martes, 16 de junio de 2015

Fronteras cotidianas. Los hitos medievales de Cogeces del Monte





Hito medieval de la Planta, Quintanilla de Onésimo (Valladolid)


El ser humano no hace sino poner barreras y tender puentes fluctuando según sus intereses. De forma inexorable lo hace en su vida emocional y física, como colectivo, por intereses económicos y por razones absolutamente expúreas en no pocas ocasiones. Convertir las fronteras en un punto de encuentro es una hermosa aspiración a la que no me resisto. En cada límite un acceso, en cada muro ventanas, en cada río un vado, en cada fortaleza un postigo.
Esta es la breve historia de un límite en estudio, una barrera económica y social que se ha heredado y ha fluctuado manteniéndose viva hasta hoy, en que es posible su reconocimiento, estudio y recuperación como espacio de encuentro.
Es historia viva de la que aprender muchas cosas






Ruinas del Convento de la Armedilla, Cogeces del Monte (Valladolid)

El devenir de la reorganización del territorio en el  centro de la cuenca del Duero tras la conquista de Toledo, supuso el establecimiento de un nuevo sistema basado en la creación de las Comunidades de Villa y Tierra. Son los límites de esta" tierras" los que se convierten en, en ocasiones, en foco de constante conflicto. Esto ocurre con las Comunidades de Villa y Tierra de Cuéllar y Peñafiel, en disputa por  los límites territoriales, administrativos y jurisdiccionales por el aprovechamiento pecuario,   las aguas y los pastos.
El estudio documental del repartimiento de tierra, especialmente el realizado en el año 1402, sin desdeñar otros anteriores, datados, al menos desde el siglo XIII, es una fuente fundamental para entender este espacio tan amplio rodeado de monasterios, fuentes, arroyos, chozos de pastores, corrales, cañadas, terrenos y poblaciones que han logrado mantener hasta prácticamente el presente una identidad propia en esta comarca.
Este amojonamiento es la base de la realización de una investigación para la divulgación y puesta en valor del territorio a través de la realización de un catálogo cuyo punto de partida es el análisis documental, para convertirse mas tarde en un trabajo de campo con el fin de lograr la protección y conservación de la zona y entenderla, en definitiva, como un auténtico paisaje cultural.
Este proyecto, del que formo parte desde sus comienzos, puede convertirse en un revulsivo para la colaboración intermunicipal en la recuperación de los bienes culturales, su conservación y como motor de actuaciones conjuntas para el desarrollo sostenible.


Villa de Cuéllar (Segovia). http://www.murallasdecuellar.es/murallas-cuidad/


La creación de la Villa y Tierra de Cuéllar tiene lugar como culminación del proceso de repoblación en la zona entre el Duero y el Tajo que surge tras la toma de Toledo en el año 1085 y frente a la cual se encuentra como órgano de control el concejo. Esta institución tenía bajo su autoridad una amplia demarcación territorial y formaba una comunidad de población. El concejo establecía en su territorio un grupo de poblaciones que cooperaban en la reocupación y desarrollo de una comarca, contando todas las poblaciones adscritas con un régimen jurídico común en torno a una villa en la que se encontraban los órganos de gobierno. .

El término de dominio de cada una de las Comunidades de Villa y Tierra con su concejo al frente, cuando era de un tamaño considerable, se dividía en unos distritos rurales denominados sexmos, consistentes en una división de tierra que se hizo teniendo en cuenta la calidad de los terrenos, intentando dar a cada zona el mismo valor . Cada sexmo tenía un distrito rural que comprendía varios conjuntos de población asociados para la administración de los bienes y el aprovechamiento común de los vecinos.
El estudio que venimos realizando está centrado en el límite septentrional de la Comunidad de Villa y Tierra de Cuéllar, hoy provincia de Segovia, que agrupaba varias de estas divisiones con los siguientes nombres: Sexmo de Hontalbilla, de La Mata, de Montemayor, de Navalmanzano, de Cuéllar y del Valcorba, centrándoseen este último.
El antiguo sexmo  de Valcorba estaba organizado en torno al valle que recorre un arroyo, afluente del río Duero, que le da nombre y que a lo largo de sus 26 kilómetros de curso fluvial regaba desde su nacimiento los pueblos de Minguela, Bahabón, Hontalvilla del Monte, Aldealbar, Bahabón, Campaspero, Santibáñez de Valcorba, Torrescárcela, Piquera y Muriel, algunos de ellos ya despoblados a partir del XIV.
A este espacio se le añade el territorio de Cogeces del Monte, un área extensa con suelos poco profundos y pedregosos, con un páramo calcáreo, erosionado por varios cursos fluviales que determinaron durante la Edad Media el emplazamiento de poblaciones como La Ventosilla, La Perra o Los Casares del Rey, que también desaparecieron a lo largo de la Edad Media.
Existieron el la zona otros lugares, como el hoy despoblado de Oreja, que pudo albergar el centro monástico de Nuestra Señora de Valpeñoso y el Monasterio de Nuestra Señora de la Armedilla, fundación del infante Fernando de Antequera para la naciente Orden de San Jerónimo.



