miércoles, 3 de abril de 2019

El Alcázar Real de Valladolid, una fortaleza de los siglos XII y XIII





" Es cosa tan grande y fuerte que admira, es todo de cantería"

(Antolinez de Burgos, 1987:35)

“Cuenta la tradición que Enrique II, para satisfacer a Dios por la muerte alevosa
que infirió a su hermano Pedro el Cruel y en reparación de la destrucción de
dos monasterios en el reino de Aragón, uno de la orden de San Benito y otro de
Cartujos, se propuso erigir otros dos, el Paular, para los hijos de San Bruno, y
el de San Benito, de Valladolid: pero habiéndole sorprendido la muerte antes de
ponerlo por obra, encomendólo a su hijo Juan. Si es ello verdad no lo asegura la
historia; lo que sí es cierto que después de consultar con el abad de Sahagún, Juan
de Medina, y su capellán, Sancho Martínez, arcediano de Campos (Palencia), en
1388 decidióse a convertir en monasterio su Alcázar Real, aquel Palacio ya existente
en tiempo del moro Ulit I, en el que habían habitado los reyes Alfonso VII,
Alfonso VIII y Enrique I; donde se habían celebrado Cortes generales del reino y
donde se refugió en 1327 la infanta doña Leonor, tía de Alfonso X.
Un profundo foso le rodeaba, alta barbacana le defendía, y cinco sólidos cubos
en cada uno de sus lados le daban robustez. Aún perduraba parte del mismo en
1622 cuando le describía el padre Mancio de Torres, Historia de San Benito
de Valladolid. Por solemne escritura disponía el rey desde Turégano, el 21 de
Septiembre de 1390, que se adaptase el dicho Alcázar vallisoletano para habitaciones
de 18 religiosos, a quienes asignaba 15.000 maravedises de renta anual
sobre la judería de la ciudad, número razonable de fanegas de trigo y cántaras
de vino, con la condición de observar sin dispensación la Regla de San Benito,
guardar clausura perpetua y ser el superior modesto prior, no ambicionado por
los usurpadores de benefi cios eclesiásticos. El papa de Aviñón Clemente VII,
reconocido por los españoles, aprobó en todas sus partes tan laudable propósito
desde Aviñón el 28 de Diciembre de 1390.

(Praecipua privilegia Congr. S.Benedicto Vallesolitani, Valladolid, 1595, fol. 66)


Durante mucho tiempo ha pasado desapercibido, sin querer, que la villa medieval de Valladolid hubiera estado fortificada de diferentes maneras y con elementos diversos, mas que nada por que prácticamente no existen restos sobre cota 0, y si los hay han sido integrados en construcciones posteriores que los enmascaran.
No obstante, la puesta en marcha, primero de una Escuela-Taller para la recuperación del antiguo Monasterio de San Benito el Real, y más tarde la introducción de la investigación arqueológica en el desarrollo urbanístico, a través de la Arqueología Urbana, hicieron cambiar esta perspectiva para poner de manifiesto la existencia de un Alcázar Real y un amurallamiento (varios, en realidad), cuyas trazas reales vamos conociendo.
Hablar del Alcázar Real me remite a las visitas realizadas en los años 80, mientras estudiaba en la Universidad de Valladolid, a las excavaciones dirigidas por los compañeros Miguel Angel Martín Montes, Javier Moreda, Zoa Escudero y Montserrat Seco a quienes hay que agradecer el ingente trabajo realizado. Sirvan estas líneas como homenaje especial fundamentalmente al primero de los citados, que dedicó su tesis doctoral a este tema y que desgraciadamente nos dejó hace ya unos años.
Despertábamos, entonces, los arqueólogos a un nuevo mundo profesional y laboral centrado en las actuaciones arqueológicas relacionadas con la restauración de edificios históricos y el desarrollo urbanístico.



