lunes, 20 de octubre de 2014

Templos de origen altomedieval. Santa María de Wamba



A escasos 20 km de la ciudad de Valladolid en dirección noroeste, encontramos la localidad de Bamba, hoy Wamba, por la creencia de que fue en este lugar donde se produjo la sucesión del rey Recesvinto al siguiente de los monarcas visigodos. Conviene traer, tal vez, a colación que en territorios cercanos también existe el mismo nombre, sin ir mas lejos la localidad de Bamba, en el municipio de Madridanos, en la provincia de Zamora.
Se ha querido ver el la actual Wamba la localización -creo absolutamente injustificada- de la antigua morada de Gérticos, que el rey visitaba, suponiendo así la existencia de un palacio y un templo de la misma época.

Hay quien, incluso, llega a afirmar que la sucesión del mismo Wamba se habría producido en este lugar, de ahí en nombre -de nuevo-, si bien la coronación solo habría podido llevarse a efecto en la capital del reino, Toledo.

Leyendas y suposiciones aparte, lo cierto es que de Bamba procede un tenante de altar decorado con bajorrelieves que fue depositado por un vecino de la localidad en el Museo de Valladolid, donde puede visitarse desde entonces.



Se trata de un pilar de mármol que en la época visigoda soportó la mesa del altar de la iglesia de Wamba que copia la estructura de una columna, con basa, fuste y capitel. Sus cuatro caras, en la zona correspondiente al fuste, muestran cruces en relieve y el capitel tiene una doble corona de hojas de acanto esquematizadas. Este tipo de altar de soporte único, frente a los de cinco columnitas, se impone en la corte visigoda toledana y se difunde a tierras meseteñas en la segunda mitad del siglo VII (según nota del Museo de Valladolid).
En el interior de la propia iglesia, a día de hoy, se conservan varios fustes de columnas de dimensiones y grosores diferentes, realizados en mármol y piedra caliza, así como una pila de agua bendita de mármol gallonada en el hueco de un capitel antiguo sobre cuya cronología se ha llegado a apuntar influencia bizantina.







Estos elementos reutilizados son indudablemente procedentes de construcciones previas a la actual.
El  edificio conservado, fue conocido y publicado por Gómez Moreno en su monografía sobre las iglesias mozárabes, aportando este análisis, interesantes fotografías para conocer su estado a comienzos del siglo XX.
Parece que nadie cuestiona que la parte mas antigua se ceñiría a la cabecera tripartita de testeros planos.
Se fundamenta esta afirmación en el análisis estilístico de las piezas internas: arcos en herradura, cimacios decorados con sogueados, palmetas, etc. Proponiéndose además una influencia norteña de las construcciones del arte asturiano.


Si observamos la técnica constructiva y el tipo de tipo de aparejo concluimos que la estructura mas antigua se levantó mediante mampostería concertada, reservando el uso de sillares para las zonas de refuerzo de las esquinas y para los arcos, cimacios y jambas. Las piezas, de caliza, fueron cuidadosamente desbastadas y, algunos de los sillares decorados con bajorrelieves de encintados y sogueados para las molduras de los cimacios, así como palmetas y acanaladuras.
Los arcos de herradura que configuran esta cabecera presentan un dovelaje regular que en el caso de la nave del evangelio  es de doble clave desplazada por una  grieta.








Al exterior se advierte que el remate este del testero de la capilla central, mas grande, contuvo tres vanos, hoy absolutamente modificados.



Se conservan los restos, prácticamente residuales, del enlucido externo de esta zona de la iglesia, sobre el que no podemos apuntar mucho mas en cuanto a su origen.



Esa misma técnica constructiva de mampostería visible en la cabecera es identificable en dos tercios del muro norte de la nave del templo, mientras que el muro sur fue completamente sustituido por otro mas moderno de finales del XII.
Tal vez sean estos antiguos restos los de la iglesia de un antiguo monasterio reconocido como del siglo X ya que se menciona la existencia de Fruminius, en 928, probablemente el titular de la sede de León en esos años, como obispo de Bamba. De su monasterium, se cita una data en 948, si bien este término no sabemos si puede ponerse en relación como un auténtico monasterio, tal y como hoy entendemos este término.

Una antigua puerta en forma de herradura se halla hoy cegada en el muro norte del aula, junto a la zona del presbiterio.


Algunos investigadores han propuesto que esta iglesia, considerada inicialmente como mozárabe, supusiera la reconstrucción de una iglesia visigoda previa existente en tiempos de Recesvinto. 

