martes, 4 de febrero de 2014

Lo que el hielo esconde. Estudiando a Otzi.




Helmut y Erika, sin quererlo, identificaron un cuerpo emergente del hielo en la zona del paso de Similaun, una zona de frontera entre Austria e Italia. El deshielo en una zona soleada junto a un saliente rocoso hacía visible los restos de un ser humano; tal vez, pensaron, un montañero perdido. Ayudados del gerente del refugio de montaña en el que se alojaban, removieron sin mucho miramiento la momia hasta que cayeron en la cuenta de que debían notificar este hecho a las autoridades competentes quienes comenzaron a identificar elementos de carácter un tanto extraordinario.
Así empieza el libro Otzi, el hombre de los hielos, escrito por Konrad Spindler, que me compré en 1996. De entonces hasta ahora se han realizado estudios interdisciplinares que han permitido obtener una valiosa información hasta entonces desconocida sobre la prehistoria europea durante la Edad del Cobre.





Ötzi, también llamado “el hombre del hielo” y “el hombre del Similaun”  es la momia congelada por efecto del frío de un varón que vivió hace 5.300 años y fue descubierta en septiembre de 1991 en la planicie subglaciar de Tisenjoch, en los Alpes del valle de Ötz, cerca del Similaun, una montaña en el Tirol del Sur.
Se pensó que se trataba de algún montañero que se había despeñado, pero cuando el cuerpo fue trasladado a la Universidad austriaca de Innsbruck, se comprobó se trataba de un cadáver mucho más antiguo.

Posteriormente se comprobó que el hallazgo había tenido lugar a unos 90 metros de la frontera austriaca, en el lado italiano, así que Italia reclamó, con éxito, la posesión de Otzi y sus pertrechos, pasando a ser custodiados en el Museo Arqueológico de Tirol del Sur, en Bolzano, donde también se ha creado un Instituto de las Momias y el Hombre de Hielo.
Ötzi, desde el principio,  permitió un conocimiento absolutamente novedoso sobre la vida en la Edad del Cobre. La propia momia, sus ropas, útiles personales, y armas se encontraban en un perfecto estado para el reconocimiento de todos y cada uno de los elementos.
Este varón de unos 46 años, 50 kg de peso y estatura de 1,60, de ojos marrones, tenía intolerancia a la lactosa, grupo sanguíneo 0, problemas cardiovasculares, artritis, caries y parásitos intestinales.


Su indumentaria contaba con un cinto dispuesto en la cintura que se anudaba y del que colgaba un taparrabos, unas perneras de tipo leguins realizados en piel de cabra curtida y que se ataban con una tira de cuero al cinto, un calzado  de piel de ciervo con suela de piel de oso, forrado al interior con una estructura trenzada con fibras de  corteza vegetal y un relleno de hierba seca para calentar los pies. Eran unos zapatos impermeables de base ancha que facilitarían el desplazamiento por la nieve. Se completaba la indumentaria de este hombre con un abrigo ajustado realizado con bandas verticales de piel de cabra curtida en dos colores, alternando claro y oscuro, y sobre todo ello una capa impermeable realizada en fibras vegetales trenzadas, un gorro de piel de oso, y una suerte de mochila con estructura de madera y saco de piel.












El cinturón interior se ensanchaba y conformaba una bolsa en la que se encontraron restos de carne seca deshidratada, dos hongos ensartados en una tira de cuero, uno de ellos probablemente de uso medicinal, el hongo del abedul, pues tiene propiedades antibacterianas, y el otro correspondiente a una especie yesquera, que se utilizaría para encender el fuego, un raspador, un  perforador, un disco de piedra perforado, un chuchillito para tallar y una lezna. Colgaba del cinto una funda trenzada en fibra vegetal con un cuchillo de pedernal en el interior. Los pertrechos se completaban con un complejo equipo de armas que incluía un hacha de cobre, un carcaj con catorce flechas y un arco sin terminar, y  recipientes realizados en corteza de abedul.




Otzi presentaba varios tatuajes oscuros en diferentes zonas de su cuerpo, todos ellos de carácter lineal, que enseguida fueron interpretados desde un punto de vista terapeútico: uno en la muñeca izquierda, dos en la zona lumbar de la espalda, cinco en la pierna derecha y dos en la izquierda. Se trata de pequeños grupos de tres o cuatro rayas paralelas que no forman un dibujo reconocible. Recientes investigaciones han puesto de manifiesto que bajo las zonas pigmentadas se encuentran lesiones y áreas degenerativas.




