trono de Carlomagno" en la Catedral de Aquisgrán.  El emperador se convirtió en un mito, al fundar su reino en el año 800, con capital en Aquisgrán. 
Foto: Wikimedia Commons.


En el 826, Bernardo de  Septimania fue nombrado conde de Barcelona, en la Marca Hispánica, y, sin que se sepan los motivos tuvo de abandonar la corte con su esposa, con quien se trasladó a  Uzés, cerca de Nîmes. Aunque el pudo volver a la corte en otras ocasiones, Dhuoda se quedó recluida, contra su voluntad, en su residencia de Uzés. Nunca volvería a pisar la capital de los francos. Ese mismo año, en el mes de noviembre, nacería su primer hijo, Guillermo.



Territorios de Bernado de Septimania, hijo de Guillem de Tolosa, primo hermano de Carlomagno entre 826 y 832. Sus dominios incluyeron parte de la Marca Hispánica. Fue conde de Tolosa (835-844), conde de Narbona (826-844) y conde de Barcelona (826-832 y 835-844).


Bernardo había sido valedor de Luís el Piadoso cuando el emperador Carlomagno se enfrentó a sus hijos Lotario,  Pipino y Luís en el 829 en defensa de los derechos de Carlos, hijo de un segundo matrimonio.
En el 830, cuando ganó Lotario, Bernardo fue acusado de adulterio con la emperatriz Judit de Baviera, segunda esposa de Luis el Piadoso y tuvo que huir a Barcelona.
Tiempos convulsos para los carolingios  que establecen y rompen alianzas y acuerdos, fomentan revueltas y con ello arrastran el futuro de Bernardo y Duhoda. Fruto de aquellos vaivenes el conde pasa a ser declarado inocente del adulterio,  si bien llega a perder sus títulos para recuperarlos en el 835 gracias a la victoria de  Pipino frente a  Lotario. 
Parece que Bernardo fue poco hábil o afortunado en la elección de sus preferencias dinásticas y que su mujer se endeudó con prestamistas cristianos y judíos con el fin de mantener las campañas militares de Bernardo.
Según afirma la propia Dhuoda, Luís el Piadoso murió en el 840 en medio de las “inestabilidades y discordias del reino”, pues tras su muerte empezó la lucha por el poder entre sus hijos.



Salterio del siglo X con la representación de Carlos el Calvo.  
BNF (Bibliothèque Nationale France, París).

Bernardo volvió a apoyar a Pipino el Joven contra el nuevo rey Carlos el Calvo  al que finalmente rindió vasallaje. La desconfianza hizo que tuviera que enviar como rehén a la corte de Carlos el Calvo a su hijo Guillermo cuando tenía quince años.
En el año 841, quince años después de Guillermo, nació el segundo hijo de Dhuoda y Bernardo, que fue enviado por su padre a un monasterio de Aquitania cuando todavía no había recibido el bautismo.


Pintura que representa a una condesa lujosamente vestida (Lucía de Pallars, muerta en 1090) portando el cirio que simboliza su propia muerte. Ábside de San Pedro del Burgal, Pallars Sobirà, Lérida, Cataluña; Románico, siglos XI-XII. Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC).
Foto: Marta Jordán Bonet, tomada de http://mensajeradelahistoria.blogspot.com/2019/03/duoda-la-condesa-de-barcelona-cartas-de.html


Ese mismo año, el 30 de noviembre, privada de ambos hijos, Duhoda empieza a redactar un manual para la educación de su hijo mayor, que acabó de escribir el 2 de febrero 843. No debió ser fácil para la ella sobreponerse a la pérdida de relación con Guillermo y Bernardo,  pero trabajó sin descanso y dejó acabada la obra educativa destinada a la formación cristiana de su hijo mayor.  Es así como Dhuoda acometío su misión maternal en una doble vertiente: la de dar la vida a su hijo  y la de alumbrar su nacimiento espiritual, tal vez incluso mas noble, a través de un libro pedagógico.
En el queda reflejada su personalidad, su sentido de la vida y la forma de comportarse, que se acercaría a las reglas educativas y teológicas de aquellos tiempos.
El manual de educación que escribe Duhoda para su primogénito expone la práctica de la moral cristiana con cercanía y convencimiento, deteniéndose en el desarrollo de los los siete dones del Espíritu Santo y las ocho Bienaventuranzas, sin olvidar que los Salmos son la oración por excelencia y sin obviar hablar de la muerte del cuerpo y la del alma. 
Exhorta a Guillermo  ( "te pido, te ruego...") a leer y a rezar considerando ambas acciones como  pilares fundamentales en su formación como caballero devoto y cultivado,  al que  invita a tener y  leer muchos libros, meditar sobre su contenido y profundizar sobre sus enseñanzas.
La sinceridad, la fidelidad, el agradecimiento, la amistad y la servicialidad habrán de ser las virtudes que le proporcionen alegría y equilibrio.