Hito de Fuentespodridas, demarcación de una fuente para los comunes. Cogeces del Monte (Valladolid)

Es precisamente el límite septentrional del sexmo la zona  que adquiere protagonismo por su situación estratégica para el tránsito de ganados ya que contaba con buenos cursos de agua, fuentes y abrevaderos para el ganado, extensas cañadas y emplazamientos para asentar grandes rebaños, consiguiendo así el territorio adscrito a Cogeces del Monte convertirse en cabeza del Sexmo de Valcorba y en una de las localidades más pobladas de la Villa y Tierra de Cuéllar a partir del siglo XV.



Talla románica de la Virgen de la Armedilla.   

La primera referencia en la que aparece una actuación del Concejo de la Villa y Tierra de Cuéllar tiene lugar el 21 de marzo de 1147. Donde se cita que se concedió al abad de San Juan y Santa María de Sacramenia, Raimundo, unos terrenos del lugar de La Armedilla:

“Concilium Collar… voluntate spontanea nemine cogente, per Dei amorem per nostrorum parentumque nostrorum salutem concedimus locum illum sante Marie de Armediella domino Raimundo eiusdem loci abati que etiam est sante Marie et santi Iohannis de Sacramenia ceterisque fratibus in eodem loco sub ordine santi Benedicti in posterum mansuris et modo manentibus” .


Estudios recientes indican una fallida fundación cisterciense mantenida por la historiografía desde antiguo, lo que no es óbice para reconocer  la importancia estratégica del lugar de este lugar y su sacralización desde el siglo XII. La antigua fuente que mana hoy en el Arcamadre, la cañada que atraviesa su territorio, las majadas y pastos y la aparición de una talla románica de la Virgen, no hacen sino ahondar en ello.



Hito de la Yunta. El lugar donde se ayuntaban los vecinos. Aún hoy marca el punto de intersección de varios términos municipales: Campaspero, Bahabón y Langayo. Procede del Apeo del s. XII.


Son muchos los documentos que se relacionan con la cuestión de los límites, especialmente a partir del siglo XV, una cuestión que obligó a los concejos a establecer una serie de pactos y normativas entre las vecinas Comunidades de Villa y Tierra. Así consiguieron de forma conjunta aprovechar las condiciones que ofrecían los espacios comunales, que en el caso de la Villa y Tierra de Cuéllar eran muy amplios ya que los bordes que separaban las comunidades estaban poco claros.




Los comunes del apeo de 1402


Este tipo de acuerdos fueron frecuentes en la Corona de Castilla y obligaron a redactar a posteriori una serie de ordenanzas como base del acuerdo que se realizaba entre representantes políticos o comisiones previamente designadas procedentes de jurisdicciones diferentes y que compartían este poder en un espacio determinado y ambas partes debían garantizar que se cumpliera lo establecido. La zona afectada por estos pactos debía quedar perfectamente limitada y acotada. Quedaba así dentro de un régimen normativo de carácter especial  que afectaba a las zonas comprendidas entre varios territorios y tenían una regulación muy básica. A pesar de que sean lugares marginales los que se van a tratar en estos documentos, sin embargo, eran unos territorios muy importantes por sus dimensiones y por el papel que juegan dentro de la economía de los siglos XIV y XV, permitiendo así el sustento durante esos siglos y acceder a la época moderna con unas cuentas saneadas para sustentarse.




Valles, pastos y fuentes. Vista de Valimón y Valillana desde el pico de las Yeseras. Un paisaje cultural de hitos medievales.



