martes, 11 de marzo de 2014

La Virgen de la Armedilla. La madre era, entonces, un trono






La Virgen de la Armedilla
Es pequeña y milagrosa
Y en medio de la corona
Se para una mariposa.



(fragmento de la rogativa a la Virgen de la Armedilla)


El regazo materno es sinónimo de acogimiento, amor y calidez. Acomodados en el los hijos crecemos en cuerpo y emoción alimentados, mecidos, besados. De el nos alejamos cuando nuestros pies y piernas se hacen exploradores y a el regresamos al sentirnos desdichados o en peligro. Es un nido de fuerza y seguridad que te convierte en reina de las atenciones. Un trono de fortaleza...es tantas cosas.....





Cuenta la leyenda  que unos pastores encontraron una imagen de la Virgen María escondida en la cueva de la Ermitiella. Hacia 1651, unos 600 años después de haber desaparecido ese peligro,  el  párroco cogezano D. Juan de Rodrigo escribe, en un singular refrito cronológico, que en el año 714 los cogezanos la llevaron a la Armedilla para esconderla de moros, que apareció en 930 y que la sirvieron cuatro sacerdotes hasta 1147. 

Asociada a una cueva y al agua, la virgen debió constituir un reclamo para la cristianización del lugar (tal y como ocurre en muchos otros lugares en la misma época) y su apropiación territorial convirtiéndose además en objeto de veneración y peregrinación en el XII, una vez alejada la confrontación con el poder islámico hacia el Tajo y en constitución la reorganización territorial del comunidades de Villa y tierra al sur del río Duero.


Cabecera de la iglesia semirupestre construida en la zona de la cueva que da origen al hallazgo legendario de la imagen de la Virgen de la Armedilla.


Desde entonces hasta ahora la imagen románica de la virgen de la Armedilla ha sido venerada, visitada, agasajada, procesionada, custodiada, transformada y finalmente restaurada y reivindicada. 


Ruinas del Monasterio de la Armedilla, Cogeces del Monte (Valladolid)

Hoy se encuentra acogida en la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, en Cogeces del Monte (Valladolid), a donde se ordenó su traslado tras el abandono forzoso del monasterio jerónimo de la Armedilla impuesto por la desamortización del ministro Mendizábal. Allí estuvo, en un retablo barroco hasta su desmontaje total, permaneciendo, en la actualidad, colocada sobre una repisa de piedra caliza blanca de Campaspero, desnuda de ornato, flanqueada de flores desde su tratamiento de restauración, en paciente espera para ser descendida en el mes de agosto, cuando empieza la novena que precede a romería anual que la devuelve, desde hace veinticinco años, siquiera por unas horas, a su antiguo convento. 



Situación actual sobre la pared norte de la parroquial de Cogeces del Monte, Valladolid.




Fotografía de la virgen en la hornacina central del retablo barroco del lado del evangelio de la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción ( Cogeces del Monte, Valladolid), actualmente desaparecido, antes de su restauración.

Su desnudez definitiva se debe a una decisión controvertida originada por la ruptura con viejas costumbres en época de Don Gabriel, el párroco de Cogeces del Monte en los años 60 y 70.

Antes de esta drástica orden parroquial era una imagen de vestir. Su atención permanente recaía en la Camarera de la Virgen de la Armedilla, quien se ocupaba de bajarla del retablo y en un canasto cambiarla de enaguas, mandil, manto y toca, recolocar sus manos, ponerle al niño Jesús de Malinas en las mismas, así como el bello rostrillo y la corona de bronce. La mayordoma o camarera guardaba celosamente en su propia casa los ropajes de la virgen y sus joyas en un cargo vitalicio y hereditario, entre mujeres, de madres a hijas. Nadie mas que ellas asistían a la muda de la Virgen, advirtiéndose a los curiosos y niños que no podían acercarse por que la virgen estaba pariendo. La última de aquellas encargadas fue la señora Concepción Redondo, ya fallecida.



