miércoles, 5 de febrero de 2020

Cristina de Pisán, pensamiento, obra y legado




Cristina de Pizán escribiendo. 
British Library, Harley MS 4431. vol. 1, fol. 4r

La demoledora realidad de los prejuicios determina o puede determinar el futuro de una vida. Menos mal que a veces puede ser contrarrestada por el impulso de la confianza de otras personas, y eso ocurre desde que el mundo es mundo hasta hoy pero, en ocasiones, aparece de forma evidente por escrito y en forma autobiográfica. Así pasó con  la brillante y completa Cristina de Pizán, una escritora valiente e inteligente que vivió entre finales del siglo XIV y la primera parte del siglo XV.
Había nacido en la ciudad italiana de Venecia hacia 1364 pero su familia se trasladó enseguida a París depués de que su padre, Tomás, hubiera sido llamado a la corte de Carlos V donde ejercería como astrónomo y médico. 
Su infancia transcurrió en un ambiente selecto, disfrutando de la educación esmerada -bastante autodidacta- que podía adquirirse en el entorno privilegiado de una corte humanista,  amparada y animada por su padre y contra la voluntad de la madre, que siempre quiso para la hija una ocupación femenina mas "normal" .



Cristina en una miniatura de un manuscrito de la Ciudad de las Damas. ms. 609, c. 2v, 1401-1500, Biblioteca Nacional de Francia, en París.

El impulso paterno se vió reforzado por la figura de su abuelo materno, Mondino de Luzzi, el primer médico en realizar la autopsia de una mujer embarazada. Ambos ejemplos ayudaron a Cristina a acercarse al mundo científico para escribir sobre la mujer teniendo conocimientos precisos sobre su cuerpo.
A los quince años se casaría con Etienne de Castel,  notario y secretario del rey, a quien siempre amó y respetó con sincero cariño, combinando su papel de esposa y madre con los estudios y escritos, disfrutando de todo tipo de lujos y teniendo a su alcance obras de gran importancia intelectual, algo poco común para una mujer de su tiempo.  
A la muerte del rey Carlos V, Tomás de Pizán, perdió el favor del delfín, y terminó sumido en las deudas. La familia puso entonces todas las esperanzas en Etienne, que continuaba en su cargo de notario y secretario real. Sin embargo, la situación convulsa de París en aquel tiempo y el hecho de que dejaran de percibirse los sueldos a tiempo o dejaran de cobrarse minaron la economía familiar. Los años siguientes acabaron por desmoronar por completo su mundo. Tomás, el padre,  fallecía en 1385; su esposo Etienne cinco años después por causa de la peste; así que se encontró viuda, con tres hijos y a cargo de su madre y una sobrina, pues sus hermanos habían regresado a Venecia. 
En esos momentos, su educación exquisita y el dominio de varios idiomas le ayudaron a salir del atolladero ante tanta precariedad.
Le tocó pleitear sola para recuperar parte del patrimonio perdido, que le había sido arrebatado y tomó la decisión de escribir para sacar adelante a su familia en lugar de aceptar un segundo matrimonio, tan común para una mujer tras enviudar.
Después de lidiar con los acreedores y otros calumniadores, mientras criaba a sus hijos comenzó a componer poemas en forma de baladas, lais o rondós inspirados en la tristeza, haciendo, como define Régine Pernoud, “malabarismos con los versos” 


Cristina instruye a su hijo Jean de Castel. 1413. 
https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=468803

Publicó en 1399 su primera compilación poética de cien baladas en las que se resiente de la prematura viudedad y que se harían muy populares en poco tiempo; tuvieron tanto éxito entre las clases acomodadas,  que la carrera literaria de Cristina sería imparable y en poco tiempo publicó hasta quince volúmenes poéticos a través del mecenazgo de los duques de Borgoña, los de Berry, Brabante y Limburgo.



"Seulete suy et seulete vueil estre, 
 Seulete m'a mon doulx ami laissiee, 
Seulete suy, sans compaignon ni maistre, 
 Seulette suy, dolente et courrouciee....."

Solita estoy y solita deseo estar
Solita, dulce amigo perdido
sin compañero ni maestro,
doliente y enfadada.....


Su evolución personal va reflejándose en la orientación de su obra escrita convirtiéndose la historia, la filosofía, la política,  la moral o el derecho de la mujer en la sociedad en las bases de su prolífico trabajo; formación, valentía y duerte se aliaron para conseguir que una mujer muy bien considerada y famosa en Francia y fuera de sus fronteras. Su obra se tradujo al ingles y con ello consiguió la admiración de personajes muy notables como el conde de Salisbury quien se ofreció para dirigir y financiar la educación de Juan Castel, su hijo mayor. Una vez destronado Ricardo II de Inglaterra y hecho prisionero el conde, su primogénito acabó siendo tutelado por el nuevo monarca Enrique IV, convertido en otro de los fervientes admiradores de su obra poética. Tres años después, previo regalo de alguno de sus manuscritos, Cristina recuperaba a Jean, que con el tiempo se convertiría en notario y secretario del rey francés, como su padre.
Lamentablemente en ese tiempo su segundo hijo varón murió y su única hija profesó como monja en un convento en Poissy.



Su fama fué la causa de que se le encargara una elegía al rey Carlos V que plasmó en "Le livre des faits et bons moeurs du sage roi Charles V",  que le supuso un considerable desahogo económico.
En torno al año 1400 escribe o remata sus obras Epístola del Dios Amor, Dechado de Poissy y Debate de los dos amantes.
Aprovechando el prestigio conseguido se atrevió a enfrentarse con el estamento universitario parisino, contando para ello con el apoyo del canciller Jean Gerson, un gran intelectual y teólogo de la época, criticando una de las mas elogiadas obras literarias de la Edad Media, el Roman de la Rose, en cuya segunda parte Jean de Meung describía la sociedad que le tocó vivir dejando un retrato de la mujer como simple prostituta «por acción o por intención».
Servida la polémica hizo lo mismo con el Libro de las lamentaciones de Mateolo, escrito en el siglo XIII, o con Boccaccio e incluso Ovidio. 


Roman de la Rose, el Amante y la Dama Razón, siglo XIV, 
Bibliothèque nationale de France, Ms. Fr. 12595, fol. 33v.


