miércoles, 10 de abril de 2019

Las fortificaciones de Valladolid. La Puerta de la Magdalena




 "en los Alcázares viejos, junto a los Palacios Reales". 




Puerta de la Magdalena por S. Isla. 
Litografía en sus Recuerdos y Bellezas de España, 1861. 


Un alcázar real cumple varias funciones, por un lado constituye el refugio de la monarquía, creando un espacio urbano propio aislado del resto de la ciudad, un castillo-palacio inaccesible al resto de los habitantes de la ciudad, mientras que, por otro, es un elemento de control de la villa.

Parece que en el segundo cuarto del siglo XIII, ya abandonado el Alcázar Real levantado a poniente del antiguo núcleo de Valladolid (para ampliar datos pincha aquí), se erige una nueva fortificación en el extremo opuesto, en lo que hoy conocemos como la Magdalena, fuera de la primera línea amurallada o cerca vieja. 

De aquella fortaleza queda hoy un único vestigio en pie, una puerta que pasa desapercibida tras las tapias del monasterio de las Huelgas Reales y la iglesia de la Magdalena y que es, junto con las torres albarranas del Alcázar Real, un elemento de influencia andalusí en Castilla.




Revista La Hormiga de Oro. 8-2-1885




 Acuarela  con la fachada sur de la iglesia de la Magdalena, la Puerta y una casa blasonada. Valentín Carderera. C 1836



Fachada oeste. De la Historia de Valladolid de Juan Ortega y Rubio. 1881




Fot. Ayuntamiento de Valladolid



Fotografía de la fachada oeste de la Puerta. Carvajal 1925





Fachada a la villa de la Puerta del Alcázar del siglo XIII. Fot. Antonio Torres Ochoa






Esta torre puerta, de planta rectangular de aproximadamente 9,40 m por 7,45 m. suponía la entrada desde el interior de la villa al Palacio Real medieval del siglo XIII mediante un acceso acodado, una estructura bien reconocida y habitual en las construcciones defensivas y que se hereda de la arquitectura fortificada  almorávide, si bien su generalización se produjo en época almohade.



Croquis de la planta de la Puerta con el acceso en codo y la situación de las garitas. A. Balado Pachón

El interior del acceso posee a cada lado dos espacios interpretados como garitas de vigilancia.

La construcción se levantó sobre un zócalo de piedra caliza con alzados de tapial hacia el interior del palacio - eso sí, con esquinas reforzadas en material latericio-, mientras que la fachada principal, la que daba a la ciudad, lo hacía en ladrillo. Un revestimiento de mortero de cal se extendía al exterior e interior, donde aún puede observarse en el intradós del gran arco túmido - de herradura apuntado- ciego que configura el ornato constructivo de la puerta. 

Un arco similar mas pequeño e inscrito en aquel alberga una puerta mas reducida, también con arco túmido y una ventana sobre ella rematada con arco de herradura, que actuaría como elemento de guardia, antecedente de las posteriores ladroneras. Represa le hace coincidir con un adarve, que no es sino un paso de ronda, pero no nos ha sido posible acceder a esa zona y trabajamos sobre hipótesis sin contrastar.

En cualquier caso, todos los arcos se encuentran enmarcados por un alfiz. 
La torre puerta se inscribe, además, en una fachada delimitada por dos pilastras que rematan en altura con enormes canecillos pétreos que sustentaban una viga sobre la que volaba el alero. Almenas y merlones rematarían el parapeto superior del conjunto.

la Puerta tiene exentas sus cuatro caras manifestando enjarjes de muros en los paramentos norte y sur.




Vista de la Puerta del Palacio de María de Molina desde el andamio de la fachada de la iglesia de la Magdalena.(para conocer este trabajo, pincha aquí)



Imagen obtenida de la red


Sus paralelos formales se encuentran en la puerta del Agua de Niebla (Huelva), la del Mig de Denia (Alicante), la del castillo de Guadalajara, y la más próxima de la Villa, en Coca (Segovia), fechable entre finales del siglo XII y principios del XIII.