Final del capítulo diez e inicios del capítulo once del Liber Manualis.
Fuente: Edouard Bondurand. Recuperado de Gallica BNF.


La obra alterna una cuidada prosa con poemas didácticos, juegos de palabras, juegos aritméticos, frecuentes imágenes y muchos ejemplos tomados de la vida,  pero fundamentalmente de la Biblia - El libro de Job y los  Salmos del Antiguo Testamento, mientras que del Nuevo Testamento destacan los evangelios, en especial el de Mateo, y las epístolas de San Pablo- sin que falten en sus enseñanzas las citas a los Padres de la Iglesia, Prudencio, Donato, Isidoro de Sevilla,  la Regla de San Benito y los monjes benedictinos más cercanos, como Alcuino - revisor de la Vulgata- y Rabano Mauro, así como referencias a obras profanas como la Ars  Grammatica de Elio Dado (s.IV). 
El libro se articula en setenta y tres capítulos, además de una introducción, invocación y prólogo, y  se puede dividir en tres partes: una primera en la que expresa las relaciones del cristiano con Dios, una segunda  donde hace referencia a las relaciones con el prójimo y la tercera que muestra el camino de la perfección personal.
La obra que podría pertenecer al género literario de los specula, es decir,  los espejos donde se refleja la imagen ideal que se ha de imitar, es original pués no sigue la tradición de las obras escritas por eclesiásticos  ya que su autoría se debe a una mujer, que es madre del destinatario y laica.
Algunos autores han planteado si realmente fue  Dhuoda la autora de esta obra, si fue escrita por ella personalmente o fue dictada, o si fue encargada a otra persona, pero el estudio detallado de algunas expresiones que hacen alusiones a la vida familiar y el sentido emocional de la obra, como ha demostrado Bessmertny, hacen pensar que fue ella misma quien lo escribió, siendo perfectamente posible que lo dictara. 


La autora escribe un aacrónimo cuyo desarrollo es:
“DHUODA DILECTO FILIO WILHELMO SALUTEM LEGE” 
(“Dhuoda saluda a su querido hijo Guillermo. Lee.”).


Régine Pernoud, mantiene que estamos ante una mujer extremadamente culta,  en cuya obra, a pesar de que muchos literatos hayan tachado su escritura de arcaica o simple,  se percibe la reminiscencia de lenguas como el hebreo, el latín, las lenguas germanas y occitanas. 
Marie Anne Mayerski considera que es un ejemplo perfecto para poder ver como la teología es una práctica, y la manera como interpreta la Biblia, en función de su realidad y la de su familia, muestra que la teología del pueblo no estaba tan alejada de la teología eclesiástica.