Se originó con ello un debate, que causó un enorme alboroto, en torno a la denuncia que Cristina hacía sobre el papel que se le otorgaba a la mujer. 
Desde 1255 la Universidad de París imponía a sus estudiantes la lectura obligatoria de las obras de Aristóteles, en las que se defendía la idea de que la mujer era considerada sustancialmente inferior  al hombre. Esta, heredada en el tiempo, acabó asentándose en unos preceptos de orden moral que aseveraban que la mujer es un ser inferior al hombre por nacimiento y pecado, fragílitas sexus o sexus imbecillior que debe obediencia y sumisión al hombre y al que se le imponen unas reglas de conducta: la mujer debía permanecer bajo potestad masculina, primero del padre, y luego del marido, que tenía pleno derecho sobre ella y podía castigarla si lo consideraba necesario, incluso con maltrato físico porque, tal como afirma el escolástico Hugo de San Víctor en su tratado “De Sacramentis” en el siglo XII, la sumisión, incluso con violencia, se justifica por las heridas del pecado original.
Cristina acusó a Meing de misoginia, difamación e inmoralidad, escribiendo una respuesta contundente en  L’Épistre au Dieu d’amours, 1399, ampliada en 1402 con Le dit de la Rose (El dicho de la Rosa), en las que usó la antifrasis con fina ironía.
No hubo un ganador dialéctico pero la cada vez mas afamada escritora conseguiría, con ello, entrar en la corte de la reina de Francia, Isabel de Baviera.
Cristina defiende las virtudes femeninas frente a la misoginia del círculo universitario y las prácticas burguesas.  Primero lo hizo en el mencionado libro "Epístola al dios del amor", escrito en 1399 en oposición a las actitudes cortesanas en torno al amor, y unos años después, en 1405, con una de sus obras mas conocidas y citadas,  "La ciudad de las damas". Por ambos es considerada la fundadora de un movimiento de defensa de la mujer que, durante el Renacimiento, sería conocido como la Querelle des Femmes.


Cristina de Pisán ofrece su libro «La ciudad de las Damas» al duque Luis de Orleans.


Su archifamoso libro es mucho mas que una galería de féminas ilustres por la que desfilan las grandes mujeres de la historia, ya que su objetivo era poner de manifiesto las capacidades femeninas. 
Cristina plantea la construcción de una ciudad ideal en la que las mujeres sean alabadas por sus virtudes y protegidas de sus enemigos y de las palabras que les lanzan como dardos envenenados. Su idea surge al descubrir en su biblioteca el Libro de las Lamentaciones de Mateolo, un texto que vilipendiaba a las mujeres y le hace cuestionar las razones que llevan a tantos hombres, clérigos y laicos, a criticar a las mujeres de palabra, en escritos y tratados y por qué Dios ha creado a semejante monstruo o por qué le hizo a ella mujer:

“Me preguntaba cuáles podrían ser las razones que llevan a tantos hombres, clérigos y laicos, a vituperar a las mujeres. No es que sea cosa de un hombre o dos, sino que no hay texto que esté exento de misoginia. … Me propuse decidir, en conciencia, si el testimonio reunido por tantos varones ilustres podría estar equivocado. … yo me empeñaba en acusar a las mujeres porque pensaba que sería muy improbable que tantos hombres preclaros, tantos doctores de tan hondo entendimiento y universal clarividencia hayan podido discurrir de modo tan tajante… "

"A todas vosotras, mujeres de alta, media y baja condición que nunca os falte conciencia y lucidez para poder defender vuestro honor contra vuestros enemigos. Veréis cómo los hombres os acusan de los peores defectos
 ¡quitadles las máscaras, que nuestras brillantes cualidades demuestren la falsedad de sus ataques!"






Visita de las tres damas: Razón, Justicia y Rectitud que  desmienten a Cristina lo escrito por varones, asegurándole que ella posee un juicio sensato y que no dude de su naturaleza. Le anuncian que se ha de encargar de la construcción de una Ciudad donde habiten las mujeres dignas, con cualidades de mujer. De esta manera se defienden de las agresiones masculinas. Primero hay que limpiar el terreno de los ataques misóginos y, a continuación, se empiezan a erigir los edificios y la fortaleza en un terreno propicio: el Campo de las Letras. La azada es la inteligencia.






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La acción se sitúa en una ciudad imaginaria gobernada por mujeres, donde éstas desempeñan todo tipo de trabajos y labores. La construcción de esta ciudad es una cuestión que afecta a todas las mujeres, es un trabajo colectivo nacido del compromiso. La clave de la eternidad de esta ciudad radica en que la sibila que guía el proceso de construcción se llamaba Razón, todo un atrevimiento si tenemos en cuenta el enorme peso que la religión tenía en la Edad Media, y que la razón era para la iglesia una herejía.
Mientras construyen la ciudad va enumerando las mujeres de todas las épocas que vivirán en ella y va desmontando los conceptos misóginos: rebate los antiguos textos, incluyendo la Biblia, y tapa la boca de los clérigos y nobles que injurian a las mujeres, defiende el derecho de la mujer a acceder a una educación igual a la del hombre, al trabajo y a la independencia económica, así como la participación de las mujeres en el sistema judicial.
Victoria Cirlot afirma que es la primera vez que una mujer se levanta en contra de la tradición masculina para crear una conciencia de género. 
Es en este libro donde relata  cómo todo el proceso de producción de sus obras, desde la escritura de los textos a los diseños que las ilustran y su colocación dentro del manuscrito, es una labor propia que controla ella misma de principio a fin. 
Interesante es el hecho de que dispusiera de un taller de miniaturistas propio con lo que conseguía ofrecer un producto lleno de detalles exclusivos que hacían de su obra un artículo de lujo.
Su éxito fue tal, que se hicieron multitud de copias y reediciones revisadas.  Ella misma difunde, presenta y vende sus libros a los aristócratas y en cada uno incluye una miniatura exclusiva con la escena de la entrega.
Menciona la existencia de una mujer pintora, Anastasia, a quien consideraba la mejor iluminadora del París del siglo XIV y de quien alababa sus preciosos detalles florales.


“ por sus trabajos en los bordes y miniaturas, no se puede encontrar a otro artesano en París –donde están los mejores del mundo- que pueda superarla”


“la gente no puede dejar de hablar de ella y lo sé por experiencia, porque ella ha realizado varios trabajos para mí, que destacan sobre los bordes ornamentales de los grandes maestros”.