Puerta de la Villa, Coca (Segovia)




Fachada oeste de la Puerta del Alcázar del siglo XIII. Fot. Antonio Torres Ochoa




Fachada norte de la Puerta. Fot. Antonio Torres Ochoa





Vista de las fachadas este y sur, con los restos del enjarje de un muro

Como queda de manifiesto, en las investigaciones realizadas por Arturo Balado, la puerta llamada de Doña María de Molina, es  anterior la segunda cerca urbana y debió constituir parte de un alcázar previo, si bien,  finalmente, podría haber quedado inserta, junto con parte del muro que delimitaba el Alcázar Real, en el segundo recinto amurallado de Valladolid, levantado entre finales del siglo XIII y comienzos del XIV.

Otras opiniones, como la expresada por Oscar Burón, sostienen que la puerta corresponde a la segunda cerca y comunicaba la ciudad con el recinto palaciego fortificado, todo ello basándose en las descripciones y la estructura de la propiedad, que aún hoy se puede establecer sobre plano catastral.
A falta de una confirmación de difícil comprobación, salvo si se llevan a cabo trabajos de investigación arqueológica (excavación arqueológica y lectura estratigráfica de la Puerta y en entorno), me limito a exponer las teorías conocidas recientemente revisadas.

Por lo que compete a la construcción de esta puerta, relativamente antigua dentro de cronología establecida para la llegada de este elemento de clara influencia andalusí, bien podrían haber sido alarifes mudéjares vallisoletanos los que hubieran aportado estas nuevas soluciones -recordemos que se trata de musulmanes llegados del sur- e igualmente pudieran ser constructores mudéjares quienes levantaron la propia puerta, pues según los datos de los censos bajomedievales y los trabajos de investigación arqueoantropológica realizados en el viejo cementerio de los moros, de la Casa de beneficencia, se concluye que un 40% de los varones mudéjares de  la villa se dedicaban a la construcción.

Al servicio de la casa de los reyes, para el mantenimiento de los palacios y castillos, se encontraban los maestros de obras de los reales alcázares. El mantenimiento de murallas (como las de Ávila o Medina), así como la construcción de importantes castillos (el de la Mota en Medina o el de Coca) contaron con la participación de maestros y oficiales mudéjares.

(para ampliar información sobre el cementerio mudéjar excavado, pincha aquí)
(Para saber de la "morería" de la villa, pulsa a aquí)




Si bien parece claro que la construcción del Alcázar Real es anterior a su relación con Doña María, parece que la vinculación la vinculación de María Alfonso de Meneses,  María de Molina, nacida alrededor de 1260 cerca del monasterio de Santa María de Palazuelos (Corcos de Aguilarejo),  con Valladolid data del último cuarto del siglo XIII, cuando habitaba junto a su esposo, rey  Sancho IV el Bravo, la fortaleza de cuya puerta de influencia andalusí estamos tratando. 




Sepulcro de alabastro de María de Molina en la iglesia de Las Huelgas Reales 
 (S.XV) de escuela toledana



En las inmediaciones, en el arrabal de San Juan - calle de Santa Lucía del callejero actual, se hallaba un monasterio cisterciense que había sido fundado por doña Sancha, hermana de Alfonso VII, en 1282.  Treinta y ocho años después  un incendio destruye completamente el lugar y es entonces cuando María de Molina promueve la construcción de un nuevo monasterio con la advocación de Santa María la Real de las Huelgas. En el año 1320 hace donación  de una parte de las dependencias reales a la abadesa María Fernández de Valverde solicitando como contrapartida que la comunidad ruegue por su esposo el rey don Sancho, por su hijo don Fernando, por su nieto don Alfonso y por ella misma.

Esta es la razón por la que la puerta, en la actualidad se encuentra en los terrenos del colegio de Santa María la Real de Huelgas. 



Doña María  entrega a a siete monjas, cubiertas con altas tocas, el acta de fundación del nuevo monasterio. DOMUS PUCELAE
http://domuspucelae.blogspot.com/2011/01/historias-de-valladolid-maria-de-molina.html





Detalle de la zona de la Magadalena en el Plano de Valladolid de Ventura Seco 1738



En las imágenes anteriores puede observarse cómo en 1738 la puerta se hallaba embebida en una línea de construcciones que siguen su orientación suroeste noreste, aspecto que se observa, igualmente en la acuarela de Carderera y en una foto de los años 50.



Fotografía de mediados de la década de los 60. 
Archivo Municipal de Valladolid



¡les deseo una feliz semana!