Se carece de datos sobre Dhuoda después de que acabara su libro en 843 si bien se da por cierto que no vivió mucho mas tiempo. Ella misma manifiesta que se encuentra débil y llega a redactar su propio epitafio.
Es muy probable que desconociera que, tras el tratado de  Verdún firmado en ese mismo año, Carlos el Calvo emprendió una campaña definitiva contra Bernardo y  Pipino II que acabó con Bernardo acusado de alta traición y ejecutado en Tolosa.
Guillermo había sido capturado en el 847 por los normandos. Tras recuperar su libertad había sido nombrado por Pipino  como conde de Barcelona. Unido precisamente a la revuelta de la nobleza a favor de este,  había entrado en Barcelona con soldados árabes y sitiado Girona.  El apoyo a Pipino II y sus alianzas con Abderramán contra Carlos el Calvo, provocaron que, una vez derrotado, fuera ejecutado en Barcelona en el 850 a la edad de 24 años. 
Es posible, aunque no se sabe ciertamente, que Guillermo recibiera el manual escrito por su madre, lo que si se mantiene es que influyó de forma evidente en su hermano pequeño, Bernardo, y el hijo de este, Guillermo de Aquitania, fundador de Cluny.
La obra de Dhuoda es excepcional en su tiempo y su influencia histórica incuestionable.
El libro original no se conserva pero fué copiado por lo que es conocido a través de un manuscrito de la Biblioteca Nacional de Francia, en París , y de algunos fragmentos de un manuscrito de la época carolingia encontrado en la biblioteca de Nîmes, así como de una copia del siglo XIV conservado en la Biblioteca Nacional de Cataluña. 
Duoda es el título de una revista de estudios históricos sobre la mujer y el nombre del Centro de Investigación  sobre la Mujer de la Universidad de Barcelona. 
En la zona de la Septimania, entorno a Uzés y Nîmes, existen un buen número de centros educativos con su nombre. 
Dhuoda reivindicado ahora es un poquito mas conocida por estos lares.



 Liber Manualis.
Biblioteca Nacional de Cataluña, Barcelona. Ms. 569, fol.57 v
Copia del siglo XIV




¡Les deseo una feliz semana!







Bibliografía


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- BONDURAND Edouard; 1978: Le Manuel de Dhuoda. París. 

-CHEREWATUK, Karen: “Speculum matris: Duoda’s manual”. En: Florilegium, 10, 1988-1991, pp.49-64.

- DE BLASSI, F. M. ;2011:  El testimonio del Liber Manualis Dhuodane: educación y virtud doméstica en el alto medioevo. Revista Signum, 12, (2), pp. 36-52.

-DE CASSAGNE, Inés: Valoración de la educación del niño en la Edad Media. Edició electrònica:

-MAYESKI, Marie Anne; 1994.: Dhuoda. Ninth Century Mother and Theologian, Scranton.

-MERINO, Marcelo (tr. de Dhuoda); 1995: La educación cristiana de mi hijo, Ediciones Eunate, Pamplona.

-OTERO I VIDAL, Mercè (tr.); 2004: Manual per al seu fill, Proa, Barcelona.

- RICHÉM, Pierre (ed); Dhuoda. Manuel pour mon Fils. Fuentes Chrétiennes 225. París. traducción al francés.

-STHEPHENS, Sonia (ed.): A history of women’s writing in France, Cambridge University Press, Cambridge, 2000.

- VINYOLES VIDAL, Teresa ;2003:  Las mujeres del año mil. Aragón en la Edad Media, (17), pp. 5-22.

- VINYOLES VIDAL, Teresa ;2012:. La presencia femenina en los castillos a la luz de la documentación catalana medieval. Meridies, (10), p. 176.

-WADE, Margaret: La Mujer en la Edad Media, Editorial Nerea, Madrid, 1988.


Enlaces:

. http://www.ub.edu/duoda/diferencia/html/es/primario13.html
. https://web.archive.org/web/20081205050331/http://home.infionline.net/~ddisse/dhuoda.html



miércoles, 22 de enero de 2020

Algunas mujeres sabias, maestras y creadoras en la Edad Media




Icono de Santa Catalina y escenas de su ciclo hagiográfico, finales del siglo XII o principios del XIII. Monasterio de Santa Catalina del Monte Sinaí.
Tomada de http://www.museuepiscopalvic.com/laprincesasavia/esp/ambit2.1.htm


