martes, 10 de mayo de 2016

Santo Domingo de Silos




En tierras de Caraço, si oyestes contar,
una cabeça alta, famado castellar,
avie un monesterio, que fue rico logar,
mas era tan caido, que se querie ermar.
Solíe de monges negros, bevir y buen conviento,
de cuyo ministerio, avie Dios pagamiento.
Mas era de tal guisa demudado el viento
que fascas non avien ningun sostenimiento.
Todo es menoscabo, esta tan gran fallencia,
vinie por mal recabdo, e por gran negligencia;
o avie enna casa puesta Dios tal sentencia,
pora Sancto Domingo dar honorificençia.
Pero avie en casa aun monges ya quantos,
que façien bona vida e eran omnes sanctos;
estos eran bien pobres de saya e de mantos;
quando avien comido fincavan non muy fartos.



Gonzalo de Berceo,
 Silos hacia 1260.







Conchas marinas de los siglos muertos,
repercuten los claustros los cantares
que, olas murientes de la eterna costa,
desde el destierro de la tierra se alzan
bregando por su paz las almas trémulas.


     Escritos estos versos para mi poema El Cristo de Velázquez durante mi estancia, en la Semana Santa de 1914, en esta abadía de Santo Domingo de Silos, a donde vine, hombre de guerra, a disfrutar unos días de paz para poder tornar con nuevo empeño a la batalla, que es mi vida.


Miguel de Unamuno, Silos 12 abril 1914.




Enhiesto surtidor de sombra y sueño
que acongojas el cielo con tu lanza.
Chorro que a las estrellas casi alcanza
devanado a sí mismo en loco empeño.
Mástil de soledad, prodigio isleño;
flecha de fe, saeta de esperanza.
Hoy llegó a ti, riberas del Arlanza,
peregrina al azar, mi alma sin dueño.
Cuando te vi, señero, dulce, firme,
qué ansiedades sentí de diluirme
y ascender como tú, vuelto en cristales,
como tú, negra torre de arduos filos,
ejemplo de delirios verticales,
mudo ciprés en el fervor de Silos.

Gerardo Diego, 
Silos 4-julio-1924.





El monasterio de Santo Domingo de Silos está situado al sureste de la provincia de Burgos, al sur de la sierra de la Demanda, entre la Peña de Carazo al norte y las Peñas de Cervera al Sur, en el valle de Tabladillo, donde se instaló desde el siglo IX.
La vida monástica en todo el Valle de Tabladillo ya existiría a fines del siglo IX, y se organizaría en granjas monástico-familiares, si bien, la primera referencia escrita del monasterio de Silos, es de 954, en un texto que relata cómo el Conde de Castilla, Fernán González, donó sus territorios y el dominio de la zona, para que allí se asentara la comunidad religiosa.

Se considera que el monasterio fue fundado en los años finales del siglo IX o principios del X, con la advocación de San Sebastián,  en el mismo momento en que se fundan los monasterios cercanos de Arlanza o Cardeña.

El valle de Tabladillo se situaba en zona estratégica, primero dentro del Condado de Castilla y después, en el Reino de Castilla, entre los siglos IX y XI. Se encontraba en la frontera entre los territorios cristianos y los del Califato de Córdoba y ello provocó que sufriera las constantes incursiones de Almanzor y sus tropas, lo que provocó una constante situación de gran inestabilidad hasta después del año 1000.




Planta del monasterio tomada del portal de la Junta de Castilla y León. 


El monasterio se organiza en torno a dos claustros, el medieval románico y el del siglo XVIII, clasicista, si bien la entrada principal a la abadía es barroca y se sitúa al oeste, mientras que al sur están las celdas de los monjes.
El actual templo es de estilo necoclásico y se adosa al claustro medieval por el norte. Presenta planta de cruz griega con capillas elípticas entre los brazos. Su planta es centralizada y simétrica.
Puede que el primer templo, prerrománico, contara con una única nave con cabecera cuadrada, que se amplió en tiempos del abad Domingo, convirtiéndose en un edificio románico de tres naves y cabecera con tres ábsides semicirculares.
Unos años después, en tiempos del abad Fortunio, se realizó el templo que finalmente se consagró en 1088, con tres naves separadas por pilares cruciformes, y tres ábsides en la cabecera. Sus características eran similares a las de otros templos contemporáneos como el de San Pedro de Arlanza, San Facundo, San Isidoro de León y San Primitivo de Sahagún.
Se le añadió después el crucero donde se abrió la Puerta de las Vírgenes, que permite el paso desde la iglesia al claustro. También son de este momento las portadas sur y norte del templo. La septentrional conserva el tímpano donde se representaba la Presentación en el templo, la Natividad y la Adoración, que en la actualidad puede verse en el museo del monasterio.

En 1732 se prolongó el crucero y bajo un baldaquino se colocó la urna con los restos de Santo Domingo, obra del padre benedictino Pedro Martínez de Cerdeña.


El Claustro

El de época románica es de planta cuadrangular y presenta dos alturas. Las pandas del claustro se abren al patio con arcos de medio punto que se sostienen sobre columnas pareadas, las cuales se duplican en los puntos centrales y en las esquinas. En la panda este se localiza la Sala Capitular y el scriptorium; en la sur, están la cocina y el comedor en el primer piso, del que solo se conserva un arco, y el dormitorio estaría en la segunda planta; y en la occidental se localizaba la hospedería ocupando las dos plantas. En las esculturas de los capiteles y de las esquinas, se han distinguido tres talleres.



La zona mas antigua es conocida como del primer taller silense  y parece que puede fecharse en torno al año 1100. A este pertenecen la Sala Capitular, la crujía este y norte, y parte de la oeste, del claustro bajo, caracterizándose su obra por unos capiteles tallados con animales fantásticos o reales, con motivos geométricos y vegetales y alguna figura humana.

La composición de elementos afrontados es la más repetida, procediendo los motivos del mundo islámico y los bestiarios (sobre fondo rojo números 1-39).



Entre 1170 y 1200, trabajó un segundo taller en Silos, cuya obra son los capiteles de la galería sur y parte de la occidental (sobre fondo naranja números 40-64). Las esculturas presentan un tratamiento más acusado del volumen que el realizado por el primer taller.




El tercer taller trabaja desde el último cuarto del siglo XII y los comienzos del XIII y se encarga de hacer el claustro alto, donde los capiteles no alcanzan la maestría de los del claustro inferior, pero son muy interesantes porque reproducen escenas de la vida cotidiana, se introducen temas populares y se pueden diferenciar varias manos en la factura de los capiteles.