Mi especial agradecimiento a los amigos y compañeros que me han ofrecido su ayuda, opiniones, fotos y archivos para realizar esta breve presentación: Antonio Torres y Oscar Burón, además de Arturo Balado, compañero y amigo, investigador de este elemento vallisoletano.






Bibliografía

Balado Pachón A.; 2001: "Elementos de influencia andalusí en las fortificaciones medievales de Valladolid". Actas del IV Curso de Cultura medieval. seminario: La Fortificación Medieval en la Península Ibérica. 21-26 septiembre Aguilar de Campoo

Enlaces

http://www.jcyl.es/jcyl/patrimoniocultural/dueromudejar/index.html
http://ermitiella.blogspot.com/2015/01/la-maqbara-de-valladolid-mudejares-en.html



miércoles, 3 de abril de 2019

El Alcázar Real de Valladolid, una fortaleza de los siglos XII y XIII





" Es cosa tan grande y fuerte que admira, es todo de cantería"

(Antolinez de Burgos, 1987:35)

“Cuenta la tradición que Enrique II, para satisfacer a Dios por la muerte alevosa
que infirió a su hermano Pedro el Cruel y en reparación de la destrucción de
dos monasterios en el reino de Aragón, uno de la orden de San Benito y otro de
Cartujos, se propuso erigir otros dos, el Paular, para los hijos de San Bruno, y
el de San Benito, de Valladolid: pero habiéndole sorprendido la muerte antes de
ponerlo por obra, encomendólo a su hijo Juan. Si es ello verdad no lo asegura la
historia; lo que sí es cierto que después de consultar con el abad de Sahagún, Juan
de Medina, y su capellán, Sancho Martínez, arcediano de Campos (Palencia), en
1388 decidióse a convertir en monasterio su Alcázar Real, aquel Palacio ya existente
en tiempo del moro Ulit I, en el que habían habitado los reyes Alfonso VII,
Alfonso VIII y Enrique I; donde se habían celebrado Cortes generales del reino y
donde se refugió en 1327 la infanta doña Leonor, tía de Alfonso X.
Un profundo foso le rodeaba, alta barbacana le defendía, y cinco sólidos cubos
en cada uno de sus lados le daban robustez. Aún perduraba parte del mismo en
1622 cuando le describía el padre Mancio de Torres, Historia de San Benito
de Valladolid. Por solemne escritura disponía el rey desde Turégano, el 21 de
Septiembre de 1390, que se adaptase el dicho Alcázar vallisoletano para habitaciones
de 18 religiosos, a quienes asignaba 15.000 maravedises de renta anual
sobre la judería de la ciudad, número razonable de fanegas de trigo y cántaras
de vino, con la condición de observar sin dispensación la Regla de San Benito,
guardar clausura perpetua y ser el superior modesto prior, no ambicionado por
los usurpadores de benefi cios eclesiásticos. El papa de Aviñón Clemente VII,
reconocido por los españoles, aprobó en todas sus partes tan laudable propósito
desde Aviñón el 28 de Diciembre de 1390.

(Praecipua privilegia Congr. S.Benedicto Vallesolitani, Valladolid, 1595, fol. 66)


Durante mucho tiempo ha pasado desapercibido, sin querer, que la villa medieval de Valladolid hubiera estado fortificada de diferentes maneras y con elementos diversos, mas que nada por que prácticamente no existen restos sobre cota 0, y si los hay han sido integrados en construcciones posteriores que los enmascaran.
No obstante, la puesta en marcha, primero de una Escuela-Taller para la recuperación del antiguo Monasterio de San Benito el Real, y más tarde la introducción de la investigación arqueológica en el desarrollo urbanístico, a través de la Arqueología Urbana, hicieron cambiar esta perspectiva para poner de manifiesto la existencia de un Alcázar Real y un amurallamiento (varios, en realidad), cuyas trazas reales vamos conociendo.
Hablar del Alcázar Real me remite a las visitas realizadas en los años 80, mientras estudiaba en la Universidad de Valladolid, a las excavaciones dirigidas por los compañeros Miguel Angel Martín Montes, Javier Moreda, Zoa Escudero y Montserrat Seco a quienes hay que agradecer el ingente trabajo realizado. Sirvan estas líneas como homenaje especial fundamentalmente al primero de los citados, que dedicó su tesis doctoral a este tema y que desgraciadamente nos dejó hace ya unos años.
Despertábamos, entonces, los arqueólogos a un nuevo mundo profesional y laboral centrado en las actuaciones arqueológicas relacionadas con la restauración de edificios históricos y el desarrollo urbanístico.