Presentar y resumir un tema tan importante se hace difícil y complejo al intentar acotar el tiempo, el espacio y el contenido, pero es tan necesario reivindicar la existencia de aquellas mujeres sabias y creadoras que, aún a riesgo de no ser exahustiva, hay que arrojarse a esta labor e ir completándola en la medida de las posibilidades y el conocimiento. Bien es cierto que sobre algunas de aquellas Ermitiella ya tiene entradas propias, pero es justo contextualizarlas e intentar conocerlas un poco mejor en su conjunto.
En la tardoantigüedad es Zósimo de Panopoli, filósofo de la naturaleza que vivió en Egipto en el siglo IV, quien nos presenta a la profetisa María, también conocida como María la Hebrea, filósofa y maestra a la que atribuye la invención de la técnica de cocción conocida como Balneum Mariae, el archiconocido Baño María a la que también se atribuye el Axioma de María o Axioma de la Cuaternidad, que adopta el cuatro como el número del cosmos, en el que está encerrado todo el universo, un concepto que encontraremos incluso en el Paraíso de Dante y que se cita de este modo "el Uno se convierte en Dos, y los Dos Tres, y a través del Tercero, el Cuarto completa la Unidad".
Contemporánea suya fué una Cleopatra, autora del tratado llamado Chrysopoéia, de gran éxito durante la Edad Media y a otra Cleopatra que escribió un compendio de ginecología conocido como Gynae, popularizado a partir del siglo VIII.
Es precisamente en este siglo cuando comienza a escribirse sobre Catalina de Alejandria, cinco siglos después de su vida - s. III d C- ,  con lo que las noticias que tenemos sobre ella  pueden estar transformando la realidad - tal vez bajo la influencia de lo acontecido a la científica Hipatia, también de Alejandría-; pero sin poner en tela de juicio su sabiduría y elocuencia. Parece ser que  Magencio intentó, a través de la intercesión de cincuenta filósofos y retóricos de la Escuela de Alejandría,  convencerla de que negara su fe cristiana y cejara en un innecesario sacrificio por la defensa de su dios. Sin embargo, ninguno de ellos lo consiguió. De ahí su martirio en la rueda, que acabó por romperse, y posterior decapitación,  que le han hecho ingresar en el elenco de las santas y mártires, con palma, por supuesto. Su culto se extendió inicialmente por Oriente y mas tarde en Occidente,  desde el siglo VIII, como lo demuestra la dedicación de un afamado monasterio en el Monte Sinaí, también conocido como de la Transfiguración.
Esta doble vertiente de sabiduría, elocuencia y martirio pueden estar en la base de su titulación como protectora de los sabios, convirtiéndose, de hecho, en uno de los estandartes de la sabiduría femenina y patrona de los profesores y estudiantes universitarios, un mundo que curiosamente les fué vetado a las mujeres durante mucho tiempo.
Es en este periodo de transición entre la Antigüedad y la Edad Media cuando comienza a tenerse noticia de las primeras "escuelas de mujeres", un fin de camino iniciado por las anacoretas del desierto como  Sinclética y Macrina que acabó dando  paso a la fundación  de numerosos monasterios para monjas, casi siempre familiares, hermanas o mujeres de confianza de personajes masculinos relevantes, como el de Escolástica, hermana de San Benito de Nursia, en Piumarola - muy cerca de Montecasino-, con lo que se abrió una puerta al estudio de las escuelas filosóficas de la Antigüedad para las mujeres.



Ya en Belén (Palestina) se había fundado un monasterio en el siglo IV en el que ingresaron algunas patricias educadas e influyentes como Paola, Eustochio y Melania, todas ellas bien valoradas por San Jerónimo y con quienes Gerolamo no se avergüenza de hablar sobre el gobierno del Iglesia y el problema de las herejías, afirmándose que algunas de aquellas jugaron un papel decisivo en la derrota de los pelagianos. 




Este monasterio palestino se convirtió rápidamente en un gran centro de cultura, en el que no sólo Jerónimo imparte doctrina como magister, sino también como aprendiz, pues de las monjas aprende  griego y  hebreo, quedando constancia de ello en las dedicatorias a estas mujeres que aparecen en dos libros de la Vulgata,  traducción de la Biblia al latín. 
En época carolingia, una miniatura de la Primera Biblia de Carlos el Calvo  muestra a San Jerónimo enseñando a sus discípulos, y discípulas tomando notas. 
Significativa es, igualmente la carta de San Jerónimo a la matrona Leta, que le había pedido consejos sobre cómo educar a su hija, recomendándole para la niña un plan de estudios que los autores del clasicismo romano establecían para un futuro retórico.
Esta misma tradición se perpetúa iniciada la Edad Media, existiendo constancia de ella en las Islas Británicas, propiciada por la llegada de intelectuales continentales, ocasionando un auge del conocimiento de la cultura clásica en escuelas mixtas asociadas a los monasterios dúplices, tan extendidos en ese territorio. Este fue el caso del monasterio irlandés de Clonbroney, reconocido desde principios del siglo VIII como un gran centro cultural, gracias a la santa abadesa Samantha, que  tuvo, entre sus discípulos, intelectuales del calibre de Ferghil o Virgil, futuro obispo de Salzburgo.