Un interés muy especial revisten las pinturas, probablemente realizadas  al temple sobre mortero de cal, de la cabecera de la capilla central del testero.
Se trata de una especie de tapiz pictórico de tondos insertos en cuadrados delimitados por franjas decoradas con zig zag negro, conformando cuadrados de cuatro cuadros mas pequeños que alojan en dos círculos concéntricos temas geométricos, todos ellos diferentes, y en el centro motivos figurados vegetales y animales pintados en blanco, negro y anaranjado.
De las esquinas de cada uno de los cuadrados pequeños sale un vegetal esquemático. Franjas de rombos en negro recorren toda la superficie, delimitando el paño pintado.
La composición alberga un motivo central cruciforme en negro y blanco flanqueado por segmentos de tondos en la parte baja habiéndose perdido la pintura en la zona superior.







Sin duda alguna recuerdan las composiciones textiles de las sargas califales procedentes de talleres orientales que se conservan en templos antiguos vinculados a la existencia de enterramientos de reyes y condes, como ocurre en San Salvador de de Oña, entre otras, datadas en el siglo X. pinchar aquí para ver, o en el siglo XI, como las telas de seda de Salamanca y otras.para saber mas.

Cuadrúpedos en negro y color rojizo y una flor, son algunos de los elementos decorativos destacados, sobre cuyo simbolismo litúrgico no me atrevería a pronunciarme. 




A finales del XII parece que son los Caballeros Hospitalarios de la Orden de San Juan de Jerusalén los que se hacen cargo de remozar las antiguas edificaciones, correspondiendo a estos momentos la configuración de la nave del templo en un estilo de transición entre el románico y el gótico.
Es en esta nueva obra en la que se emplean sillares de caliza tallados a azuela en oblícuo y que conservan numerosísimas, variadas e interesantes marcas de cantería: llaves, compases, letra E, estrellas, etc.
Las antiguas cubiertas de las capillas de la cabecera son recrecidas con bóvedas de cañón, advirtiéndose la línea de imposta la nueva estructura de sillares y el evidente cambio de aparejo.




El aula , de trazado antiguo y, como ya vimos, nuevas factura en algunas zonas, tiene 18 m de longitud por unos 12 m de anchura y se articula en tres naves sobre pilastras que configuran nueve espacios. Las marcas y decoración de aquellas son ciertamente singulares.













Los capiteles que sustentan los arcos representan escenas relacionadas con algunas cuestiones como el pesado de las almas, con una curiosa estrategia de San Miguel y las trampas diabólicas, el mundo infernal, algunos de los pecados capitales, etc.



















La puerta oeste, abierta a los pies del templo, sin embargo, no parece corresponder estilísticamente a los mismos criterios con los que se configuró el espacio interior de la nave - mediante arcos apuntados- constituyendo una puerta románica con jambas, dintel con prótomos de seres mágicos o monstruosos, un tímpano decorado con motivos de flores, arquivoltas sencillas pintadas en rojo y una galería de canecillos figurados. 
Tal vez había que pensar en un elemento pensado y realizado aún en clave románica clásica, mientras que el resto de las arquerías de las naves y el claustro corresponderían a conceptos románicos con formas tendentes al gótico.


Responden a estos momentos, además, la construcción de las dependencias del claustro, en su zona baja, con todas las estancias conservadas de la crujía oeste, observándose curiosos aparejos con estrechos tizones.


Una de estas estancias fue utilizada, posteriormente, como osario, el famoso y ya reducido, cuya configuración actual no es la original. De este lugar de concentración de restos inhumados poco podemos saber dado que fue expoliado durante años.




Parece que durante años se conservó el epitafio: Como te ves, yo me vi. Como me ves, te verás. Todo acaba en esto aquí. Piénsalo y no pecarás.
Este tipo de inhumaciones secundarias son conocidas en otros lugares, como el recientemente descubierto de la iglesia de San Esteban de Cuellar, mucho mas modesto pero conceptualmente similar.



En el interior del aula se contraten varios lucillos funerarios entre los que destaca el pintado con la visita de La Virgen a Santa Isabel, el de San Roque y el de los Reyes Magos.








Sabemos que la reina Urraca de Portugal, la esposa del rey Fernando II de León, madre de Alfonso IX, y hermana de la Orden, fue enterrada en la iglesia de Bamba. Es precisamente en la conocida como capilla de la Reina donde se encuentra colocado su epitafio.