La historiografía sobre Valladolid relaciona el origen de la villa (hasta 1075) con una primera fortaleza o castillo identificado en el siglo XVII con el nombre de "Alcazarejo". Del mismo modo se ha supuesto que existía en aquellos momentos presansurianos una cerca. De ninguno de estos dos elementos fortificados existe, por ahora, vestigio alguno de carácter arqueológico, tal vez por que el propio alcazarejo haya enmascarado preexistencias, por ejemplo una torre de vigilancia, de la que no se ha conservado nada.
En el caso de la posible cerca del siglo XI tal vez, como apunta Adeline Rucquoi, pudiera haberse tratado de un sencillo cierre de tapial y estacas, que por ahora no ha sido reconocida. Para ser honestos hay que mencionar que a la llegada de Pedro Ansúrez no se cita la existencia de elementos fortificado alguno en Valladolid; es más, un documento que se refiere a la delimitación del barrio de San Martín para concedérselo al abad de la Colegiata de Santa María en 1095, no menciona para nada la puerta que pudiera existir, de haber habido una cerca, para entrar a la calle.
Esta, entre otras cuestiones, ha hecho que se proponga el reinado de Alfonso VIII, entre finales del XII y comienzos del XIII,  como cierto para la fortificación de Valladolid con una cerca de piedra con torres y puertas y un Alcázar Real.
Esta muralla, conocida ya en el XIV como Cerca Vieja, cuando las noticias documentales expresan que se empezaba a desmontar, constituía un recinto cuyos lienzos cerraban su recorrido en el Alcázar Real, una fortaleza en la que se asociaban lienzos, cubos, fosos, barreras y torres albarranas.
La técnica constructiva empleada para levantar estas construcciones singulares y que fué reconocida durante las excavaciones arqueológicas realizadas en San Benito y la calle Angustias, es de mampostería de piedra caliza con paramento exterior e interior y un emplecton de calicostro, una amalgama de cal, arena y canto rodado de pequeño tamaño.
A partir de la segunda mitad del siglo XII se producen los enfrentamientos civiles entre los reinos de León y Castilla que propiciaron la fortificación "ex novo" o refortificación de estructuras antiguas a lo largo de la línea de frontera. Tipológicamente, como veremos, estas estructuras vallisoletanas son similares a las de los castillos fronterizos de finales del XII y principios del XIII  de Fuenteungrillo, Castrotorafe, Toro, Villalpando, Rueda del almirante y Villamartín de Don Sancho, en las actuales provincias de Valladolid, Zamora y León.
El Alcazar Real, que ocupaba una superficie de unos 12.500 m2, estaba situado en la confluencia del ramal norte del Esgueva con el Pisuerga. En los documentos y hechos históricos se cita la existencia del edificio desde finales del siglo XII, aunque es a partir de mediados del siglo XIII cuando se le nombra con mayor frecuencia, utilizándolo como punto de referencia dentro de la villa. 
Desde estos momentos hasta su donación a los monjes benedictinos en 1390, es conocido con el apelativo de Viejo (Alcaçar viejo), así como la primera cerca.
Todo el conjunto se ubicaba sobre una terraza cerca de la desembocadura del Esgueva en el Pisuerga, una localización muy frecuente en las poblaciones de esta época.
El Alcazar Real estaba formado en realidad por dos castillos "contemporáneos": el Alcazarejo, que se situaba en la parte mas baja junto al río, mientras que el segundo (el Alcázar Mayor), ocupaba la zona más elevada de la terraza cerca de la iglesia de San Julián, salvando un desnivel de mas de 7 m entre ambos.
Al oeste del Alcázar se localizó el barrio del Reoyo, pero en realidad, numerosas construcciones rodeaban el complejo, como el Palacio se Enrique III y Catalina de Lancaster, que se situaba hacia el Pisuerga.
El complejo se mantuvo en pie hasta el año 1704 en que fue desmochado para acabar de completar el actual patio de Hospedería según el proyecto de Rivero de Rada.
El alcazarejo es bastante bien conocido en sus trazas generales gracias a las excavaciones arqueológicas dirigidas, en el interior, por Miguel Angel Montes y Javier Moreda en los años 80 del siglo XX y Arturo Balado junto a los anteriores, al exterior, en los 90.
Se trata, de un castillo de planta cuadrangular con lienzos de 2,5 m de espesor y una longitud de 31 m, rematada en los ángulos, y a mitad de lienzo, por cubos macizos de 5 m de diámetro; los de los ángulos de planta ultrasemicircular y los mediados en el lienzo, semicirculares. 