Detalle de la cara de la imagen restaurada  vestida para la exposición Ropajes Litúrgicos (Gihec, -Grupo de Investigación histórica y Etnográfica de Cogeces del Monte-, Agosto Cultural 2012)

De entre los lujosos paños conservados, ya perdida la costumbre de vestir esta talla , destacan los conjuntos de vestido y capa de seda negra y algodón bordados con hilo de plata y el de seda de color salmón.

Desde el siglo XVI hasta mediados del XX la Virgen de la Armedilla se mostraba como una gran señora de amplios y largos vestidos - lo que viene a explicar que anduviera clavada a un leño, dándole una altura de la que carecía la imagen sentada original-. 

Imagen vestida. Manto y vestido en seda negra con bordado en hilos de plata, manos postizas, niño Jesús de Malinas, toca moderna, rostrillo y corona.  Exposición de Gihec  para Agosto Cultural 2012. Capilla de la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción. 


La ennegrecida virgen , una vez desprovista de sus joyas y ropas, volvía  a ser una escultura románica sentada en un trono,  con el niño en el regazo. 

Convertirla en imagen de vestir supuso la mutilación de las manos primigenias, una costumbre nada desconocida, y la utilización de unas prótesis mas acordes con los gustos y usos litúrgicos modernos. Puede que las originales sean unas manos guardadas en la sacristía, aunque este extremo no esté comprobado. De igual modo se serraron los pies y se rebajó el contorno de la cabeza. Esta mutilación de imágenes sagradas, documentada en no pocas ocasiones, no era reprobable y venía de la mano de imperativos estilísticos y conceptuales modificados por la liturgia. 


Talla inmediatamente antes de ser restaurada, año 1986. Se advierten las sales blanquecinas provocadas por la humedad, su posición anclada al tronco de madera y las manos negras de la imagen de vestir.


Durante mucho tiempo la imagen se consideró una virgen negra,  pero la restauración realizada en 1986 por Don Francisco y Doña María del Carmen Santamaría, bajo el patrocinio de la Caja de Ahorros Popular, puso de relieve que solo las manos postizas eran de color negro y el ennegrecimiento aparente no era mas que superficial pues el rostro original era claro y los ojos de un azul intenso.

La escultura se talló en madera de pino con la parte trasera ligeramente ahuecada para aligerar el peso de la talla. Se advierte el engasado de la pieza mediante lienzo de lino, el yeso que la recubre y la policromía original en un aceptable estado de conservación (habida cuenta de los perniciosos efectos de la humedad, sales y xilófagos que durante décadas causaron estragos).


La imagen preparada para su traslado anual en procesión hasta el Monasterio de la Armedilla el tercer sábado del mes de agosto de 2013.

La imagen de la virgen comparece vestida con un brial o saya dorada decorada con bandas verdes adornadas de soles de oro las mas anchas que alternan con estrechas líneas, un manto sobre los hombros, ribeteado en rojo y ajustado sobre el pecho con un prendedor y una toca larga a juego ceñida a la cabeza por una diadema, mientras que la del niño ha perdido casi por completo su policromía. Las ropas se ciñen por completo al volumen de los cuerpos.

El niño, sentado, porta en su mano conservada el orbe, disponiéndose el brazo de la otra mano, desaparecida,  en actitud de bendición.

En conjunto responde a un tipo de imaginería medieval de la virgen como trono de Dios, trono de la sabiduría, convirtiendo sus brazos en los apoyos, sosteniendo un niño adulto con el que no mantiene ninguna comunicación visual, pues ambas figuras se muestran hieráticas mirando al frente. Es una madre de Dios (Theotokos), además de madre de Cristo (Cristotokos) y como tal madre se asentaba a su vez sobre otro trono, el de reina y madre, perfectamente identificable en la decoración pintada. Este asiento cómodo sobre un mullido almohadón, en color blanco, se encuentra aún hoy decorado en un juego geométrico y floral de pequeñas cuatripétalas. 

Esta imagen, probablemente realizada en el último cuarto del siglo XII, no pudo ser escondida de moros, pues este peligro desapareció a finales del X, cuando aún no existía el arte románico.
Muy probablemente fue encargada para ser venerada en la cueva de la Armedilla cuando esta era una ermita semirupestre y el concejo de Cuéllar ordenaba el territorio como podía; una zona a la que los cistercienses de Sacramenia no hicieron el aprecio que los cuellaranos les demandaron.