Estos momentos finales medievales se adosan otras construcciones al norte del edificio, como la capilla situada al este, con bóveda de crucería sujetada por una columna central y la capilla de las pinturas renacentistas o la capilla del baptisterio.



Para ir finalizando, el pórtico es un elemento posterior que enmascara, sin duda uno mucho mas bajito de épocas pretéritas y de cuya configuración no sabemos mas que la atura de su cubierta.

La sacristía, en su configuración actual está datada en el siglo XVIII.



Este nuevo acercamiento personal al templo me ha proporcionado nuevos datos y la oportunidad de plantear una serie de propuestas y necesidades para abordar un estudio exhaustivo del mismo, mostrándose como prioritaria una lectura estratigráfica del edificio. 

Mi agradecimiento personal a la guía de la iglesia de Wamba que acompañó mi visita y que es historiadora del arte, además de una estupenda guardesa, a Jacquot Supiot , que me acompañó en este reencuentro y a José Luis Velasco, párroco de Bamba y amigo.


Bamba a principios del siglo XX.

Bómez Moreno, M; 1919: Iglesias Mozárabes. Arte español del siglo IX.

Se observa como el arco triunfal de medio punto había sido forrado en madera.

Antes de la intervención de 1989, se añadió la forma de herradura.

Arquitecto de la intervención de 1989: José Luis de la Quintana Gordón y José Ricardo Boned Cólera. Arqueólogo: Pedro Matesanz



Calcamonías contemporáneas en los sillares del pórtico



Lamentablemente carecemos de información a cerca de las intervenciones arqueológicas realizadas en el interior y en la zona del claustro, que solo tal vez pudieran haber aportado luz a nuestras propuestas.

Si nunca estuvieron en Wamba deberían venir; si nunca oyeron cantar a esta monja, no saben lo que se pierden.

¡Que tengan una feliz semana!




martes, 14 de octubre de 2014

La Santa Espina, cister entre los Torozos


La lluvia da una tregua para visitar Torozos en un octubre muy otoñal. Entre páramos y vallejos surcados por arroyos existe una de las mas bellas y singulares concentraciones de templos medievales del centro de la provincia de Valladolid; en pocos kilómetros encontramos Santa María de Wamba, San Cebrián de Mazote, Urueña y la Espina.
Llegamos a la Santa Espina.
Nos acompaña en la visita el hermano José María, al que van dedicadas estas líneas.
Tres fueron los grandes valedores, a lo largo de la historia, de este complejo monacal. 
Su fundadora fue Doña Sancha de Castilla, promotora de otras tantas entre las que destaca el primer hospital de Peregrinos de León, y que fue enterrada en el Panteón Real de San Isidoro.
A la marquesa de Valderas, dueña de estos territorios tras la desamortización de debe la promoción de la conversión del edificio abandonado en hogar y escuela de niños pobres. Para su dirección recurrió los franceses hermanos de la Salle.
Finalmente, el ministro franquista Rafael Cabestany, a quien se debe la creación en la Santa Espina, de la Escuela Nacional de Capacitación Agraria y la fundación de pueblo de colonización del mismo nombre, con lo que la iglesia del monasterio pasó a constituirse en parroquia del nuevo núcleo.



El Monasterio de Santa María de la Santa Espina se halla en el pequeño valle del arroyo Bajoz y su subsidiario arroyo de la Noria, en pleno territorio del páramo conocido como Montes Torozos, a unos 40 km de la ciudad de Valladolid,  en dirección noroeste.



En el año 1147, la infanta Sancha de Castilla, hermana del rey Alfonso VII invita a tres de los monjes del monasterio francés de Claraval a fundar un monasterio de la nueva orden cisterciense en sus posesiones con la intención de custodiar la reliquia de una espina de la corona de Cristo, que había sido regalada por el rey francés Luis el Joven.

El propio Nivardo,hermano de la orden de San Bernardo de Claraval, debió dirigir las obras del edificio levantado en el siglo XII.
La prexistencia del arroyo condicionó que el claustro se situara al norte de la iglesia, en lugar de la habitual disposición al sur.

De este primer monasterio, levantado al parecer bajo la advocación de San Pedro de la Santa Espina, a finales del siglo XII y principios del XIII, se conservan, en la panda este del claustro una espléndida sala capitular,  el armariolum, la sacristía y la iglesia. 