En 2001 el análisis con rayos X y con un escáner mostró que aquel hombre tenía clavada una punta de flecha en el hombro, un venablo que debió atravesarle una arteria causándole una herida de pronóstico mortal y, probablemente, una parálisis del brazo.

La comida sin digerir en su estómago, gamuza, ciervo rojo y una cereal, sugiere que debió ser atacado mientras se sentía relativamente a salvo.
Una herida profunda en su mano y algunas otras (pecho y mano izquierda) , indican que participó en un combate directo y sabemos que no murió de forma instantánea a causa de la herida de flecha sino que la presencia de células sanguíneas secas y fibrina en estado de degradación sugería un coágulo.

Análisis de ADN todavía no publicados, y por lo tanto no confirmados, parecen indicar que en su ropa y armas hay sangre de otras cuatro personas, una en su cuchillo, dos en una flecha y la cuarta en su abrigo. La interpretación actual es que mató a dos personas con la misma flecha, recuperándola en ambas ocasiones, que hirió o mató a un tercero con su cuchillo y que la sangre en su abrigo pertenecería a un camarada herido que cargó sobre su espalda. Su postura poco natural (cara contra el suelo, brazo izquierdo cruzado sobre el pecho) sugiere que no le encontró solo la muerte y la congelación, sino que alguien le disparó, desde unos 20 m de distancia, y luego le giró antes de morir e intentó extraer la flecha de su hombro, arrancando el mástil pero dejando la punta clavada. Parece que recuperar las flechas lanzadas contra el enemigo a batir se considera ya un rito inexcusable.
Antes de morir,  Ötzi además recibió un golpe en la cabeza que haría que su cerebro golpease contra la parte occipital del cráneo, el interior de la nuca, generando una hemorragia en esa zona. El hombre del hielo no sobrevivió mucho tiempo después de este golpe, que pudo ser intencionado o el efecto de una caída tras ser alcanzado por la flecha, algo que probablemente nunca sabremos.