La madre era, entonces, un trono.

¡Feliz semana!








Fotografías: Consuelo Escribano, José María Sacristán, Miguel Herguedas  y Archivo Parroquial

http://gihec.blogspot.com.es/2013/09/la-rogativa-la-virgen-de-la-armedilla.html

http://ermitiella.blogspot.com.es/2013/11/la-armedilla-cogeces-del-monte.html


Enciclopedia del románico.
http://books.google.es/books?id=1nFDEol8FO4C&pg=PA184&lpg=PA184&dq=virgen+de+la+Armedilla&source=bl&ots=I6CKR3kFJR&sig=cCEOm99ElioBf3pQQWSyUDphVE4&hl=es&sa=X&ei=usodU6CsMIHE7AbXi4D4DQ&ved=0CHUQ6AEwCTgK#v=onepage&q=virgen%20de%20la%20Armedilla&f=false

Dialnet-EnTornoALosOrigenesDelMonasterioDeSantaMariaDeLaAr-2910975.pdf




martes, 4 de marzo de 2014

San Miguel de Gormaz. Buscando y restaurando pinturas






Descubrir bajo capas de enlucido de cal unos ojos enfrentados a los tuyos da lugar a emociones intensas y complejas, pues al propio hallazgo se une el carácter y la entidad de los descubierto. 
Esta experiencia es maravillosa y se convierte, en ocasiones, en un hito indispensable de tu vida profesional. Puede que ocurra pocas veces, pero en Gormaz ocurrió dos veces. La primera, por suerte, me tocó a mi con el hallazgo de un santo en el muro sur de la nave, cuando buscaba una ventana. La otra,  se reveló en el proceso de cateado de los restauradores en Gormaz, cuando ante la tranquila paciencia de la restauradora, apareció la cabeza antropófaga cabalgada por el perro del infierno terrible, eterno y torturador de los cristianos del siglo XII.




La llegada  a Gormaz en 1997 de los técnicos restauradores viene de la mano de la necesidad de llevar a cabo un diagnóstico de las pinturas recién descubiertas en los paramentos de la ermita. 

Al cateado iniciado por los arqueólogos, la documentación de la paloma románica escondida tras el altar de la cabecera, y la existencia de pinturas barrocas perfectamente reconocibles, de mala calidad y conservación muy deficiente, se añadía una nueva intervención destinada al muestreo completo de los muros con el fin de determinar la extensión, características, estado de conservación y establecimiento de pautas de trabajo sobre estas pinturas.

Evidentemente, fue prioritaria la contextualización de lo ya conocido,  por lo que el muro sur de la nave de la ermita se convirtió en el primer sector de trabajo, permitiendo reconocer que la superficie pintada abarcaba todo el desarrollo en altura mientras que logitudinalmente se interrumpía hacia la mitad de la nave, coincidiendo con la puerta de acceso principal.





Mientras se van produciendo estos trabajos se van abordando cuestiones de índole arquitectónica, entre las que la consolidación de la bóveda de la cabecera y las sustitución de la cubierta del edificio se muestran como una emergencia ineludible. Las soluciones aportadas para su ejecución fueron sofisticadas pues la conservación de las pinturas que llegaban a nivel de coronación de los muros se mostraba como prioritaria. De este modo se habilitó una cubierta provisional sobre todo el conjunto que evitara que los efectos de las lluvias pudieran generan una complicación mas en el proceso.


Una vez conseguida la estabilización de algunos de los problemas mas graves del edificio comenzó a establecerse un protocolo de actuaciones en el interior determinándose la necesidad de proceder a tapar, de forma temporal, las pinturas descubiertas para finalizar el proceso de excavación en el interior del templo. Esta proteccion se realizó mediante la aplicación de resinas acrílicas, tisú y cartonajes.





Meses después, finalizada la excavación arqueológica de la nave, la cabecera y el pórtico, pudieron retomarse el trabajos de documentación y consolidación de las pinturas.