Los discípulos de Emaús, donde se resalza la expresividad de los ojos con azabache. Sólo se conservan en el primero de los discípulos, que protege las escrituras.







El primer taller elaboró los relieves de las esquinas del sureste que representan la Ascensión y Pentecostés; la Sepultura y Resurrección, el Descendimiento, los Discípulos de Emaús y la Duda de Santo Tomás. Las figuras se representan con un volumen cuya expresión se reduce al mínimo.

El segundo taller realizó el altorrelieve del pilar suroeste del claustro, que representa La Anunciación y el Árbol de Jesé.





Diablo con unja mujer pintados a la entrada de la Sala Capitular del Claustro románico






Cocina de la botica del Monasterio de Silos


El museo

Además de la custodia procesional del siglo XVI,el cáliz del siglo XI y otras interesantes piezas, como el relicario esmaltado , el frontal de Silos, diversas piezas escultóricas romanas y románicas, tallas, pinturas y tejidos, se exponen en esta antigua sala de refrectorio la Cruz Gemada del siglo XIII,  que donó el rey Alfonso VIII, hecha en bronce y filigrana.





Paloma eucarística datada entre los siglos XII y XIII, fabricada  en plata dorada y fundida en una sola pieza. 







Descubierto en 1964 mientras se excavaba la cimentación de la iglesia actual que proyectara Ventura Rodríguez a mediados del siglo XVIII, el tímpano románico, de hacia 1.200,  procedería de una de las puertas de la iglesia románica desaparecida al construir la neoclásica. 
Se representa el Nacimiento,  la Presentación y  la adoración de los Reyes, mientras que en el capitel se representa la Anunciación, Visitación, Aparición a José y los pastores, Nacimiento y la Huida a Egipto. 







La arqueta para reliquias esmaltada se data entre los siglos XII y XIII. Es rectangular con cubierta a dos vertientes, rematada con un calado en forma de arcos  de herradura, que alterna placas esmaltadas y alvéolos para cabujones, probablemente de cristal de roca, actualmente desaparecidos. La arqueta se sustenta sobre cuatro soportes prismáticos de base cuadrada decorados con motivos vegetales. Se representan escenas de la vida de Cristo


Imagen en piedra policromada que representa a Santa Ana, la Virgen y el niño. Siglo XIV





La Biblioteca


El archivo de la Biblioteca alberga unas 250.000 referencias bibliográficas, 143.000 registros bibliográficos catalogados (accesibles desde la web) y  25.000 títulos de fondo antiguo, de los que 4.000 ejemplares son únicos. Uno de los documentos mas singulares son las glosas silenses (del Scriptorium de Santo Domingo de Silos) recogen las primeras palabras castellanas escritas, y fueron escritas en el Scriptorium de este monasterio.
Una de las curiosidades es que uno de los códices de Silos está escrito en el primer papel utilizado en Europa (s. XI).
La Biblioteca del monasterio posee la liturgia hispano-mozárabe, y la historia de los benedictinos españoles de la desaparecida congregación de Valladolid.
La  Botica del monasterio cuenta con biblioteca propia con 1.024 títulos, constituyendo uno de los mejores testimonios bibliográficos de la farmacopea española.




Glosas Silenses

Es en el pueblo castellano donde va surgiendo espontáneamente una nueva forma de hablar y entre el clero donde se inicia el reconocimiento de ese nuevo hablar escribiendo intencionadamente sus primeras palabras en unos libros latinos dedicados al uso litúrgico.
    Los monasterios benedictinos de San Millán de la Cogolla y de Santo Domingo de Silos son quienes conservaron en sus respectivas bibliotecas esos textos hasta la exclaustración, en 1835.
    Las glosas son un conjunto de anotaciones que se añaden al margen, o entre líneas, de un texto para hacerlo más claro. 
La profusión de tantas glosas romances en tan pocos folios, como sucede en este penitencial de Silos, denota una voluntad decidida por traducir las palabras latinas más significativas a la nueva lengua ya en uso. Al aplicar la grafía latina a esa nueva forma de hablar carente todavía de normas y usos ortográficos este monje culto puso en marcha un experimento que luego se consolidaría. Con ello le dio al nuevo hablar un sustrato cultural que favoreció su difusión. 
El texto y las glosas son de la misma mano y coetáneos, lo que se debe a que, sin duda, el monje estaba copiando un códice anterior. Son 368 glosas, latinas y castellanas, las que aparecen en los 15 folios del penitencial. 
Este penitencial de Silos forma parte del códice conocido como de Silos, hoy en el Museo Británico.
Aunque su importancia es innegable, no estamos ante las primeras palabras intencionadamente escritas en lengua castellana. El primer testimonio escrito del castellano retrocede dos siglos atrás en el tiempo, del XI al IX, como demuestra un estudio sobre los manuscritos de Santa María de Valpuesta (Burgos), que cuenta con la bendición de la Real Academia Española (RAE) y que, en la práctica, dinamita el ya cuestionado mito de las Glosas Emilianenses como primer texto y San Millán de la Cogolla (Rioja) como cuna del castellano.
La investigación acredita que en este monasterio de Valpuesta, a 90 kilómetros de la capital burgalesa, se encontraron los documentos más antiguos (del siglo IX) que incluyen términos en castellano, en oraciones en las que el latín iba desapareciendo y se apreciaba el orden lógico del nuevo idioma.
Estos escritos eran conocidos como Cartulario de Valpuesta y el historiador clásico y de referencia de la lengua, Ramón Menéndez Pidal, ya los mencionaba en su estudio Orígenes del Español.
Sin embargo, la presencia de falsificaciones entre los más antiguos, con las que los monjes simulaban tener privilegios reales que, en verdad, nunca les habían sido dados, hicieron que los estudiosos miraran con desconfianza todo el conjunto de legajos.
Ahora filólogos y paleógrafos del Instituto Castellano y Leonés de la Lengua han apartado las falsificaciones –tres en total– y han acreditado la validez de los 184 documentos restantes.
La RAE ha coeditado en dos lujosos volúmenes, Los becerros góticos y Galicano de Valpuesta, y su vicedirector, José A. Pascual, da por seguro en el prólogo "el consenso entre filólogos e historiadores, en cuanto a que acerca mucho el trabajo a lo que se entiende por definitivo".
Los fondos de Valpuesta constan de ocho documentos del siglo IX, 39 del X, 49 fechados en el XI, 90 en el XII y uno del XIII, y consisten, sobre todo, en escritos que registran donaciones de bienes materiales (ganado, tierras o enseres) de particulares al monasterio a cambio de bienes espirituales como un entierro en su suelo o misas en su memoria. Los escribientes de aquella época intentaban plasmar los acuerdos en latín.
Pero Gonzalo Santonja, director del Instituto Castellano y Leonés de la Lengua y filólogo, señala que ese latín "estaba tan alejado de la rectitud, presentaba un estado tan evolucionado o corrompido" que, asegura, "se puede concluir que la lengua de los becerros de Valpuesta es una lengua latina asaltada por una lengua viva, de la calle y que se cuela en estos escritos".



