martes, 17 de junio de 2014

Aguas que mueven aceñas








Creo que fue en 1992 cuando se presentó una propuesta de Minicentral hidroléctrica sobre la estructura de los restos de una aceña en Tordesillas.
¿Una aceña, pero qué es eso?  ¿Está protegida? ¿es antigüa?
Sinceramente poco sabía entonces del tema. Una compañera, que ya nos falta, María Francisca Represa, Tola para nosotros, había publicado una estupenda aproximación al tema. Lo leí con enorme interés, dándome cuenta de que encerraba una historia socioeconómica interesante y atractiva. Luego cayó en mis manos el libro sobre molinos de la provincia de Valladolid escrito por Carlos Carricajo. Un disfrute, la verdad.
Un viaje por las aceñas del Duero, la observación de otras muchas en el Carrión, el Pisuerga, El Arlanza, horas sentada observando la lámina brillante del agua de los azudes, escuchando el rumor del agua me descubrieron los ríos como un intenso mundo especial lleno de una vida ahora desaparecida. Ese fue el comienzo de mi interés. Poco después daba comienzo una historia de catalogación, estudio, protección y puesta en valor de tan magníficas construcciones fluviales.








Aceña viene siendo definida como molino de harina situado en un cauce cuyo agua lo mueve (María Moliner), aunque la palabra árabe de la que procede: saquiya, viene a referirse a la rueda de tracción hidraúlica y la noria.
Etimológicamente parece proceder del árabe as-saniya "la que eleva" el agua, aunque también usaron otras palabras como hattara y na´ura (de donde procedería la palabra noria).

Fueron precisamente los musulmanes los que se encargaron de la difusión de este elemento llamado rueda de eje horizontal o vitrubiana, como forma de aprovechar el agua para generar molinos y para regar los campos.

La fuerza del caudal de los grandes ríos garantizaba ese movimiento y fue en estos precisamente en los que se alzaron las construcciones complejas conocidas como aceñas construidas para albergar molinos de harina.

Se trata de sólidas construcciones pétreas realizadas en cantería, dispuestas en varios cuerpos  con salas de molienda asentadas sobre el cauce, que transformaron la actividad artesanal del molino tradicional en  un lugar complejo en el que cada vez se necesita un mayor número de operarios: maquileros, aprendices, oficiales....y el maestro de aceñas, cuyo oficio y cometido es el mantenimiento y puesta a punto de la maquinaria y del edificio.




La situación de estas estructuras parte de una de las márgenes, extendiendo sus cuerpos hacia el interior del caudal. Rematan las fábricas con un tajamar en cada cuerpo para romper la corriente y desviar las embestidas del agua en las crecidas.
Al otro lado, se remataban en un espaldón y entre ambos extremos situaban la sala de molienda sobre el cárcavo, el espacio donde se halla el eje de trasmisión de la fuerza del agua a las piedras de moler.
La cubierta de cada una de ellas suele ser a dos aguas.




Ninguna de las piezas de las aceñas es idéntica pues deben adecuar cada uno de los cuerpos que las componen a la necesidad de llevar el agua hasta las paletas de la rueda que se sitúa bajo el cárcavo. 

Aprovechaban la corriente construyendo el azud, un gran dique trazado en diagonal sobre el cauce del río abarcando por completo su anchura que hoy llamamos pesquera. Su cometido era la conducción del agua hacia los canales de las aceñas. 

Se configuran casi como barcos de piedra con pasos entre si que atan los cubos convirtiendo las aceña en un conjunto unitario, una especie de puente facilita el paso de mercancías, trabajadores, carros y caballerías y da consistencia a la construcción, sobretodo cuando existe un número mas alto de cuerpos y la aceña se adentra mas al interior del río.



Un caso excepcional lo constituye la aceña que estaba situada bajo el puente de Tordesillas pues aprovechando dos pilas del mismo se emplazaron dos ruedas con una estructura central. Este tipo de aceñas "so la puente" se documentan desde época mas antigua, hacia finales del XI o comienzos del XII que las exentas que han llegado a nuestros días. 





Recientemente, en 2010, se han presentado en una publicación específica y completa con los resultados de un estudio promovido desde la Dirección General de Patrimonio de la Junta de Castilla y León sobre las aceñas del Duero en Tordesillas, Toro y Zamora, cuyos autores son Juan José Fernández Martín y Jesús San José Alonso.


En la actualidad existe un catálogo de 18 Aceñas en este tramo del río Duero donde además se ha puesto en valor el conjunto de las de Olivares, en la ciudad de Zamora.

Un listado para quien se anime a hacer una ruta de aceñas por el Duero comprende:
.- En Tordesillas:
. Aceña de San Miguel del pino
. Aceñas de la Peña. 
. Aceña del puente.
. Aceña del postigo.
. Aceña de Osluga.
. Aceña de Zafraguillas o Zofraguillas
. Aceña de la Moraleja

.- En Toro:
. Aceña de Herreros
. Aceña de la Peral
. Aceña del Vado
. Aceña de la Granja Florencia
. Aceña de Villaralbo

.- En Zamora:
. Aceña de la Pinilla
. Aceña de Cabañales
. Aceña de Olivares
. Aceña de Gijón
. Aceña de los Pisones
. Aceña de Congosta

El texto completo del estudio citado, con sus maravillosas fotos y un aparato gráfico muy completo pueden tenerlo pinchando en 
http://www.patrimoniocultural.jcyl.es/web/jcyl/PatrimonioCultural/es/Plantilla100Detalle/1284217324650/_/1284211771041/Redaccion






¡Feliz Verano. Disfruten del buen tiempo!

2 comentarios:

  1. ¡Interesantísimo! Precisamente hace dos semanas pude disfrutar de la de Olivares. Es asombrosa la ingeniería del hombre para aprovechar los recursos naturales. Una lástima que este tipo de construcciones no sean reaprovechadas para seguir generando energía y hayan quedado como simples testigos de lo que fueron. Mi enhorabuena por la labor de catalogación y recuperación.

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