La historiografía sobre Valladolid relaciona el origen de la villa (hasta 1075) con una primera fortaleza o castillo identificado en el siglo XVII con el nombre de "Alcazarejo". Del mismo modo se ha supuesto que existía en aquellos momentos presansurianos una cerca. De ninguno de estos dos elementos fortificados existe, por ahora, vestigio alguno de carácter arqueológico, tal vez por que el propio alcazarejo haya enmascarado preexistencias, por ejemplo una torre de vigilancia, de la que no se ha conservado nada.
En el caso de la posible cerca del siglo XI tal vez, como apunta Adeline Rucquoi, pudiera haberse tratado de un sencillo cierre de tapial y estacas, que por ahora no ha sido reconocida. Para ser honestos hay que mencionar que a la llegada de Pedro Ansúrez no se cita la existencia de elementos fortificado alguno en Valladolid; es más, un documento que se refiere a la delimitación del barrio de San Martín para concedérselo al abad de la Colegiata de Santa María en 1095, no menciona para nada la puerta que pudiera existir, de haber habido una cerca, para entrar a la calle.
Esta, entre otras cuestiones, ha hecho que se proponga el reinado de Alfonso VIII, entre finales del XII y comienzos del XIII,  como cierto para la fortificación de Valladolid con una cerca de piedra con torres y puertas y un Alcázar Real.
Esta muralla, conocida ya en el XIV como Cerca Vieja, cuando las noticias documentales expresan que se empezaba a desmontar, constituía un recinto cuyos lienzos cerraban su recorrido en el Alcázar Real, una fortaleza en la que se asociaban lienzos, cubos, fosos, barreras y torres albarranas.
La técnica constructiva empleada para levantar estas construcciones singulares y que fué reconocida durante las excavaciones arqueológicas realizadas en San Benito y la calle Angustias, es de mampostería de piedra caliza con paramento exterior e interior y un emplecton de calicostro, una amalgama de cal, arena y canto rodado de pequeño tamaño.
A partir de la segunda mitad del siglo XII se producen los enfrentamientos civiles entre los reinos de León y Castilla que propiciaron la fortificación "ex novo" o refortificación de estructuras antiguas a lo largo de la línea de frontera. Tipológicamente, como veremos, estas estructuras vallisoletanas son similares a las de los castillos fronterizos de finales del XII y principios del XIII  de Fuenteungrillo, Castrotorafe, Toro, Villalpando, Rueda del almirante y Villamartín de Don Sancho, en las actuales provincias de Valladolid, Zamora y León.
El Alcazar Real, que ocupaba una superficie de unos 12.500 m2, estaba situado en la confluencia del ramal norte del Esgueva con el Pisuerga. En los documentos y hechos históricos se cita la existencia del edificio desde finales del siglo XII, aunque es a partir de mediados del siglo XIII cuando se le nombra con mayor frecuencia, utilizándolo como punto de referencia dentro de la villa. 
Desde estos momentos hasta su donación a los monjes benedictinos en 1390, es conocido con el apelativo de Viejo (Alcaçar viejo), así como la primera cerca.
Todo el conjunto se ubicaba sobre una terraza cerca de la desembocadura del Esgueva en el Pisuerga, una localización muy frecuente en las poblaciones de esta época.
El Alcazar Real estaba formado en realidad por dos castillos "contemporáneos": el Alcazarejo, que se situaba en la parte mas baja junto al río, mientras que el segundo (el Alcázar Mayor), ocupaba la zona más elevada de la terraza cerca de la iglesia de San Julián, salvando un desnivel de mas de 7 m entre ambos.
Al oeste del Alcázar se localizó el barrio del Reoyo, pero en realidad, numerosas construcciones rodeaban el complejo, como el Palacio se Enrique III y Catalina de Lancaster, que se situaba hacia el Pisuerga.
El complejo se mantuvo en pie hasta el año 1704 en que fue desmochado para acabar de completar el actual patio de Hospedería según el proyecto de Rivero de Rada.
El alcazarejo es bastante bien conocido en sus trazas generales gracias a las excavaciones arqueológicas dirigidas, en el interior, por Miguel Angel Montes y Javier Moreda en los años 80 del siglo XX y Arturo Balado junto a los anteriores, al exterior, en los 90.
Se trata, de un castillo de planta cuadrangular con lienzos de 2,5 m de espesor y una longitud de 31 m, rematada en los ángulos, y a mitad de lienzo, por cubos macizos de 5 m de diámetro; los de los ángulos de planta ultrasemicircular y los mediados en el lienzo, semicirculares. 






A.- Alcázar Mayor
B.- Alcazarejo
CF.- Barrio de Reoyo
1.- Alcazarejo
2.- Capilla
3.- Bodega
4.- Huerta
5.- Baños
6.- Jardín
7.- Puerta de Hierro
8.- Calle de San Julián al Esgueva
9.- Muralla de unión entre ambas construcciones, Alcázar y Arcazarejo
10.- Alcázar Mayor. Cerca
11.- Foso del Alcázar Mayor
12.- Barbacana del Alcázar Mayor
13.- Patio
14.- Patio
15.- Bodega y granero enviejado del Alcázar
16.- Caballeriza Real
17.- Capilla Real
18.- Arco de entrada al Alcázar. 
19.- Entrada principal
20.- Aposentos Reales de servicio: cocinas, hospedería y aposento del rey
21.- Iglesia de San Julián
22.- Sala sobre el Esgueva
23.- Arco y torre albarrana en la Rinconada
24.- Arco y torre albarrana junto al palacio de Enrique III
25.- Calle de la Cárcava
26.- Calle arroyo
27.- Puentecilla de San Lorenzo
28.- Calle reoyo
29.- Calle Garcimontes
30.- Postigo del Río
31.- Palacio de enrique III y Catalina de Lancaster
32.- Barreros
33.- Cerca
34.- Postigo del Trigo
35.- Contracerca
36.- Casas junto al Alcázar
37.- Cerca del Alcázar y de la Villa
38.- Sala larga este-oeste
39.- Pozos del Alcazarejo
40.- Dormitorios
41.- Cerca del Alcázar
42.- Línea defensiva entre el palacio y el Alcazarejo
43.- Contracerca del Alcázar a poniente