En la Villa y Tierra de Cuéllar, la primera intervención de este tipo afecta precisamente a la zona que nos referimos, se documenta en el año 1193, donde Alfonso VIII concede por documento firmado  dos cañadas al concejo de Cuéllar para que los ganados pudieran llegar a abrevar al río Duero y no interferir en los terrenos del monasterio cisterciense de Santa María de Valbuena, con el cual también limitaba. Pero además, en estos documentos se regulaban más actividades como la corta de leña y los derechos de pasto. Lo que ya comienza a dar testimonio de la importancia de este lugar.
Precisamente, el área comprendida entre Cogeces del Monte, Campaspero, Langayo, Manzanillo, Santibañez de Valcorba, Sardón de Duero y las dos Quintanillas, de Arriba y Abajo, fueron especialmente aprovechadas por el ganado junto con las distancias que separaban unas localidades de otras, el conjunto de cañadas ganaderas de Valdecascón, Valdelasno, la Puentecilla, la Solana, la Orillada entre otras que dejan un lugar muy apropiado. Los grandes ganados de ovino cuellaranos podían aprovechar este espacio durante todo el año evitando así los grandes desplazamientos trashumantes y llevándose a cabo, por tanto, un movimiento interior dentro de la delimitación que se denomina trasterminancia. Por ello, además, se levantaron numerosos chozos, corralizas y majadas para alojar temporalmente a los ganaderos, creándose una importante cultura pastoril en este lugar.
Uno de los primeros problemas que se presentan relacionados con los términos de Cuéllar y Peñafiel tiene lugar en el año 1207, tres años después de la concesión y confirmación de límites por Alfonso VIII. El rey hubo de intervenir de nuevo y conceder un privilegio  donde se regula el uso que debían hacer los dos concejos de las cañadas para que sus ganados llegaran hasta el Duero. Además el privilegio se confirma por los sucesores Juan I, en el año 1379 y por Enrique II en 1393. Este documento, que se encontraba en la antigua parroquia cuellarana de Santa Marina, lugar donde estaba el archivo municipal, otorgado al Concejo en Segovia el día 11 de julio de 1210, permite seguir la línea de demarcación de la Comunidad de Villa y Tierra de Cuéllar. 
El Padre Balbino Velasco  indica que serían las mismas tierras dadas durante la repoblación en época de Alfonso VI. En este caso, la delimitación comienza en la localidad segoviana de Aguilafuente, nombrándose los pueblos que limitan con el río Pirón, hasta la zona de Navas de Oro, continuando hacia el norte, llegando a la confluencia de los ríos Pirón y Cega, sigue por el norte, nombrándose la localidad de Camporredondo y entrando ya en los pueblos de la zona estudiada: Santibáñez de Valcorba y Quintanilla de Arriba como puntos extremos, continuando por Santiago del Arroyo, Montemayor de Pililla y Cogeces del Monte, y hacia el este la línea limitaría con Fompedaza, Campaspero, Membibre de la Hoz, Vegafría, Cozuelos, Fuentesaúco de Fuentidueña, Torrecilla del Pinar y Fuenterrebollo, finalizando en las Lastras de Cuéllar. Quedaba así documentada la primera limitación de la Villa y Tierra de Cuéllar.



Convento de Oreja, en Langayo (Valladolid)