Facsimil de la Cité des Dames.
https://www.eikoneditores.com/christine-pizan-la-primera-escritora-la-historia/


Otra de sus obras, L ´Epistre d'Othea a Hector estaba dedicada a Luis de Orléans, hermano de Carlos VI, -en la que acaba atribuyendo la fundación de Francia a los troyanos que huyeron de la destrucción de su ciudad e incluía una serie de consejos para reinar- se convirtió en un gran éxito, siendo reeditada en numerosas ocasiones. En esta maravillosa creación de tintes mitológicos, se propuso dar una serie de consejos que conducirían al lector hacia la honradez y la virtud a través de la voz de Othea, diosa de la prudencia. Es considerado uno de los manuscritos mejores ilustrados de su siglo.


Venus . Ilustración de  L'Epistre d'Othea . Paris, 1406

A Cristina le tocó vivir la terrible y devastadora Guerra de los Cien Años en la época de Carlos VI, un rey desequilibrado por sus problemas mentales, convirtiéndose en una de las portavoces que abogaban por la anhelada paz. Así, dedica al regente de Francia, Felipe, una obra, el libro de la Paz "le livre de Paix", y al heredero del trono, Luis de Valois, el libro del Cambio de la Fortuna, "Le livre de la mutation de Fortune". 
Tras  la guerra civil y la toma de Paris por los ingleses, en 1418,  Cristina se refugió en el priorato dominico de Poissy, donde su hija Marie era monja. 
Sólo abandona ese retiro para dedicar una obra a uno de los personajes mas fabulosos de este momento, Juana de Arco, a quien dedica " Ditié de Jehanne d'Arc", escrito en 1429,  en el que elogia a esta joven procedente de la Lorena que acabó encarnando en una sola mujer los ideales que mantuvo a lo largo de toda su vida: el valor y aptitud de las mujeres y el ideal caballeresco. ¡Una joven, una mujer de dieciséis años había liberado Orleans en ocho días, después de estar sufriendo un asedio de siete meses!
Escribió con pasión sobre la virtud y la capacidad de Juana de Arco. Ella, que pasó su existencia intentando convencer a sus contemporáneos de que hacían mal despreciando a la mujer y siempre alabó el valor como virtud femenina no podía desear mejor justificación con el ejemplo magnífico de esta joven extraña y excepcional.



“Tú, Juana, en buena hora nacida
¡Bendito sea el que creó! (……)
¡Ay! ¡Qué honor para el sexo Femenino! 
Bien amado de Dios, según provee,
Cuando todo este gran pueblo desfallecido,
Huye del reino despavorido,
Ahora rescatado y salvado por una mujer
(lo que no pudieron los hombres hacer)
Y los traidores desertores,
Antes apenas hubiesen podido creer que fuera cierto”


En 1430, a los sesenta y seis años, Cristina muere en el monasterio francés al que se había retirado años antes.
A pesar del enorme prestigio adquirido en vida, su nombre fue olvidado en el estudio de la narrativa francesa de finales de la Edad Media. De hecho, hasta 1786 su obra fue atribuida a Bocaccio y no fué hasta el siglo XVIII, en plena Revolución francesa, cuando la escritora y traductora  francesa Louise de Kéralio (1757 – 1821 ) recuperó la autoría de “La ciudad de las damas” para Cristina de Pisán.


Louise-Félicité Guynement de Kéralio (1757 – 1821) fue una escritora y traductora francesa, originaria de la pequeña nobleza bretona.

Cristine reune cualidades inegables que se aliaron con algunas circunstancias positivas especiales que auparon su inteligencia natural y su espíritu valiente y decidido. Siendo mujer contó con el apoyo de los hombres que acompañaron las diferentes fases de su vida, primero su abuelo y su padre, y luego su esposo, de y su trabajo como escritora fue remunerado, es decir, es la primera mujer profesional de la escritura que conozcamos. 

Tras su muerte se continuaron copiando sus libros durante unas décadas. De la primera edición a las últimas, pasaron más de 50 años, dejando constancia del paso del tiempo y, con el, la moda femenina de la corte en las miniaturas. Cristina siempre es perfectamente reconocible con su saya azul. En los manuscritos contemporáneos va cubierta con un tocado de puntas dobles, mientras que tras su muerte lleva una hopalanda de escote a pico ceñida en un talle alto marcado por un cinto ancho, con el cuello y el escote descubierto, a la moda de la segunda mitad del siglo XV, mientras el  tocado se ha convertido en un hennin de cucurucho de cuyo extremo pende un velo.



Cristina de Pizán entregando su libro a la reina Isabel de Baviera / Imagen: dominio público en Wikimedia Commons. En la imagen se advierte la moda impuesta por la reina con tocados y hopalandas. 


Cristina, en su escritotio, recibe a la Justicia.
Miniatura del manuscrito "Libro de la Ciudad de las Damas", ms. 180, c. 110v, segunda mitad del siglo XV, Biblioteca de Ginebra.

Cristina de Pizán es considerada como precursora del feminismo, hasta el punto de que Simone de Beauvoir la citaba como referencia en "Le deuxième sexe". 

De toda su prolífica obra las mejor consideradas son L’Épistre au Dieu d’amours (La epístola al Dios de los amores), L’Avision de Christine (La visión de Christine), Le Livre de la cité des dames (El libro de la ciudad de las damas) y Le Livre des trois vertus (El libro de las tres virtudes).

¡Que pasen una feliz semana!






Bibliografía:

. CASO, Angeles; 2005: Las Olvidadas . Una historia de mujeres creadoras. Editorial Planeta.

.  PERNOUD, Régine; 2000:  Cristina de Pizan, La Ciudad de las Damas. Ed. José J. de Olañeta.

. Cristina de Pizan, La Ciudad de las Damas. Ed. Siruela.