Ubicación de los restos murales del Alcázar Real bajo los edificios actuales de San Benito, según M.A. Martín Montes



Trazas del Alcazarejo e hipótesis del trazado completo del mismo según plano  inédito de Arturo Balado Pachón con la superposición del plano 
del convento 











Al exterior se completaba el sistema defensivo con un foso, conservado en el lado este y una barrera, contracerca o segundo muro defensivo.  
Afirma Miguel Angel Martín Montes que el foso ocupa el espacio entre ambas cercas, que distan unos 7 m una de otra, si bien lo razonable es que de ser ambas contemporáneas se desarrollara al interior una liza, mientras que el foso siempre constituye el elemento mas externo.
Parece que esta cuestión no es de fácil comprensión en la poliorcética conocida, salvo si existiera, siquiera fuera mínima, una relación diacrónica entre ambas fábricas, la de la muralla del castillo propiamente dicho y la externa, llamada contracerca.
Al interior del Alcazarejo se identificaron varias estructuras, para las que hoy no existe una interpretación, que ganan altura conforme se desarrollan hacia el sur, adaptándose a una orografía de suave ladera hacia la Esgueva.
Por las fuentes documentales se sabe que en el castillo existió una bodega que se mandó desembarazar para habilitar la capilla para los primeros monjes.
Junto al Alcazarejo debieron existir unos baños pues el rey manda que se entregue la llave de los mismos a los monjes.
También disponía este castillo de un espacio interior que correspondía a un jardín, donde a principios del siglo XIV existían naranjos, y detrás, junto al Esgueva y las murallas, existía otro espacio que dedicaron a la huerta.





Fachada norte del edificio de San Benito cuya fábrica de mampostería, hasta las ventanas,  se considera parte de la cerca del Alcázar Mayor.


Mucho menos numerosos son los restos identificados de las fábricas del Alcázar Mayor, si bien los aún visibles son de mayor envergadura y se sitúan, aún hoy, aún sobre el nivel de la calle. Así ocurre con la fachada norte del complejo de San Benito, con mas de 45 m de longitud y 2 m de grosor.
En su extremo noreste se localizaría el cubo de remate de este sector, que permaneció en pie hasta el año 1896. Otros restos se hallaron en el interior de la crujía oeste del claustro norte y su entorno.
Todos estos restos se levantaron, al igual que los del Alcazarejo con mampostería y relleno de calicostre.
Un foso discurriría en paralelo y tras el se hallaría, siempre a decir del dtor. Montes, la contracerca, que hace coincidir con la fachada de poniente del actual edificio.
Me resulta interesante apuntar que al exterior se encontrara un topónimo lo suficientemente elocuente, Calle Cárcava, que bien pudiera traducir la existencia del foso en este lugar.
Para finalizar al exterior de la contracerca norte y protegiendo los ángulos noroeste y sureste y hacia el sur, cerca de la puerta del Trigo, se emplazarían respectivamente tres torres albarranas de piedra con acceso sobre arcos
Un elemento de planta ortogonal, situado entre el Alcazarejo y El Alcázar Mayor, cuya orientación nada tiene que ver con ninguna de las estructuras reconocidas hasta ahora, supone una incógnita interpretativa de difícil solución. Es precisamente este elemento al que se identifica con la llamada Puerta de Hierro, un acceso imponente desde la antigua Calle de San Julián a la Esgueva.

Cuando Fray Mancio de Torres redacta el libro I de la Historia del monasterio de San benito el Real en 1620 ya son muy pocos los elementos del Alcázar real que se mantienen. Salvo el Alcazarejo "todo se ha arrasado en razón de los edificios"

En los años 90 del siglo XX, un trabajo de reurbanización del espacio sur del complejo de San Benito, englobó la excavación arqueológica y el tratamiento para la comprensión de los restos del Alcazarejo con un resultado controvertido.


En la actualidad pueden realizarse visitas a una de las zonas subterráneas del interior de las oficinas municipales de San Benito y observar uno de los lienzos exteriores con un cubo intermedio, el foso y la contracerca contratando la visita turística a través del propio Ayuntamiento












Mi agradecimiento a los técnicos municipales que me permitieron realizar la visita y fotos a costa de su tiempo y sin los que no me hubiera sido posible  entender en su justa medida las estructuras arqueológicas ni comprender sus condiciones de conservación.

¡Les deseo una feliz semana!