Antifonario de Silos


El florecimiento musical de la liturgia se efectuó durante los años 550-660. Históricamente es la época en que la cultura eclesiástica latina se concentraba en España, principalmente en Sevilla, Toledo, Zaragoza, Tarragona y Barcelona. La Iglesia española durante estos siglos estaba dividida en cuatro grandes provincias: la Carthaginesis -en medio de la cual estaba situado el centro de Toledo-; la Bætica, centralizada en Sevilla; la Gallœcia (con Braga) y la de Tarragona. Desde el año 587, fecha de la conversión de Recaredo al Catolicismo, Toledo paso a ser el centro de la vida litúrgica y musical de España. El Concilio IV de Toledo, celebrado el año 633, por cuanto establece en su canon II, muestra claramente que en aquellas fechas existieron ya una liturgia y un canto hispanos unificados. En consecuencia, el repertorio litúrgico-musical de la iglesia visigoda era casi completo, y normalizado con carácter propio antes del año 711, fecha de la entrada de los árabes en España. A pesar de ello, este repertorio es conocido comúnmente con el nombre de mozárabe. No obstante, se debe señalar que desde la entrada de los musulmanes en Toledo (711), la actividad musical de los mozárabes, en su situación aislada, aumento muy poco el fondo litúrgico-musical preexistente, quedando este en su carácter primitivo o, en todo caso, con unas derivaciones puramente hispánicas con un carácter muy peculiar, cuyo estudio reviste hoy gran interés artístico y musicólogo.
De los códices musicales se puede decir que conservan el fondo litúrgico practicado por la Iglesia visigodomozárabe. En general, estos códices fueron copiados durante los siglos VIII-XI. Algunos, como el que se conserva en el Monasterio de Santo Domingo de Silos (Burgos), pertenecen al siglo XIII, pero su repertorio litúrgico-musical contiene el corpus practicado en la Iglesia hispana durante los siglos VI-VII, incluso con elementos previsigodos, y son, desde el punto de vista de su notación, un exponente de la floración de la Scriptoria de Tarragona, Toledo, San Millán de la Cogolla, Santo Domingo de Silos, etc. Actualmente se conservan algo más de veinte códices con música de aquella liturgia. Uno, proveniente de Tarragona: otro, el célebre Antiphonarium de la catedral de León, copiado a principios del siglo X de un ejemplar escrito a mediados del siglo VII, Los restantes -muchos de ellos hallados en Santo Domingo de Silos o pertenecientes a su archivo- provienen directa o indirectamente de la gran provincia de la Iglesia centralizada en Toledo, puesto que el repertorio que ofrecen es exclusivamente el que allí se practicaba.
Desgraciadamente. al abolirse la práctica de la liturgia musical mozárabe, los cantores españoles no se preocuparon de copiar los códices con diastematía y sobre líneas de pautado musical. La consecuencia fue la pérdida total de la clave para leer y transcribir los néumas vetustos de la liturgia hispana. Cuando el cardenal francisco de Cisneros intentó la reforma mozárabe en 1502, fundando la célebre capilla mozárabe de la catedral de Toledo, los músicos castellanos no supieron ya transcribir una sola de aquellas antiguas melodías mozárabes. El resultado es que sólo algunas melodías mozárabes han podido ser transcritas con cierta garantía de autenticidad Hoy sabemos el significado de los néumas mozárabes por lo que se refiere al número de notas que ellos representan: se puede adivinar su ritmo libre, e incluso su modalidad algunas veces, pero nos falta la clave para fijar con exactitud la elevación y sus intervalos.
Entre las pocas melodías mozárabes transcritas con un mínimo de garantía de autenticidad se encuentran las Lamentaciones de Jeremías que figuran en el Antiphonarium mozarábico conservado en el Monasterio de Santo Domingo de Silos. El códice es del siglo XIII y el repertorio musical en el contenido pertenece a un periodo que puede extenderse entre los siglos VIII y IX. La transcripción fue efectuada en 1907 por el monje de Silos Casiano Rojo y revisada más tarde por el también monje silense Germán Prado






Códice de Silos

El 19 de mayo de 1840 compró el British Museum de Londres un manuscrito precioso; se trataba de una copia, espléndidamente iluminada, del Comentario de Beato de Liébana al Apocalipsis de San Juan que había sido copiado en el scriptorium del monasterio de Santo Domingo de Silos. 
A decir del bibliotecario silense, Miguel C. Vivancos, sería extraño que un cenobio tan antiguo como el de San Sebastián de Silos, situado al sur de la provincia de Burgos, fundado hacia finales del siglo IX o principios del X, no contara entre sus libros con un ejemplar de obra tan característica como éste hasta finales del siglo XI. 
Se conocen las vicisitudes de la biblioteca silense, sus manuscritos más antiguos, el renacer del scriptorium en tiempos del santo abad Domingo, que luego daría nombre al monasterio, el apogeo de los tiempos de don Fortunio... pero en ningún momento hallamos que, a lo largo del siglo X, los monjes silenses dedicaran su tiempo y esfuerzo a la copia de un Beato, libro que, desde sus orígenes en la Liébana, a finales del siglo VIII, gozaba de un predicamento extraordinario. 
La casualidad y el interés del padre Domingo Ibarreta, archivero de Silos, han hecho que se conserven en el monasterio de Silos tres folios, procedentes de Santa María la Real de Nájera. Uno de esos folios, otrora del monasterio riojano de Cirueña, se fecha en el siglo IX, siendo así el testimonio más antiguo conservado de la transmisión manuscrita del Comentario de Beato, único además por su primitiva iluminación, aunque nada de esto atañe directamente a Silos. 


A finales del siglo XI, cuando el texto de Beato empezaba a ser más raramente copiado y utilizado, los monjes de Silos deciden emprender la tarea, que requería muy buen pergamino, tintas variadas, oro y plata para ser profusamente ilustrado. Si quería llevar a cabo una obra cuidada y bien acabada, era necesario además disponer de buenos calígrafos e iluminadores. Silos no carecía en este momento de nada de ello; los monjes Domingo y Muño pusieron manos a la obra, y el jueves, 18 de abril de 1091, a la sexta hora del día, dieron fin a la labor de copia del texto, que pudo llevarles unos cuantos meses. Siguiendo la costumbre, podían dar gracias a Dios por haberles permitido finalizar su obra: "Bendito sea el Señor que me condujo al puerto de esta obra. Bendigo también al rey del Cielo que me ha hecho llegar sin daño al final de este libro, amén".

