martes, 17 de diciembre de 2013

A vista de pájaro. Arqueología desde el aire.




Era una avioneta pequeña en un aeropuerto pequeño.
La tarde empezaba calurosa y en aquel habitáculo mínimo nos metimos cuatro personas con la intención de pasar una hora y media de experiencia aérea aderezada de yacimientos arqueológicos. El  piloto iba justo delante de mi y me indicaba que enseguida podría verlo todo si me asomaba por la ventanilla situada bajo el ala. Delante Julio llevaba una cámara y me iba indicando la distancia al suelo. La siguiente en ultraligero,¿eh?. 
A mi lado un convidado, atraído por el tema, se iba mareando por momentos.
La zona a sobrevolar sería de campiñas, al sur del Duero, unas planicies inmensas, de limos e interminables campos de cereal punteados con lavajos y navas.
La temperatura dentro del aparato empezaba a ser sofocante. Serían las 6 de la tarde de un día de finales de mayo o comienzos de junio de 1991. Nerviosa culeaba en el asiento trasero preparando la cámara de fotos y mirando los planos señalados con lapicero. Sobre la ubicación de algunos lugares conocidos por la prospección arqueológica tradicional y adscritos a época tardorromana, había trazado una línea circular en rojo.
Ese año la primavera había sido lluviosa y el cereal estaba bien crecido. Era el momento de planificar vuelos de reconocimiento.  Buscábamos líneas marcadas en el suelo.



 Villa tardorromana de Los Casares, Armuña (Segovia). Fotografía oblícua con luz rasante desde avioneta. Los resultados son apreciables por el crecimiento diferencial de la vegetación y las sombras que se proyectan.
 Fotografía de Julio del Olmo.





Ortofotografía aérea vertical del SigPac en la que se aprecia el  campamento pequeño o recinto tardío del ala de caballería, del campamento romano de Petavonium, Rosinos de Vidriales (Zamora)



Para nosotros la Arqueología Aérea era un nuevo campo metodológico, copiado de interesantes experiencias francesas,  para el conocimiento, catalogación, caracterización y estudio de restos arqueológicos invisibles o difícilmente perceptibles en la superficie, aprovechando la fotografía oblícua, la luz rasante y el crecimiento diferencial del cereal.
Habíamos leído con interés los artículos de R. Agache,  arqueólogo francés, que complementó el trabajo de campo tradicional con los vuelos en avioneta y viceversa, siendo espectaculares sus investigaciones en las ciudades y villas romanas y el reconocimiento de granjas indígenas prerromanas, entre otras cuestiones.
Contábamos, en aquellos momentos, con el empuje, interés y disponibilidad de nuestro compañero Julio del Olmo, arqueólogo aficionado a la aviación, quien se convirtió en el primero de nosotros en proponer estas nuevas técnicas de estudio en el ámbito del centro de la cuenca del Duero.





 Casa galorromana. Fot. Roger Agache


Líneas de un cercado indígena prerromano. Fot. Roger Agache.



Pioneros en poner en marcha esta experiencia en nuestro territorio, habíamos apoyado desde finales de los 80 el trabajo de estudio aéreo sobre Villae romanas propuesto por Julio y los resultados sobrepasaban las expectativas iniciales. Por fin entendíamos la increíble variabilidad, la densidad de la ocupación, las hectáreas de extensión. Era impresionante la observación de las plantas casi completas de los palacetes romanos. Se hacía fácil comprobar desde el aire su complejidad, las líneas que articulaban las habitaciones en torno a los patios, las estructuras de la parte señorial, la amplitud de muchos de estos complejos lujosos tardorromanos.

Esta visión novedosa sin excavación arqueológica ponía a nuestro alcance nuevas perspectivas en el estudio arqueológico. Pronto pusimos en marcha una experiencia similar asociada al Inventario Arqueológico Provincial de Valladolid, convencidos de que si el método era bueno para el estudio de las villae y  si en Francia o Inglaterra se detectaban estructuras de otras épocas, aquí ocurriría otro tanto. 

Enseguida se empezaron a entender muchas cuestiones a cerca de la organización de las ciudades romanas, los oppida vacceos, los poblados de la I Edad del Hierro, los yacimientos prehistóricos rodeados de fosos, los recintos defensivos altomedievales, las iglesias desaparecidas, las motas arrasadas,los castillos arruinados, etc.


Poblado prehistórico del tipo "recinto de fosos", en El Casetón de la era, Villalba de los Alcores (Valladolid). Fotografía de Julio del Olmo.



Castilviejo, Cuéllar (Segovia). Recinto con foso y aldea extramuros. Siglos X y XI. 

La fotografía aérea es, sin ninguna duda, un instrumento muy eficaz en la detección de otras evidencias, como los caminos históricos y, desde luego, ha sido empleada, con gran acierto, en el estudio de las vías romanas llevado a cabo en Castilla y León en fechas recientes, fundamentalmente en aquellos sectores en los que los restos no eran tan visibles o habían sido objeto de interpretaciones erróneas.