. ROUCQUOI, Adeline; Historia de un tópico: la mujer en la Edad Media



Enlaces:

https://gallica.bnf.fr/html/und/manuscrits/christine-de-pizan?mode=desktop

http://anatomiadelahistoria.com/2016/05/cristina-de-pizan-una-feminista-en-la-edad-media/

https://www.mujeresenlahistoria.com/2010/12/la-primera-escritora-christine-de-pizan.html

https://laaletheiadezorba.wordpress.com/2016/08/01/la-moda-imparable-christine-de-pisan/

WALKER VADILLO, Mónica (2013): "Christine de Pizan", Base de datos digital de Iconografía Medieval. Universidad Complutense de Madrid. En línea: https://www.ucm.es/bdiconografiamedieval/christine-de-pizan

https://ciudaddelasdamasblog.wordpress.com/2017/02/22/la-ciudad-de-las-damas-la-justicia-razonada/

https://ciudaddelasdamasblog.wordpress.com/2017/03/12/la-ciudad-de-las-damas-las-10-causas-de-la-misoginia/

https://www.labrujulaverde.com/2019/04/christine-de-pizan-primera-escritora-profesional-y-precursora-del-feminismo-en-la-baja-edad-media

miércoles, 29 de enero de 2020

Duhoda de Septimania y su Liber Manualis. Educando al hijo ausente




No es una carta sino un libro educativo lo que nos trae hasta este mujer carolingia del siglo IX. Noble erudita, esposa, madre, culta, tierna y cariñosa se refiere a su hijo ausente como “mi hijo primogénito, tan deseado”, “yo te exhorto, muy estimado hijo Guillermo” confesando su intención y necesidad de escribir tanto para suplir las conversaciones con su hijo adolescente, del que la separaron, como para educarle en el camino de la salvación a través de la moral cristiana, lo que le permitiría encarar adecuadamente los conflictos y dificultades que pudiera encontrar a lo largo de su vida. 
Como cualquier otra madre le dice amorosamente: "mío es el discurso pero tuyas serán las obras".
Nunca tuvo intención de dejar fuera de sus preocupaciones maternales ni de su obra a su hijo mas pequeño, un bebé cuando se lo arrebatan, indicándole de forma expresa a Guillermo la necesidad de querer, educar y enseñar valores al hermano pequeño.

 “Cuando tu hermano pequeño, del que ahora mismo no se ni el nombre, reciba el bautismo, no dejes de enseñarle, quererle y animarle a actuar con rectitud, y muéstrale este pequeño manual que escribo para ti, con tu nombre, cuando el llegue a la edad de hablar y leer"  

" Si mi segundo hijo hubiera tenido tu misma edad,
le habría escrito otro libro dedicado, igual que a ti"

En nombre de la Santa Trinidad, comienza el libro manual que Dhuoda:  "A la mayor parte de las madres de este mundo les es dado gozar de la proximidad de sus criaturas, mientras yo, Dhuoda, me veo tan lejos de ti, hijo mío Guillermo, y por ello llena de ansiedad y de deseo de serte útil,  te envío esta obrita escrita con mi nombre, para que la leas y te formes; me alegraré si, aunque yo esté corporalmente ausente, precisamente este librito te hace pensar cuando lo leas, en lo que, por amor de mí, debes hacer. 

Así llegamos a la historia de una mujer culta, una madre sola y de su obra, un breve texto que quiere rescatar y homenajear la memoria, importancia e influencia de una gran mujer. Una más de esas representantes de la mitad de la población...la otra mitad.


Roberto del Monte. Biblioteca Nacional de Francia. Paris
Copia del Liber-Manualis-ms-12293-XI-2-3-12.jpg


A mediados del siglo IX, utilizando un latín renovado, más sencillo, fácil, ágil y claro y tal vez algo menos vigoroso que el clásico y el utilizado por los padres de la Iglesia, escribirá la carolingia Duhoda su obra " Liber Manualis" traducido como "Manual para mi hijo",  considerado el primer tratado pedagógico de la Edad Media.
Escasamente conocida  para la mayor parte de nosotros, su obra tuvo una repercusión impresionante, pues contribuyó decididamente en la educación de su nieto, Guillermo de Aquitania, conocido como Guillermo el Piadoso, que en 910 fundó la abadía de Cluny, en la Borgoña francesa.
A la admiración por su obra y la influencia que tuvo en la historia, se une la que siento por una mujer que trasciende el dolor por la separación obligada de sus hijos y es capaz, generosamente, de alumbrar, en la distancia, la educación ética y moral de la prole.
Dhuoda había nacido a comienzos del siglo IX en una familia de la alta nobleza  Algunos sostienen que era hija de del duque de Gascuña, Sancho I López, y de Aznárez de Aragón, hija a su vez del conde de Aragón, Aznar I, mientras que para otros su procedencia, a partir del estudio de su nombre, sería el norte de la  Galia o Germania, sin que falten los que la hacen descender de la nobleza  visigoda y quienes sostienen que se trata de la hija de una noble familia de  Septimania.
Lo cierto es que su estatus, al que ella hace constantes referencias, le habría permitido recibir una buena educación, aprendiendo a leer y escribir en ese nuevo latín del que hablábamos al principio de este texto.
Es ella misma la que comenta algunos de sus datos biográficos como el su ascendecia noble y su casamiento en Aquisgrán con  Bernardo de Gothia, primo de Carlomagno, conde de Septimania, a la edad de 15 años, el 29 de junio del 824.


"Trono de Carlomagno" en la Catedral de Aquisgrán.  El emperador se convirtió en un mito, al fundar su reino en el año 800, con capital en Aquisgrán. 
Foto: Wikimedia Commons.


En el 826, Bernardo de  Septimania fue nombrado conde de Barcelona, en la Marca Hispánica, y, sin que se sepan los motivos tuvo de abandonar la corte con su esposa, con quien se trasladó a  Uzés, cerca de Nîmes. Aunque el pudo volver a la corte en otras ocasiones, Dhuoda se quedó recluida, contra su voluntad, en su residencia de Uzés. Nunca volvería a pisar la capital de los francos. Ese mismo año, en el mes de noviembre, nacería su primer hijo, Guillermo.



Territorios de Bernado de Septimania, hijo de Guillem de Tolosa, primo hermano de Carlomagno entre 826 y 832. Sus dominios incluyeron parte de la Marca Hispánica. Fue conde de Tolosa (835-844), conde de Narbona (826-844) y conde de Barcelona (826-832 y 835-844).


Bernardo había sido valedor de Luís el Piadoso cuando el emperador Carlomagno se enfrentó a sus hijos Lotario,  Pipino y Luís en el 829 en defensa de los derechos de Carlos, hijo de un segundo matrimonio.
En el 830, cuando ganó Lotario, Bernardo fue acusado de adulterio con la emperatriz Judit de Baviera, segunda esposa de Luis el Piadoso y tuvo que huir a Barcelona.
Tiempos convulsos para los carolingios  que establecen y rompen alianzas y acuerdos, fomentan revueltas y con ello arrastran el futuro de Bernardo y Duhoda. Fruto de aquellos vaivenes el conde pasa a ser declarado inocente del adulterio,  si bien llega a perder sus títulos para recuperarlos en el 835 gracias a la victoria de  Pipino frente a  Lotario. 
Parece que Bernardo fue poco hábil o afortunado en la elección de sus preferencias dinásticas y que su mujer se endeudó con prestamistas cristianos y judíos con el fin de mantener las campañas militares de Bernardo.
Según afirma la propia Dhuoda, Luís el Piadoso murió en el 840 en medio de las “inestabilidades y discordias del reino”, pues tras su muerte empezó la lucha por el poder entre sus hijos.