De todos y cada uno de los enlucidos se tomó muestra para su estudio, así como de la estratigrafía de aquellos con el fin de establecer relaciones de antero-posterioridad y adscripción cronológica relativa.





Las pinturas románicas se habían realizado al temple o temple graso, siendo esta última técnica reservada a los acabados mas empastados. Entre los aglutinantes se utilizaron el huevo en los temples y el aceite de linaza mezclado  con huevo en los temples grasos. Los pigmentos  utilizados eran el carbonato cálcico y albayalde para los blancos, el carbón para los negros, tierras de color ocre y tostado para los pardos y tierra roja y bermellón para los rojos.

La composición de los morteros permití la identificación de características bien diferentes que hacían mas fácil su identificación y relación estratigráfica.

En la zona del ábside al problema de las grietas producidas por una cuestión relacionada con la ladera en la que se asienta el templo, se añadía el hecho de que la superficie pictórica románica fue picada para facilitar el agarre del mortero que amortizó la antigua decoración, que existían lagunas producidas por los elementos de sujeción del retablo barroco, etc. ¿Cómo abordar entonces su restauración de modo que se facilitara su conservación y comprensión sin introducir un diseño extra?



Una de las piezas, desplazada por el efecto de una grieta, fue arrancada, consolidada y recolocada en el ábside.

Este arranque puntual partió de un engasado previo, la preparación de un contramolde y la habilitación de un nuevo soporte en paneles de Aerolam F. Board.




Se propusieron soluciones poco intervencionistas (máximo estudio/mínima intervención), se llevaron a cabo  numerosas muestras de trabajo   y se optó por el tratamiento de las lagunas con un rehundido ligero de los nuevos morteros pigmentados con una veladura de color muy similar (un tono ligeramente mas bajo) y una textura claramente diferente al inmediatamente adyacente, obteniendo un resultado estético impecable y una lectura iconográfica reconocible.






En la nave, no existía el mismo problema, pues nunca fue repicada la pintura, aunque de modo inexplicable, los registros inferiores del dibujo románico habían desaparecido prácticamente enteros. Gracias a unos cuantos vestigios diseminados ha sido posible su reconstrucción digital. 

 

La limpieza y tratamiento de los muros pintados en el aula se realizó con extraordinarios resultados. La superficies manifestaban un grado de pulverulencia mas evidente en el muro norte, una cuestión que había supuesto un deterioro mas que notable.
También se detectaron evidencias de antiguas humedades que pudieron ser la causa de pérdidas importantes de los paneles pictóricos.
El tratamiento consistió en la fijación de la capa pictórica con resina acrílica, la posterior consolidación de los estratos de mortero con inyecciones internas de mortero de relleno y resinas de adhesión y la consolidación y fijación de pinturas y morteros.







Las pinturas románicas se asentaban sobre un mortero tendido a tales efectos sobre los enlucidos prerrománicos del último cuarto del siglo XI. 
Esta superficie original, de una gran calidad, no solo se hallaba repleta de grabados sino que además presentaba una serie de cruces trazadas a compás y pintadas en rojo. Se conservan 8 de las posiblemente 14 que fueron y tal vez se expliquen como elementos relacionados con la consagración del lugar o formen parte de un antiguo rito de Via Crucis.










Además de las analíticas de los morteros y las pinturas se puso en marcha un trabajo de dibujo a línea de las pinturas sobre la planimetría existente.




A tenor de la valoración de la intervención de los restauradores sobre las superficies pintadas, de la documentación de los arqueólogos sobre la existencia de grafitos murales y de la aplicación de nuevos criterios en la redacción del proyecto arquitectónico, se decidió llevar  a cabo un minucioso proyecto de restauración de los muros de San Miguel. 




 Continuará....


!Feliz Semana!


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El equipo de restauradores estuvo integrado por los técnicos de las empresas Coresal, en primer lugar, e In situ, después coordinados por D. Carlos Tejedor Barrios. La dirección de las propuestas y ejecución de los trabajos corrió a cargo de Doña Lucrecia Ruiz Villar y D, Javier García Vega.