Las nueve musas - miniatura del Hortus Deliciarum de Herrada de Hohenburg - siglo XII.


El proceso llega a su cúlmen en los monasterios femeninos  de la Alemania otoniana de Quedilinburg, Herford, Gandersheim y Essen, todos ellos fundados por mujeres de la familia imperial, en los que se estudian las Siete Artes Liberales, Derecho, incluso Teología y en cuyo entorno,  en el siglo XII, aparece la gran Hildegard de Bingen, a quien ya hemos dedicado en este blog una entrada específica (acceso directo a Hildegard) por su especial don e intelecto.


Representación de una de las visiones. 
Libro de las Revelaciones de Hildegard Von Bingen

Es en estos monasterios y escuelas monásticas donde nace el término "magistra", en sus varias acepciones. 
De un lado se aplica  a la abadesa, de otro a la maestra de novicias y mujeres jóvenes de la nobleza que aprovechan la instrucción excepcional de los monasterios femeninos hasta su casamiento. De igual modo la magistra instruye a los niños pequeños en sus primeras fases educativas.




Toda esta tarea va ineludiblemente unida a la necesidad de elaborar libros que permitan la enseñanza. Así, disponemos de verdaderas joyas como el Hortus Deliciarum" - Jardín de las Delicias- compuesto en la segunda mitad del siglo XII por  la abadesa del monasterio de Mont-Saint-Odilie, en Alsacia, Herrada de Hohenburg, una obra ilustrada que sólo conocemos a través de copias del siglo XIX, pués el manuscrito original fué destruido durante la guerra franco-alemana de 1870.  Su contenido posee un hilo conductor, la interpretación de las Escrituras, insertando conocimientos sobre Astronomía, Matemáticas, Agricultura, Música, Literatura, y casi todos los demás campos del conocimiento humano.
Otra de las cultas mujeres de la época es Eloisa, abadesa del monasterio fundado por su esposo, Pedro Abelardo, a quién él mismo define como "profunda conocedora de las letras" y que tuvo un gran conocimiento de la cultura clásica, la Filosofía y la Literatura. Son las normas de fundación del monasterio que las monjas del Paracleto , curioso y caprichoso nombre para su monasterio, sepan latín, griego y hebreo sin necesidad de tener, para ello, que realizar largos viajes y gastos.




Monumento funerario de la priora Eloisa y su esposo el Abad Pedro Abelardo en el  Cementerio del Padre Lachaise en París

También encontramos "magistrae" fuera de los muros de los monasterios como revelan las cartas de Roberto de la Sorbona, predicador de la corte del rey de Francia Luis IX a mediados del siglo XIII, y  fundador de la universidad de París, que revela sus estrechos contactos con el entorno de las beguinas, primero de Cambrai y luego de París, y la alta estima que tiene por aquellas. 
En la Edad Media las beguinas, son laicas consagradas que viven en su propia casa o en pequeñas comunidades especiales, y dedican su vida a la oración, el trabajo, la asistencia a los pobres y enfermos y a tareas intelectuales. De hecho se constata la compra de textos en las librerías del entorno de la Universidad de París que luego copian y difunden. El propio Roberto confiesa el aprieto en el que una beguina de Cambrai le puso durante uno de sus sermones al hacerle alguna observación intelectual y Raul de Chateauroux, uno de los primeros miembros de la Universidad de la Sorbona, deja constancia de su aprecio por la elocuencia de Agnés d'Orchies, maestra de las beguinas de París, asistiendo con frecuencia y tomando nota durante sus sermones.