Salterio del siglo X con la representación de Carlos el Calvo.  
BNF (Bibliothèque Nationale France, París).

Bernardo volvió a apoyar a Pipino el Joven contra el nuevo rey Carlos el Calvo  al que finalmente rindió vasallaje. La desconfianza hizo que tuviera que enviar como rehén a la corte de Carlos el Calvo a su hijo Guillermo cuando tenía quince años.
En el año 841, quince años después de Guillermo, nació el segundo hijo de Dhuoda y Bernardo, que fue enviado por su padre a un monasterio de Aquitania cuando todavía no había recibido el bautismo.


Pintura que representa a una condesa lujosamente vestida (Lucía de Pallars, muerta en 1090) portando el cirio que simboliza su propia muerte. Ábside de San Pedro del Burgal, Pallars Sobirà, Lérida, Cataluña; Románico, siglos XI-XII. Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC).
Foto: Marta Jordán Bonet, tomada de http://mensajeradelahistoria.blogspot.com/2019/03/duoda-la-condesa-de-barcelona-cartas-de.html


Ese mismo año, el 30 de noviembre, privada de ambos hijos, Duhoda empieza a redactar un manual para la educación de su hijo mayor, que acabó de escribir el 2 de febrero 843. No debió ser fácil para la ella sobreponerse a la pérdida de relación con Guillermo y Bernardo,  pero trabajó sin descanso y dejó acabada la obra educativa destinada a la formación cristiana de su hijo mayor.  Es así como Dhuoda acometío su misión maternal en una doble vertiente: la de dar la vida a su hijo  y la de alumbrar su nacimiento espiritual, tal vez incluso mas noble, a través de un libro pedagógico.
En el queda reflejada su personalidad, su sentido de la vida y la forma de comportarse, que se acercaría a las reglas educativas y teológicas de aquellos tiempos.
El manual de educación que escribe Duhoda para su primogénito expone la práctica de la moral cristiana con cercanía y convencimiento, deteniéndose en el desarrollo de los los siete dones del Espíritu Santo y las ocho Bienaventuranzas, sin olvidar que los Salmos son la oración por excelencia y sin obviar hablar de la muerte del cuerpo y la del alma. 
Exhorta a Guillermo  ( "te pido, te ruego...") a leer y a rezar considerando ambas acciones como  pilares fundamentales en su formación como caballero devoto y cultivado,  al que  invita a tener y  leer muchos libros, meditar sobre su contenido y profundizar sobre sus enseñanzas.
La sinceridad, la fidelidad, el agradecimiento, la amistad y la servicialidad habrán de ser las virtudes que le proporcionen alegría y equilibrio.



Final del capítulo diez e inicios del capítulo once del Liber Manualis.
Fuente: Edouard Bondurand. Recuperado de Gallica BNF.


La obra alterna una cuidada prosa con poemas didácticos, juegos de palabras, juegos aritméticos, frecuentes imágenes y muchos ejemplos tomados de la vida,  pero fundamentalmente de la Biblia - El libro de Job y los  Salmos del Antiguo Testamento, mientras que del Nuevo Testamento destacan los evangelios, en especial el de Mateo, y las epístolas de San Pablo- sin que falten en sus enseñanzas las citas a los Padres de la Iglesia, Prudencio, Donato, Isidoro de Sevilla,  la Regla de San Benito y los monjes benedictinos más cercanos, como Alcuino - revisor de la Vulgata- y Rabano Mauro, así como referencias a obras profanas como la Ars  Grammatica de Elio Dado (s.IV). 
El libro se articula en setenta y tres capítulos, además de una introducción, invocación y prólogo, y  se puede dividir en tres partes: una primera en la que expresa las relaciones del cristiano con Dios, una segunda  donde hace referencia a las relaciones con el prójimo y la tercera que muestra el camino de la perfección personal.
La obra que podría pertenecer al género literario de los specula, es decir,  los espejos donde se refleja la imagen ideal que se ha de imitar, es original pués no sigue la tradición de las obras escritas por eclesiásticos  ya que su autoría se debe a una mujer, que es madre del destinatario y laica.
Algunos autores han planteado si realmente fue  Dhuoda la autora de esta obra, si fue escrita por ella personalmente o fue dictada, o si fue encargada a otra persona, pero el estudio detallado de algunas expresiones que hacen alusiones a la vida familiar y el sentido emocional de la obra, como ha demostrado Bessmertny, hacen pensar que fue ella misma quien lo escribió, siendo perfectamente posible que lo dictara. 


La autora escribe un aacrónimo cuyo desarrollo es:
“DHUODA DILECTO FILIO WILHELMO SALUTEM LEGE” 
(“Dhuoda saluda a su querido hijo Guillermo. Lee.”).


Régine Pernoud, mantiene que estamos ante una mujer extremadamente culta,  en cuya obra, a pesar de que muchos literatos hayan tachado su escritura de arcaica o simple,  se percibe la reminiscencia de lenguas como el hebreo, el latín, las lenguas germanas y occitanas. 
Marie Anne Mayerski considera que es un ejemplo perfecto para poder ver como la teología es una práctica, y la manera como interpreta la Biblia, en función de su realidad y la de su familia, muestra que la teología del pueblo no estaba tan alejada de la teología eclesiástica.