Era, desde luego, un excelente conocedor de la zona del paso de Similaun, tradicionalmente utilizado para el tránsito estacional del ganado, e iba perfectamente pertrechado para atravesar el lugar si bien no debió darle tiempo a tener preparado completamente el equipo  o bien se estropeó durante la huida, pues el arco parece estar inacabado o inservible.
¿Qué tipo de conflicto pudo generar esta huida, ataque y muertes? Aún se desconoce.
Sobre Otzi también se han llevado a cabo estudios de ADN nuclear y mitocondrial, así como análisis de proteinas  que nos dan, en este último caso, mucha más información sobre las condiciones en el momento de la muerte, ya que varían día a día, de una zona a otra, en función de lo que esté sucediendo en ese momento y en cada región del cuerpo.
El ADN, sin embargo, da una información muy uniforme, que no cambia apenas desde el nacimiento sin que importe en qué parte del organismo recojamos las muestras. Por sus características, las proteínas son especialmente útiles para detectar señales de enfermedad o daño tisular.
El análisis de los isotopos de sus dientes y huesos indican que vivió su infancia en el Valle de Isarco o en la parte baja del Valle de Pusteria y antes de morir vivió unos 10 años en el Valle de Venosta. En este lugar conocemos una aldea de la época en la que vivió Otzi que tal vez fuera su hogar.
Otzi tiene al menos 19 parientes vivos en la actualidad. 
El análisis de su genoma indicaba que sufría la enfermedad de Lyme, una infección bacteriana transmitida por garrapatas, y en su estómago se encontraron plantas medicinales empleadas para tratar el dolor de estomágo. En una nueva publicación, se describe como se ha detectado una cepa de la bacteria Helicobacter pylori. Aparte de la patología que conlleva, su análisis es muy interesante porque es de transmisión intrafamiliar y estudiando su ADN se pueden conocer nuestros orígenes. Por sorpresa, se ha detectado que tenía una ascendencia con un tipo muy antiguo de bacteria de la India y con una muy baja presencia del tipo con origen norteafricano, mayoritario en la actualidad entre los europeos. El dato daría nuevas pistas sobre el modo en el que los humanos se han mezclado y han migrado en los últimos 5.000 años de existencia. 
Los científicos se sorprendieron al constatar, mediante la secuenciación del genoma de la cepa de la bacteria Helicobacter pylori, o H. pylori, que tenía una ascendencia con un tipo muy antiguo de bacteria de India, señala el estudio publicado en la revista especializada Science. 
El estudio llevado a cabo por un equipo de científicos liderado por Albert Zink, director del Instituto de Momias y del Hombre de Hielo de Bolzano (Italia). A nivel patológico, de como afectaba esta bacteria a la vida de esta persona, afirman que no obstante, no se puede “decir cómo de severa era la infección”, explica Frank Maixner, coordinador del instituto y primer autor del trabajo. 
El hallazgo va en contra del hecho que la mayoría de los europeos modernos tengan una H. pylori de una cepa de origen norafricano, explican los expertos. 
Estas bacterias, que pueden provocar úlceras o un cáncer, están presentes en el estómago y en los intestinos del humano desde hace al menos 100.000 años, lo que explica que diferentes cepas evolucionaron al contacto con otros grupos humanos que migraron en el globo, indicaron. 
Actualmente 50% de la población es portadora de H. pylori, que se transmite por contacto físico, por ello la secuencia de diferentes tipos de bacterias puede ser usada para establecer una carta histórica de la geografía humana. En la actualidad se conocen siete modalidades originales de Helicobacter pylori dependiendo de su origen geográfico (Europa, Sahul-Australia, este de Asia, Asia central y tres modalidades africanas). Todas estas bacterias se mezclan entre sí y generan una gran diversidad. Por ejemplo la mayoría de los europeos actuales portamos una Helicobacter que es el resultado de la mezcla de dos ramas diferentes AE1 (originaria de Asia central) y AE2 (procedente de África). 
Una de las teorías indica que el cruce entre estas dos cepas habría ocurrido en Oriente Medio antes o durante la última máxima glaciación, periodo alcanzado hace unos 20.000 años. 
Los autores del trabajo han realizado 12 biopsias del tejido gastrointestinal de la momia y han hallado suficientes rastros de H.pylori. Gracias a ello han podido reconstruir el genoma completo de la bacteria. El resultado arroja una sorpresa. Las bacterias del intestino de este hombre se asemejan genéticamente a la rama asiática del microorganismo. De hecho tiene una similitud genética muy grande con genomas de Helicobacter extraídos en individuos indios. Puede considerarse un representante puro de la rama asiática. De confirmarse esta observación, el cruce entre la cepas originarias de Africa presente en los europeos de hoy debió producirse más tarde, durante las migraciones del Oriente Medio en los últimos 5.000 años. El dato daría nuevas pistas sobre el modo en el que los humanos se han mezclado y han migrado en esos miles de años de existencia. 
La cepa asiática hallada pudo ser portada por los migrantes que inventaron la agricultura en Oriente Medio hace 10.000 años y que comenzaron a exportarla hacia Europa hace 8.000 años, explicó Yoshan Moodley, de la Universidad de Venda en Sudáfrica y uno de los autores del estudio. 





Algunos de los elementos que la momia de los hielos conserva nos permitieron retrotraer al IV milenio antes de cristo ajuares que se han conservado en la vida tradicional europea. Para muestra las corozas, capas pluviales  de hierba trenzada que se han usado hasta hace muy poco en la zona noroccidental de la península Ibérica, en la zona del interior de Galicia y Portugal. 
Les aconsejo que vean la película realizada por el alemán Felix Randau en la que se cuidan con esmero ambientación, caracterización y fidelidad arqueológica. Se considera una de las mejores películas ambientadas en la Prehistoria realizadas en los últimos 10 años

¡Feliz Semana!




http://www.prehistoriacuaternaria.net/otzi-un-hombre-prehistorico-de-los-alpes-que-vivio-en-el-3000-a-n-e/
http://news.nationalgeographic.com/news/2013/10/131016-otzi-ice-man-mummy-five-facts/
http://www.lagranepoca.com/23876-oetzi-hombre-del-hielo-alpes-sorprende-sus-visitantes
http://www.arcaicos.es/?module=product&code=34

lunes, 27 de enero de 2014

Un santo en un columpio. Próculo en Naturno




La primera vez que vi esta imagen la bauticé como Santo en el columpio. Ni que decir tiene que no sabía nada del personaje, ni de la acción, ni de su procedencia. La vi, la copié, la guardé y la pinté en diferentes ocasiones sin que me supusiera ningún problema su identificación. Hasta que un día quise saber mas y llegué hasta Naturno, en Lombardía, un lugar maravilloso del norte alpino italiano.