Las analíticas de pinturas y morteros fueron realizadas por Luis Valdeón Méndez, D. Enrique Parra Crego, Doña Mercedes Barrera, Doña Cristina Escudero y D. Alejandro del Valle. 

Las fotografías corresponden al archivo de las intervenciones de Coresal e In Situ, así como los dibujos a línea. Otras fotografías son de Alejandro Plaza.


Consuelo Escribano Velasco, Elena Heras Fernández (Coord.); 2008: San Miguel de Gormaz. Plan integral para la recuperación de un edificio histórico. Junta de Castilla y León

cuyo enlace digital  es

http://www.patrimoniocultural.jcyl.es/web/jcyl/PatrimonioCultural/es/Plantilla100Detalle/1284217294125/_/1284217533401/Redaccion

















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martes, 25 de febrero de 2014

Arqueología en San Miguel de Gormaz, Soria. Era invierno.



En noviembre de 1996, en el interior de San Miguel, casi no había luz. Trabajar con frío y sin iluminación apenas, exigía recurrir a un generador de gasoil, unos focos, unas linternas de tipo cíclope, andamios para el cateado de los muros, etc. Por primera vez los recursos y herramientas habituales no eran suficientes y hubo que echar mano de medios auxiliares.
Estábamos en mitad de Soria, una zona muy despoblada donde buscar alojamiento no era fácil y los niños iban a la escuela en taxi por que sobraban los autobuses. Encarna, la alcaldesa de Gormaz, nos aseguró que en el pueblo solo había seis vecinos.
Nosotros éramos pocos pero pronto íbamos a ser muchos mas. Lo que empezaba siendo un trabajo en un templo sencillo se convertiría en una aventura.
Esta serie de entradas dedicadas a San Miguel de Gormaz intentará desgranar las investigaciones, resultados, anécdotas e innovaciones de la intervención realizada.
Íntimamente relacionada con ellas se encuentra mi propio devenir como arqueóloga, mujer y madre.



En 1996, desde la Sección de Estudios del Servicio de Restauración de la Dirección General de Patrimonio Cultural, se puso en marcha un trabajo de investigación arqueológica en la ermita de San Miguel de Gormaz, una intervención que pretendía dar solución a numerosos interrogantes sobre la caracterización del templo, para el que se suponía un origen visigodo a tenor de una primera aproximación estilística a los relieves de la cabecera.

La naturaleza del edificio, un documento histórico, arqueológico y arquitectónico de primer orden, ubicado sobre la línea del Duero, a los pies del cerro en el que se enclava la fortaleza de Gormaz, justificaban un esfuerzo en la coordinación y aplicación de criterios de actuación comunes a diferentes disciplinas integradas en la Intervención sobre bienes patrimoniales.

Estos estudios, previos al encargo de la redacción del proyecto de restauración fueron realizados en diferentes fases, imbricándose con el trabajo de otras disciplinas y profesionales, complementándose todos entre si, haciendo posible la lectura histórica del edificio como paso indispensable para garantizar la conservación de sus valores culturales.

El punto de partida de la investigación arqueológica en la ermita de Gormaz fue la programación y ejecución de una campaña de sondeos estratigráficos, para pasar después a realizar trabajos de excavación arqueológica mas amplios en el interior de la ermita y a la vez llevar a cabo el análisis estratigráfico de los alzados construidos, una herramienta fundamental para entender el origen y evolución edilicia.

Los trabajos arqueológicos se fueron acomodando además a las necesidades de cada momento, incluyéndose  la prospección arqueológica del entorno inmediato, el control del vaciado de los vanos cegados, etc

Tampoco faltó la consulta archivística de la documentación depositada en el Archivo Diocesano del Burgo de Osma, fundamental para conocer la información sobre las obras realizadas en San Miguel a partir de 1566.

La documentación fotográfica de los trabajos arqueológicos realizados corresponde a una etapa predigital.



Sinopsis de los trabajos arqueológicos y su periodización, para centrar la ubicación y temporalidad de las intervenciones arqueológicas de mayor envergadura.


El cateado murario

Los objetivos fundamentales de la propuesta inicial eran el reconocimiento de algunos vanos que se presumían existentes por la observación directa de los muros y por paralelos con templos prerrománicos conocidos en la zona centro-oriental de la meseta norte.