Como magistra se reconoce también a la gramática Guisla y otra dama magistra citadas en un documento del siglo XI de la catedral catalana de Vic, entendiendo que puede tratarse de dos profesoras de gramática y literatura latina y griega de una escuela y a Beatriz, maestra privada de la condesa de Anjou, citada en un documento del siglo XII.
Para una escuela medieval no hay necesidad de estructuras u organizaciones rígidas sino que la acepción engloba la reunión de discípulos alrededor de un maestro o una maestra, alguien particularmente bueno para enseñar sobre una o varias materias y que, incluso hasta el siglo XV,  los maestros "laicos" enseñan en casa. 
El cronista Matteo Paris, a principios del siglo XIII, afirma que su contemporáneo, el gran filósofo de  John de Basingstoke, que había estudiado durante un período en Grecia, le debía  su aprendizaje a Constantina,  hija del obispo metropolitano ortodoxo de Atenas , quien había sido su magistra, y que ya a los  diecinueve años era experta en las siete artes liberales, siendo matemática y astrónoma y de la que el propio Juan de Basingstoke presume apodándola  "segunda Catalina", es decir, asimilándola a Santa Catalina de Alejandría, como vimos mas arriba estandarte de la sabiduría femenina.


   

Retrato de Trótula y miniatura del manuscrito Passionibus mulierum, de Trótula.


Mención especial dedicamos a Trotta o Trótula de Salerno (Para saber más de ella), médica de comienzos del siglo XII, cuyas estudios de Ginecología  harán que la afamada escuela llegue hasta el Renacimiento, y Hersenda , quien un documento fechado en 1250  en San Juan de Acre, aparece como médica personal del  Rey de Francia Luis IX, al menos durante la Cruzada.
Si bien es cierto que conocemos ejemplos de mujeres excepcionales a lo largo de la Edad Media en los diferentes territorios no lo es menos que en la faceta literaria destacan especialmente las damas nobles que presiden los círculos poéticos en torno a sus castillos y residencias que acaban transformando en centros de cultura y entre las que destacan Adele de Normandía, mecenas del abad Baudrí de Bourguil y Ermengarda de Narbonne, protectora de Pietro Rogiers.
En este contexto nace un concepto novedoso del amor que frente a las conocidas  chansons de toile y los aubes del siglo XI en las que la mujer sufría y languidecía. A lo largo del siglo XII los trovadores y trobairitzes celebran el placer, en todos los sentidos, la belleza, la sensualidad y la relación carnal con el punto de partida del amante que ha de merecer el amor de la mujer,  sometiéndose al "servicio de amor" , convirtiendo a la dama en el "señor" del trovador, al que le debe absoluta lealtad, únicamente a cambio amor.
Se trata, casi siempre, de grandes damas, las mismas que protegen e inspiran a los trovadores y/o poetas, y que organizan las "cortes de amor", juegos de mesa en clave amorosa, donde disputan los versos con sus "colegas" masculinos o presiden los mismos, como María, esposa del vizconde Ebolo V de Ventadour, de quien conocemos un reto poético con el trovador Gui d'Ussel, pero que también reunía e inspiraba a muchos otros poetas, y  Beatriz, condesa de Día (para conocer mas de Beatriz), que vivió en el último cuarto del siglo XII.