Parece que el templo de San Próculo, que así se llama el personaje de la imagen, fue construido en el siglo VII bajo la advocación del santo mártir. De aquella primera iglesia, no quedan sino los cimientos reconocidos en el transcurso de las intervenciones arqueológicas realizadas. Parece que aquel templo primigenio sucumbió al fuego y en su lugar se levantó este, cuya construcción se supone precarolingia, como ya hemos apuntado.
La belleza e interés de los frescos hallados es este templo ha proyectado su importancia y conocimiento. La supuesta antigüedad de la iglesia hizo suponer a su vez  que los frescos originales se consideraran muy tempranos, concretamente del siglo VIII. 




Conocemos la cuestión de la extensión del culto a los santos y sus reliquias corporales  durante el poder carolingio en el norte del Italia. Así ocurrió, entre otros muchos, con San Próculo, existiendo  varias iglesias bajo su advocación en el territorio veronés. A decir de la leyenda, parece que fue un obispo del siglo IV que tuvo que huir de la ciudad por un enfrentamiento con un teniente, saltando los muros. Pero ¿quien es San Próculo realmente?
Encontramos noticias de un Proculus que fue el cuarto obispo de Verona, Italia. Sufrió la persecución a los cristianos del emperador Diocleciano (284-305) y por ello fué capturado y torturado aunque sobrevivió gracias a que consiguió huir de la ciudad según se cuenta, saltando los muros de la ciudad. Murió años mas tarde en Verona, a donde pudo regresar, habiendo sido enterradas su reliquias en Naturno.

En su memoria se pintaron las paredes de la iglesia con extraordinarios frescos referidos precisamente a este acontecimiento, aunque no faltan otras escenas maravillosas con vacas de colores, ángeles, cortejos, y decoraciones de bandas geométricas. 

De la observación atenta de estas pinturas de datación supuestamente precarolingia pudiera deducirse, junto con la cuestión abordada del papel carolingio en esta zona del sur del Tirol,y esta si que es una opinión estrictamente personal, un estilo carolingio con algunos modos de la pintura románica, fundamentalmente patentes en la propia figura del santo balanceándose para saltar las murallas de Verona.


Además de estas pinturas antiguas se conservaron superpuestos a aquellos primeros, otros frescos de estilo gótico, datados en el siglo XIV que se retiraron , al menos parcialmente, y se exhiben en el Museo de San Próculo.












¡Feliz semana!





http://www.medievalists.net/2014/01/22/under-the-aegis-of-the-saints-hagiography-and-power-in-early-carolingian-northern-italy/

martes, 21 de enero de 2014

Libro de Kells



Icono de la Virgen y el Niño (folio 7º) es la representación más antigua de la Virgen de entre todos los manuscritos occidentales

«Este libro contiene la armonía de los cuatro evangelistas buscada por Jerónimo, con diferentes ilustraciones casi en cada página que se distinguen por variados colores. Aquí podéis ver el rostro de majestad, divinamente dibujado, aquí los símbolos místicos de los evangelistas, cada uno con sus alas, a veces seis, a veces cuatro, a veces dos; aquí el águila, allí el toro, allá el hombre y acullá el león, y otras formas casi infinitas. Observadlas superficialmente con una mirada ordinaria, y pensaréis que no son más que esbozos, y no un trabajo cuidadoso. La más refinada habilidad está toda ella alrededor vuestro, pero podríais no percibirla. Mirad con más atención y penetraréis en el corazón mismo del arte. Discerniréis complejidades tan delicadas y sutiles, tan llenas de nudos y de vínculos, con colores tan frescos y vivaces, que podríais deducir que todo esto es obra de un ángel, y no de un hombre.»

Giraldus Cambrensis (Gerardo de Gales), siglo XII. Topographia Hibernica 


En el folio 34º aparece el célebre monograma de la Encarnación, compuesto por las letras Xi (Χ) y Ro (Ρ), que son las dos primeras letras de la palabra Cristo en griego(ΧΡΙΣΤΟΣ).