En el alzado del muro meridional de la nave, al exterior, hacia su sector mas occidental, se creía adivinar una estructura cegada. Se planteó un cateado hallándose una puerta en herradura completamente desconocida hasta entonces. 

El vaciado arqueológico de la misma permitió reconocer las características constructivas de la nave y la nueva puerta certificándose el levantamiento de la fábrica del templo mediante tongadas encofradas de mampostería concertada. La puerta, construida a la vez que el muro era un rectángulo amorterado con dintel de madera al interior y forro de sillares al exterior. el despiece pétreo no era visigodo ni islámico. 


Por vez primera empezábamos a entender que esta iglesia era de origen altomedieval.










El cegamiento de la puerta era imponente y sumamente cuidado por lo que nos resultó extremadamente costoso su vaciado. Aprovechamos para tomar muestra del mortero utilizado para trabar los bloques y de cada uno de los morteros sucesivos utilizados desde el cierre hasta el momento de nuestra llegada.








Un detalle interesante fue el reconocimiento de un pavimento de acceso especialmente diseñado para aguantar el tránsito de las personas por lo que se fabricó con cantos de río. 

Mostraba además las huellas de los batientes de las hojas de la puerta de madera que cerraba el vano.

Las quicialeras de las hojas de cierre se conservaban perforadas en el dintel de madera, en la parte alta de la puerta, y en el propio pavimento, en la parte baja.

Las vigas lígneas del dintel fueron objeto de un pormenorizado estudio dendrocronológico, realizado en el marco de un  proyecto de investigación sobre otros templos como San Baudelio. Como no podía ser de otro modo, arrojaron fechas de la segunda mitad del XI, una cuestión que los arqueólogos ya habíamos entendido como la única posible y viable para interpretar su origen.


En la misma pared meridional, hacia la cabecera y desde el interior de la nave comenzaron las pesquisas para documentar una ventanita abierta a unos 3 m de altura que al exterior se identificó durante las obras de arreglo de la cubierta del pórtico, anterior a nuestra llegada.
Para ello planteamos una pequeña cata de 1x1m. La sorpresa fue el hallazgo, bajo 7 capas de encalado y un mortero durísimo de color rosado, del muro pintado en época románica.





Un hombre anciano, santo y barbado nos miraba. A un lado aparecían ramas de un árbol con frutos de color rojo, al otro un cáliz de vídrio con espigas. Bajo la ventana ornada de volutas en rojo y negro, las almenas de una torre nos ofrecían evidencias de un paisaje de frontera. ¿Sería tal vez una de las atalayas de la zona?

La pintura representaba similitudes mas que razonables para pensar en una mano idéntica a la de San Baudelio, una técnica similar, colores parecidos y motivos decorativos iguales en el interior de la ventana, una vez fue descegada. 




Enseguida buscamos en la pared enfrentada, hallando, de inmediato la ventana cegada correspondiente y la pintura románica bien conservada. Era el momento de hacer una reflexión, comunicar estos hallazgos, que sobrepasaban nuestras posibilidades técnicas y dar entrada al trabajo de los restauradores. Empezaba a perfilarse un equipo interdisciplinar.



La excavación arqueológica

Sólo unas breves pinceladas junto a las fotografías correspondientes para exponer que las primeras pesquisas iban dirigidas a una comprensión aproximada de aspectos tan desconocidos como interesantes: cimentaciones, búsqueda de estructuras desaparecidas, diseño de las diferentes fases edilicias, et.


De los trabajos arqueológicos planteados en la zona de encuentro entre el presbiterio y la nave rectangular dedujimos varias cuestiones de gran importancia: 
1.- El banco corrido que presentaba la nave estaba conformado por tres estructuras de banco superpuestas que se correspondían a los tres niveles de pavimento reconocidos, los dos superiores de losetas de arcilla cocida y el inferior, el original de la nace, de argamasa de cal.

2.- Existía un arco triunfal original realizado sobre la zapata corrida que cimentaba la nave y el presbiterio en esta zona. Este vano desaparecido era de dimensiones mucho mas reducidas que el que veíamos en 1996 y estaba conformado con sillares.