Y es que la labor del copista es harto dificultosa, como ellos mismos se encargan de recordar al lector: «La labor del escriba aprovecha el lector; aquél cansa su cuerpo y éste nutre su mente. Tú, seas quien seas, que te aprovechas de este libro, no te olvides de los escribas, para que el Señor se olvide de tus pecados. Porque quien no sabe escribir no valora este trabajo. Por si quieres saberlo, te lo voy a decir puntualmente: el trabajo de la escritura hace perder la vista, dobla la espalda, rompe las costillas y molesta al vientre, da dolor de riñones y causa fastidio a todo el cuerpo. Por eso tú, lector, vuelve las hojas con cuidado y aleja tus dedos de las letras, porque igual que el pedrisco destroza una cosecha, así el lector inútil borra el texto y destruye el libro.»

Finalizada su tarea, Domingo y Muño debieron pasar la obra, aún no encuadernada, a los iluminadores para que, en un año más o menos copiaran las iluminaciones del modelo en los espacios dejados en blanco al efecto. Pero entonces empezaron a sucederse unos problemas, cuya exacta determinación ignoramos. El caso es que, a la muerte del abad Fortunio, ocurrida hacia el año 1100, sólo se había llevado a cabo una mínima parte de las miniaturas. El trabajo debió paralizarse en los años sucesivos, pues el siguiente abad, don Juan, quien tuvo la dicha de recibir el manuscrito íntegramente iluminado de manos de su prior, don Pedro, quien debió llevar a cabo la mayor parte del trabajo que faltaba. La casualidad quiso que el 30 de junio de 1109, fecha del remate de toda la obra, fuera también el día de la muerte del rey Alfonso VI que había sido un insigne bienhechor de la casa de Santo Domingo.

El estado de conservación del manuscrito es tal que da la impresión de haber sido muy poco usado. Casi cincuenta años después de su remate, fue utilizado para copiar en uno de sus folios en blanco un documento que, por su importancia para la comunidad, merecía custodiarse en lugar seguro. Nos referimos a la división entre las mesas abacial y conventual, que tuvo lugar en 1158. Un lector curioso lo tuvo entre sus manos en el siglo XIV y señaló los pasajes que más le llamaron la atención. A partir de este momento ignoramos todo sobre él; en algún momento salió de Silos para no volver jamás.

En el siglo XVIII pertenecía al cardenal Antonio de Aragón, quien lo donaría al colegio de San Bartolomé de Salamanca, de donde pasó, cuando la supresión de dichos colegios, a la Biblioteca Real de Madrid. Cabe suponer que de ahí lo cogió José Bonaparte cuando fue rey de España, y luego fue vendido por él mismo al British Museum, cuando sólo era conde de Survilliers.


Esta es, grosso modo, la historia de un manuscrito que si bien a nivel textual no plantea mayores problemas, deberá ser profundamente estudiado a nivel iconográfico para determinar con precisión las diferentes manos que en él intervinieron, sus modelos e influencias, sus innovaciones, etc. Todo ello sin contar con que, en época indeterminada, fue enriquecido con unos folios, espléndidamente decorados, procedentes de un antifonario también silense, y de una visión del infierno, única para el arte románico. Pero también un análisis paleográfico concienzudo dará luz sobre la introducción paulatina de la escritura carolina en el reino de Castilla, ya que, escrito íntegramente en minúscula visigótica, son sin embargo frecuentísimas en el códice las influencias de la nueva forma de escribir.

Sobre la fascinación que me producen sus imágenes, me permito enlazar a uno de los post dedicados a esta cuestión en este mismo blog, en el que se presenta un breve apunte sobre la miniatura de los Juglares del Beato de Silos.
pincha aquí si quieres verlo






La pared de la fábrica del edifico que alberga la biblioteca, vista desde clausura.


La Cripta

Bajo la iglesia del siglo XVIII se encuentra la cripta en la que se pueden observar los restos conservados de las bases de las pilastras,  los tambores y uno de los ábsides de la casi desaparecida iglesia románica del monasterio, así como algunos curiosísimos elementos decorativos de las primeras fases plenomedievales.
Se encuentran allí elementos prerrománicos de singular traza geométrica y modillones de rollos.


Cripta bajo la iglesia




Dos piezas, la inferior de la matanza de los inocentes con un soldado armado de cota de malla y la superior con un guerrero de escudo redondo.



Uno de los 24 ancianos del Apocalipsis tañendo la viola de brazo en un capitel erosionado




Una de las piezas prerrománicas de la cripta









Esta visita sólo fue posible gracias a Dionisio, a quien agradezco que me guiara por donde no es frecuente transitar y que me dejara disfrutar, como hasta ese momento nunca había podido hacer, de este singular lugar. La compañía de mis amigos hizo el resto.
El día finalizó con el rezo de las Vísperas cantado en Gregoriano, con el abad mitrado, un especial rito litúrgico que acabó con el Tantum Ergo, canto aprendido de mis mayores. Patrimonio Cultural complejo y con mayúsculas.

¡Feliz Semana a todos!





Bibliografía


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- Álvarez Martínez, M.R. «La iconografía musical del Medievo en el monasterio de Santo Domingo de Silos», Revista de musicología 15, 2-3, 1992: 579-624
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- Boto Varela, G., «Ornamento sin delito. Los seres imaginarios del claustro de Silos y sus ecos en la escultura románica peninsular», Stvdia Silensia Series Maior III, 2000.
- Ferotin, M. Histoire de l'Abbaye de Silos; Paris 1897.
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Enlaces

http://www.abadiadesilos.es/

http://www.jcyl.es/jcyl/patrimoniocultural/silos/silosweb/visita.html

http://www.moleiro.com/es/beato-de-liebana/beato-de-silos-beato-de-liebana.html

martes, 3 de mayo de 2016

Mayo de levas y flores







Ya está aquí mayo, el mes que en la antigüedad se dedicaba a la diosa Maya, esposa de Vulcano y madre del enviado de los dioses, Hermes.
La adopción del cristianismo superpuso la dedicación a María, madre de Jesús, a quien se ofrecían tradicionalmente flores. ¡Imposible no recordar los cantos de mayo florido!
La bonanza del tiempo del mes de mayo pudo ser el origen del traslado del reclutamiento de soldados del mes de marzo al de mayo, que parece que fue realizada por Pipino El Breve. Tal vez sea  esta la explicación de la representación del mes de mayo, en el Panteón Real de San Isidoro de león, con un caballero que enjaeza su caballo y va provisto de un escudo lanceolado, preparándose para las campañas guerreras, si fuere preciso. 