El Libro de Kells está considerado como uno de los manuscritos iluminados más relevantes del arte religioso medieval y el más importante del arte cristiano irlandés. 

Conservado y expuesto de modo permanentemente en la Biblioteca del Trinity College de Dublín (cada día se pasa una hoja del manuscrito para ser admirado y estudiado), el Libro de Kells es una obra tardía del grupo de manuscritos iluminados elaborados en diversos monasterios de Irlanda, norte de Inglaterra y Escocia entre los siglos VI y IX. 


Este manuscrito recoge, principalmente, el texto de los cuatro evangelios, cuyo carácter sagrado y místico se refuerza con la serie de ricas y complejas decoraciones que le acompañan.


Fue escrito y adornado sobre vitela, que es un tipo de piel de ternera que proporcionaba una superficie de escritura mucho más suave que cualquier pergamino disponible en ese momento. 

El libro es bastante grande, aunque no está completo ya que contiene 340 folios de los 344 entregados en el Trinity College, sabiendo que ya entonces faltaban muchas páginas



El folio 29 contiene el incipit del Evangelio de Mateo, llamado Liber generationis.


El diseño del Libro de Kells comienza con las letras iniciales que están decoradas con tintas de color dorado y plateado, así como en otras tonalidades de colores brillantes, siendo la gama de colores muy amplia y variada y la fuente de obtención de los pigmentos un alarde de riqueza y complejidad ya que fueron importados de todos los rincones de Europa, y objeto de profundos estudios: el negro se obtuvo de las velas, el rojo brillante del rejalgar, el amarillo del oropimente, el verde esmeralda de la malaquita pulverizada y el carísimo lapislázuli, de coloración azul, procede del noreste de Afganistán.


Entrelazados en las letras a menudo se pueden encontrar aves muy imaginativas, mamíferos, reptiles y plantas, así como referentes de los bestiarios. 



Se considera que el Libro de Kells es un excelente ejemplo del estilo Hiberno-Sajón, una forma que remonta sus orígenes al precristianismo irlandés y que se caracteriza por las iniciales  muy elaboradas y la ornamentación que utiliza motivos de animales, así como el extraordinario uso del color, uno de los aspectos más hermosos del Libro de Kells.

Cuando se escribió el Libro  hace más de 1000 años, Irlanda tenía una población de menos de medio millón de habitantes distribuida en poblados fortificados  costeros y en aldeas que remontaban las vías fluviales del interior.

En líneas generales, la iglesia irlandesa estaba organizada en monasterios que se constituían como comunidades dedicadas al estudio de la palabra de Dios, al ayuno, y al trabajo manual. 

El mensaje de la vida de Cristo se extendía principalmente por medio de los evangelios, adquiriendo los escribanos e iluminadores que los producían una posición privilegiada en la sociedad irlandesa.




Los cuatro evangelistas


Desde hace tiempo, el Libro de Kells se ha asociado a San Colum Cille ( aprox. 521-597 d. de C.) quien, alrededor del año 561, fundó el principal monasterio
en la isla de Iona, cerca de la costa oeste de Escocia.


Abadía de Iona


Probablemente, el Libro  fue creado por los monjes de Iona a principios del siglo IX, parcialmente en la misma Iona o en Kells (Condado de Meath) donde se trasladaron después del año 806 d. de C., cuando Iona fue saqueada por los Vikingos en un ataque en que sesenta y ocho monjes perdieron la vida. Está claro que el libro se encontraba en Kells, al menos desde el siglo XI pues existen diferentes documentos de esta época que lo mencionan.
Alrededor de 1653, por razones de seguridad durante la época de Cromwell, se envió el Libro de Kells a Dublín. Llegó a Trinity College por mediación de Henry Jones, después de que éste fuese nombrado obispo de Meath en 1661.




Torre del Monasterio de Kells




En la actualidad se ha realizado una magnífica versión digital del manuscrito de Kells para facilitar la visualización indirecta del mismo, con una gran calidad de imagen.








http://digitalcollections.tcd.ie/home/index.php?DRIS_ID=MS58_003v



¡Feliz semana!















http://www.tcd.ie/Library/bookofkells/assets/pdf/Spanish%20LO.pdf http://es.gloria.tv/?media=246559
http://es.wikipedia.org/wiki/Libro_de_Kells

martes, 14 de enero de 2014

Peines medievales.