A.- Alcázar Mayor
B.- Alcazarejo
CF.- Barrio de Reoyo
1.- Alcazarejo
2.- Capilla
3.- Bodega
4.- Huerta
5.- Baños
6.- Jardín
7.- Puerta de Hierro
8.- Calle de San Julián al Esgueva
9.- Muralla de unión entre ambas construcciones, Alcázar y Arcazarejo
10.- Alcázar Mayor. Cerca
11.- Foso del Alcázar Mayor
12.- Barbacana del Alcázar Mayor
13.- Patio
14.- Patio
15.- Bodega y granero enviejado del Alcázar
16.- Caballeriza Real
17.- Capilla Real
18.- Arco de entrada al Alcázar. 
19.- Entrada principal
20.- Aposentos Reales de servicio: cocinas, hospedería y aposento del rey
21.- Iglesia de San Julián
22.- Sala sobre el Esgueva
23.- Arco y torre albarrana en la Rinconada
24.- Arco y torre albarrana junto al palacio de Enrique III
25.- Calle de la Cárcava
26.- Calle arroyo
27.- Puentecilla de San Lorenzo
28.- Calle reoyo
29.- Calle Garcimontes
30.- Postigo del Río
31.- Palacio de enrique III y Catalina de Lancaster
32.- Barreros
33.- Cerca
34.- Postigo del Trigo
35.- Contracerca
36.- Casas junto al Alcázar
37.- Cerca del Alcázar y de la Villa
38.- Sala larga este-oeste
39.- Pozos del Alcazarejo
40.- Dormitorios
41.- Cerca del Alcázar
42.- Línea defensiva entre el palacio y el Alcazarejo
43.- Contracerca del Alcázar a poniente





Ubicación de los restos murales del Alcázar Real bajo los edificios actuales de San Benito, según M.A. Martín Montes



Trazas del Alcazarejo e hipótesis del trazado completo del mismo según plano  inédito de Arturo Balado Pachón con la superposición del plano 
del convento 











Al exterior se completaba el sistema defensivo con un foso, conservado en el lado este y una barrera, contracerca o segundo muro defensivo.  
Afirma Miguel Angel Martín Montes que el foso ocupa el espacio entre ambas cercas, que distan unos 7 m una de otra, si bien lo razonable es que de ser ambas contemporáneas se desarrollara al interior una liza, mientras que el foso siempre constituye el elemento mas externo.
Parece que esta cuestión no es de fácil comprensión en la poliorcética conocida, salvo si existiera, siquiera fuera mínima, una relación diacrónica entre ambas fábricas, la de la muralla del castillo propiamente dicho y la externa, llamada contracerca.
Al interior del Alcazarejo se identificaron varias estructuras, para las que hoy no existe una interpretación, que ganan altura conforme se desarrollan hacia el sur, adaptándose a una orografía de suave ladera hacia la Esgueva.
Por las fuentes documentales se sabe que en el castillo existió una bodega que se mandó desembarazar para habilitar la capilla para los primeros monjes.
Junto al Alcazarejo debieron existir unos baños pues el rey manda que se entregue la llave de los mismos a los monjes.
También disponía este castillo de un espacio interior que correspondía a un jardín, donde a principios del siglo XIV existían naranjos, y detrás, junto al Esgueva y las murallas, existía otro espacio que dedicaron a la huerta.





Fachada norte del edificio de San Benito cuya fábrica de mampostería, hasta las ventanas,  se considera parte de la cerca del Alcázar Mayor.