Durante los últimos años del siglo XIV los enfrentamientos con la Comunidad de Villa y Tierra de Peñafiel se agudizaron, especialmente a partir de 1390. El infante Feranando de Antequera emitió diversas cartas firmadas el 4 de julio de 1396  en Medina del Campo solicitando el aprovechamiento pacífico de los términos comunales que sus padres, los reyes Juan I y Leonor de Aragón  habían preceptuado a priori, que consistían en el amplio territorio comunal entre los términos de Langayo y Cogeces del Monte iniciándose así un interesante proceso de deslinde que siempre dentro de una determinada cordialidad se extenderá hasta el siglo XX. Se ordena que ambos concejos pasten, aren y corten los términos comunes cumpliendo la ordenanza que sobre ellos tienen hecha. La finalidad de las cartas de don Fernando de Antequera era llegar a una solución definitiva y concluir una situación conflictiva. En diciembre de 1401, el infante encarga a su vasallo Sancho Fernández , de Medina del Campo, para efectuar las delimitaciones y poner orden al problema poniendo rayas y colocando hitos de piedra o mojones que acotaran los límites de cada Villa y Tierra, además envía una carta a los concejos comunicando el asunto y justificando la designación de este juez por su experiencia y conocimiento, además daba derecho a ambas partes a que impusieran queja en el caso de no estar conformes.
El día 5 de enero de 1402 se reúne Sancho Fernández con los implicados, los procuradores de las dos villas junto con sus escribanos y testigos que conocían bien el terreno, en "el lugar do es el majano do se acostumbra a facer la yunta entre los concejos de Cuéllar y Peñafiel” , se refiere a un término perteneciente actualmente a Campaspero pero que se encontraba entre los actuales despoblados de Minguela y Oreja, este espacio conocido como la Yunta, recibe ese nombre porque allí se "se ayuntaban" (se juntaban) los representantes de Cuéllar y Peñafiel para tratar los asuntos de ambos lugares. El lugar está señalado por una piedra cilíndrica, un hito o mojón, muy cercano a las ruinas del antiguo monasterio de Nuestra Señora de Valpeñoso donde estaba en ese momento el poblado de Oreja, allí se pusieron de acuerdo en cumplir lo que don Fernando había detallado en sus cartas. La siguiente reunión tuvo lugar en Cogeces del Monte, el día nueve de enero, sin embargo, al no ponerse de acuerdo el trabajo sobre el terreno no comenzó hasta unos días después en que se reunieron en el actual despoblado de San Mamés, que se encuentra entre Cogeces del Monte y Langayo, para comenzar cuidadosamente la acotación y colocación de hitos en los límites de Cuéllar y Peñafiel.
Hasta mediados de febrero se extendió la labor de apeamiento y finalmente en agosto el rey confirmó la sentencia dada por su juez. El proceso está documentado extensamente y ofrece gran interés pues en él aparecen diferentes términos, pagos, caminos, antiguos poblados y se subraya la importancia que tenía el ganado ovino en la comunidad al haber numerosos elementos de interés pecuario :
- Cañadas: La cañada de los montes al Duero (pasa actualmente por el llamado término de las Aguileras hasta la dehesa del monasterio de Santa María de Valbuena), la cañada del Valle del Obispo, la cañada del monte común al Duero (próxima al castro de la dehesa de Villatreces).
- Corrales: El corral de los Senellares (cerca del camino de Manzanillo en dirección al Monte, junto a Valsardoso), el corral de Pedro Miguell (junto al camino de Manzanillo a Portillo), el corral de los monjes (próximo al camino que va de Oreja a Cogeces), el corral de la Loba y el corral de Garranço (ambos cerca del término de Revillafuera), los corrales de la Foyada (en la actual Hoyada), el corral de Briz (en el término del mismo nombre, en el cruce de caminos de La Fuentes a Fompedraza y Campaspero a Canalejas), corral de Yuan Pérez (en el camino que va de Oreja a Fompedraza), los corrales de los monjes, los del Cartil, corral de Vadillana, (todos en el valle denominado de Vadillana) y el corral de Hierracaballos.
- Fuentes: Fuente Alviella y de los Yesgos (junto al camino entre San Mamés y Cogeces), Fuente Lil y Fuentespodridas (ambas cerca de San Mamés); Fuente La Peña (cerca del monte común y del Vallejo de don Diaguillo).
- Casares: Los casares Velasco Viçeynte (en el término de Los Hilos), los de la Hoyada.
- Cabañas: La cabaña del abad (En el monte, cerca de Val Avalllón) y la Cabaña Blanca (en el término de Los Casares del Rey).
- Majadas: La majada de Hierracaballos, la majada de Los Casares del Rey, la majada que está en el poyato de la cueva de Vadillana, la majada de Valdepalazuelos (frente al monasterio de Nuestra Señora de la Armedilla) y la majada Vieja (junto a la anterior).
El amojonamiento afectó a las aldeas limítrofes con Cuéllar: Cogeces del Monte, Minguela, Fuentes de Cuéllar, Campaspero, Santibañez de Valcorba y Bahabón; y por la parte de Peñafiel: Oreja, San Mamés, Quntanilla, Padilla, Molpeceres, Fompedraza, Canalejas, Manzanillo y Langayo. Ninguna de las partes quedó conforme, como demuestra la documentación, en cada mojón el juez hubo de escuchar a los peritos cómo se disputaban las zonas de pasto y los lugares más idóneos para dar agua a sus ganados, especialmente los de Cuéllar, que no realizaban actividad trashumante  por ello su interés además de mantener la cañada de uso comunal hacia el Duero, con el fin de proveer en años de sequía al ganado ya que la zona de Peñafiel tenía parte de este río en su territorio. En cuanto a intereses comunes son partidarios de prohibir las roturaciones en esta zona, en especial en las majadas y cañadas.
A pesar de la confirmación del juez Sancho Fernández, posteriormente hubieron de complementarse zonas que no quedaron bien definidas o puntos conflictivos. En 1458 nuevamente se reúnen en el ya nombrado mojón de La Yunta representantes de ambas comunidades para regular de nuevo el terreno y el aprovechamiento ganadero, establecieron tomar anualmente el día de San Esteban los corrales ubicados en los términos de Valimón y Vadillana. Nuevamente se documentan problemas entre ambas villas en 1495 y también con el monasterio premostratense de Santa María de Retuerta por acceder sus rebaños a la zona comunal. En este caso fueron los Reyes Católicos los que otorgaron comisión para deslindar términos. En el año 1500 hay otra carta del Duque de Alburquerque, y aparecen nuevos amojonamientos en 1510, 1519 y 1551, especialmente en las zonas de Valimón y Vadillana que son resueltos a partir de 1520 por la Real Chancillería de Valladolid .