Vía romana a su paso por la provincia de Soria, junto al arroyo de los Frailes, al oeste de Matanza de Soria. Isaac Moreno Gallo.

Un mundo nuevo de posibilidades inmensas se abría ante nosotros hace veinte años y hoy sigue contribuyendo a responder a numerosos interrogantes. La extensión de una ciudad, la ocupación de un territorio, la densidad de la superposición, las características tipológicas de las estaciones arqueológicas, la estratigrafía horizontal de las ocupaciones urbanas, son sólo algunas de las cuestiones a cuya comprensión contribuye la aplicación del método.

Casi todo lo que se ve desde el aire, se  dibuja sobre los campos de cereal a través de la observación del crecimiento diferencial de la vegetación, aunque este no es el único índice ni mucho menos.

Aquellas primeras fotos de hace una veintena de años eran oblícuas, requerían de unas magníficas condiciones de visibilidad y se realizaban al amanecer o a la caída del sol, con la luz rasante agudizando los contrastes. Precisaban un contrato específico para su realización directa con los medios al alcance (una avioneta o un ultraligero, dependiendo de las distancias a recorrer), pero también de un software de corrección y una fotointerpretación casi inalcanzables en aquellos momentos.

Un vuelo no era suficiente. Se hacía necesario, y hoy de igual forma, programar y llevar a cabo varios vuelos sobre los mismos lugares, incluso  en años diferentes ya que las condiciones de humedad no son las mismas y queda patente que hay épocas, dentro del ciclo anual mucho mas propicios para el estudio de los yacimientos desde el aire, e incluso años con mas rendimiento de visibilidad que otros.

Hoy hay mucho camino recorrido y el panorama es algo diferente. Tenemos diferentes vuelos digitalizados basados también en la fotografía vertical medible, la ortofotografía al alcance de un clic.

Google Hearth pude ser manejado por cualquiera, aunque los vuelos específicos con resoluciones mejores, como los nacionales del Pnoa , es incuestionablemente mas eficaz para nuestras observaciones profesionales.
La fotorestitución es accesible a cualquier usuario y los softwares nos permiten localizar en coordenadas UTM cualquier evidencia arqueológica, medirla y compararla.



Yacimiento arqueológico de Arce Mirapérez, en Miranda de Ebro (Burgos). La fotografía aérea permite observar el urbanismo del recinto, con sus calles y manzanas de viviendas.



Tritium Autrigonium. Tricio, de los Autrigones (Monasterio de Rodilla, Burgos). Entramado urbano apreciable en 1996.
 © François Didierjean (francois.didierjean@wanadoo.fr


Una ortofotografía sobre la costa actual puede ofrecernos una visión increíble del patrimonio arqueológico sumergido.



Visor Iberpix del IGN. Manga del Mar Menor.

La foto aérea, en origen, no es mas que un método que nació en el seno de las confrontaciones bélicas, con unos intereses militares a raiz del uso de la aviación en el espionaje militar de la I Guerra Mundial  y que pronto comenzó a ser aplicada a la detección arqueológica.

La era espacial surgida en plena Guerra Fría fue también un revulsivo para la innovación a gran escala pues los satélites permitieron, en otras muchas cuestiones, detectar grandes infraestructuras camineras y centros urbanos desaparecidos asociados a aquellas.

Arqueólogos asociados a la NASA mejoraron la técnica en condiciones desfavorables desde el punto de vista atmosférico, de visibilidad, claridad aplicando la fotografía con rayos infrarrojos y ultravioleta.

La Arqueología aérea permite obtener una visión territorial mucho mas amplia que la que teníamos antes de su aplicación. No obstante lo anterior es fundamental entender que es una técnica arqueológica que complementa y se complementa de estudios sobre la superficie, de modo que constituye una metodología mas de la forma de hacer historia a través de la arqueología. 

Así fue entendido por el arqueólogo francés Roger Agache, cuyos trabajos estudiamos durante nuestros años de especialización y a quien tanto debemos los arqueólogos actuales. En homenaje a su trabajo, gérmen de tantos otros posteriores, van estas líneas.





En la actualidad se está generalizando el uso de drones con fines de estudio aéreo sobre yacimientos arqueológicos, espacios arqueológicos de carácter territorial y bienes complejos que se desarrollan en decenas o centenares de kilómetros.
Les dejo con estas sugerentes imágenes y un magnífico documento visual.

Buena semana a todos!








Por si les apetece ampliar el tema.

VVAA. Actes du colloque international d´archéologie aérienne- Amiens 15-18 octobre 1992. hommage à Roger Agache. Revue archéologique de picardie, nº special 17

1 comentario:

  1. Me ha parecido fantástico. El aereomodelismo moderno al servicio de la arqueología. Fantástico reportaje. Y muy ameno. Felicidades

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