Mucho menos numerosos son los restos identificados de las fábricas del Alcázar Mayor, si bien los aún visibles son de mayor envergadura y se sitúan, aún hoy, aún sobre el nivel de la calle. Así ocurre con la fachada norte del complejo de San Benito, con mas de 45 m de longitud y 2 m de grosor.
En su extremo noreste se localizaría el cubo de remate de este sector, que permaneció en pie hasta el año 1896. Otros restos se hallaron en el interior de la crujía oeste del claustro norte y su entorno.
Todos estos restos se levantaron, al igual que los del Alcazarejo con mampostería y relleno de calicostre.
Un foso discurriría en paralelo y tras el se hallaría, siempre a decir del dtor. Montes, la contracerca, que hace coincidir con la fachada de poniente del actual edificio.
Me resulta interesante apuntar que al exterior se encontrara un topónimo lo suficientemente elocuente, Calle Cárcava, que bien pudiera traducir la existencia del foso en este lugar.
Para finalizar al exterior de la contracerca norte y protegiendo los ángulos noroeste y sureste y hacia el sur, cerca de la puerta del Trigo, se emplazarían respectivamente tres torres albarranas de piedra con acceso sobre arcos
Un elemento de planta ortogonal, situado entre el Alcazarejo y El Alcázar Mayor, cuya orientación nada tiene que ver con ninguna de las estructuras reconocidas hasta ahora, supone una incógnita interpretativa de difícil solución. Es precisamente este elemento al que se identifica con la llamada Puerta de Hierro, un acceso imponente desde la antigua Calle de San Julián a la Esgueva.

Cuando Fray Mancio de Torres redacta el libro I de la Historia del monasterio de San benito el Real en 1620 ya son muy pocos los elementos del Alcázar real que se mantienen. Salvo el Alcazarejo "todo se ha arrasado en razón de los edificios"

En los años 90 del siglo XX, un trabajo de reurbanización del espacio sur del complejo de San Benito, englobó la excavación arqueológica y el tratamiento para la comprensión de los restos del Alcazarejo con un resultado controvertido.


En la actualidad pueden realizarse visitas a una de las zonas subterráneas del interior de las oficinas municipales de San Benito y observar uno de los lienzos exteriores con un cubo intermedio, el foso y la contracerca contratando la visita turística a través del propio Ayuntamiento












Mi agradecimiento a los técnicos municipales que me permitieron realizar la visita y fotos a costa de su tiempo y sin los que no me hubiera sido posible  entender en su justa medida las estructuras arqueológicas ni comprender sus condiciones de conservación.

¡Les deseo una feliz semana!







Bibliografía


Martín Montes, M.A.; 2001: Valladolid: Lugar Fortificado durante los siglos XII y XIII. La fortificación medieval en la Península Ibérica. Actas del IV Curso de Cultura Medieval, pp.295-314. Centro de Estudios del románico, Aguilar de Campoo, 21-26 de septiembre de 1992. Fundación Santa María la Real.





miércoles, 20 de marzo de 2019

La Villa de Orfeo, en Camarzana de Tera, Zamora




Detalle del mosaico de la estancia 13, el oecus  de la Villa Romana de Camarzana de Tera


Hace mas de treinta años participé en las excavaciones arqueológicas del castro de Camarzana de Tera, un poblado fortificado de la I y II Edad del Hierro con viviendas circulares de adobe y una enorme e imponente muralla.
La ocupación del territorio desde épocas pretéritas es amplia. A un pasado neolítico del que nos han llegado vestigios de sepulcros colectivos de carácter megalítico como el dólmen de San Adrián y el de las Peñezuelas, siguen ocupaciones del territorio hasta la romanización, incluyendo los castros mencionados, de la que es testimonio fundamental el campamento de Petavonium, en Rosinos de Vidriales, y los talleres de cerámicas de paredes finas de Melgar de Tera y la propia villa hallada en la localidad de Camarzana, que junto a otras del territorio configuran el pasado tardoimperial de época hispanorromana.
Si bien, la villa se conocía , por hallazgos puntuales, desde la segunda mitad del siglo XIX, concretamente datan de 1861, cuando al construirse la carretera de  Benavente a Mombuey se localizaron restos de cimentaciones de muros y algunos fragmentos de mosaicos en la conocida como Huerta del Barrero, y, a partir de entonces se producen algunos otros hallazgos relacionados con la misma, como ocurrió en 1939, cuando la Comisión Provincial de Monumentos descubrió un nuevo pavimento, no ha sido hasta el cambio de siglo cuando se ha intervenido de forma sistemática para la investigación y puesta en valor de esta villa.
De hecho, parte de los mosaicos hallados en 1939 habían sido, entonces, destruidos, pudiéndose rescatar tan solo algunos fragmentos que se depositaron en el Museo de Zamora.