Bibliografía


Martín Montes, M.A.; 2001: Valladolid: Lugar Fortificado durante los siglos XII y XIII. La fortificación medieval en la Península Ibérica. Actas del IV Curso de Cultura Medieval, pp.295-314. Centro de Estudios del románico, Aguilar de Campoo, 21-26 de septiembre de 1992. Fundación Santa María la Real.





miércoles, 20 de marzo de 2019

La Villa de Orfeo, en Camarzana de Tera, Zamora




Detalle del mosaico de la estancia 13, el oecus  de la Villa Romana de Camarzana de Tera


Hace mas de treinta años participé en las excavaciones arqueológicas del castro de Camarzana de Tera, un poblado fortificado de la I y II Edad del Hierro con viviendas circulares de adobe y una enorme e imponente muralla.
La ocupación del territorio desde épocas pretéritas es amplia. A un pasado neolítico del que nos han llegado vestigios de sepulcros colectivos de carácter megalítico como el dólmen de San Adrián y el de las Peñezuelas, siguen ocupaciones del territorio hasta la romanización, incluyendo los castros mencionados, de la que es testimonio fundamental el campamento de Petavonium, en Rosinos de Vidriales, y los talleres de cerámicas de paredes finas de Melgar de Tera y la propia villa hallada en la localidad de Camarzana, que junto a otras del territorio configuran el pasado tardoimperial de época hispanorromana.
Si bien, la villa se conocía , por hallazgos puntuales, desde la segunda mitad del siglo XIX, concretamente datan de 1861, cuando al construirse la carretera de  Benavente a Mombuey se localizaron restos de cimentaciones de muros y algunos fragmentos de mosaicos en la conocida como Huerta del Barrero, y, a partir de entonces se producen algunos otros hallazgos relacionados con la misma, como ocurrió en 1939, cuando la Comisión Provincial de Monumentos descubrió un nuevo pavimento, no ha sido hasta el cambio de siglo cuando se ha intervenido de forma sistemática para la investigación y puesta en valor de esta villa.
De hecho, parte de los mosaicos hallados en 1939 habían sido, entonces, destruidos, pudiéndose rescatar tan solo algunos fragmentos que se depositaron en el Museo de Zamora.


Era un hecho comprobado que los muros continuaban hacia el otro lado de la carretera y en dirección a la iglesia, para cuyo ábside Gómez Moreno, en el Catálogo Monumental,  publicado en 1927,  señala un origen hispanorromano relacionado con una de las estancias de la villa. Describe, igualmente, restos de mosaicos bajo alguna alguna vivienda de Camarzana, con dibujo de semicírculos "cabalgados unos sobre otros, y cenefas de trenzas sencillas", y la existencia de otro mosaico "al otro lado de la carretera", en el corral de una casa, que fue soterrado y que "diseña ramas verdes".



Proceso de excavación arqueológica. 2007-2008

Todos estos hallazgos mencionados anteriormente hacen que ante la presentación de un proyecto de construcción en la zona, se adoptaran las cautelas pertinentes para llevar a cabo un peritaje arqueológico. Consecuencia de aquello se reconocieron mosaicos in situ y un capitel. Este fue el comienzo de una investigación arqueológica que propició, por sus características e importancia, con la adquisición del solar por parte de la administración de Cultura.
En la zona intervenida, la del solar, se hallaron los restos de un palacete campestre, la pars dominica, con hasta 15 habitaciones en torno a un patio porticado y los restos de una escalera que conducía a un piso superior. Los pavimentos, decorados con mosaicos geométricos mayoritariamente, se acompañan de paredes enfoscadas con motivos polícromos y algunas molduras en la zona de encuentro con el pavimento.
La habitación central se encuentra decorada con un mosaico figurado presidido por una figura sedente togada rodeada de animales enmarcados en cuadros. Es probable que se trate del mito de Orfeo que, tañendo la lira - que no se ha conservado- amansa las fieras.
Ocho cartelas con cuatro cuadros en las esquinas rodean este emblema encerrando caballos con sus nombres: GERMINATOR, FINIX, AERASIMIS Y VENATOR QUI, los tres primeros con iniciales entre las patas (MBH, MBM Y LBS) mientras que el último presenta sobre el nombre sobre el lomo.


En el medio de los laterales cortos se afrontan cráteras con felinos rampantes y, en los largos,  un cazador alcanzando una gacela.
La zona de acceso a la habitación tiene escenas orientadas al pasillo en tres cartelas representando una parra con perdices,  una escena de caza con caballero y jabalí y un caballero con perro. Es posible que esta estancia estuviera dedicada a Triclinium o comedor.


Pasillo con mosaico geométrico y Triclinium con las escenas central, felinos afrontados con crátera y escenas venatorias.




