martes, 24 de febrero de 2015

Hildegard Von Bingen. Visiones y percepciones.









Hildegard en el Liber divinorum operum junto a Volmar y Richardis.

"Todas las artes que sirven los deseos humanos y las necesidades del ser humano se derivan del aliento que Dios envió al interior del cuerpo humano."





Hildegard y su comunidad de monjas benedictinas

Imagino que una mezcla de visión, pasión, percepción, ambición y frescura pudo hacer excepcional a la joven Hildegard que acabó convirtiéndose en una de las creadoras mas prolíficas y señeras de su tiempo, pues además de una  abadesa independiente -llegó a fundar dos monasterios en 1150 y 1165- , fué una científica curiosa, una conocedora del saber clásico a cerca de la filosofía, la astronomía y la observación de la naturaleza, una compositora de poemas y músicas y una mujer con una enorme curiosidad por la botánica y la medicina. Buena parte de las noticias sobre su persona las debemos a su biógrafo, Volmar de Disibodenberg.
Hildegard era la hija menor de una familia noble alemana; había nacido en 1098 en Bermersheim, cerca de Maguncia, Alemania. Se dice que pasó enferma la mayor parte de su infancia y sus padres la entregaron a la Iglesia como un diezmo (por ser la décima de sus  hijos) a la edad de ocho años, ingresando en el monasterio de Disidodenberg.

http://www.hildegardiana.es/1vida.html


En el monasterio estuvo bajo la tutela de Jutta Von Sponheim y entabló una relación de amistad muy determinante con Ricardis Von Strade.
Jutta vivía en una pequeña casita adosada al monasterio de los monjes benedictinos fundada por san Disibodo, instruyendo a la joven postulante en la recitación del salterio, la lectura y la escritura. La reputación de la santidad de Jutta y de su pupila pronto se extendió por la región y otros padres ingresaron a sus hijas en lo que se convertiría en un pequeño convento benedictino agregado al monasterio de Disibodenberg. A la edad de 15 años, Hildegarda profesó allí como monja.
Las visiones, que habían comenzado a los seis años, continuaron durante toda su vida, aunque Hildegarda solo informó inicialmente de ellas a Jutta, y después al monje Volmar de Disibodenberg, su preceptor y luego secretario y escriba, hasta su muerte en 1173. 
A la muerte de Jutta en 1136, Hildegarda fue elegida abadesa de la comunidad. Contaba con treinta y ocho años. 

" Y puse la mano a la escritura. "
La primera miniatura de  " Scivias " representando a Hildegard recibiendo una visión en forma  llamas de fuego en su celda, donde escribe mientras Volmar la asiste


Fue entonces cuando empezó a dejar constancia de las visiones que le ocurrían en plena consciencia y la convertían en una intermediaria entre la revelación divina y el mundo,  lo que hizo que se la tratara como una persona  especial, escapando, así, de las restricciones de la iglesia medieval para con las mujeres predicadoras y que le permitieron dedicarse, entre otras cuestiones, a la predicación,  la filosofía y  la ciencia.


Scivias, Sexto día de la Creación.

En el año 1141, Hildegarda comenzó a escribir su obra principal, Scivias, (Scire vías Domini ó vías lucís, traducida: Conoce los Caminos), obra que tardó diez años en completar (1141-1151). 
Como tenía dudas sobre la oportunidad de escribir o no lo que percibía,  recurrió a San Bernardo de Clavaral, fundador de monasterios y uno de los grandes doctores de la Iglesia, con el que en el futuro mantendría una fluida relación epistolar, para que la aconsejara.
No solo recibió la aprobación de este santo, sino que cuando el Papa Eugenio III fue a la región con motivo del Sínodo de Tréveris en 1147-1148, el arzobispo de Maguncia a instancias del abad de Disibodenberg, presento al Papa una parte del Scivias con las visiones de Hildegarda. 
El Papa designó una comisión de teólogos para examinarlo, entre ellos Albero de Couní, obispo de Verdún, y después de recibir el informe favorable de la comisión, dió la aprobación papal a este texto, llegando a leer partes del libro a los prelados reunidos en el Sínodo. El Papa dictaminó: "Sus obras son conformes a la fe y en todo semejantes a los antiguos profetas" y escribió a Hildegarda instándola a continuar la obra y animando y autorizando la publicación de sus obras.


Hildegard en el Liber divinorum operum

Una buena parte de las obras de Hildegard von Bingen se presentan en forma de visiones, escapando sólo de aquellas su obra médica, llamada Causae et Cura y el tratado sobre la naturaleza, llamado Physica. En ambos textos, describe el mundo natural y muestra un particular interés en las propiedades curativas de las plantas, los animales y las rocas. Hildegarda destinó esta parte de su obra a describir el “milagro de la vida”, desde la fecundación hasta la lactancia desde la vision de una monja erudita medieval.