Era un hecho comprobado que los muros continuaban hacia el otro lado de la carretera y en dirección a la iglesia, para cuyo ábside Gómez Moreno, en el Catálogo Monumental,  publicado en 1927,  señala un origen hispanorromano relacionado con una de las estancias de la villa. Describe, igualmente, restos de mosaicos bajo alguna alguna vivienda de Camarzana, con dibujo de semicírculos "cabalgados unos sobre otros, y cenefas de trenzas sencillas", y la existencia de otro mosaico "al otro lado de la carretera", en el corral de una casa, que fue soterrado y que "diseña ramas verdes".



Proceso de excavación arqueológica. 2007-2008

Todos estos hallazgos mencionados anteriormente hacen que ante la presentación de un proyecto de construcción en la zona, se adoptaran las cautelas pertinentes para llevar a cabo un peritaje arqueológico. Consecuencia de aquello se reconocieron mosaicos in situ y un capitel. Este fue el comienzo de una investigación arqueológica que propició, por sus características e importancia, con la adquisición del solar por parte de la administración de Cultura.
En la zona intervenida, la del solar, se hallaron los restos de un palacete campestre, la pars dominica, con hasta 15 habitaciones en torno a un patio porticado y los restos de una escalera que conducía a un piso superior. Los pavimentos, decorados con mosaicos geométricos mayoritariamente, se acompañan de paredes enfoscadas con motivos polícromos y algunas molduras en la zona de encuentro con el pavimento.
La habitación central se encuentra decorada con un mosaico figurado presidido por una figura sedente togada rodeada de animales enmarcados en cuadros. Es probable que se trate del mito de Orfeo que, tañendo la lira - que no se ha conservado- amansa las fieras.
Ocho cartelas con cuatro cuadros en las esquinas rodean este emblema encerrando caballos con sus nombres: GERMINATOR, FINIX, AERASIMIS Y VENATOR QUI, los tres primeros con iniciales entre las patas (MBH, MBM Y LBS) mientras que el último presenta sobre el nombre sobre el lomo.


En el medio de los laterales cortos se afrontan cráteras con felinos rampantes y, en los largos,  un cazador alcanzando una gacela.
La zona de acceso a la habitación tiene escenas orientadas al pasillo en tres cartelas representando una parra con perdices,  una escena de caza con caballero y jabalí y un caballero con perro. Es posible que esta estancia estuviera dedicada a Triclinium o comedor.


Pasillo con mosaico geométrico y Triclinium con las escenas central, felinos afrontados con crátera y escenas venatorias.




Maqueta de la zona del triclinium, peristilo y patio de la villa

Otra de las habitaciones, tal vez correspondiente al oecus o sala de recepción y representación del dominus, se adorna con una escena central en la que se reconoce un animal cuadrúpedo enjaezado con una figura femenina sobre el lomo, con la túnica al viento; tal vez el rapto de Europa por Zeus camino a Creta. Sin embargo, para Martín Benito se trata de la representación del “Sueño de Ariadna” hija del rey Minos, que había ayudado a Teseo a encontrar la salida del Laberinto de Creta, tras vencer al Minotauro. El héroe, en su huída la llevó consigo para dejarla, después en una playa de la isla de Naxos, donde fue encontrada por Dionisos, quien la incorporó a su cortejo, la hizo su esposa y la condujo al Olimpo.
En torno al emblema se desarrolla un mosaico cuyo diseño responde a una compleja composición de tres cenefas, dos geométricas y una vegetal en la que se engarzan genios, todo ello realizado en opus vermiculatum; cadenetas de ochos formando svásticas y rombos con motivos vegetales configuran el resto del mosaico.
La villa muestra algunas modificaciones a lo largo del tiempo, como un cambio de eje en las estancias, complementada con algunas obras menores.
Los mosaicos han sido consolidados y se ha realizado una obra de cubierta para la protección y visita pública de esta zona de la villa.





ç

Genio. Orla musivaria



Proceso de consolidación de los mosaicos de Camarzana de Tera



La villa romana fue declarada Bien de Interés Cultural el 4 de noviembre de 2010.


¡Les deseo una buena semana!





F. REGUERAS GRANDE: Camarzana. Pasado y presente de una villa romana del Tera. 2009.