lunes, 19 de enero de 2015

La maqbara de Valladolid. Mudéjares en el valle del Duero







Localización del antiguo Fonsario de Moros en el plano de Valladolid de Ventura Seco (1738)



La identidad musulmana de los mudéjares de la cuenca del Duero constituye un tema apenas tratado, hasta ahora, en la historiografía del mudejarismo castellano. A lo largo de los últimos veinticinco años se han venido abordando diferentes trabajos de carácter arqueológico, fundamentalmente relacionados con el ámbito de desarrollo urbano (complejos alfareros, producciones cementerios, mezquitas, ámbitos domésticos, etc). Junto a estos, las fuentes documentales constituyen una excelente modo de conocimiento de las comunidades islámicas en este territorio, unas evidencias palmarias del mantenimiento de la identidad musulmana por parte de los integrantes de las aljamas  hasta que a finales de la Edad Media, en 1502, se obligue a los musulmanes castellanos a bautizarse.
Se viene, con ello, a confirmar el mantenimiento, durante toda la Edad Media, de la lengua, escritura y onomástica árabes por parte de estos mudéjares de Castilla, así como la organización de la población en aljamas, el conocimiento y regulación de su vida conforme a las islámicas seculares, la profesión de su religión y el mantenimiento de sus creencias, habiéndose constatado en Avila, Valladolid, Arévalo, Cuéllar y Burgos, entre otras ciudades medievales.
La importancia de la población de la veintena de aljamas del Duero es muy notable, contabilizándose que algunas de aquellas (por ejemplo, Ávila, Ágreda, Arévalo o Valladolid) pagaban más que cualquiera de las sureñas del Arzobispado de Toledo y el Obispado de Cuenca, de los Obispados de Coria,  Plasencia y Badajoz (a excepción de Hornachos), del Arzobispado de Sevilla y los Obispados de Cádiz, Córdoba y Jaén o del de Cartagena (sólo los del Valle de Ricote contribuían más que los de Ágreda, Arévalo o Valladolid). La profesora Villanueva y Javier J. Gadea calculan, en un reciente trabajo sobre la aljama burgalesa, que a finales de la Edad Media existía una población de mas de 5.000 mudéjares, que podrían incluso aproximarse a los 10.000, distribuidas de forma desigual, siendo la mas populosa la de Avila, seguida de Valladolid, Arévalo y Avila, con muchos menos habitantes en Segovia y Burgos y un pequeño colectivo en Deza, Aranda, Medinaceli ,Barco de Avila, Piedrahita, Palencia, Ayllón, Medina del Campo, Cuéllar, Sepúlveda, San Esteban de Gormaz y Peñaranda de Duero, y unas poquitas familias en Peñafiel, Sahagún y Carrión de los Condes, bien conocidas y valoradas por los tributos pagados. 




Fachada con alfiz en la calle Empedrada de Avila, probable Mezquita de la Alquibla



Necrópolis mudéjar  de San Nicolás, en Avila 


Los cementerios mudéjares constituyen una fuente esencial que desvela, desde un punto de vista arqueológico, las características de una población medieval, de la que hasta hace muy poco tiempo, se desconocía casi todo. En Valladolid, unas excavaciones arqueológicas realizadas en el subsuelo de la actual Casa del Estudiante de la Universidad,  documentaron medio centenar de tumbas del almocabyr o maqbara.