3.- Hacia el interior de la cabecera encontrábamos un amplio relleno de pequeñas piezas de toba que nos indicaban la posible existencia de una bóveda anterior a la que podíamos ver de medio cañón.
La ampliación del área de actuación arqueológica en el interior del ábside cuadrado permitió documentar sistemas de cimentación diferentes en dos de los muros, lo que nos hizo proponer, junto con la toba de relleno, el derrumbe de la primera bóveda de la cabecera, probablemente al entrar en carga, y su recimentación utilizando un sistema mas sólido. Reconocimos también la existencia de algunas estructuras de altar previas, siempre a una cota mas alta que el suelo original de la nave.



Estructuras de altares previos



En la nave, los diferentes sondeos practicados iban ofreciéndonos datos a cerca de la superposición de los suelos y los bancos corridos superpuestos en los que se fueron reutilizando piezas arquitectónicas y estelas funerarias preexistentes, como materia prima.



El muro occidental, el de los pies de la nave empezaba a mostrarnos una estructura diferente con el arranque a ambos lados de una estructura de sillares a la que se asociaban materiales arqueológicos muy tardíos, de hacia el siglo XV. Empezaba a ponerse de manifiesto una de las estructuras de refuerzo del templo fabricada, parcialmente con material reutilizado de época romana, lo que luego entenderíamos como un arco de descarga de la estructura del campanario y su posterior refuerzo mediante un relleno.







El recrecimiento del banco corrido permitió, de forme casi milagrosa, la conservación de pinturas en la zona baja de los muros altomedievales, unas pinturas en color gris y negro que corresponden al remate inferior de unos cortinajes para las que al principio no existía una lectura estratigráfica clara y a las que posteriormente adscribimos al mismo momento y programa iconográfico que el resto de la decoración románica.

El pavimento inferior, el original de la iglesia de San Miguel, era de cal dispuesta directamente sobre la roca de la ladera, que había sido recortada y horizontalizada a tales efectos. 


Excavada en el pavimento hallamos una estructura rectangular revestida de mortero de cal que se encuentra directamente enfrentada a la puerta en herradura, una cuestión que nos puso sobre la pista de que pudiera tratarse de una pila de bautismo para los neocatecúmenos.





La excavación arqueológica planteada en el pórtico tuvo, en origen, el objetivo de reconocer la existencia de necrópolis asociada al templo y las características de esta estructura, su origen y evolución.
Comenzamos en el sector inmediato a la recién descubierta puerta en herradura comprobando la presencia inmediata de tumbas de lajas. Tres niveles superpuestos de aquellas encerraban las inhumaciones de los parroquianos medievales de Gormaz. Hasta 350 individuos fueron exhumados de la necrópolis situada en el interior del pórtico y el entorno exterior de la iglesia.
Su número y singularidad hicieron que se promoviera un estudio antropológico, ampliándose el espectro del equipo de trabajo. Los pobladores de Gormaz, entre los siglos XII y XV no fueron muy numerosos, tenían una corta esperanza de vida, practicaban la endogamia y vivían en durísimas condiciones; no obstante se beneficiaron en ocasiones de la presencia de médicos pues hemos documentado dos trepanaciones craneales con supervivencia, uno de ellos en una mujer.






Una interesante aportación de la excavación del pórtico es la comprobación de que, a pesar de tratarse de una estructura adosada a la nave, su construcción fue inmediata a la de la fábrica original. de hecho ni una sola de las inhumaciones documentadas  se halla cortada por la nueva construcción. así pues, el pórtico es tan altomedieval y prerrománico como la nave.





Las tumbas de lajas, las mas modernas, correspondían a ocupaciones cementeriales hasta el siglo XV y, en ocasiones, reaprovechan materiales arqueológicos procedentes del castillo islámico.

Este pórtico, cegado a nuestra llegada, poseía varias ventanas en forma de herradura y dos puertas mas hacia el exterior.