Hitos extraídos de su emplazamiento original, trasladados y recolocados en los jardines de Cogeces del Monte




El Grupo de Investigación Histórica y Etnográfica de Cogeces del Monte (GIHEC), tiene entre sus objetivos la investigación, catalogación, difusión y puesta en valor del patrimonio cultural de su territorio, así como el interés por la sostenibilidad de los bienes y su socialización. Con este propósito se propuso desde su creación en 2011 incluir entre sus proyectos una catalogación, protección, conservación de los hitos medievales y de todo lo que encierra este paisaje cultural: cañadas, chozos, fuentes, pastizales, montes, monasterios…

Una vez conocida la documentación y el interés que manifiesta por los elementos pecuarios y teniendo conciencia de la importancia histórica que esto representa y, sobre todo, porque hasta prácticamente la actualidad se conserva una importante tradición ganadera en la zona, que ha sido consciente de mantener y conservar la configuración y los rasgos de un paisaje, que fue configurado durante la repoblación medieval. El grupo de investigación comenzó un interesante trabajo que lleva ya varias fases de estudio con un satisfactorio pero no definitivo resultado.
En la actualidad, estos pequeños y numerosos valles son lugares muy apreciados por sus pastos, ofreciendo un forraje de muy buena calidad contando con varios puntos de cursos de agua y las cercanías del Duero y las vías de tránsito pecuario más importantes que se dirigían a este río. Así también hemos de destacar el paisaje que a día de hoy se conserva con numerosos restos de corrales y chozos de pastor, que también se mantienen y que han llevado a la creación de un parque etnográfico de la cultura pastoril en Cogeces del Monte. 


Jalonan el espacio numerosas fuentes de agua y abrevaderos y una mas que sobresaliente conservación de su  rico patrimonio material e inmaterial. En las localidades podemos encontrar agujas en hueso talladas por los pastores, instrumentos musicales como los pitos, numerosas prendas de vestir, así como cantares, retahílas, leyendas. Sobre todo, la importantísima Misa Pastorela de Gallo que tiene lugar durante la medianoche en la Vigilia de Navidad donde son los pastores los protagonistas, mostrando su organización gremial propia y además, es cantada y tocada con instrumentos típicos pastoriles y con rituales que ponen de manifiesto el valor de este trabajo en la zona.





La primera fase del trabajo de campo proyectado trata de catalogar todos los elementos a través del análisis documental y el trabajo de campo, la elaboración de un inventario y la caracterización de cada una de las incidencias de forma textual y gráfica. El estudio se centra en una zona de mediana extensión que llega hasta el río Duero y engloba algunos de sus afluentes por la izquierda, justo en los límites que compartían las Comunidades de Villa y Tierra de Cuéllar y Peñafiel. Así, la delimitación se encuentra en la denominada  documentación “tierra” que hoy está incluída en los términos municipales de Cogeces del Monte, Santibáñez de Valcorba, Sardón de Duero, Quintanilla de Onésimo, Quintanilla de Arriba, Langayo, Manzanillo y Campaspero .


