martes, 5 de mayo de 2015

Urraca en San Bernardo






Hace muchos años, siendo una niña, pasé una parte del verano alojada en el monasterio de Valbuena. Mis recuerdos son claros; de aquella experiencia en las venerables ruinas procederán, tal vez, muchas de mis inquietudes culturales. Fue muy especial conocer a José Luis Velasco, quien por primera vez me habló de Estefanía Armengol, la fundadora del monasterio, y de la mano de quien recorrí las estancias ruinosas que hoy, una vez recuperadas, restauradas y preparadas para la visita pública son un referente en el turismo cultural de interior.
Uno de los lugares mas especiales de este monasterio es la capilla de San Pedro o del Tesoro donde se encuentra el panteón funerario del monasterio, en su día cubierto de pinturas. Hoy quiero dedicarle unas líneas a Urraca, la mujer que fue enterrada en uno de los arcosolios levantados en su interior entre finales del siglo XII y principios del XIII.



Capilla del Tesoro o de San Pedro 




Siguiendo la costumbre de preparar la morada para lo eterno, se fabricó en el interior del paramento del norte de la cabecera de la capilla del tesoro, también conocida como de San Pedro, el lucillo que albergaría el último aposento de la señora. 
Un sarcófago pétreo liso tallado a bisel colocado en la parte baja y una escena pintada rodeada de molduras ojivales, igualmente decoradas en vivos colores, conforman lo que, sin duda alguna, es un enterramiento principal dentro del panteón del monasterio cisterciense de Santa María, conocido como San Bernardo, en Valbuena de Duero.
Como sobre moda todo es relativo, les diré que, aunque parezca chocante a los gustos actuales, era tendencia plenomedieval la combinación  de los colores rojo y verde, rojo y azul en la indumentaria. Otro tanto ocurre con algunos de los nombres, que después de haber estado de moda en épocas pretéritas hoy serían impensables y, por ello, han desaparecido.
En el lucillo del que les hablo, para que no hubiera dudas dudas, se escribieron, sobre la cabeza de una bella mujer, dentro de una cartela, las letras de Urraca, nombre bien conocido entre reinas y damas principales entre los siglos X y XII, que fué abandonado por completo en el XIII. 



Se  pintó a Urraca bellísima con semblante serio y porte noble, la toca larga enrollada  en la cabeza al modo árabe, unos enormes ojos que desvía del frente para mirar a su acompañante coronado, quizá hablándole, hacia el que levanta la mano derecha mientras sujeta un cetro de lis floreado  con la mano izquierda, en realidad un Agapanto (Agapanthus africanus), conocido como lirio africano o flor del amor, la flor de los fideli D´Amore.


Está sentada en un escabel sobre una adornada almohada,  junto a un rey, que se dirige a ella acercando su mano, centrando el espacio de una escena en la que aparecen  acompañados por un grupo de cortesanos, tal vez sus consejeros, lampiños los que se sitúan detrás de ella, barbados los tres que aparecen tras el rey. Todo el grupo se halla sobre un estrado.
No hay duda de la familiaridad que quiere representarse. 
Dicen que ella era Urraca Fernández de Castro, biznieta del aristócrata leonés Pedro Ansúrez, conde responsable de la repoblación de Valladolid; nieta de Armengol de Urgel e hija de Estefanía Armengol, la fundadora del monasterio cisterciense de Valbuena, en cuyo documento fundacional aparecen ambas, y de Fernando Fernández de Castro.



Cabecera de la iglesia del monasterio cisterciense de Santa María, conocido como San Bernardo, en Valbuena de Duero (Valladolid)


De Urraca sabemos que habría nacido hacia 1120, y pocos mas apuntes se hacen sobre su desconocida vida salvo breves pinceladas genealógicas y algunas fechas y datos de su herencia.
Fue casada con Rodrigo Martínez, quien murió en la batalla de Coria en 1138, sin que hubieran podido tener descendencia. Poco después se convirtió en amante de Alfonso VII de León, luego "imperator de tottius Hispanius", con quien mantuvo una larga relación (documentada al menos entre 1139 y 1148) de la que nació Estefanía, conocida como la Desdichada.
Alfonso le donó, entre otras propiedades, la villa y el castillo de Curiel ( a escasos km del monasterio en el que yace) para que la disfrutara en usufructo y se convirtiera en el legado a la hija que tuvieron en común y a quien el rey reconoció.


"Dono a vos, condesa, las villas con cuanto en ellas hay, con todas sus tierras, con las viñas, con los montes y con todos sus ingresos y rentas, con prados y pastos, con sus aguas y fuentes…"




Curiel, Valladolid

En  1139 le donó Amusco, en Palencia, en 1140 Talamanca y su común (Madrid) en señorío  y San Justo de la Riba (Guadalajara), con el beneplácito de la propia reina Berenguela de Barcelona.

Hay amores que trascienden las convenciones y el tiempo. Urraca y el emperador Alfonso se amaron y, según algunos,  quedaron plasmados, juntos por los siglos, en la pared de una maravillosa capilla.

¡Que tengan una feliz semana!





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