Hacia el interior, además de la puerta en herradura recién abierta, pudimos reconocer que bajo la puerta de aspecto románico, se hallaban los cimientos de una estructura previa, mas pequeña, que entendemos podría haber sido una puerta centrada en herradura, la correspondiente  a los fieles.



La cimentación de la fábrica original de la ermita de San Miguel buscaba la roca para afianzar la construcciòn sobre una ladera y así se documenta en la práctica totalidad del área. Esa búsqueda del nivel geológico compacto llevó incluso a romper estructuras previas al siglo XI. Es el caso de un silo, un hoyo excavado en la roca, a cuyo relleno se asocian materiales islámicos del X, lo que nos ofrece el dato de la existencia de una ocupación de las tropas del califato acantonadas en las laderas del cerro del castillo.

En el exterior comenzamos la excavación arqueológica del entorno de la ermita hallando inmediatamente los restos de la necrópolis de época plenomedieval. Algunos de los inhumados presentaban agarrada en su mano una moneda, un testimonio de unas supuestamente abandonadas prácticas que remontan sus orígenes a época romana, cuando el difunto debía portar dinero para pagar a Caronte el viaje al otro lado de la laguna Estigia.











Formando parte de algunos de aquellos enterramientos, se encontraban las estelas pétreas que luego reutilizaron sus descendientes en obras complementarias del interior. Estas estelas señalaban la cabecera de las tumbas y se adornaban con cruces, rosáceas, etc





El control arqueológico.

En las fases posteriores de obras de restauración, el trabajo de excavación se vio completado por diferentes intervenciones de control arqueológico y documentación de la intervención sobre alzados, vaciado de vanos cegados, etc, demostrándose que este trabajo es imprescindible para complementar la información histórica y edilicia.





Los trabajos de control arqueológico sobre los paramentos occidentales de la ermita permiten entender la superposición estructural de soluciones constructivas que intentaron reforzar los problemas generados por un nuevo cuerpo de campanas en una espadaña.




El control del vaciado de los vanos del pórtico permitió reconocer y recuperar piezas constructivas como un magnífico  salmer correspondiente a uno de los arranques del arco de herradura del arco triunfal prerrománico y varias dovelas, todas ellas pintadas en época románica. Una suerte que venía a poner de manifiesto nuestra idea de la existencia de un arco de estas características, similar al conservado en San Baudelio de Berlanga.





El proceso de intervenciones arqueológicas en San Miguel de Gormaz comenzó en noviembre de 1996 y ha durado alrededor de una década yendo primero en la vanguardia de las actuaciones para pasar a acompañarlas hasta su finalización, lo que supuso tanto un conocimiento previo de las características generales del edificio, fundamental para la redacción de un proyecto de restauración conocedor y valedor de los valores fundamentales del lugar (exento de prejuicios de estilo), como el acompañamiento permanente de las obras y  el impulso de sucesivos trabajos tan novedosos e interesantes como el estudio de los grafitti por vez primera en el ámbito de la arquitectura altomedieval en Castilla y León, entro otras cuestiones.

Continuará...

Permitanme la licencia de acompañar este documento con la música de Hildegarda.

¡Feliz semana!




El equipo arqueológico responsable de la realización de estos trabajos estuvo dirigido por Consuelo Escribano y Arturo Balado,  y programado y supervisado por Dña. Elena Heras.
Los estudios antropológicos fueron realizados por Luis Caro Dobón, Belén López y Edén Fernández de la Universidad de León
La dendrocornología estuvo dirigida por Rodriguez Trobajo del CSIC.

Las fotografías corresponden al archivo de las intervenciones arqueológicas realizadas bajo la dirección de Consuelo Escribano Velasco y Arturo Balado Pachón, así como a los archivos de la memoria publicada y cuyo autor es Alejandro Plaza.

Consuelo Escribano Velasco, Elena Heras Fernández (Coord.); 2008: San Miguel de Gormaz. Plan integral para la recuperación de un edificio histórico. Junta de Castilla y León

cuyo enlace digital  es

http://www.patrimoniocultural.jcyl.es/web/jcyl/PatrimonioCultural/es/Plantilla100Detalle/1284217294125/_/1284217533401/Redaccion