En el calendario medieval de Izagaondoa, en Navarra, se recoge esta misma tradición con la salvedad de que se trata de un noble que practica la cetrería, pues lo a compaña su halcón. 


Maya de Colmenar Viejo, Madrid
http://proof.nationalgeographic.com/2016/02/23/an-ancient-rite-of-spring-showcases-local-color/

Costumbres tradicionales europeas del mes de mayo son las fiestas de las mayas, personajes femeninos, casi siempre niñas o jovenes, ataviadas con coronas y adornos florales, que se sientan en altares improvisados, cantan y danzan por las calles pidiendo propinas; los mozos o mayos las rondan participando de estas celebraciones. 
Las primeras menciones a las mayas en la literatura datan de la Edad Media y sus festejos, con ligeras variaciones, se celebran aún en tiempos modernos en bastantes localidades repartidas por gran parte de España.


Quintos de Calatorao (en blanco y negro) transportando el mayo el 30 de abril de 1963 (Archivo fotográfico de la asociación cultural “Barbacana”)


Pingar o poner el mayo es otra de estas celebraciones primaverales que se hacen coincidir con los inicios del mes.

"Mayo es...un árbol adornado de cintas, frutas y otras cosas que se pone en un lugar público de alguna ciudad o villa, donde  durante el mes de mayo acuden las mozas y mozos a holgarse y divertirse con baile y otros festejos"

La celebración de las fiestas mayales es común en muchos países de Europa donde existen variantes similares de la misma festividad.
En la península Ibérica se celebran en casi todas las regiones y suelen celebrarse la noche del 30 de abril al 1 de mayo en numerosos pueblos de la península Ibérica. 
El mayo -a veces la maya- es un tronco o palo alto (árbol de mayo) que se alza o se alzaba en algunas regiones de Europa, en la plaza o lugar público durante el mes de mayo y donde concurrían los mozos y mozas a divertirse con bailes y festejos. Los jóvenes competían por trepar por el árbol hasta llegar a la parte superior donde debían coger una bandera, mientras las muchachas les animaban desde abajo bailando y cantando en torno al árbol.


Pingada del mayo en Vinuesa, Soria


El mayo es una costumbre bien conocida por las fuentes desde la baja Edad Media, participando de unas connotaciones paganas que derivan del ciclo vital de la naturaleza y que entronca con la adoración ancestral del árbol como ser animado y representación simbólica de la fecundidad y la vegetación.

Pingar o poner el mayo se hacía en el centro de los lugares poblados.
Según las Ordenanzas de la Comunidad de Villa y Tierra de Cuéllar, hoy en la provincia de Segovia, de 1499 es una costumbre festiva  de carácter público en la que participaba toda la población en torno a un álamo, tanto en la villa como en las colaciones y concejos,  desde el primer día de mayo
El espíritu del árbol está presente de este modo y se ha conservado en otras tantas tradiciones populares muy cercanas. 
La corta de ramas, la enramada de los quintos que adorna los espacios comunes y las peñas de mi niñez, el olor fresco que rememoro, a decir de James George Frazer no es sino el intento de atraer las bendiciones del espíritu del árbol.
El mismo árbol que conmemora la fiesta de la cruz, en la que los niños hacían cruces de madera llenas de flores y cantaban.


Enramada de mayo en Pedrajas de San Esteban, Valladolid, adornando la entrada a la iglesia para el día del Corpus Cristhi.



Fiesta de la Cruz de Mayo en Valladolid

Ha venido mayo, Feliz semana!


Beban vuestras bocas
de la alegre fuente,
coronad las frentes
de piedras preciosas.
Y cortad las rosas
del jardín prohibido,
pues es permitido
que hoy gocemos de ellas.

Que mayo os adorna con sus flores bellas,

Escuchad el son
de la flauta suave,
de los gavilanes
no tengáis temor.
Y al dios del Amor
festejad palomas,
danzando a la sombra
de auroras y estrellas.

Que ha venido mayo con sus flores bellas,

No perdáis los días
en duda y tormento,
cuando vuestro cuerpo
pide compañía.
Que el amor y el tiempo
mala tregua tratan,
y Horas desbaratan
lo que Amor intenta.

Como siempre el verde ha vuelto por mayo,
todas las locuras van a festejarlo.

Se aman las alondras
en lo alto del cielo,
ante el desconsuelo
de las amapolas.
Y en la verde hierba
los caballos corren,
siguiendo las voces
de la Primavera.

Todo lo creado proclama en la tierra
que ha venido mayo con sus flores bellas.

Mayo, del álbum "La última dama", 1981
María Salgado




martes, 26 de abril de 2016

Arqueología urbana. El pasado bajo nuestros pies

Interior de la cripta de Notre-Dame con los restos del pasado histórico de Paris. 
(Foto: Thiago Neto.)


Pasados los tiempos en los que los arqueólogos adscritos al ámbito de la investigación en la Universidad o el Museo, no comprendían la necesidad y seriedad de la gestión del Patrimonio arqueológico, no hay nada, en nuestros días, que escape al ámbito de la gestión administrativa; autorizaciones, financiación de proyectos, informes, programación, declaraciones de Bienes de Interés Cultural, Impacto Ambiental de actividades y proyectos, ordenación del territorio, planificación urbanística y un largo etc.


Maqbara de Valladolid, el cementerio mudéjar situado bajo la Casa de la beneficencia, actal Casa del estudiante; y lote cerámico de los alfares medievales de la Cal de Olleros, hoy Duqye de la Victoria, en Valladolid.

Tuve la suerte de comenzar mi vida profesional en la segunda mitad de los años 80. En la mochila tenía un título de formación académica suficiente para comprender la necesidad de seguir estudiando, dos decenas de participación en excavaciones arqueológicas y la firme voluntad de intentar vivir de esta profesión.
Eran años de construcción de las Comunidades Autónomas, de creación de las plazas de arqueólogos adscritos a las Consejerías de Cultura, de aplicación de las nuevas normas estatales y regionales y de un trabajo de establecimiento de las bases de la arqueología social.
Una de las cuestiones que debieron ser abordadas fue la Arqueología Urbana. Corría 1991 y se inauguraba en Valladolid, la ciudad en la que vivo y trabajo, la primera exposición sobre el tema al tiempo que se presentaba el libro que bajo el mismo título, publicaba los primeros resultados de los trabajos arqueológicos del ámbito de la ciudad.
Entiendo por Arqueología Urbana la realización de actividades arqueológicas que permitan conocer, proteger, conservar, legar, difundir e integrar el Patrimonio Arqueológico de las ciudades y los pueblos, su pasado como entidades vivas en constante transformación.