Maqueta de la zona del triclinium, peristilo y patio de la villa

Otra de las habitaciones, tal vez correspondiente al oecus o sala de recepción y representación del dominus, se adorna con una escena central en la que se reconoce un animal cuadrúpedo enjaezado con una figura femenina sobre el lomo, con la túnica al viento; tal vez el rapto de Europa por Zeus camino a Creta. Sin embargo, para Martín Benito se trata de la representación del “Sueño de Ariadna” hija del rey Minos, que había ayudado a Teseo a encontrar la salida del Laberinto de Creta, tras vencer al Minotauro. El héroe, en su huída la llevó consigo para dejarla, después en una playa de la isla de Naxos, donde fue encontrada por Dionisos, quien la incorporó a su cortejo, la hizo su esposa y la condujo al Olimpo.
En torno al emblema se desarrolla un mosaico cuyo diseño responde a una compleja composición de tres cenefas, dos geométricas y una vegetal en la que se engarzan genios, todo ello realizado en opus vermiculatum; cadenetas de ochos formando svásticas y rombos con motivos vegetales configuran el resto del mosaico.
La villa muestra algunas modificaciones a lo largo del tiempo, como un cambio de eje en las estancias, complementada con algunas obras menores.
Los mosaicos han sido consolidados y se ha realizado una obra de cubierta para la protección y visita pública de esta zona de la villa.





ç

Genio. Orla musivaria



Proceso de consolidación de los mosaicos de Camarzana de Tera



La villa romana fue declarada Bien de Interés Cultural el 4 de noviembre de 2010.


¡Les deseo una buena semana!





F. REGUERAS GRANDE: Camarzana. Pasado y presente de una villa romana del Tera. 2009.


miércoles, 13 de marzo de 2019

Francesca y Settimia Caccini




La intérprete de laúd, de Orazio Gentileschi. 
Presumiblemente un retrato de Francesca Caccini


En la familia de Chechina, como así llamaban cariñosamente a Francesca, y de Settimia, siempre estuvo presente la música.  Giulio, el padre, era cantante y compositor, muy reconcoido en la corte florentina de los Médici; la madre, Lucía Gagnolanti, también era cantante, así que los hijos recibieron una amplia educación cultural, que incluyó una extensa formación musical,  a caballo entre los siglos XVI y XVII.
Francesca había nacido el 18 de septiembre de 1587 en Florencia. Durante los festejos que tuvieron lugar el 17 de diciembre de 1600 con motivo del enlace entre Enrique IV de Francia y su segunda esposa María de Médicis, una jovencita de apenas trece años encandiló a todos los presentes con su hermosa voz interpretando la ópera Euridice. Aquella niña iba acompañada por su propio padre. Parece que la nueva pareja real  pidió a su padre que permanecieran en la corte francesa, a lo que se negaron las autoridades florentinas quienes reclamaron la vuelta de la familia Caccini junto a los Médici.


Matrimonio de Maria de Medici y Enrique IV de Francia

Al comienzo de su carrera actuaba Junto a sus padres, hermano y hermana con el nombre de Concerto Caccini, pero más adelante formó grupo con su hermana Settimia y el ejecutante romano Vittoria Archilei.
Francesca tocaba varios instrumentos y compuso muchas obras. Es considerada la primera compositora de óperas, de las que solamente una  ha llegado hasta nuestros días.
Fundó su propia escuela de música dedicándose a la enseñanza musical  tanto vocal como de laúd y arpa, y a cantar y componer. En 1607 se casaba con Giovanni Battista Signorini, también músico de la corte florentina, con quien tendría una hija, Margherita.  Francesca se convirtió en una de las músicas mejor pagada en Florencia y en una compositora prolija. Junto al poeta Miguel Ángel Buonarroti el Joven (sobrino nieto del gran artista del Renacimiento), Francesca Caccini compuso varias canciones.
Fué autora de cinco óperas, obras religiosas y seculares, vocales e instrumentales que se conservan, lamentablemente no en su totalidad, en una publicación de 1618 con el nombre de Musiche delle libro del primo.
En  1625 estrenó La liberazione di Ruggiero, considerada como la primera ópera compuesta por una mujer, y la única de las cinco que compuso Francesca que sobrevivió. La obra, compuesta en ocasión de la visita del príncipe Ladislao Segismundo a Italia, tuvo tanto éxito que se convertiría también en la primera ópera italiana en interpretarse fuera de las fronteras italianas, concretamente en Varsovia, en 1628.
Se dice que el propio Claudio Monteverdi quedó impresionado por su canto.
Tras la muerte de su esposo se casó con Tommaso Raffaelli, un noble originario de Luca,  con quien tuvo un hijo, pero enviudó tan sólo cuatro años mas tarde quedando en  en una situación bastante acomodada. 
Regresó a Florencia con sus dos hijos, hacia 1634,  donde volvió a trabajar al servicio de los Médici hasta que en 1641 dejó la corte, perdiéndose para siempre su pista.


Retrato de una joven conocida como "La Bella" - Palma Vecchio

Settimia,  la menor de los hijos Caccini, nació el 6 de octubre de 1591 también en Florencia. Fue, igualmente, una conocida cantante y compositora con una exitosa carrera musical. Muy apreciada por su trabajo artístico y técnico con la música si bien parece que era menos conocida que su hermana Francesca  debido a que no publicó ninguna de sus propias composiciones musicales. Destacaba en ella su enorme talento como cantante.