Corría 1990 cuando comenzamos nuestras excavaciones arqueológicas en el ámbito de la antigua Casa de la Beneficencia. Se trataba de investigar el antiguo cementerio musulmán de la ciudad antes de que se completara el ajardinamiento de la nueva zona universitaria con el objetivo de determinar la extensión y  características generales del espacio funerario, su datación cronológica y el estudio antropológico de los individuos inhumados. El trabajo arqueológico se hizo en dos fases consecutivas de excavación, la primera de sondeos estratigráficos dirigida por Miguel Angel Marcos Villán, Angel Luis Palomino Lázaro y José Luis Hoyas Díez y la segunda, con zonas de excavación mas amplias en dos sectores de la necrópolis bajo la dirección de Arturo Balado Pachón, José Ignacio Herrán Martínez, José Enrique Santamaría y la que se dirige a ustedes, Consuelo Escribano Velasco, todo ello en el marco del Convenio establecido entre la Universidad de Valladolid, la Junta de Castilla y León y la Diputación de Valladolid para la investigación y protección del Patrimonio arqueológico vallisoletano, con la colaboración del módulo de arqueología de la Escuela-Taller del castillo de Portillo.


Sondeo norte. Fonsario de moros, luego Casa de la Beneficencia de Valladolid. 

La maqbara o makbara (en plural maqâbir o makabir) es la denominación que reciben los cementerios y necrópolis musulmanas. Se trata de una palabra árabe compuesta de la raíz qbr, que significa enterrar, y precedida del prefijo m, que en la lengua árabe permite construir sustantivos que indican el lugar, por lo que su significado es lugar de enterramiento. Estaban situadas extramuros de la muralla, a las afueras de la población y próximas a los caminos de acceso a alguna de las puertas de la ciudad.


Planta del sondeo norte de la maqbara. A la izquierda el nivel de las tumbas mas modernas y a la derecha el mas antiguo. Pág. 211 de artículo publicado sobre las necrópolis de rito islámico en Castilla y León. Numantia 4.

En la de Valladolid excavamos 58 enterramientos. La totalidad de las tumbas responden al mismo rito con espacios estrechos dispuestos con la cabecera al oeste donde los inhumados fueron dispuestos en posición decúbito lateral derecho, apareciendo las piernas estiradas, los brazos a lo largo del cuerpo y las manos a la altura de las caderas o sobre el pubis. 
Las tumbas son de dos tipos: fosas simples excavadas en la tierra junto a otras reforzadas con unas hiladas de adobes que levantan muretes paralelos; configurando, en cualquier caso, un hueco angosto en el que habría que depositar, de forma muy ajustada, a los individuos. Las primeras se detectan a lo largo de toda la secuencia de ocupación del cementerio, mientras que las tumbas de muros de adobes( solo 12) se detectan solo en los compases iniciales, los mas antiguos.
Existen evidencias de la utilización de cubiertas de algunas de las fosas, concretamente mediante un adobe, en el caso de uno de los enterramientos infantiles, y dos de madera en inhumaciones de adultos.


Dos inhumaciones infantiles de la maqbara de Valladolid. Rev. de Arqueología 127.

El espacio de la maqbara o fonsario de moros era ciertamente pequeño, por lo que fue objeto de rellenos sucesivos de tierras en los que se contenían materiales cerámicos del repertorio tipo "Duque de la Victoria" y algunas monedas  (dos óbolos y dos dineros de Alfonso X -1252-1284-) que permiten confirmar la datación cronológica de su uso entre el siglo XIII y 1412, fecha en la que la población mudéjar vallisoletana fue recluida en la Aljama de Santa María, situada al otro lado de la ciudad, en el sur, muy lejos de la maqbara de la que hablamos, al lado de la morería plenomedieval y junto a la puerta de San Pedro, en la zona del Prado de la Magdalena.


Elenco cerámico de los alfares vallisoletanos medievales de Duque de la Victoria (siglos XII 
al XV)

La data inicial vendría determinada por su posición extramuros respecto a la segunda cerca medieval de la villa, saliendo por la puerta mencionada y junto al antiguo camino de Cabezón, una construcción levantada, según Adeline Rucquoi, en la última década del XIII.

