martes, 28 de octubre de 2014

Samahin céltico. Fiestas de transición al invierno



Se acerca el final del mes y llega el día en el que según las creencias y la costumbre se recuerdan especialmente los seres queridos que fallecieron. Esta fiesta tan especial que desde la infancia dedicamos a visitar los cementerios, comprar flores y tomar huesitos de santo, se ha visto transformada por la importada fiesta yanquee de Halloween. No hay que lamentarse. Una vez mas se trata de un rito de los de ida y vuelta, solo que este tiene mas de 2000 años, ya que el origen de esta celebración se remonta a los rituales prerromanos de los pueblos célticos europeos.

Estos contabilizaban los meses con las lunas nuevas y dividían el año dos estaciones, el invierno o mitad oscura  que comenzaba en el mes de Samonios con la luna de octubre-noviembre, y el verano  que empezaba con la luna de abril-mayo conocida como Giamonios, constituyendo la celebración de Samhain una de las transiciones entre estas estaciones y marcando el inicio del año, durante las «tres noches de Samonios». Los calendarios de Coligny y d'Heria de Villards, ambos galos,  marcan la luna de pleno verano y omiten la de pleno invierno. Sin embargo, fueron diseñados, probablemente, con el fin de alinear las lunaciones con el ciclo agrícola. En el primero se mencionan los tres días de festividad del inicio de Samhain.

McBain en su diccionario de la lengua gaélica dice que 'Samhuinn' significa precisamente "fin del verano" y es la palabra destinada a designar el mes de noviembre.

Parece que estas festividades inicialmente se llevaban a cabo alrededor de los días 5-7 de noviembre (a la mitad del equinoccio de otoño y el solsticio de invierno) con una serie de ceremonias que terminaban con la fiesta de «los espíritus» y con ello se iniciaba el año nuevo. Los sacerdotes druidas eran los intermediarios con los antepasados, los espíritus de los ancestros que venían en esa fecha a visitar sus antiguos hogares.

Estos espectrales visitantes tenían en esas fechas autorización para caminar entre los vivos, dándosele a la gente la oportunidad de reunirse con sus familiares muertos. Para mantenerlos contentos y alejar a los malos de sus hogares, se les dejaba comida.




Por el Samhain era costumbre también encender fuegos y vaciar un gran nabo hueco para colocar dentro carbones encendidos con el objeto de representar al espíritu que creían que les otorgaba poder.


Tras la conquista romana a aculturación de los pueblos sometidos, muchos de los rituales religiosos de los druidas desaparecieron por completo, salvo en los territorios occidentales, como es el caso de Irlanda y el noroeste de la Península Ibérica, en los que El Samhain sobrevivió conservando buena parte de su idiosincrasia primitiva.


Aunque parece que viene afirmándose que en la Irlanda medieval, Samhain permaneció como la principal festividad, celebrado con una gran asamblea en la corte real de Tara, durando tres noches, otros investigadores lo ponen en tela de juicio indicando que ni Tara existió como tal, ni existe constancia alguna de tales celebraciones y que las fuentes que las mencionan fueron escritas mucho tiempo después por lo que pudieron haber contaminado la información.




La llegada y instauración del cristianismo supuso el arrinconamiento de aquellas ancestrales prácticas a partir de entonces consideradas heréticas, lo que implicó su demonización, en primera instancia, para luego asimilarlas a festividades cristianas.

Tenemos constancia de que desde el siglo IV la iglesia comienza a festejar la fiesta de los mártires. Trescientos años después, en el siglo VII el papa dedica a Todos los Santos un templo romano dedicado a todos los dioses (un pantheon), pero no fue hasta el año 741 cuando la fiesta cristiana se trasladó desde su primigenia fecha del 13 de mayo al 1 de noviembre, primero en Roma y en 840 en todo el mundo cristiano.
La noche anterior se celebraba una vigilia vespertina, que en inglés es la Vigilia de todos los santos ( All Hallow´s Eve.

Así, el de Samain se convirtió en la noche y el día de Todos los Santos, de donde deriva el nombre inglés de Halloween.






En la Península Ibérica, en tierras gallegas, el maestro de escuela del pueblo coruñés de Cedeira, D. Rafael López Loureiro documentó esta tradición pudiendo comprobar que se extendía por toda Galicia y que se había celebrado hasta treinta años antes. Otro tanto ocurría en zonas leonesas, zamoranas y del norte de Cáceres, precisamente en aquellas donde la lengua y tradiciones gallegas estaban bien arraigadas, tierras en las que existen muchas mas coincidencias culturales atlánticas desde la Prehistoria.

Documentó también la costumbre de asociar las calabazas con el culto a la muerte y llegó a reconocer una curiosidad en la localidad lucense de Quiroga donde la calabaza trabajada para las ceremonias se dejaba secar y se conservaba para su uso como máscara en el Entroito, recogiendo esta tradición en su libro "Caliveras de melón".
En la actualidad se celebran ritos del Samahin, llamado en gallego Samanín (solamente por trasposición del nombre gaélico), en  Cedeira, Ferrol, Ribadavia y La Coruña, entre otros lugares.


Desde mediados del siglo XVIII, la emigración irlandesa a Norteamérica supone la introducción de su  cultura, folklore y tradiciones, entre las que estaba la de Samhain que había ido modificándose.
A pesar de la represión luterana de las autoridades de Nueva Inglaterra la fiesta se amalgama con otras creencias autóctonas dando lugar a la actual fiesta, ya sin características religiosas, en la que la gente se disfraza, los niños piden chucherías y se cuentan historias de fantasmas. Una festividad que regresa a Europa y se exporta al resto del mundo convirtiéndose en una celebración internacional.
Aún hoy en día se prenden hogueras y se lanzan al fuego objetos viejos.
Incluso existen nuevos movimientos que pretenden recuperar y celebrar las antiguas tradiciones como Wicca o Rueda del Año o el neo druidismo.

Nos gusten mas o menos las celebraciones actuales, resulta muy interesante y en cualquier caso, parece entenderse mucho mejor si reconocemos el origen y evolución de esta festividad.


Feliz semana. Feliz Samahin o lo que quiera que celebren!


3 comentarios:

  1. Interesantísima entrada. A mí la verdad que me gusta este tiempo de cambio. ¿La unión de los vivos y los muertos? No lo sé, en todo caso, la antigua tradición es bonita. Un abrazo

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  2. Muy interesante, me ha gustado mucho. Segun me han contado mis familiares mayores, en la Asturias de los años 30 aun se ponian calabazas (el calabazon tipico asturiano) fuera de las casas, con velas dentro y algunas cosas de comer, en la noche de difuntos.

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