En 1600, junto a su hermana Ceccina, cantó la ópera de su padre Il rapimento di Cefalo para la boda de Maria de Medici y Enrique IV de Francia.
Pero su carrera como cantante solista despegó en 1608 cuando viajó hasta Mantua para cantar el papel de Venus en la ópera L'Arianna de Monteverdi . En 1609, tras numerosas propuestas de matrimoni, que rechazó, se casó con el también cantante y compositor Alessandro Ghivazzani , abandonando entonces Florencia para ir hasta Luca y desde allí trabajaron por toda Italia, si bien siempre estuvo superditada y subordinada a trabajar junto a su esposo.
En 1611 compuso su propia pieza para el carnaval Mascherate delle Ninfe della Senna, uno de los muchos carnavales enmascarados de Venecia.
Hacia 1613 conocemos su trabajo, junto al esposo, en la corte del duque Ferdinando Gonzaga en Mantua. La familia Gonzaga, una de las mas poderosas familias de la ciudad le contrató con un slario nada desdeñable.
De ahí se trasladaron hasta Parma, donde entraron al el servicio del cardenal Farnese en 1622.
En 1628, Monteverdi buscó a Settimia Caccini en Parma ofreciéndole interpretar sus arias en su ópera L'Orfeo para el Festival de Parma. Tras la representación, Monteverdi declaró que Caccini cantó las arias con "gracia sobrehumana y voz angelical".
Tras enviudar, regresó a la corte de  Florencia donde le habían ofrecido trabajo y donde permaneció hasta su muerte, en un momento incierto entre 1638 a 1640.
El que Settimia no publicara ninguna de sus composiciones supuso que se perdieran en su mayor parte, sobreviviendo tan solo ocho arias de melodías expresivas escritas para su propia voz e interpretadas de forma individual . Su pieza más famosa que se publicó  tras su muerte; se trata de un aria  llamada Gia sperai non spero hor piu  que fue publicada en una colección de música histórica del siglo XVII. 
Francesca y Settimia tuvieron sus propias carreras musicales distinguidas y excepcionales. 

¡Que tengan una buena semana!




miércoles, 27 de febrero de 2019

La fortaleza de Gormaz


De todos los fuertes citados ocupaba Gormaz posición privilegiada,
quizás la más estratégica de todas ellas, pues elevándose
en aislada prominencia, rodeada en su mayor parte por el
curso del río, dominando toda la región en muchas leguas a la
redonda, y en comunicación con otros varios castillos, constituía
una posición tan natural como inexpugnable.

Narciso Sentenach. 1920


El Cerro testigo de 1038 m en el que se levantó el castillo de Gormaz está situado en un meandro que traza el Duero al atravesar los fértiles terrenos de esta zona soriana. Su ubicación y altitud ofrecen un gran dominio visual sobre el valle, las sierras y las vías de comunicación orientales entre ambas mesetas.
Esta situación estratégica y la riqueza del entorno, con abundantes manantiales y terrenos agrícolas y ganaderos, en una zona fluvial vadeable e incluso navegable en la antigüedad facilitaron los asentamientos humanos tanto en el cerro como en su entorno alcanzando su máximo esplendor con la construcción de la fortaleza califal de Gormaz que controlaba la frontera del Duero. De ahí que Juan Zozaya, ya en 1989 lo calificara como la "síntesis de la Arqueología Soriana".

Se asocia el topónimo Gormaz con el indoeuropeo Borm, otorgándole un significado ligado a los manantiales.
En los años 70 se realizan excavaciones arqueológicas dirigidas por Juan Zozaya y P. Banks confirmándose la existencia, ya apuntada por investigadores anteriores, de una ocupación de la Edad del Bronce y la I Edad del Hierro, confirmando, así mismo, un poblamiento importante en la etapa celtibérica, probablemente se trataría de un castro fortificado, concentrado y estratégico como apunta Carmen García Merino.
No se documentaron restos de ocupaciones de época romana ni hispanovisigoda, si bien se reconocieron materiales reutilizados, como un sillar visigodo, sujetando el pie derecho de una construcción posterior, que interpretan como expolia de asentamientos próximos.
Eso no quiere decir que los pobladores de época romana no existieran pero es muy probable que cambiara su sistema de ocupación y el poblamiento fuera mas disperso e incluso pudiera haber existido una cierta ocupación residual en época imperial romana y no tan residual después, como atestiguan los interesantes yacimientos arqueológicos del entorno.




Pero las evidencias mas importantes, como no puede ser de otro modo, corresponden a la enorme e imponente construcción de época califal, con uno de los recintos más extensos de la arquitectura del siglo X.