La sala capitular se construyó en el siglo XIII y se abre desde el claustro a través de tres grandes vanos con arcos apuntados y muy moldurados, siendo el central la puerta de acceso. Es planta cuadrada dividida en nueve tramos mediante cuatro soportes centrales, de los que, los situados en el eje central son ligeramente más anchos. Todos los tramos se cubren con bóvedas de crucería sencilla. El pavimento original no es visible pues se halla recrecido el nivel de pavimento, como pone de manifiesto el hecho de que las basas de sustento de los pilares no sean visibles.















Entre esta sala y la iglesia, se hallan el armalorium, la pequeña habitación destinada a albergar los libros de oración y liturgia, que se considera la más antigua del monasterio, ya que su datación se retrotrae a 1170, y junto a ella, la sacristía de planta rectangular y cubierta con bóveda de arista.

Desde este espacio se accede a la zona de cabecera de la iglesia. La construcción del complejo se dilató durante un siglo y medio comenzando en un momento de transición entre las formas de hacer del románico e inicios del gótico y rematando la mayor parte del mismo en estilo gótico pleno, al que corresponden además la capilla de los Vega o de San Lorenzo, en la cabecera de la iglesia, y los lucillos funerarios del claustro reglar.
Góticos son, igualmente los lucillos funerarios y arcosolios de la panda sur del claustro reglar, expoliados durante la francesada.







 


El templo fue construido entre los siglos XIII y XV. Se trata de un edificio de planta de cruz latina con tres naves de seis tramos en el brazo longitudinal, siendo la central más ancha que las laterales y con el transepto perfectamente marcado, de una sola nave y dos tramos por brazo. 








La cabecera está compuesta por una capilla central con ábside semicircular precedido de un profundo tramo recto, y flanqueada por cuatro capillas, dos a cada lado, de testero recto las correspondientes al lado del Evangelio y la intermedia del de la Epístola, rectangular y mucho más desarrollada la extrema de ese costado.
Los lucillos sepulcrales de las familias Meneses y Alburquerque son del s. XVI, al igual que el retablo, procedente del Monasterio de Retuerta (Valladolid).
La actual capilla de San Pedro, cubierta con bóveda de cañón ligeramente apuntada, es el único resto visible y evidente de la antigua cabecera del primer templo.
El transepto  consta de cinco tramos que le confieren una mayor anchura que la nave. 
El tramo del crucero, de mayor anchura que los restantes, se cubre con cimborrio octogonal con ventanas en forma de arco carpanel entre los nervios de una bóveda estrellada. 
Destaca la capilla funeraria, que se localiza en el ángulo formado por el crucero y la nave, en el lado opuesto al claustro, denominada «de los Vega», es una obra propia del gótico del siglo XIV.


Las naves están separadas entre sí por esbeltos y, al mismo tiempo, potentes pilares de núcleo cruciforme a los que se adosa una columna en los frentes y un codillo en las esquinas. La central, considerablemente más alta que las laterales, se cubre con bóvedas de crucería cuatripartita. Los arcos de separación, son apuntados y doblados. Las naves laterales se cubren con bóvedas de crucería cuatripartita y se iluminan a través de ventanas abiertas en cada uno de los tramos. Todas ellas presentan caracteres similares, si bien las del Evangelio son de medio punto y están cegadas por la construcción del claustro alto, y las del flanco opuesto son apuntadas. 



La capilla de la reliquia del s. XVII fue diseñada por Francisco de Praves, discípulo de Herrera. En ella se puede contemplar la custodia que guarda la Espina.



En la nave de la Epístola, se abre la Capilla del Abad o de San Rafael, en la que en la actualidad se hallan los enterramientos de Cabestany y su esposa.



Ocupando los dos tramos más occidentales de la nave central, se encuentra el coro que sitúa en alto, asentado sobre arcos rebajados y moldurados sobre medias columnas adosadas a los pilares de la iglesia. Esta ubicación es propia del siglo XVI ya que antes los coros se situaban en la nave central de la iglesia en el nivel de circulación, pero cortaban la visión del templo, hecho que propició que a partir del siglo XVI se situaran el alto, con lo cual también se establecía una diferencia clara entre los monjes y el resto de los asistentes al templo.
Junto a las grandes transformaciones del complejo que se produjeron en el siglo XVI en el templo,llama la atención el patio renacentista de Hospedería, en estilo Herreriano, por el que se lleva a cabo el actual acceso al edificio, con una sobria configuración de arcos y pilastras. 