Excavación arqueológica en El Consultivo de Zamora. Fotografía del Gabinete arqueológico Strato



Pasaré de puntillas por el excepcional caso de Roma, la ciudad en la que el pasado siempre estuvo presente, las campañas de una arqueología incipiente en el XVIII en Pompeya, Herculano y Stabia y la Creación de los Gabinetes de Antiguedades para centrarme en el nacimiento de una auténtica disciplina y lo haré centrándome en la Europa continental.





Foro de Roma desde el Campidoglio.

Hacia 1970 se inicia una arqueología de salvamento arqueológico en algunas ciudades inglesas con voluntarios que realizaban, a tiempo parcial, un seguimiento de las obras. Los planteamientos que en los 80 realizó Martín Bidle en Winchester modificaron la forma de entender el pasado urbano otorgándose el mismo protagonismo a cualquiera de las etapas de ocupación de las ciudades. Se trascendía así la idea de que solo el pasado histórico de época clásica era reseñable.
Las acogida entre los arqueólogos  medievalistas fue excelente, obviamente.



Excavación de una fosa de la Gran Peste que sufrió Londres en 1665 y que permanecen en una fosa común cercana a la céntrica estación londinense de Liverpool Street.
La excavación es coordinada por el Museo de Arqueología de Londres. FOTO Reuters

Toda esta actividad iba a suponer un cambio sustancial en la figura del arqueólogo, que comienza su profesionalización, la creación de equipos pluridisciplinares, la búsqueda de recursos presupuestarios, la aparición de nuevos métodos de excavación arqueológica, el establecimiento de una zonificación a efectos de intervención y protección, la elaboración de documentos que permitieran mostrar la importancia de lo que se pretendía eliminar.



La New Archaeology y las propuestas de análisis estratigráfico en área abierta entraron con fuerza en las propuestas de arqueología urbana.

Los primeros documentos y equipos se gestaron en ciudades inglesas a comienzos de los 70 y ya en el año 73 se gestará en Tours, Francia,una experiencia de arqueología urbana que procura seguir los ejemplos ingleses más avanzados en su definición. Se creó el Laboratorio de Arqueología Urbana de Tours, como organismo investigador sobre el desarrollo de la ciudad en sus más amplias facetas, caso único en la Europa continental de la época  En sus inicios, la financiación pública, local y regional,no permitía otra cosa que el funcionamiento mediante voluntarios y amateurs, pero con posterioridad se conseguirá mantener un arqueólogo con dedicación exclusiva al proyecto. 
Tours contó con la primera evaluación sobre su potencial arqueológico, realizada con una metodología muy similar a los trabajos ingleses. Esta documentación, integrada en el plan de salvaguarda de la ciudad, permitió la designación de áreas de interés arqueológico en riesgo de ser edificadas, así como adoptar un sistema de prevención adecuado a los cambios en la promoción inmobiliaria. 
Desde la década de los ochenta, y tras la reunión de mas de doscientos arqueólogos en Tours, la arqueología urbana europea se va consolidando e iniciando una andadura exitosa basada en la realización de excavaciones arqueológicas previas a las obras de construcción de los nuevos edificios e infraestructuras. 

Fragmento del anfiteatro de la ciudad de Legio en un solar en excavación, en la Calle Cascalerías de León.

Este incremento de actividad puso de manifiesto la necesidad de aumentar los recursos humanos de carácter técnico tanto entre los profesionales libres como en las Administraciones Públicas. Un paulatino crecimiento de las plazas de arqueólogos ha favorecido el mejor y mayor conocimiento de las ciudades y establecer relaciones con los órganos municipales de gestión urbanística. A la par que se iniciaba la profesionalización y se iniciaba una nueva salida laboral, se arbitraban nuevas formas de financiar las intervenciones arqueológicas en la que los promotores públicos y privados se implicaban.


Casa de la I Edad del Hierro en el Cerro de San Vicente. El origen de la ciudad de Salamanca


Para cerrar el círculo, es preciso citar el importante papel del  planeamiento urbanístico que fue estableciendo, en sus normas sectoriales, la necesidad de conocer y proteger el Patrimonio Arqueológico urbano, aceptando que algunos restos pudieran ser integrados en las  ciudades convirtiéndose en productos turísticos y patrimoniales.


Sótanos de Astúsica Augusta, que albergan los restos de la ciudad romana bajo los edificios de Astorga y forman parte de la ruta Romana

En la actualidad la Arqueología urbana es una disciplina bien asentada y planificada, si bien es necesario tener en cuenta que los presupuestos de las actuaciones suelen ser insuficientes para realizar auténticos trabajos de investigación, que al fin y al cabo, son el objetivo primordial de la actividad arqueológica.


Fosas de la necrópolis judía de Avila, situada tras el Convento de la Encarnación

Todo es mejorable, pero en muy poco tiempo, se ha producido un avance en el conocimiento histórico de las ciudades y en la salvaguarda de sus evidencias materiales, tanto las que fueron soterradas por la superposición urbana, como las que fueron escondidas por estructuras sobre la cota 0.
Que hayan aparecido arqueólogos adscritos a las administraciones locales, fundamentalmente municipales, no hace si no mejorar la planificación de la actividad.
La introducción de catálogos arqueológicos y la normativa correspondiente en las figuras de planeamiento supone un avance sustancial en la programación, investigación y protección de nuestro pasado urbano, de modo que nada o casi nada queda al pairo.
Ya no es posible decir que los arqueólogos paramos las obras en las ciudades.
No obstante, no olviden que siempre pueden producirse hallazgos inesperados.