Se plantea la posibilidad de que fuera construida en diferentes fases: una anterior al siglo X con dos posibles elementos defensivos, uno en la zona del alcázar y otro en el extremo opuesto, donde pudiera haber existido una torre vigía, y una segunda, en la que se habría cerrado el recinto a principios del siglo X, cuando los reinos cristianos toman el valle del Duero, momento en el que se levantaría las 22 torres, la puerta califal y se recrecerían los muros del alcázar.
No obstante puede que sus orígenes fueran cristianos pues la primera noticia documental data de 934. El historiador Ibn Hayyan describe la campaña militar de Osma, que Abderramán III lleva a cabo en el 322 de la Hégira; es decir que en 934 ya existía un castillo levantado por los cristianos a partir de 912 como puesto avanzado de vigilancia y defensa de los castillos de Osma y San Esteban.
Al tratarse de una zona de frontera convulsa, a partir de entonces los cristianos lo habrían perdido y recuperado en diferentes ocasiones y no es hasta 946, cuando Medinaceli se convierte en la capital de la Marca (Frontera) Media del califato cordobés, cuando se crean las condiciones para levantar la fortaleza de Gormaz en su configuración general actual.
Los Anales Castellanos Segundos o Complutenses cuentan como la plaza es perdida por los cristianos un 17 de julio sin que sepamos con certeza el año, pasando a manos del califato definitivamente.
La impresionante fortificación formaría parte de una línea defensiva establecida en el X sobre una importante vía de comunicación romana que discurre entre Medinaceli y San Esteban de Gormaz, contándose los interesantes enclaves musulmanes más inmediatos Barahona, Berlanga, Bordecoirex, Aguilera y Mezquitillas, así como una red extensa de atalayas (sobre el tema pincha aquí).


Lápida original de época de Al Hakem II.
Museo Diocesano de la Catedral del Burgo de Osma

En el reinado de Al Hakem II , en 936 se reforzaría el recinto. A esa época correspondería la lápida que luego se reutilizó en la ermita prerrománica de San Miguel de Gormaz (descarga gratuita para saber más) , en la que se hace referencia a un hecho singular dentro de la fortaleza, probablemente la dedicación de la musalla, un oratorio o mezquita al aire libre.




Recinto torreado (norte) sobre zarpa escalonada en la cumbre del cerro. 
Vista desde la poterna de la alcazaba, arriba, y desde el extremo de poniente, abajo. 

En esta época la fortaleza de la cumbre estaría arropada por una ocupación de las laderas de la que son testimonio los silos rellenos con materiales islámicos que hallamos en las excavaciones de la ermita de San Miguel de Gormaz, excavados sobre el sustrato rocoso.
En la descripción realizada sobre la batalla de Simancas, en 939/327H y la desastrosa campaña de Alhándega, se incluye, entre los partidarios de Ramiro II de León, al conde de Gormaz, lo que podría ponernos sobre la pista de que en ese momento se hallaba en manos cristianas.
Años después, también siguiendo el Muqtabis V de Ibn Hayyan, se cita en 942/330H entre los cristianos muertos en la contienda contra Tudela, al conde de Gormaz Abu-l-Mundir, nombre inequívocamente árabe engrosando las huestes cristianas, si bien esta noticia se contradice con la de los Anales Complutenses en los que figura que Gormaz había caído ya en 940 en manos islámicas.
El hecho de que un conde cristiano tenga un nombre árabe tampoco ha de extrañarnos ya que existe, por un lado, una aportación mozárabe emigrada que está fuertemente arabizada y, por otra puede representar a una población residual arabizada.
De nuevo, en 975 El conde castellano Garci Fernández, aliado con Sancho de Pamplona y Ramiro III de Aragón, asedia la fortaleza sin éxito.
Nuevamente es derrotado por Galib entre 978 y 981 y aunque consigue apoderarse de Gormaz es nuevamente recuperada por Almanzor.
Así se recogen los datos en el Muqtabis V:

"El 12 de mayo del 975 se dio cuenta de un encuentro entre cristianos y las tropas de Galib antes de alcanzar el castillo de Barahona, que se contó con la vida de 20 condes cristianos a quienes fueron cercenadas las cabezas y quienes se cogieron cumplidas lórigas, cascos protectores, almofares defensivos y armamentos completos, todo lo cual fue botín de guerra para los musulmanes".


"El día primero del mes de Ramadán (15 de mayo de 975) comenzaron a salir a bandadas aquellos soldados voluntarios de los habitantes de Córdoba, que se encamiban a la Frontera Superior con objeto de ayudar a las guarniciones asediadas"


"(…) Partieron otros refuerzos para Galib el 26 de mayo del 975. Les precedían una larga fila de acémilas cargadas con diferentes clases de útiles, pertrechos, maquinas de guerra y utensilios sacados del Alcázar de Córdoba".

Ibn Hayyan (1967) El Califato de Córdoba en el Muqtabis de Ibn Hayyn, Anales Palatinos del Califa de Córdoba Al-Hakam II por Isa Ibn Ahamd Al Razi, (360-364, 971 - 975 J.C.). Ed. Y traducción de García Gómez, E. Sociedad de Estudios y Publicaciones, Madrid.