Se carece de datos sobre Dhuoda después de que acabara su libro en 843 si bien se da por cierto que no vivió mucho mas tiempo. Ella misma manifiesta que se encuentra débil y llega a redactar su propio epitafio.
Es muy probable que desconociera que, tras el tratado de  Verdún firmado en ese mismo año, Carlos el Calvo emprendió una campaña definitiva contra Bernardo y  Pipino II que acabó con Bernardo acusado de alta traición y ejecutado en Tolosa.
Guillermo había sido capturado en el 847 por los normandos. Tras recuperar su libertad había sido nombrado por Pipino  como conde de Barcelona. Unido precisamente a la revuelta de la nobleza a favor de este,  había entrado en Barcelona con soldados árabes y sitiado Girona.  El apoyo a Pipino II y sus alianzas con Abderramán contra Carlos el Calvo, provocaron que, una vez derrotado, fuera ejecutado en Barcelona en el 850 a la edad de 24 años. 
Es posible, aunque no se sabe ciertamente, que Guillermo recibiera el manual escrito por su madre, lo que si se mantiene es que influyó de forma evidente en su hermano pequeño, Bernardo, y el hijo de este, Guillermo de Aquitania, fundador de Cluny.
La obra de Dhuoda es excepcional en su tiempo y su influencia histórica incuestionable.
El libro original no se conserva pero fué copiado por lo que es conocido a través de un manuscrito de la Biblioteca Nacional de Francia, en París , y de algunos fragmentos de un manuscrito de la época carolingia encontrado en la biblioteca de Nîmes, así como de una copia del siglo XIV conservado en la Biblioteca Nacional de Cataluña. 
Duoda es el título de una revista de estudios históricos sobre la mujer y el nombre del Centro de Investigación  sobre la Mujer de la Universidad de Barcelona. 
En la zona de la Septimania, entorno a Uzés y Nîmes, existen un buen número de centros educativos con su nombre. 
Dhuoda reivindicado ahora es un poquito mas conocida por estos lares.



 Liber Manualis.
Biblioteca Nacional de Cataluña, Barcelona. Ms. 569, fol.57 v
Copia del siglo XIV




¡Les deseo una feliz semana!







Bibliografía


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- BONDURAND Edouard; 1978: Le Manuel de Dhuoda. París. 

-CHEREWATUK, Karen: “Speculum matris: Duoda’s manual”. En: Florilegium, 10, 1988-1991, pp.49-64.

- DE BLASSI, F. M. ;2011:  El testimonio del Liber Manualis Dhuodane: educación y virtud doméstica en el alto medioevo. Revista Signum, 12, (2), pp. 36-52.

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-MAYESKI, Marie Anne; 1994.: Dhuoda. Ninth Century Mother and Theologian, Scranton.

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- RICHÉM, Pierre (ed); Dhuoda. Manuel pour mon Fils. Fuentes Chrétiennes 225. París. traducción al francés.

-STHEPHENS, Sonia (ed.): A history of women’s writing in France, Cambridge University Press, Cambridge, 2000.

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- VINYOLES VIDAL, Teresa ;2012:. La presencia femenina en los castillos a la luz de la documentación catalana medieval. Meridies, (10), p. 176.

-WADE, Margaret: La Mujer en la Edad Media, Editorial Nerea, Madrid, 1988.


Enlaces:

. http://www.ub.edu/duoda/diferencia/html/es/primario13.html
. https://web.archive.org/web/20081205050331/http://home.infionline.net/~ddisse/dhuoda.html



miércoles, 22 de enero de 2020

Algunas mujeres sabias, maestras y creadoras en la Edad Media




Icono de Santa Catalina y escenas de su ciclo hagiográfico, finales del siglo XII o principios del XIII. Monasterio de Santa Catalina del Monte Sinaí.
Tomada de http://www.museuepiscopalvic.com/laprincesasavia/esp/ambit2.1.htm


Presentar y resumir un tema tan importante se hace difícil y complejo al intentar acotar el tiempo, el espacio y el contenido, pero es tan necesario reivindicar la existencia de aquellas mujeres sabias y creadoras que, aún a riesgo de no ser exahustiva, hay que arrojarse a esta labor e ir completándola en la medida de las posibilidades y el conocimiento. Bien es cierto que sobre algunas de aquellas Ermitiella ya tiene entradas propias, pero es justo contextualizarlas e intentar conocerlas un poco mejor en su conjunto.
En la tardoantigüedad es Zósimo de Panopoli, filósofo de la naturaleza que vivió en Egipto en el siglo IV, quien nos presenta a la profetisa María, también conocida como María la Hebrea, filósofa y maestra a la que atribuye la invención de la técnica de cocción conocida como Balneum Mariae, el archiconocido Baño María a la que también se atribuye el Axioma de María o Axioma de la Cuaternidad, que adopta el cuatro como el número del cosmos, en el que está encerrado todo el universo, un concepto que encontraremos incluso en el Paraíso de Dante y que se cita de este modo "el Uno se convierte en Dos, y los Dos Tres, y a través del Tercero, el Cuarto completa la Unidad".
Contemporánea suya fué una Cleopatra, autora del tratado llamado Chrysopoéia, de gran éxito durante la Edad Media y a otra Cleopatra que escribió un compendio de ginecología conocido como Gynae, popularizado a partir del siglo VIII.
Es precisamente en este siglo cuando comienza a escribirse sobre Catalina de Alejandria, cinco siglos después de su vida - s. III d C- ,  con lo que las noticias que tenemos sobre ella  pueden estar transformando la realidad - tal vez bajo la influencia de lo acontecido a la científica Hipatia, también de Alejandría-; pero sin poner en tela de juicio su sabiduría y elocuencia. Parece ser que  Magencio intentó, a través de la intercesión de cincuenta filósofos y retóricos de la Escuela de Alejandría,  convencerla de que negara su fe cristiana y cejara en un innecesario sacrificio por la defensa de su dios. Sin embargo, ninguno de ellos lo consiguió. De ahí su martirio en la rueda, que acabó por romperse, y posterior decapitación,  que le han hecho ingresar en el elenco de las santas y mártires, con palma, por supuesto. Su culto se extendió inicialmente por Oriente y mas tarde en Occidente,  desde el siglo VIII, como lo demuestra la dedicación de un afamado monasterio en el Monte Sinaí, también conocido como de la Transfiguración.
Esta doble vertiente de sabiduría, elocuencia y martirio pueden estar en la base de su titulación como protectora de los sabios, convirtiéndose, de hecho, en uno de los estandartes de la sabiduría femenina y patrona de los profesores y estudiantes universitarios, un mundo que curiosamente les fué vetado a las mujeres durante mucho tiempo.
Es en este periodo de transición entre la Antigüedad y la Edad Media cuando comienza a tenerse noticia de las primeras "escuelas de mujeres", un fin de camino iniciado por las anacoretas del desierto como  Sinclética y Macrina que acabó dando  paso a la fundación  de numerosos monasterios para monjas, casi siempre familiares, hermanas o mujeres de confianza de personajes masculinos relevantes, como el de Escolástica, hermana de San Benito de Nursia, en Piumarola - muy cerca de Montecasino-, con lo que se abrió una puerta al estudio de las escuelas filosóficas de la Antigüedad para las mujeres.