Los hitos conservados tienen su base fundamental en el apeo de 1402, a la hora de establecer los terrenos comunales, pero como se ha resumido en la parte histórica, los límites estuvieron siempre sujetos a múltiples conflictos, a ampliaciones y restricciones de las partes. Por ello hay que valorar, entre otras muchas cuestiones, la evolución histórica del territorio y las repercusiones que hubo en la estructura económica, social y político/territorial de estos lugares. 
Todo ello comienza a la hora de recorrer el territorio, catalogar, medir, caracterizar, situar en sus coordenadas el emplazamiento original y el actual de cada uno de los enormes cilindros de piedra, que se entiende que es una tarea prioritaria, mas si se tiene en cuenta que precisamente los hitos de este apeo no siempre eran pétreos y algunos de aquellos han sido objeto de traslado hace una veintena de años. Otros hitos han sido movidos para acomodarse a los nuevos términos que produjo la concentración parcelaria llevada a cabo durante los años ochenta del pasado siglo. En Cogeces del Monte hay alguno en el parque situado junto a la iglesia parroquial, otros en algún jardín público y alguno en propiedad privada, también se utilizaron como pie para el altar que recientemente se creó para la romería de la Armedilla, en las ruinas de este monasterio jerónimo.
A lo largo de 2012 tuvo lugar una exhaustiva documentación del apeo de 1402 en los términos municipales de Campaspero, Cogeces del Monte, Langayo y Quintanilla de Abajo, en términos como Fuentespodridas, Fuentelapeña, los valles de Vadillana y Valimón, el entorno del Monasterio de La Armedilla y también en La Yunta, donde se encuentra el hito histórico de reunión que es de mayor tamaño y más antiguo que el resto. Se catalogaron entonces una quincena de hitos cilíndricos de piedra caliza cuyas medidas varían dependiendo de su estado de conservación y su erosión. Normalmente tienen en torno a cuarenta centímetros de diámetro y su altura máxima en varios lugares es sobre 1,60 metros, pero esto varía mucho.


Durante el mes de agosto de 2013 se realizó un trabajo de campo de similares características en los términos de Santibáñez de Valcorba, Sardón de Duero, Quintanilla de Onésimo y Quintanilla de Arriba. En este caso recorriendo fincas de propiedad privada como es La Planta, en la que se conservan varios de los hitos en su lugar original, pudiéndose observar entre ellos una distancia de aproximadamente 500 metros, que deja clara la división entre los campos comunales y la Villa y Tierra de Cuéllar en un terreno en el que abunda el páramo cultivado de vid, pinar y encinar, y dedicado también a la ganadería.
En una segunda jornada se estudiaron los hitos que bordean el pico del Águila o las Aguileras, donde también se conservan varios hitos en perfectas condiciones. Durante este último año se han catalogado cinco hitos en la finca de La Planta, entre Cogeces del Monte y Quintanilla de Onésimo; y cuatro en la cañada que va desde el término de las Aguileras hasta el río Duero, que comprende los términos de las anteriores localidades y Santibañez de Valcorba.



Las decenas de cilindros de caliza que jalonan líneas del pasado, pasan, en la actualidad, desapercibidas a los ojos de muchos. Sin embargo durante centenares de años, y, a día de hoy, marcan límites territoriales municipales que siguen conservando su nombre original, también acompañan a los caminos, rodean las fuentes y configuran un paisaje lleno de historia. Solo su conocimiento puede ayudarnos a su comprensión y a dar soluciones a sus necesidades de protección, conservación y puesta en valor, un trabajo a todas luces extraordinariamente interesante por su originalidad, interés, amplitud, su grado de conservación y su contexto natural, que permite entender este emplazamiento como un verdadero paisaje cultural.


Que tengan una feliz semana!







Bibliografía:

Escribano Velasco, M.C y Herguedas Vela, M.; (en prensa): Patrimonio, valoración social y desarrollo en el ámbito local. realidad y proyectos del Gihec. IX Congreso Internacional ARPA. Nov. 2014, Valladolid.

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