También en el siglo XVI se modificó el claustro reglar,al modo clasicista. Es este un espacio de planta casi cuadrada  de unos 35 m de longitud en las pandas este y oeste, y 36 m en las norte y sur. En la zona occidental se encontraba la zona de conversos, desaparecida en el XVI con la construcción de una gran escalera monumental y asumidas las dependencias toda vez que los conversos desparecen de los monasterios en esa época.
En el XVIII se levantó la fachada principal del templo con las dos torres que le otorgan el aspecto que presenta en la actualidad y que son obra de uno de los discípulos de Ventura Rodríguez.





Durante 700 años, tras la valla de piedra que rodea el perímetro del Monasterio, la orden del cister organizó la vida y posesiones de este lugar.
En la actualidad este centro es una Escuela de capacitación y experiencias agrarias dependiente de la Consejería de Agricultura, Ganadería y Montes de la Junta de Castilla y León, aunque los hermanos de la Salle continúan al frente del monasterio.









No dejen de visitar este lugar. 


Feliz Semana!







Si desean ampliar la información, pueden hacerlo en:

García Flores, A; 2010: Arquitectura de la Orden del Cister en la provincia de Valladolid (1147-1515)
Escribano Velasco, C. y Balado Pachón, A..; 2010: Guía del Cister en Castilla y León.

http://www.lasantaespina.es/

lunes, 6 de octubre de 2014

Los vestidos antiguos de la Virgen de la Armedilla. Tejidos históricos en Cogeces del Monte I.







Hace unos años me embarqué en la tarea de ayudar en la limpieza de algunos de los elementos litúrgicos de la iglesia de mi pueblo durante mi estancia veraniega. Aprendí a hacerlo de la mano de Teódula García, una de las personas mas generosas y templadas que la vida puso en mi camino.
Con los años ella debió ir retirándose, a la vez que yo me involucraba en la tarea, hasta que poco a poco se fueron limpiando y, a la vez, catalogando todas las piezas visibles y empecé a tomar conciencia de la importancia de algunos bienes guardados y nunca, hasta entonces, suficientemente valorados.
Me desbordó lo hallado y algunas personas acudieron en mi ayuda. Enseguida fuimos conscientes de que aquello exigía una formación que estaba mas allá de lo que nosotros manejábamos y sin arredrarnos comenzamos a leer y estudiar para iniciar una aproximación histórica y técnica a los tejidos mas singulares. En el verano de 2012, el grupo de investigación histórica y etnográfica de Cogeces del Monte, Gihec, ya a pleno rendimiento, organizó una muestra sobre ropajes históricos litúrgicos. La selección se hizo sobre piezas de los siglos XVI a XVIII, las más antiguas conservadas en la localidad, correspondientes a los vestidos de la Virgen de la Armedilla y los de oficiar la liturgia en ocasiones singulares.



Durante la Alta Edad Media y fundamentalmente en los siglos X y XI, se produce un cambio sustancial en el vestir de Europa y sobre todo en la Península Ibérica.  La influencia oriental pone de moda una sofisticación en el modo de vestir de las élites sociales que adoptan un comportamiento suntuoso. Llegan al Imperio carolingio y al sur de la península ibérica, a través del califato los tejidos terciopelos, sedas, brocados, damasquinados, tafetanes, gasas, etc y aparecen los bordados con oro, plata, piedras preciosas y semipreciosas, corales, metales, plomo, cartón y sedas teñidas de bellos colores e incluso pintadas a mano, lo que supone que  artesanos muy diversos colaboren en estas nuevas telas suntuarias. Así se ha de echar mano de  plateros, orfebres, fundidores, tallistas de piedras preciosas, forniteros, tintoreros y urdidore.
En el territorio de influencia carolingia de la Marca Hispánica, se puso de moda un vestuario con superposición de mantos, telas y pieles, pegados éstos  a puntadas finísimas consiguiendo estos bellos efectos: leones rampantes, escudos, castillejos, flores, etc. sobre lanas, linos, hilos, yute…
Por otra parte, la influencia de los telares islámicos del sur peninsular, fundamentalmente de la zona almeriense, es notable en la Castilla medieval, introduciendo exquisitos tejidos de seda entre la aristocracia, de la que dan buena cuenta los ejemplos condales de Oña y reales, en la colección de las Huelgas Reales y Oña (Burgos) y San Zoilo, en Carrión de los Condes (Palencia).Mas información...