Sepulcro de Leonor en la Abadía de Fontevrault Anjou 

Leonor de Aquitania, nieta del duque Guillermo IX, considerado como el primer trovador,  fue una de las más importantes impulsoras del amor cortés y de la cultura provenzal del siglo XII . Reina de Francia y luego de Inglaterra, en su corte de Poitiers protegió y promocionó a trovadores, entre los que se encontraba Bernardo de Ventadour, intelectuales como Wace, quien  le dedica el Roman de Brut y la Crónica de los duques de Normandía , y Benedetto de Saint-Maure, quien escribe el Roman de Troie para ella.  En su modo de concebir el mecenazgo de las artes,  Leonor contribuye a la definitiva entrada de la figura de la dama como elemento esencial de la sociedad y la literatura. Con su protección de la poesía de trovadores la langue d, Oc se extiende y aparece un nuevo género literario, el de las Novelas de Caballería.
De hecho, su hija hija María, condesa de Champagne, se convertirá en  protectora del autor Chretien de Troyes, el  más conocido autor de novelas caballerescas medievales, convirtiendo su corte en uno de los centros de referencia del amor cortés, mientras su otra hija, Matilde, casada con Enrique el León, duque de Baviera y Sajonia, promociona la traducción de la Chanson de Roland al alemán.
Otra reina de Francia, María, es una de las mas importantes autoras de la Edad Media europea, especialmente por que su obra "Doce Lais Bretones", adapta la tradición prerromana al mundo cortés del siglo XII, lo que nos hace presuponer su gran conocimiento de la cultura clásica en la que se encuentran trazos de la Obra de Ovidio y el poeta normando Wace. Con María la mujer se convierte en el motor de la aventura,  del amor y de la recompensa en la vida del caballero, que se somete lealmente al servicio del amor a la dama que, a su vez, pule la brutalidad del guerrero. Así se pone de manifiesto en la obra de Chretien, donde Parsifal es refinado en sus impulsos por Blancaflor y en el Lanval de María de Francia, que debe aprender el valor del secreto del amor.
En el caso de las universidades, en buena parte de los casos, surgidas al amparo de de la autoridad episcopal y derivadas de las escuelas catedralicias,  se produce una exclusión de las mujeres llegando a llevar ante los tribunales a varias médicas en París en el siglo XIV. Excepcional es el caso de Bolonia donde conocemos discípulas y maestras entre las que se encontraría Andrea, que vivió en la segunda mitad del siglo XIV y era hija del gran maestro de derecho Giovanni d'Andrea. Su hermosura le obligó a tener que enseñar escondida detrás de una cortina para no molestar a sus alumnos, tal y como refiere en el siglo XV  Christine de Pizan.
Ya a finales del siglo XIII, el papa Bonifacio VIII había establecido un claustro estricto y absoluto para todas las órdenes religiosas femeninas, propinando un revés al papel de los monasterios femeninos como lugares de transmisión de conocimiento y presionando para sospechar de las beguinas,  que fueron, en algunos casos, acusadas de herejía, como le ocurrió a Margherita Porete, quemada viva en París en 1310 como creyente del Espíritu Libre, un movimiento herético de tendencias panteístas. De ella queda una verdadera obra doctrinal, "el Espejo de las almas simples", recientemente reevaluado también por los teólogos.


No obstante esa intención imparable de apartar a las mujeres de la cultura se produce lentamente y aún en el siglo XIII conocemos mujeres nobles educadas que incluso estaban dispuestas a ayudar a la Universidad, como Jeanne de Châtel, que ofrece una protección económica para jóvenes de Saint-Jean des Vignes que quieran estudiar en París.
Las mismas mujeres de familias dedicadas al comercio saben leer, escribir y contar, solo para poder administrar negocios familiares junto con sus esposos o en su ausencia, como se atestigua la figura de Beatriz de Nazaret, hija de un comerciante belga (Bartolomé de Tirlemont), que durante su infancia estudió latín y mas tarde se unió a las beguinas de Léau  y de la que se conserva una autobiografía completa en latín y un tratado místico en flamenco bajo el título "Los siete modos de amor".
Dejo aquí el tema para retomar con Cristine de Pizán y sus contemporáneas en próximas entradas del blog.

¡Les deseo una feliz semana!






Bibliografía

Alcuin Blamires, El caso de las mujeres en la cultura medieval , Oxford University Press, 1998;
Patricia Ranft, Mujeres en la cultura intelectual occidental, 600-1500 , Nueva York, Palgrave Macmillan, 2002;
Joan M. Ferrante, Para la gloria de su sexo: los roles de las mujeres en la composición de textos medievales , Indiana University Press, 1997;
Au cloître et dans le monde: femmes, hommes et sociétés, IXe-XVe siècle: mélanges en l'honneur de Paulette L'Hermite-Leclercq , editado por Patrick Henriet y Anne-Marie Legras, París, Presses de l'Université de Paris-Sorbonne, 2000.
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Myrrha Lot-Borodine, De amour profane à amour sacré: études de psychologie sentimentale au Moyen Age , París, Librairie Nizet, 1979;
Régine Pérnoud, La mujer en la época de las catedrales , Milán, Rizzoli, 1980;
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