Crecí con unas pocas leyendas, muy pocas, pero de todas ellas recuerdo como si fuera hoy la de la  mora de tez blanca y pelo rubio que peinaba sus cabellos con peine de oro en la entrada de la cueva de la Fuente de la Mora, en el cercano valle del Valcorba, junto a Aldealbar. La mora de la cueva era vista por los caballeros y sin decir una sola palabra enamoraba a los hombres que la veían sin hacer otra cosa que peinar su larga melena. Que el peine fuera de oro no hace sino ahondar en el mundo mágico de los tesoros y las hadas de las cuevas custodias de esas riquezas, tal y como se reconocen en toda la Península Ibérica.



Aquellos seres fantásticos no son los únicos representados en actitud de peinarse. En los bestiarios medievales, las sirenas, mitad mujer mitad pez, son representadas acicalándose con un peine y un espejo en la mano, entre otros elementos.

Sobre asta, marfil de elefante, hueso, diente de hipopótamo e incluso colmillos de mamut o, los mas pobres y probablemente mucho mas cotidianos, sobre simple madera,  los peines son conocidos de uno a otro lado de Europa desde la Prehistoria hasta la actualidad, ya sea entre los sedimentos de un poblado calcolítico  como los Millares, en Almería, Abydos, de la primera dinastía egipcia, el mundo tartésico o púnico de Carmona o Medellín, las ciudades de la Grecia helenística, las del Imperio Bizantino, los castros hispanovisigodos como el de la Ventosa, en Cacabelos (León), las ciudades islámicas, los obispados ingleses y las casas de las ciudades medievales.



Peine visigodo de Cacabelos, fabricado en hueso. Procede del Castro de la Ventosa



Las púas en doble y contrapuesta hilera se fabrican para su uso práctico de aseo, como aderezo y ornato de cabeza e incluso como elementos simbólicos, siendo decorados mediante motivos geométricos simples, otras veces profusamente tallados e incluso pintados.
               
        

Peine medieval completo procedente de Pamplona. Fabricado en madera y decorado con motivos sencillos de carácter geométrico.

La excepcionalidad de la conservación de aquellos fabricados en madera, seguramente los mas utilizados y los peor conservados, radica fundamentalmente en la naturaleza de la materia prima y en las condiciones necesarias para preservar este tipo de material orgánico durante siglos. 
Es el caso de los peines medievales que aparecieron en Pamplona durante la excavación arqueológica realizada en 2005-2006 con motivo de las obras de rehabilitación del Palacio del Condestable en el fondo inundado de la caja de piedra de una noria de sangre,  en el llamado Patio de Pellejerías. Aquellas piezas se conservaron a lo largo de mas de 700 años gracias a hallarse sumergidas en agua y no haber variado sus condiciones a lo largo del tiempo. 
Se trata de tres peines dobles para uso personal, datados en los siglos XII-XIII, uno de los cuales se conservaba íntegro y los otros dos fragmentados, decorados en dos casos con motivos geométricos. 
Estos materiales lígneos que habían permanecido sumergidos en agua durante tanto tiempo  se mostraban blandos y frágiles. Sabedores que su extracción del lugar donde se encontraban depositadas, en un medio anaeróbico, supondría su casi inmediato deterioro y destrucción por  los efectos de la desecación,  las instituciones navarras solicitaron la colaboración con el Ministerio de Cultura para su restauración. Los peines y otras piezas de madera como una copa, se depositaron en los talleres de restauración del Museo Nacional de Arqueología Marítima y Centro Nacional de Investigaciones Arqueológicas Submarinas, en Cartagena (Murcia), especializado en el tratamiento de materiales sumergidos  y donde se llevó a cabo su desalinización, consolidación y limpieza.

Estos peines fabricados para el aseo son muy parecidos a las peinas actuales.
Mientras este caso de Pamplona se realizó en un contexto doméstico, hay otros casos en los que el propio lugar de reconocimiento de la pieza arqueológica nos pone sobre la pista de usos diferentes. 