Scivias, concepción del alma y el cuerpo.

El reconocimiento papal de que la labor de Hildegarda estaba inspirada por Dios la convirtió en una de las columnas más firmes de la Iglesia por aquel tiempo. Su fama hizo que su comunidad creciera de modo que tomó la decisión de establecer a sus monjas en un monasterio propio, sin ninguna dependencia de la abadía de monjes de Disibodenberg, para lo que fundó un convento en Rupertsberg, cerca de Bingen. Fue el primer monasterio de monjas autónomo, pues hasta entonces siempre habían dependido de otro de varones.
Entre 1147 y 1150 las monjas se trasladan a su nuevo monasterio oponiéndose al deseo de los monjes de Disibodenberg que veían así disminuidas las rentas y la influencia de su monasterio.
La tenacidad y energía de la monja venció todas las dificultades y en 1150 el Arzobispo consagró el nuevo monasterio, que siguió atrayendo numerosas vocaciones y visitantes. 




La particular revelación  impregna  sus otras obras, desde Scivias y Liber Divinorum Operum, a sus composiciones poéticas y musicales, Symphonia harmoniae caelestium revelationum y Ordo Virtutum, uno de los primeros ejemplos de drama litúrgico, así como sus experimentos lingüisticos, Lingua ignota y Litterae ignotae, su correspondencia epistolar con los grandes personajes de su época, como Bernardo de Claraval, el Papa y Federico Barbarroja.

Las miniaturas que adornan su producción deben valorarse como la creación de monjes especializados que reflejaban fielmente las visiones de Hildegard y la representaban recibiendo la inspiración divina, a veces escribiendo ella misma y dictando a Volmar.

Scivias 32. El final de los Tiempos.

De su producción musical, podemos afirmar, parafraseando a la propia monja, que aprendió de oído los modos gregorianos, los textos, los sonidos. Careciendo de estudios en técnica de canto ni en notación musical, llegó a  crear cantos que luego eran copiados en un Scriptorium por copistas entrenados en la notación. 
Para ella la música era un concepto que lo abarca todo, una sinfonía de ángeles, un diseño oculto de las creaciones de la naturaleza y la unidad de las voces humanas alabando a dios desde la tierra.
Más de 300 veces en sus escritos, Hildegard utiliza la música para iluminar verdades espirituales e incluso en sus palabras se encuentran rastros de lo que podría ser el primer intento de musicoterapia, pues Hildegard pensaba que muchas veces al día nos desequilibramos y que por medio de la música podemos recuperar ese equilibrio y redirigir los corazones al cielo. Según ella, a través del canto y de la ejecución instrumental integramos mente, corazón y cuerpo, y con ello sanamos los desacuerdos internos.




"Yo compuse y canté el canto llano en la alabanza de Dios y de los santos, aunque yo nunca había estudiado la notación musical o cantar." 

Ordo Virtutum es una obra de teatro en la cual un alma errante se debate entre las tentaciones del diablo y las virtudes. Dado que se trata de una obra de teatro con música se ha escrito incluso que pudiera tratarse de la primera ópera conocida.
La Symphonia es una colección de cantos dedicados especialmente a la Virgen María y a Santa Úrsula; música escrita para las ocho horas del oficio divino donde se hacen lecturas y cantos de salmos e himnos. Las principales formas musicales que se hallan en la Symphonia son las del canto gregoriano. 
La extraordinaria creatividad de Hildegard von Bingen va unida a su inteligencia y sorprendente originalidad, pues a pesar de no haber recibido educación formal en la música, como acabamos de expresar, compuso una música brillante con expresiones musicales intensas y exquisitas. 
En contraste con el limitado alcance de la mayoría de los cantos de la época, la música de Hildegard tiene una gama muy amplia, utilizando extremos de registro que recorren la escala como si se trasladara entre el cielo y la Tierra, creando "arcos altísimos" que hacen reconocible su especial música.
Desconocemos si ella quiso utilizar instrumentos para acompañar los cantos en el monasterio, aunque afirmaba que su uso suavizaba el corazón y lo encaminaba hacia Dios. Así otorgaba a la pandereta el sentido de la disciplina, a la flauta, el misml Espíritu, la trompeta sería la voz de los profetas, las cuerdas serían equivalentes a la condición terrenal del alma en su lucha por volver a la luz, despertando las emociones de nuestro corazón el arrepentimiento, el arpa, la bendición celestial, el salterio representaba la unidad del cielo y de la tierra, y el órganum como un instrumento capaz de reproducir armonías, que ayuda a crear comunidad.