La incorporación definitiva al reino de león la realiza Fernando I en 1060, cuando inicia su campaña hasta Wad-Al Ayara (Guadalajara). Es entonces cuando Gormaz se convierte en fortaleza cristiana.

"Vinieron a Gormaz, un castillo tan fuort; 
I albergaron por verdad una noch"
Poema del Mio Cid

Era entonces un castillo que provocaba el interés de la Taifa de toledo.
La Historia Roderici así lo asegura: 

"Sarraceni vero inerea venerunt et irruerunt in quendam castrum qui dicitur Gormaz ubi paucam prendam acceperunt"

Esto ocurría en 1081 y la respuesta a esta incursión de pillaje fue una aceifa victoriosa del Cid sobre Toledo.
Cuando a partir de la toma de la ciudad en 1085 se "repueble" y "reorganice" el territorio situado al Sur del Duero mediante la fórmula de las Comunidades de Villa y Tierra, Gormaz constituye una de esos 42 nuevos experimentos.
Es entonces cuando el poblamiento fue descendiendo por la ladera.


La ubicación del pueblo de Gormaz responde, con  seguridad a ese descenso paulatino en el que además se reutilizarían elementos puntuales de los lienzos deteriorados. Se levantarían las iglesias prerrománicas, como San Miguel, y mas tarde románicas, como la de San Juan, Santiago y Santa María la Antigua.
El castillo volvió a ser usado como elemento defensivo en la confrontación de los Trastámara cuando se llevaron a cabo algunas restauraciones de los lienzos, puertas de estilo gótico, un taller de acuñación monetal, restos de armamento, graffitti de animales y barcos.
Los últimos usos que se documentan en el castillo son de una cárcel en época de los reyes Católicos y como refugio en las Guerras Carlistas.




La visita al castillo de Gormaz es de acceso libre. 




Las llamadas torre del Homenaje y torre de Almanzor, tras el foso. Adviértase entre ellas el paramento con el recrecido y el almenado fosilizado. La llamada Torre del Homenaje alberga la puerta acodada sobre la que se situaba una ladronera sobre modillones de rollos islámicos.




Una pieza similar fué reutilizada en una tumba de lajas de la ermita de San Miguel, a los pies del recinto.

En una plataforma de mas de 300 m de longitud alberga un recinto de casi un km de longitud flanqueado por torres. Hacia el este se encuentra la alcazaba, el centro de poder, con un acceso sobre foso y un parapeto entre torres. Se accede al espacio a través de una puerta acodada. Una vez en el interior se adivinan diferentes dependencias, estancias, aljibes, poternas y el adarve, que es transitable.


Poterna de la Alcazaba desde el interior


En la Alcazaba encontraremos construcciones de diferentes épocas. En primer término, restos de muros de una residencia de época califal.

Existen diferentes carteles divulgativos que ayudan a comprender cada uno de los elementos y sectores.
La cimentación de la fortaleza se realizó sobre la propia roca de base del cerro y para asentar con mayor seguridad la imponente mole se recurrió a la fabricación de una zarpa escalonada. En cuanto a los sistemas de aparejo de los muros se recurre, al exterior al de sillares alargados dispuestos a tizón, si bien en varios tramos internos del recinto se advierten otros sistemas como la espina de pez para trabar los paramentos.
El almenado junto al adarve conserva trazas en el recinto y la alcazaba, donde además se advierte un recrecido en el paramento de poniente.


Puerta califal desde el interior del recinto con el paisaje al fondo (el dominio visual es extensísimo y de una belleza indudable) y la ermita dedicada al arcángel San Miguel a los pies)
El arco y el dovelaje son califales cordobeses.


Puerta califal flanqueda por dos salientes donde se encontraba el cuerpo de guardia

Es precisamente hacia el oeste donde se desarrolla un enorme recinto longitudinal que albergaba construcciones  para la tropa, incluida una musalla o mezquita al aire libre, dependencias auxiliares, un estanque y una puerta monumental, conocida como puerta califal, con su cuerpo de guardia.
Es igualmente interesante realizar un recorrido exterior, fundamentalmente en este sector occidental, pues sobre el paramento califal se hallan estelas embutidas, romanas y califales, que pueden considerarse elementos protectores.
El paramento tiene un interés extremo por estas piezas y por el aparejo empleado y la zarpa sobre la que se levanta.



Estelas romana e islámicas del paramento oeste



Zarpa escalonada y diferentes aparejos de la fábrica del cierre oeste con las lápidas profilácticas incrustadas en el paramento.

Conozco este lugar desde que empezó mi vida de arqueóloga en 1981 y he visitado este lugar infinidad de veces. Tengo que decirles que sus amaneceres y atardeceres son impresionantes y que el paisaje es sobrecogedor.


Me gustaría dedicarle este entrada a Juan Zozaya, ya fallecido, que dirigió los trabajos arqueológicos en Gormaz en los 80 y con quien me fui reencontrando en la vida. 
No dejen de visitar y disfrutar Gormaz.

¡Les deseo una feliz semana!