Ya en Belén (Palestina) se había fundado un monasterio en el siglo IV en el que ingresaron algunas patricias educadas e influyentes como Paola, Eustochio y Melania, todas ellas bien valoradas por San Jerónimo y con quienes Gerolamo no se avergüenza de hablar sobre el gobierno del Iglesia y el problema de las herejías, afirmándose que algunas de aquellas jugaron un papel decisivo en la derrota de los pelagianos. 




Este monasterio palestino se convirtió rápidamente en un gran centro de cultura, en el que no sólo Jerónimo imparte doctrina como magister, sino también como aprendiz, pues de las monjas aprende  griego y  hebreo, quedando constancia de ello en las dedicatorias a estas mujeres que aparecen en dos libros de la Vulgata,  traducción de la Biblia al latín. 
En época carolingia, una miniatura de la Primera Biblia de Carlos el Calvo  muestra a San Jerónimo enseñando a sus discípulos, y discípulas tomando notas. 
Significativa es, igualmente la carta de San Jerónimo a la matrona Leta, que le había pedido consejos sobre cómo educar a su hija, recomendándole para la niña un plan de estudios que los autores del clasicismo romano establecían para un futuro retórico.
Esta misma tradición se perpetúa iniciada la Edad Media, existiendo constancia de ella en las Islas Británicas, propiciada por la llegada de intelectuales continentales, ocasionando un auge del conocimiento de la cultura clásica en escuelas mixtas asociadas a los monasterios dúplices, tan extendidos en ese territorio. Este fue el caso del monasterio irlandés de Clonbroney, reconocido desde principios del siglo VIII como un gran centro cultural, gracias a la santa abadesa Samantha, que  tuvo, entre sus discípulos, intelectuales del calibre de Ferghil o Virgil, futuro obispo de Salzburgo.



Las nueve musas - miniatura del Hortus Deliciarum de Herrada de Hohenburg - siglo XII.


El proceso llega a su cúlmen en los monasterios femeninos  de la Alemania otoniana de Quedilinburg, Herford, Gandersheim y Essen, todos ellos fundados por mujeres de la familia imperial, en los que se estudian las Siete Artes Liberales, Derecho, incluso Teología y en cuyo entorno,  en el siglo XII, aparece la gran Hildegard de Bingen, a quien ya hemos dedicado en este blog una entrada específica (acceso directo a Hildegard) por su especial don e intelecto.


Representación de una de las visiones. 
Libro de las Revelaciones de Hildegard Von Bingen

Es en estos monasterios y escuelas monásticas donde nace el término "magistra", en sus varias acepciones. 
De un lado se aplica  a la abadesa, de otro a la maestra de novicias y mujeres jóvenes de la nobleza que aprovechan la instrucción excepcional de los monasterios femeninos hasta su casamiento. De igual modo la magistra instruye a los niños pequeños en sus primeras fases educativas.




Toda esta tarea va ineludiblemente unida a la necesidad de elaborar libros que permitan la enseñanza. Así, disponemos de verdaderas joyas como el Hortus Deliciarum" - Jardín de las Delicias- compuesto en la segunda mitad del siglo XII por  la abadesa del monasterio de Mont-Saint-Odilie, en Alsacia, Herrada de Hohenburg, una obra ilustrada que sólo conocemos a través de copias del siglo XIX, pués el manuscrito original fué destruido durante la guerra franco-alemana de 1870.  Su contenido posee un hilo conductor, la interpretación de las Escrituras, insertando conocimientos sobre Astronomía, Matemáticas, Agricultura, Música, Literatura, y casi todos los demás campos del conocimiento humano.
Otra de las cultas mujeres de la época es Eloisa, abadesa del monasterio fundado por su esposo, Pedro Abelardo, a quién él mismo define como "profunda conocedora de las letras" y que tuvo un gran conocimiento de la cultura clásica, la Filosofía y la Literatura. Son las normas de fundación del monasterio que las monjas del Paracleto , curioso y caprichoso nombre para su monasterio, sepan latín, griego y hebreo sin necesidad de tener, para ello, que realizar largos viajes y gastos.




Monumento funerario de la priora Eloisa y su esposo el Abad Pedro Abelardo en el  Cementerio del Padre Lachaise en París

También encontramos "magistrae" fuera de los muros de los monasterios como revelan las cartas de Roberto de la Sorbona, predicador de la corte del rey de Francia Luis IX a mediados del siglo XIII, y  fundador de la universidad de París, que revela sus estrechos contactos con el entorno de las beguinas, primero de Cambrai y luego de París, y la alta estima que tiene por aquellas. 
En la Edad Media las beguinas, son laicas consagradas que viven en su propia casa o en pequeñas comunidades especiales, y dedican su vida a la oración, el trabajo, la asistencia a los pobres y enfermos y a tareas intelectuales. De hecho se constata la compra de textos en las librerías del entorno de la Universidad de París que luego copian y difunden. El propio Roberto confiesa el aprieto en el que una beguina de Cambrai le puso durante uno de sus sermones al hacerle alguna observación intelectual y Raul de Chateauroux, uno de los primeros miembros de la Universidad de la Sorbona, deja constancia de su aprecio por la elocuencia de Agnés d'Orchies, maestra de las beguinas de París, asistiendo con frecuencia y tomando nota durante sus sermones.





Como magistra se reconoce también a la gramática Guisla y otra dama magistra citadas en un documento del siglo XI de la catedral catalana de Vic, entendiendo que puede tratarse de dos profesoras de gramática y literatura latina y griega de una escuela y a Beatriz, maestra privada de la condesa de Anjou, citada en un documento del siglo XII.
Para una escuela medieval no hay necesidad de estructuras u organizaciones rígidas sino que la acepción engloba la reunión de discípulos alrededor de un maestro o una maestra, alguien particularmente bueno para enseñar sobre una o varias materias y que, incluso hasta el siglo XV,  los maestros "laicos" enseñan en casa. 
El cronista Matteo Paris, a principios del siglo XIII, afirma que su contemporáneo, el gran filósofo de  John de Basingstoke, que había estudiado durante un período en Grecia, le debía  su aprendizaje a Constantina,  hija del obispo metropolitano ortodoxo de Atenas , quien había sido su magistra, y que ya a los  diecinueve años era experta en las siete artes liberales, siendo matemática y astrónoma y de la que el propio Juan de Basingstoke presume apodándola  "segunda Catalina", es decir, asimilándola a Santa Catalina de Alejandría, como vimos mas arriba estandarte de la sabiduría femenina.