A falta de referencias textuales, aunque se creía que éste habría el único cementerio del que dispuso la aljama vallisoletana hasta el siglo XV, pues es allí donde se manda enterrar Ramiro Alcalde en 1497, evidencia que todavía seguía usándose a finales de la Edad Media, parece que, precisamente, a tenor del traslado de los mudéjares vallisoletanos a la morería de Santa María, en los primeros años del siglo XV, las autoridades locales, acaso para que el cortejo fúnebre no tuviese que atravesar toda la villa hasta el cementerio septentrional cercano a la iglesia de San Pedro, habrían dispuesto un nuevo espacio frente al monasterio de Sancti Spiritus, donde en 1563 se levantó el convento del Carmen Calzado, luego trasformado en Hospital Militar.

Del estudio paleoantropológico llevado a cabo sobre la población mudéjar inhumada en la maqbara Valladolid se puede apuntar la detección de fuertes inserciones musculares en los huesos de los hombres  adultos, así como patologías como el codo de tenista, una cuestión que viene a confirmar el tipo de trabajo artesanal del colectivo, conformado por alarifes, fundamentalmente albañiles y carpinteros.
La mortalidad infantil es alta, como la de cualquier otro grupo humano urbano del siglo XIV, una situación que se mantiene en las sociedades tradicionales, siendo mayoría los que fallecían antes de los 6 años. Sólo una minoría llegaba a cumplir os sesenta años.
Ambos sexos presentaban una estatura mediana, que en el caso de los hombres rondaba los 160-170 cm y los 150-157 en las mujeres, y una complexión robusta, tal vez debida a la ingesta importante de hidratos de carbono en su dieta diaria.


A ambos sexos, casi por igual, afectaban los mismos tipos de dolencias, causados en su mayoría por deformaciones óseas y musculares, y lesiones reumáticas en las articulaciones, sobre todo en codo y muñeca, originados por hábitos repetitivos y continuados en sus quehaceres cotidianos. 

Finalmente, solo cabe apuntar la excepcionalidad de la detección de un individuo adulto, un varón, que fue objeto de un brutal ataque con arma blanca del que quedaron constancia los numerosos cortes óseos, algunos de defensa, que le fueron propinados en todas las direcciones, siendo mortal uno de los mandobles en el cráneo, tal vez un ajusticiamiento popular como castigo a algún delito.
          


Reproducción de pendiente mudéjar de una de las inhumaciones de la maqbara de Santa Clara, en Cuéllar, Segovia. La excavación arqueológica proporcionó uno de los escasos ejemplos conocidos de adorno personal de los musulmanes castellanos. Se trata de un par de pendientes, de oro, decorados con caligrafía árabe, con la parte final de la primera frase de la šahada o profesión de fe islamica (la ilaha ilā Allāh, “no existe otro dios que Dios”)




Los cementerios musulmanes eran, además, lugares muy visitados y puntos de encuentro social.
En 1990 se valoró la posibilidad de redactar un proyecto de conservación y puesta en valor para la visita pública de los sectores excavados en la maqbara, una cuestión harto difícil habida cuenta del carácter frágil del adobe y sus problemas de conservación tanto al aire libre como en compartimentos estancos, optándose finalmente por su definitivo tapado con la tierra extraida de la excavación.
Quien visita, por motivos académicos o no, el edificio de la Casa del Estudiante de la Universidad de Valladolid, encontrará un panel divulgativo con la información correspondiente a la existencia y características generales de la maqbara en este ámbito de la ciudad.


En la actualidad un heterogéneo grupo de investigadores está sistematizando datos, ampliando los estudios e investigando en diferentes aspectos el mudejarismo en nuestro territorio, en un proyecto concreto bajo el título Duero Mudéjar. Si quieres conocerlo pincha aquí


¡Feliz Semana!


2 comentarios:

  1. Excelente artículo !

    gracias por divulgar desde la arqueología una parte de la historia poco conocida.

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    1. Un placer. La arqueología urbana es una disciplina de enorme interés para comprender y valorar nuestro pasado y un instrumento muy eficaz para la investigación histórica de lo cotidiano.

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