Tal es el caso del peine que apareció dentro de una caja de madera en la necrópolis de la basílica de San Prudencio, en Armentia (Vitoria), hallado bajo el cráneo, a la altura de la nuca, de la inhumación nº 85, lo que le ha valido su interpretación como pasador o adorno de cabello. Sin embargo, durante la Edad Media fue frecuente la asociación de peines a las figuras de los santos y los obispos otorgándoseles un carácter litúrgico. Conocemos diferentes casos asociados a la consagración de obispos, como ocurre con el objeto de márfil procedente de la abadía inglesa de San Albano, en el que se tallaron, con profusión de detalles, escenas de la infancia de Jesús (la matanza de los inocentes y la visita de los Magos) datado en el siglo XII y que se halla expuesto en el Museo de Victoria y Alberto de Londres,  

 

Parece que se trata de peines cuyo uso simbólico serviría para limpiar la cabeza de los prelados de los malos pensamientos. La sencillez de este argumento no deja de sorprenderme.


En la Catedral de Roda de Isábena hubo dos de aquellos peines litúrgicos, ambos en márfil,  uno de ellos pintado conocido como peine de San Ramón I, que fue robado por el expoliador conocido como Erik el Belga y que nunca ha sido recuperado. En la misma catedral se conservó un peine litúrgico tallado con un sacerdote copto y una gacela comiendo hierba en el reverso, el denominado San Ramón II.



                                                  
                              








Peines litúrgicos de marfil tallado se custodian también en el Museo de la Catedral de Orense, procedentes del monasterio de Celanova. Son conocidos como los peines de San Rosendo, ya que aparecieron dentro de su enterramiento cuando se exhumó a comienzos del siglo XVII. Estos elementos comparecieron junto a su báculo, piezas de ajedrez, etc. Uno de ellos se decora con arabescos en negro y dorado respondiendo a un tipo conocido como siciliano (al igual que el de Roda de Isábena); mientras los otros dos forman parte de una pareja, el uno de motivos calados y el otro tallados; todos ellos han sido datados en el siglo XII.

Pero mas acá de consideraciones litúrgicas, el aseo personal, la necesidad de mantener el pelo limpio y bien colocado, pusieron al alcance de las gentes estos útiles peines o peinas, que en algunos casos, junto a los espejos, son objeto de atención en las representaciones pintadas o esculpidas, al parecer como símbolo de la vanidad y la lujuria.


     
     

Psalterio de Lutrell con una dama acicalándose frente al espejo que sujeta su sirvienta en la que se aprecia espejo, peine y cajita o cofre.


En la colección de cuentos de Aurelio M. Espinosa (2009) que recopila tradiciones orales, se recoge la creencia de que el peine en manos de mujer puede cobrar atributos mágicos. Cuando Blancaflor es perseguida por su padre -el diablo- en el caballo del pensamiento (mientras que ella y su esposo cabalgan el del viento) y está a punto de ser alcanzada, echa en varias versiones hispánicas, entre otras cosas, un peine y así o gracias a ello, surge un bosque de pinos o algo semejante que se convierte en barrera casi infranqueable.  El cuento está sujeto a muchas variantes y está extendido por todo el planeta. 
Hasta tres versiones de esta tradición han sido recogidas en el artículo "Blancaflor en Galicia". Gracias a Rosario Soto, he accedido a estos interesantes datos, quien me ha hablado de historias arcaicas, recopiladas en algún caso en el poemario germánico Edda Mayor, de héroes ultrajados que no vuelven a lavarse ni a peinarse mientras no recupere su honra. 
Carmen Leal, especialista en la Irlanda antigua, me cuenta como en las leyes consuetudinarias irlandesas (Uraicecht Becc), lo más bajo del mundo y de la categoría artesanal era el fabricante de peines. Su precio de "honor" -lo que se le pagaba en caso de ser víctima de algo por lo que hubiera multa- era una becerra añoja o más bien la mitad de media vaca lechera. En otro manuscrito legal (Bretha Némen toísech) es así porque "tiene que disputarle a los perros del albañal el material de su trabajo". 
No hay nada que me guste mas que aprender. Así me lo cuentan y así se lo cuento.


Que tengan una muy feliz semana!






Para ampliar información y fuentes:

museoarqua.mcu.es/web/uploads/ficheros/dossierpeines.pdf

Ortiz de Errasti, Isabel: Reseña de un viejo peine.

"Blancaflor en Galicia", de Mª Rosario Soto Arias e Luís González García. Publicado en: VIR BONUS DOCENDI PERITUS. HOMENAXE A JOSÉ PÉREZ RIESCO. Universidade da Coruña, 2002, pp 433-451

Galán y Galindo, Angel: Los marfiles del Museo de la catedral de Ourense.