   

Retrato de Trótula y miniatura del manuscrito Passionibus mulierum, de Trótula.


Mención especial dedicamos a Trotta o Trótula de Salerno (Para saber más de ella), médica de comienzos del siglo XII, cuyas estudios de Ginecología  harán que la afamada escuela llegue hasta el Renacimiento, y Hersenda , quien un documento fechado en 1250  en San Juan de Acre, aparece como médica personal del  Rey de Francia Luis IX, al menos durante la Cruzada.
Si bien es cierto que conocemos ejemplos de mujeres excepcionales a lo largo de la Edad Media en los diferentes territorios no lo es menos que en la faceta literaria destacan especialmente las damas nobles que presiden los círculos poéticos en torno a sus castillos y residencias que acaban transformando en centros de cultura y entre las que destacan Adele de Normandía, mecenas del abad Baudrí de Bourguil y Ermengarda de Narbonne, protectora de Pietro Rogiers.
En este contexto nace un concepto novedoso del amor que frente a las conocidas  chansons de toile y los aubes del siglo XI en las que la mujer sufría y languidecía. A lo largo del siglo XII los trovadores y trobairitzes celebran el placer, en todos los sentidos, la belleza, la sensualidad y la relación carnal con el punto de partida del amante que ha de merecer el amor de la mujer,  sometiéndose al "servicio de amor" , convirtiendo a la dama en el "señor" del trovador, al que le debe absoluta lealtad, únicamente a cambio amor.
Se trata, casi siempre, de grandes damas, las mismas que protegen e inspiran a los trovadores y/o poetas, y que organizan las "cortes de amor", juegos de mesa en clave amorosa, donde disputan los versos con sus "colegas" masculinos o presiden los mismos, como María, esposa del vizconde Ebolo V de Ventadour, de quien conocemos un reto poético con el trovador Gui d'Ussel, pero que también reunía e inspiraba a muchos otros poetas, y  Beatriz, condesa de Día (para conocer mas de Beatriz), que vivió en el último cuarto del siglo XII.



Sepulcro de Leonor en la Abadía de Fontevrault Anjou 

Leonor de Aquitania, nieta del duque Guillermo IX, considerado como el primer trovador,  fue una de las más importantes impulsoras del amor cortés y de la cultura provenzal del siglo XII . Reina de Francia y luego de Inglaterra, en su corte de Poitiers protegió y promocionó a trovadores, entre los que se encontraba Bernardo de Ventadour, intelectuales como Wace, quien  le dedica el Roman de Brut y la Crónica de los duques de Normandía , y Benedetto de Saint-Maure, quien escribe el Roman de Troie para ella.  En su modo de concebir el mecenazgo de las artes,  Leonor contribuye a la definitiva entrada de la figura de la dama como elemento esencial de la sociedad y la literatura. Con su protección de la poesía de trovadores la langue d, Oc se extiende y aparece un nuevo género literario, el de las Novelas de Caballería.
De hecho, su hija hija María, condesa de Champagne, se convertirá en  protectora del autor Chretien de Troyes, el  más conocido autor de novelas caballerescas medievales, convirtiendo su corte en uno de los centros de referencia del amor cortés, mientras su otra hija, Matilde, casada con Enrique el León, duque de Baviera y Sajonia, promociona la traducción de la Chanson de Roland al alemán.
Otra reina de Francia, María, es una de las mas importantes autoras de la Edad Media europea, especialmente por que su obra "Doce Lais Bretones", adapta la tradición prerromana al mundo cortés del siglo XII, lo que nos hace presuponer su gran conocimiento de la cultura clásica en la que se encuentran trazos de la Obra de Ovidio y el poeta normando Wace. Con María la mujer se convierte en el motor de la aventura,  del amor y de la recompensa en la vida del caballero, que se somete lealmente al servicio del amor a la dama que, a su vez, pule la brutalidad del guerrero. Así se pone de manifiesto en la obra de Chretien, donde Parsifal es refinado en sus impulsos por Blancaflor y en el Lanval de María de Francia, que debe aprender el valor del secreto del amor.
En el caso de las universidades, en buena parte de los casos, surgidas al amparo de de la autoridad episcopal y derivadas de las escuelas catedralicias,  se produce una exclusión de las mujeres llegando a llevar ante los tribunales a varias médicas en París en el siglo XIV. Excepcional es el caso de Bolonia donde conocemos discípulas y maestras entre las que se encontraría Andrea, que vivió en la segunda mitad del siglo XIV y era hija del gran maestro de derecho Giovanni d'Andrea. Su hermosura le obligó a tener que enseñar escondida detrás de una cortina para no molestar a sus alumnos, tal y como refiere en el siglo XV  Christine de Pizan.
Ya a finales del siglo XIII, el papa Bonifacio VIII había establecido un claustro estricto y absoluto para todas las órdenes religiosas femeninas, propinando un revés al papel de los monasterios femeninos como lugares de transmisión de conocimiento y presionando para sospechar de las beguinas,  que fueron, en algunos casos, acusadas de herejía, como le ocurrió a Margherita Porete, quemada viva en París en 1310 como creyente del Espíritu Libre, un movimiento herético de tendencias panteístas. De ella queda una verdadera obra doctrinal, "el Espejo de las almas simples", recientemente reevaluado también por los teólogos.


No obstante esa intención imparable de apartar a las mujeres de la cultura se produce lentamente y aún en el siglo XIII conocemos mujeres nobles educadas que incluso estaban dispuestas a ayudar a la Universidad, como Jeanne de Châtel, que ofrece una protección económica para jóvenes de Saint-Jean des Vignes que quieran estudiar en París.
Las mismas mujeres de familias dedicadas al comercio saben leer, escribir y contar, solo para poder administrar negocios familiares junto con sus esposos o en su ausencia, como se atestigua la figura de Beatriz de Nazaret, hija de un comerciante belga (Bartolomé de Tirlemont), que durante su infancia estudió latín y mas tarde se unió a las beguinas de Léau  y de la que se conserva una autobiografía completa en latín y un tratado místico en flamenco bajo el título "Los siete modos de amor".
Dejo aquí el tema para retomar con Cristine de Pizán y sus contemporáneas en próximas entradas del blog.

¡Les deseo una feliz semana!






Bibliografía

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