¡Que tengan una buena semana!

martes, 5 de abril de 2016

Mayrit emiral. Un campamento militar del siglo IX






Muralla islámica de Madrid en la zona de la Almudena





“A su reinado (Mohamed I, hijo de Abderramán II) se deben hermosas obras, muchas gestas, grandes triunfos y total cuidado por el bienestar de los musulmanes, preocupándose por sus fronteras, guardando sus brechas, consolidando sus lugares extremos y atendiendo a sus necesidades.
 El fue quién ordenó construir el hisn  de Talamanca, y el hisn de Maytir y el de Peñafora. Con frecuencia recababa noticias de las marcas y atendía a lo que en ellas ocurría, enviando personas de su confianza para comprobar que se hallaban bien”

Ibn Hayyan. Muqtabis III






La arqueología permite incrementar el conocimiento de nuestra historia, ponerlo al día, revisarlo y hacer avanzar en el mismo. En el ámbito de las ciudades históricas, la superposición de las ocupaciones, ha sido objeto de nuevos tratamientos desde los años 70 en el ámbito europeo. Las experiencias francesas e inglesas , fundamentalmente a partir de la reunión de 1980 en Tours, permitieron la entrada de esta nueva forma de entender la gestión arqueológica en nuestras ciudades. La arqueología urbana ha devenido en un instrumento necesario, imprescindible en el tratamiento del subsuelo y alzado histórico y poco a poco en el planeamiento urbanístico. 
Hoy traigo a colación un excelente trabajo que ha  revisado los orígenes islámicos de Madrid ordenando y reinterpretando, bajo el prisma de la ciencia, muchas de las noticias documentales, historiográficas y arqueológicas con las que se contaba hasta la realización de este trabajo.
No obstante, la propuesta de otros investigadores sobre la existencia de un núcleo de población civil, sirve una polémica y controversia que perdura en la actualidad.
De seguir realizándose investigaciones arqueológicas en la zona, a buen seguro, se obtendrán datos que aproximen y decanten la realidad emiral de Madrid. La arqueología urbana es imprescindible.




Cuando a finales de los 90 se planteó la construcción de un gran edificio museístico destinado a albergar las colecciones reales que no podían ser expuestas al público por falta de un espacio destinado a ello - entre ellos la mejor colección de tapices de España y Europa y la de Carruajes-, en la zona situada entre la verja de la plaza de la Armería, la Catedral de la Almudena y el Campo del Moro, nadie sospechaba que las excavaciones arqueológicas que se llevarían a cabo en  la plaza de la Armería y el ala oeste de la Catedral de la Almudena modificarían el conocimiento que hasta entonces se tenía sobre el origen de la ocupación islámica y de la ciudad de Madrid.
La aparición de dos tramos de muralla islámica de unos sesenta metros de longitud y cuatro torres de planta cuadrangular en la primera zona, y otras tres en la segunda, una de ellas entera, así como de un camino de ronda hasta seis viviendas, pusieron las bases para que la arqueóloga directora de las intervenciones arqueológicas, Esther Andreu, estableciera nuevas tesis, contrastadas, sobre el establecimiento de Mayrit, borrando de un plumazo cuatro siglos de historia de la supuesta ciudad islámica.

A excepción de una fuente musulmana, el resto afirma que Mayrit fue fundada a mediados del siglo IX - entre los años 852 y 886-  por Muhammad I como un hito de la red de castillos y atalayas de vigilancia sobre los movimientos de las tropas cristianas del Norte y con el fin de proteger las vías de comunicación que unían Córdoba y  Zaragoza asentadas sobre los antiguos trazados de época romana. 
Por el contrario, en el Muqtabis III, Ibn Hayyan afirma que el castillo fue mandado construir por Mundhir ibn Huray ibn Habil, descendiente de hispanovisigodos, quien se habría convertido al Islam y cuyo objeto era establecer una plaza que permitiera sofocar con mayor facilidad las continuas revueltas de Toledo contra al Emir de Córdoba.
En cualquiera de los casos estas referencias árabes al hisn (fortificación) y a la fundación de la ciudad están hechas siempre por geógrafos o cronistas muy posteriores que recogen lo escrito en las compilaciones autores como al-Bakri , a finales del XI y de al-Idrisi, de mediados del XI, que eran considerados como contemporáneos de los hechos. 
En definitiva, hasta hoy en día no hay un sólo documento que permita asegurar la fundación de Mayrit en el siglo IX.




Entre 1534 y 1535 J. Cornelius Vermeyen realizó este dibujo del alcázar y sus alrededores














Existe, a día de hoy,  total unanimidad por parte de los investigadores, a la hora de considerar la fundación de Madrid dentro de la política de gobierno de Muhammad I, con respecto al reforzamiento de la Marca Media. Dicho emir, continúa el programa de fundación de núcleos militares tales como Talamanca del Jarama o Huesca, iniciado por su padre Abd-al-Rahman II, con el principal objetivo de consolidar el incipiente poder del Emirato de Córdoba.
En relación con esta cuestión, resulta muy significativo el hecho de que en las fuentes árabes citadas hace un momento, se mencione a la población de Mayrit como hisn castral en los momentos más antiguos, mientras que aparece como medina -muy pocas veces- mencionándose Madrid casi siempre, referido a actividades militares.
Los elementos arquitectónicos descubiertos en el transcurso de las excavaciones que nos ocupan, son vestigios que han de vincularse, sin duda, a la arquitectura militar tanto emiral como califal, estando estos restos arqueológicos profundamente relacionados entre sí conformando un todo: Una primigenia fortaleza andalusí en Mayrit, tipo hisn, que no una ciudad, de unas 8 hectáreas aproximadamente que se desarrollaba en un espacio comprendido entre el lado occidental de la plaza de la Armería y los Altos de Rebeque  de oeste a este, y entre la verja de la plaza de la Armería  y la muralla árabe de la cuesta de la Vega, de norte a sur.
Los sectores de Armería y Plaza de Oriente, excavada hace dos décadas, han permitido exhumar y documentar cuatro elementos arquitectónicos de carácter indiscutiblemente militar, que son el germen de lo que sería Madrid: muralla, albacar, atalaya defensiva y por último, una estructura destinada al alojamiento de las tropas de guardia y que incluso contaría con tierras de labor dentro del recinto.



Así, existiría un núcleo original con la zona mas alta, la del Palacio real, en que se situaría el alcázar, unos terrenos intermedios situados dentro del recinto amurallado- el albacar- que estarían ocupados por soldados y tierras de labor y un incipiente núcleo civil. En cualquier caso, siempre estaríamos hablando de un campamento militar, que no una ciudad, que contaba con una mezquita principal del alcázar  que se situaría bajo la iglesia de San Miguel de la Sagra, una de esas mezquitas de los campamentos militares de implantación, término a cuñado por Mikel de Epalza.







Madrid  con la muralla del alcázar  islámico. Vista desde el Manzanares (actual M-30)
 Anton Van den Wyngaerde, 1562

Parece que aneja a este complejo hubiera podido existir, una pequeña medina.



La excavación arqueológica realizada en  la plaza de la Armería nos permite conocer una antigua orografía. La  primitiva ciudadela se asentaba sobre un relieve con un acusado desnivel hacia el Campo del Moro, siguiendo un modelo bien conocido en otros asentamientos islámicos que aprovechaban el desnivel para favorecer el arrastre de desperdicios fuera de la muralla. Las calles de este primer asentamiento urbano se desarrollaban, tras un estrecho camino de ronda con pequeñas rampas y escaleras, de forma concéntrica.