Las imágenes de culto, entre ellas las de la Virgen María son, a lo largo de la Edad Media, esculturas realizadas sobre piedra y madera policromadas. Durante los siglos XII y XIII, es representada como imagen sedente, el trono de la Sabiduría, aliviando en el XIV y el XV, el hieratismo hasta pasar de ser la madre de Dios, a partir del XVI y fundamentalmente a lo largo del XVII, a ser representada de forma completamente diferente adornándose como una señora noble, con ricas telas y ornato. Coincide esta cuestión con aquel empeño ibérico en la defensa de la Inmaculada Concepción de la Virgen y su Asunción al cielo.
Es entonces cuando muchas imágenes son meros soportes y bastidores, aunque siguen venerándose las antiguas tallas medievales, son transformadas para adaptarse a los nuevos gustos en su presentación y veneración, siendo este el caso de la talla de la Virgen de la Armedilla, una imagen  románica de madera, en la que la pintura expresa sus rasgos faciales, vestidos y trono. Adaptarla a estos nuevos usos supuso ocultar el niño Jesús original de la virgen theotocotos , una necesidad de darle mayor altura, pues debe pasar de ser una imagen sedente a una de pie,  nuevas manos, un nuevo niño Jesús y vestidos apropiados, constando estos de un enaguado superpuesto, cofia, un mandil o vestido, manto a juego, un rostrillo de plata dorada y la corona de bronce, que transformaban completamente su imagen externa.
El rostrillo de la Virgen de la Armedilla es un óvalo de filigrana de plata de gran calidad técnica aderezado con perlas y cristales de colores: blanco, verde y rojo fundamentalmente. Aunque no es posible determinar su autoría ni cronología, pues carece de marcas visibles, proponemos de forma poco fundamentada y basándonos en criterios estilísticos, una fecha posterior al siglo XVI para su fabricación.
La corona de la Virgen, así como la que se le puso al niño Jesús de Maliñas (tardogótico) está realizada en bronce y parece de finales del XVII.
La de la virgen es radiada, rematando en soles con pedrería de color verde y rojo, aunque faltan numerosas piezas de cristal.
Encomendado a las llamadas camareras, el acto de vestir y desvestir o cambiar de vestido a las imágenes de la virgen iba directamente ligado a las mujeres devotas. Los vestidos solían ser regalos y donaciones que se han perpetuado a lo largo de los siglos, hasta la actualidad. La camarera de la virgen de la Armedilla custodiaba todos sus vestidos y complementos en su casa. Llegado el momento del cambio se dirigía a la iglesia, descendía la imagen colocándola sobre un cesto de mimbre y tomándose su tiempo procedía al desvestido y vestido de la misma. Este momento, reservado a la camarera, no era público, prohibiéndose expresamente la presencia de cualquier otra persona y fundamentalmente la de los niños, a los que se les indicaba que la virgen estaba pariendo.
La virgen de la Armedilla dejó de vestirse en la década de los 70 del siglo XX.
De entre todas las piezas conservadas cabe hacer una especial mención a dos equipos completos de mandil y capa de los siglos XVI y XVII, el primero de ellos de seda natural negra y el segundo en color rosa palo.


El manto y mandil negros de la Virgen de la Armedilla bien podrían ser datados en el siglo XVI y fueron trabajados sobre seda natural negra. Se trata de un tejido de tafetán de seda y plata forrado en lino y seda. Sobre la seda se cosió un encaje de aguja con algodón negro, blanco  e hilos de plata, al parecer realizado sobre bastidor de almohadilla y bordados.
Los motivos se dibujaban sobre pergaminos finos o sobre sarga de algodón a mano alzada. Se tejían primero los motivos florales en algodón pasando después el hilo de plata, cuando éstos completaban el patrón de la prenda, se ponían sobre la base previamente cortada y se unían después unos con otros, en éste caso en negro, rematando finalmente toda la pìeza con un encaje de bolillo en plata.




Los telares en esa época solían medir de entre 30 y 80 centímetros de anchos, ajustándose los. bastidores a la necesidad del trabajo.




Los vestidos de color rosa palo, datados en el s. XVIII están igualmente realizados sobre tafetán de seda, con forro de seda y rematado en bolillo de plata, en este caso con encaje plateado en el centro del mandil y viseando la capa, un equipo mucho mas sencillo que el anterior.




Feliz semana!








Para saber mas

.- Escribano, C; Gutierrez, M. y Herguedas, M; 2012: Indumentaria litúrgica de los siglos XVI y XVII en la iglesia parroquial de Cogeces del Monte, Valladolid. Estudio y presentación pública
Arcamadre 15, pp16-21


.- Estudios de patrimonio