Scivias. La Sinagoga

Además de su producción visionaria y creativa Hildegarda realizó al menos cuatro grandes viajes fuera de los muros del convento (entre 1158 y 1171, a lo largo de los ríos Nahe, Meno, Mosela, y Rin) a instancias de los prelados de diversos lugares. En ellos predicó en iglesias y abadías sobre los temas que más urgían a la Iglesia: la corrupción del clero y el avance de la herejía de los cátaros. En su tercer viaje, (entre 1161 y 1163) cuando visitó Colonia a instancias de los Canónigos Capitulares para predicar contra la herejía de los cátaros, lo hizo pero también y con gran énfasis, recriminó con dureza y achacó el auge de la misma a la vida disoluta que llevaban los mismos canónigos, los clérigos y a la falta de piedad de los mismos y del pueblo cristiano en general, lo que da idea de su carácter. Fue la única mujer a quien la Iglesia permitió predicar al pueblo y al clero en templos y plazas. De sus cartas se desprenden los itinerarios y la finalidad de sus viajes que realizaba en barco y a caballo, un autentico sufrimiento para su naturaleza débil. 



El hombre como un microcosmos del macrocosmos, una típica concepción  neoplatónica del Liber divinorum Operum

A la edad de ochenta años seguía siendo la pertinaz abadesa que reafirmaba cada paso dado en sus fundaciones independientes. Sucedió que había permitido la sepultura de un noble excomulgado en el cementerio de l monasterio de Rupertsberg, un hombre que, poco antes de morir, se había reconciliado con la Iglesia, acción que escapó al conocimiento del alto clero. Hildegard se negó a cumplir la orden episcopal de exhumar el cadáver y alejarlo de tierra consagrada, alegando la final reconciliación del fallecido con Dios. Tras meses de amenazas y prohibiciones contra su comunidad intentando hacerla ceder, el arzobispo levantó los castigos, tras conocer los hechos.
Pocos meses después, 17 de septiembre de 1179, a los 81 años, Hildegard von Bingen murió en Bingen. Las crónicas de su vida y milagros, o hagiografías , de esos tiempos cuentan que, a la hora de su muerte, aparecieron dos arcos brillantes de diferentes colores que formaron una cruz en el cielo.
Fue sepultada en la iglesia de su convento de Rupertsberg del que fue Abadesa hasta su muerte. Sus reliquias permanecieron allí hasta que el convento fue destruido por los suecos en 1632. Actualmente sus restos se encuentran en Eibingen. 


Aspecto actual de la abadía de Eibingen

En ninguna de las obras o cartas, Hildegarda se atribuye a sí misma ningún mérito, antes bien, se define como "pobre criatura falta de fuerzas". Todo lo que sabe y hace, es obra de Dios. Las visiones, las revelaciones, las curaciones que realizó, fueron sobrenaturales:

"todas las cosas que escribí desde el principio de mis visiones, o que vine aprendiendo sucesivamente, las he visto con los ojos interiores del espíritu y las he escuchado con los oídos interiores, mientras, absorta en los misterios celestes, velaba con la mente y con el cuerpo, no en sueños ni en éxtasis, como he dicho en mis visiones anteriores. No he expuesto nada aprendido con el sentido humano, sino sólo lo que he percibido en los secretos celestes".

 (Prólogo del Liber Divinorum Operum) 


"No oigo estas cosas ni con los oídos corporales ni con los pensamientos de mi corazón, ni percibo nada por el encuentro de mis cinco sentidos, sino en el alma, con los ojos exteriores abiertos, de tal manera que nunca he sufrido la ausencia del éxtasis. Veo estas cosas despierta, tanto de día como de noche." 

Hildegard al monje Guibert. Ep. CIII.


Durante los siglos XIII y XIV, su fama se intensificó y con ella los esfuerzos para declarar su santidad.
A pesar de que su canonización oficial no ocurrió hasta el año 2012, a Hildegard von Bingen se le ha considerado santa desde antes de morir y fue incluída en la martirología romana al final del Siglo XVI.
El 10 de mayo de 2012, el papa Benedicto XVI la nombró oficialemente santa mediante un proceso de canonización equivalente. El 7 de octubre la nombró Doctora de la Iglesia.
A Hildegard von Bigen se le reconocen como santa patrona de la ecología, la medicina, la música, el arte y hasta de la cerveza, ya que esta sabia visionaria reconocía que en la época medieval tomar agua era peligroso. Le aconsejaba a las monjas bajo su mando que tomaran cerveza para mantener las mejillas rosadas y las enfermedades alejadas. Su festividad se celebra el 17 de septiembre.
La obra de Hildegard ha sido estudiada, reinterpretada y versionada por músicos y filósofos contemporáneos, mostrando la atractiva influencia de su legado.



