martes, 6 de mayo de 2014

El pinjante medieval de Ioannes en Portillo.




En el Castillo de Portillo, Valladolid, entre 1989 y 1991, mientras excavábamos en el sector de la liza norte, reconocimos una preciosa pieza, un pinjante gótico; el primer ejemplar hallado hasta entonces en el contexto de una intervención arqueológica. Este elemento se encontró en un estrato arqueológico configurado cuando esta zona aún no formaba parte de la fortificación. Entonces era propiedad de D. Rodrigo Alonso Pimentel, cuarto Conde de Benavente, a quien Enrique IV le había donado la Villa en 1464.



La data del contexto, por diferentes cuestiones de índole arqueológica, se establece entre los años 1474 y 1490.
El abandono de la pieza se produjo al perder su uso, siendo arrojada, junto a otros muchos desperdicios, al basurero que se formaba a los pies de la muralla.
Su excepcional contexto arqueológico, una primicia entre los pinjantes conocidos hasta entonces, y sus características le hicieron merecedor de una atención especial y de un artículo específico publicado en 1993.





Jaeces colgados, joyeles o adornos de petral han sido términos utilizados para designar estos elementos para los que se consolida finalmente el término pinjante.
Estas piezas, de chapa metálica, solían ir colgadas mediante una prolongación a modo de argolla de los diferentes correajes que componen la guarnición de las caballerías. También podían ir insertadas en ellos mediante remaches o simplemente pasaban los cueros por ellas. 
Se aplicaban en las cabezadas, el petral, los correajes del caballo y las sillas de montar. También había pinjantes de menor tamaño que se usaban de adorno en las pihuelas de los halcones y en los collares de los perros.
Durante la época medieval se convirtieron en una moda común a toda Europa y también a Oriente. De hecho, a lo largo de toda la Baja Edad Media se llegó a realizar un tipo de producción en serie.
Su cronología va del siglo XII hasta finales del XV, momento en el que empiezan a caer en desuso.
En los Reinos cristianos de la Península, hubo talleres en Aragón, y Castilla, mientras el mundo árabe desarrolló su fabricación con características particulares.
Servían de adorno, como certificado de propiedad o de bando en caso de conflicto, y eran signo de prestigio. Pero además de marcar un estatus, servían como amuletos profilácticos frente al mal de ojo, e incluso con la finalidad de dar fuerza y resistencia al animal y favorecer su fertilidad.
Los materiales con los que se confeccionaron son variados. Aunque normalmente se fundieron en cobre, se han hallado algunos ejemplares de bronce o de aleaciones de cobre-plata y cobre-aluminio. Para lograr una apariencia más lujosa, a menudo las piezas se bañaban en oro o en plata, sin descartar para los más ricos pinjantes la plata, el oro y las piedras preciosas.
La decoración incisa se trabaja por el anverso con cincel o buril, dejando el reverso liso y sin decorar. El color se aplicaba con esmaltes o pasta vítrea mediante la técnica del excavado.




Este ejemplar portillano, el primero en hallarse durante una excavación arqueológica, corresponde al tipo de anilla o enganche, está realizado en cobre sobredorado y posee una forma polilobulada con clavos en relieve alternados entre los lóbulos. Su diseño es formalmente de tipo hispanomusulmán.
La figuración, sólo realizada en el anverso, está ejecutada a buril. Se representan dos figuras femeninas aladas flanqueando una I gótica coronada en el centro y con hojas de hiedra que recorren el espacio existente entre la letra y la parte inferior de cada personaje. El tema es relativamente frecuente en otras piezas de jaez, conociéndose también en  cerámicas de loza dorada de Manises hacia 1430.
Las piezas de vestido representadas consisten en falda de pliegues y camisa de amplio escote, de moda entre 1410 y 1440.





Localización de la pieza sobre la planta del castillo hacia 1474 (A) y la de 1490, con la barrera artillera ejecutada, en la liza norte


La argolla de la pieza se fracturó y el pinjante fue clavado en otro lugar hasta su abandono definitivo siendo lanzado, junto a otros elementos de deshecho como cerámicas, huesos de animales, etc al basurero que se conformó extramuros, justo detrás del lienzo norte del castillo.
El estudio realizado viene a plantear varias hipótesis sobre su posible significado religioso  a tenor de la presencia de la I mayúscula como árbol de la vida, la representación de los ángeles y la I como IESHU, aunque finalmente se interpreta la grafía I mayúscula como una referencia casi heráldica de propiedad de un alto personaje afín a un  Ioannes o Iohannes. Así, probablemente pudo pertenecer al bando de D. Juan, poseedor del castillo entre 1416 y 1419, futuro y de Navarro y luego de Aragón como Juan II, o de Don Alvaro de Luna, al servicio  del rey Juan II de Castilla, prisionero en Portillo en 1444, precisamente .
Ambos juanes aparecen así en las monedas que acuñaron.

Existen otras pinjantes medievales en las colecciones de artes menores de varios museos españoles como el Arqueológico Nacional, el Museo Federic Marés, el Museo Episcopal de Vic y el Museo Arqueológico Provincial de Orense. La mayor parte de estos elementos son parte de colecciones careciéndose de datos incluso a cerca de su origen.

Hemos encontrado datos de la existencia otro pinjante algo mas antiguo, pues se ha datado en el XIII-XIV,  descubierto en las excavaciones de la catedral de Barbastro. 

¡Que tengan una feliz semana!





Balado, A. y Escribano, C.; 1993: Un pinjante gótico procedente del castillo de Portillo (Valladolid). BSAA, 217-228. Valladolid.
Las fotos del pinjante de Portillo y plano de localización corresponden al artículo citado.
La pieza está en el Museo de Valladolid en cuyo catálogo aparece recogida.

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