Fotografías procedentes del proceso de excavación.  Detalle del aparejo de la torre, vista general de excavación del nuevo edificio planteado y candiles.

La muralla tiene un espesor de entre 3,10 y 3,30 metros y se calcula una altura original en torno a los 14 metros, si bien solo se  conservan restos de los 8 primeros metros. En este sector giraba de oeste a noreste, aunque el resto del itinerario del tramo norte aún se desconozca. Sorteando el foso o cava situado al sur del Alcázar, apareció un tramo de muralla en dirección norte que se interpreta como el lienzo de unión de la almudayna con el Alcázar.
Los tramos de fábrica de la muralla reconocidos en el proceso de excavación están configurados por paramentos de mampostería compuesta de bloques de piedra caliza y silex de mediano y gran tamaño,  con relleno de cal y canto, aunque el aparejo no parece que sea regular en todos los paramentos, si bien una de las torres, conocida como torre 1 está construida con grandes bloques de granito.
En la cara interna de la cerca aparece un forro de ladrillo que conserva algún resto de enlucido, mientras que en dos tramos la muralla se hallaba revocada por una capa de argamasa y cal.
En la muralla se abre un portillo sobre un arroyo encauzado que se conserva en la obra de Wyngaerde, quien lo pintó con forma de media herradura. De este vano aparecieron únicamente las jambas y, lamentablemente, no  pudo excavarse por cuestiones de seguridad de la Catedral de la Almudena. 
Junto al portillo o postigo apareció un cuerpo de guardia, datado en el siglo IX, encargado de su vigilancia  que está construido con aparejo islámico. Tiene planta rectangular y conserva, como ocurre habitualmente en este tipo de construcciones fortificadas, tres estancias (para dormir, cocinar y una para estar durante el día) comunicadas entre sí. Es muy posible que los soldados a los que se destinara dicha guarnición pertenecieran al cuerpo de militares místicos, lo cual fortalece la idea de la posible existencia de un primitivo ribat de Mayrit.
Al exterior del portillo apareció un muladar con restos humanos mezclados con basura y capas de cal.
Todo ello fué cegado en el siglo XVI por una rampa para carretas.




Las seis casas excavadas parecen haberse desarrollado solo en planta baja, conservando una altura de muros que varía de 2 a 0.50 m y poseían una superficie entre 80 y 90 metros cuadrados. Desde la calle se accedía, a través de un zaguán que hacía las veces de establo, a un patio central con  pozo. Este espacio articulaba dos grandes habitaciones enfrentadas. Estas casas se levantaron con un aparejo datado entre los siglos XIII-XIV que combina filas de ladrillos y de piedras intercaladas.
Todas estas casas del siglo XIII tienen un muro que sobresale junto a la puerta de acceso a las viviendas y que no llegaba a tocar la muralla y en la parte superior el mismo muro sobresaliendo pero prolongado y apoyando sobre la muralla.
Es posible que estas viviendas constituyeran una primera aljama donde se mantuvieran los mudéjares conviviendo con los judíos, lo que explicaría que apareciera un alfiz, posiblemente de una puerta, con la inscripción  “el poder pertenece a Alá”  en árabe de finales del siglo XII o principios del XIII y que, además, se encontraran fragmentos de vajilla relacionadas con la celebración del shabat judío del XIII o XIV. 
Posteriormente la morería fué trasladada a la zona de las Vistillas, mientras que algunos judíos, aunque hay constancia de su diseminación por otras zonas de la ciudad, permanecieron en el mismo lugar, el más cercano al Alcázar, como es habitual.
Estas casas no se cimentaron sobre otras anteriores, si bien se han reconocido restos islámicos en diferentes silos basureros, así como un alfar excavado en el suelo y revestido de piedra y ladrillo revocado, así como varios pozos de agua que, en algunas ocasiones conservaban el brocal de piedras y los peldaños excavados en la propia tierra. 



Plaza de la Armería: Pozo de cronología islámica con pates 
(por cortesía de Ester Andréu y Equipo Arqueomedia)


En la zona del paso de ronda, aparecieron unas ventanas geminadas desplomadas que conservaban su forma sobre el suelo. Están construidas con ladrillo y argamasa y se tiene la intención de que sean reconstruidas para ser exhibidas en el Museo de las Colecciones Reales. También caído en la calle,  se encontró el alfiz que mencionamos unas líneas mas arriba.



Teniendo en cuenta que los alfares no se encontraban al interior de los recintos, es posible que nos encontrásemos en espacios extramuros del asentamiento del IX que fueron reocupados para instalar las casas en el XIII.

Queda claro así que el origen musulmán emiral de Madrid en el siglo IX es indiscutible pero con la matización de que tan solo fue un asentamiento militar, no una ciudad, pues ésta se formó en el siglo XIII, ya en época cristiana, un tiempo después de la conquista de Alfonso VI. 
No se conocen en esta zona viviendas del asentamiento del siglo IX . La propia Esther Andreu propone que en época islámica fuera una zona extramuros, lo que nos lleva a pensar que si hubo ocupación con viviendas, del tipo que fueran, esta se encontraría en la zona mas alta, quizá en la conocida como Altos del Rebeque. Sería allí, en todo caso, donde vivirían  los soldados, mientras que el personal civil a su servicio como hortelanos, guarnicioneros, etc. lo harían cerca, pero en la zona baja de la vega, donde se encontrarían también  los establecimientos artesanales de forma diseminada, fuera del campamento militar, de modo que en situaciones de peligro pudieran refugiarse dentro del recinto amurallado de época islámica.
El Mayirit del siglo IX se instaló sobre un lugar estratégico en el que se han reconocido restos de un pequeño asentamiento carpetano del siglo I a C y un enterramiento de época hispanovisigoda
Las actuaciones de restauración y consolidación arqueológica han permitido la conservación in situ de la atalaya, muralla y cuerpo de guardia, si bien  esta cuestión no ha sido posible en el caso del cimiento del albacar
Por el contrario, los restos de la atalaya pueden contemplarse en el aparcamiento subterráneo de la plaza de Oriente.
Los lienzos de muralla y los restos del cuerpo de guardia exhumados en las excavaciones de la plaza de la Armería, son objeto de musealización  en el edificio del Museo de Colecciones Reales.




Que pasen una feliz semana!








Bibliografía

Andréu Mediero, E. y  Paños Cubillo, V.;  Arquitectura militar andalusí en Madrid capital: Nuevas perspectivas teóricas a raíz de las intervenciones arqueológicas de la plaza de Oriente y la plaza de la Armería (1999-2010)
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