La cabeza del Anticristo brota de las entrañas de la Iglesia, representada como una virgen. Scivias


¡Feliz Semana!







Si quieren ver las miniaturas de Scivias,  Pinchen aquí

Si desean ver la película de Margareth Von Trotta sobre Hildegard tienen el enlace La Visión


Fuentes y más información:

Cirlot, Victoria; 2014 LA CIUDAD CELESTE DE HILDEGARD VON BINGEN1
ANUARIO DE ESTUDIOS MEDIEVALES, 44/1, enero-junio de 2014, pp. 475-513doi:10.3989/aem.2014.44.1.15. ISSN 0066-5061. http://estudiosmedievales.revistas.csic.es/index.php/estudiosmedievales/article/viewArticle/717

http://www.hildegardiana.es/5pdf/causas_y_remedios.pdf
http://www.abtei-st-hildegard.de/?page_id=4721





Scivias. La caída




6 comentarios:

  1. Fantastico. Documento extraordinario de una mujer extraordinaria. Gracias
    Antonio

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    1. Gracias Antonio. Sobre esta mujer se puede uno pasar años contando cosas. Estoy inmersa en un interés por la producción intelectual y práctica de Hildegard y me asombro a cada minuto de su capacidad, de su inteligencia y de su curiosidad y capacidad de trabajo.

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  2. Muchas gracias por esta entrada, Ermitiella.
    He venido a su blog en busca de algún post sobre Hildegard von Bingen (ya conocía su blog y su página de Facebook, ¡Muchas gracias por ellas!). La razón de mi búsqueda en su blog se debe a que no me queda nada claro en otros sitios que he consultado la autoría de las ilustraciones que aparecen en la obra de Hildegard. Por lo que he ido viendo aquí y allá, parece ser que no las pintó Hildegard directamente, como usted misma escribe en esta entrada (“Las miniaturas que adornan su producción deben valorarse como la creación de monjes especializados que reflejaban fielmente las visiones de Hildegard y la representaban recibiendo la inspiración divina, a veces escribiendo ella misma y dictando a Volmar.”) En algunos casos he leído que ella misma dirigía el trabajo de las ilustraciones; en otros, que fueron realizadas en fechas algo posteriores a su muerte; y en otras, que las miniaturas del códice de Rupertsberg están inspiradas en las de los manuscritos originales. En fin, que la información acerca de quién o quiénes realizaron las ilustraciones no consigo encontrarla nada bien y en muchos sitios parece decirse con boca pequeña (quizá porque esté siendo torpe buscándolo, también puede ser), cuando creo que debería ser algo que tendría que señalarse muy explícitamente y más teniendo en cuenta el uso tan frecuentísimo que se hace de estas imágenes cada vez que se habla de Hildegard (estas miniaturas son presentadas de tal manera en diversos lugares a los que yo he acudido que uno asume directamente que son obra de ella). No es importante que se haya llegado a una única conclusión, no digo eso, sino que se echa en falta, en general, una exposición más clara sobre la autoría de estas apreciadísimas ilustraciones. A usted le agradezco su párrafo aclaratorio que anteriormente le he copiado.
    Ahora bien, en otra de sus entradas titulada “Pintoras” dice usted, acabando ya el post: “Dejaremos para otra ocasión la obra de otras grandes mujeres pintoras como Hitda de Meschede, Herrada de Landsberg, Hildegarda de Bingen, Sofonisba Anguisola o Artemisia Gentisleschi.” Jajajajajajaja, aquí me mató usted, porque si bien en el post dedicado a Hildegarda no la hace autora de las ilustraciones, en este sí parece hacerlo. Por favor, ¿sería usted tan amable de darme su opinión sobre quién o quienes cree que fueron los autores de las ilustraciones?

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    1. Lamento que de mi propia confusión se hayan derivado estas contradicciones. Realmente responden a lo que usted mismo acaba de exponer. Yo no soy experta en Hildegard, sólo una admiradora, pero me parece igual de probable que lo hiciera o que no. por qué no lo iba a poder hacer? Hacía muchas cosas y muy bien, esta podría ser una mas. Cómo ves poco aclaro pues yo misma tengo la incertidumbre y no me aventuro a decantarme claramente. En resumen ¿por qué no?

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    2. Muchas gracias por responderme y también por su sinceridad y humildad. He de decir que me encanta su blog y que la sigo en facebook. Gracias de veras por todo lo que comparte: es todo un placer.

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    3. Me agrada lo que me dice. Espero que nos veamos a menudo por estos lugares virtuales. Un abrazo

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