miércoles, 22 de enero de 2020

Algunas mujeres sabias, maestras y creadoras en la Edad Media




Icono de Santa Catalina y escenas de su ciclo hagiográfico, finales del siglo XII o principios del XIII. Monasterio de Santa Catalina del Monte Sinaí.
Tomada de http://www.museuepiscopalvic.com/laprincesasavia/esp/ambit2.1.htm


Presentar y resumir un tema tan importante se hace difícil y complejo al intentar acotar el tiempo, el espacio y el contenido, pero es tan necesario reivindicar la existencia de aquellas mujeres sabias y creadoras que, aún a riesgo de no ser exahustiva, hay que arrojarse a esta labor e ir completándola en la medida de las posibilidades y el conocimiento. Bien es cierto que sobre algunas de aquellas Ermitiella ya tiene entradas propias, pero es justo contextualizarlas e intentar conocerlas un poco mejor en su conjunto.
En la tardoantigüedad es Zósimo de Panopoli, filósofo de la naturaleza que vivió en Egipto en el siglo IV, quien nos presenta a la profetisa María, también conocida como María la Hebrea, filósofa y maestra a la que atribuye la invención de la técnica de cocción conocida como Balneum Mariae, el archiconocido Baño María a la que también se atribuye el Axioma de María o Axioma de la Cuaternidad, que adopta el cuatro como el número del cosmos, en el que está encerrado todo el universo, un concepto que encontraremos incluso en el Paraíso de Dante y que se cita de este modo "el Uno se convierte en Dos, y los Dos Tres, y a través del Tercero, el Cuarto completa la Unidad".
Contemporánea suya fué una Cleopatra, autora del tratado llamado Chrysopoéia, de gran éxito durante la Edad Media y a otra Cleopatra que escribió un compendio de ginecología conocido como Gynae, popularizado a partir del siglo VIII.
Es precisamente en este siglo cuando comienza a escribirse sobre Catalina de Alejandria, cinco siglos después de su vida - s. III d C- ,  con lo que las noticias que tenemos sobre ella  pueden estar transformando la realidad - tal vez bajo la influencia de lo acontecido a la científica Hipatia, también de Alejandría-; pero sin poner en tela de juicio su sabiduría y elocuencia. Parece ser que  Magencio intentó, a través de la intercesión de cincuenta filósofos y retóricos de la Escuela de Alejandría,  convencerla de que negara su fe cristiana y cejara en un innecesario sacrificio por la defensa de su dios. Sin embargo, ninguno de ellos lo consiguió. De ahí su martirio en la rueda, que acabó por romperse, y posterior decapitación,  que le han hecho ingresar en el elenco de las santas y mártires, con palma, por supuesto. Su culto se extendió inicialmente por Oriente y mas tarde en Occidente,  desde el siglo VIII, como lo demuestra la dedicación de un afamado monasterio en el Monte Sinaí, también conocido como de la Transfiguración.
Esta doble vertiente de sabiduría, elocuencia y martirio pueden estar en la base de su titulación como protectora de los sabios, convirtiéndose, de hecho, en uno de los estandartes de la sabiduría femenina y patrona de los profesores y estudiantes universitarios, un mundo que curiosamente les fué vetado a las mujeres durante mucho tiempo.
Es en este periodo de transición entre la Antigüedad y la Edad Media cuando comienza a tenerse noticia de las primeras "escuelas de mujeres", un fin de camino iniciado por las anacoretas del desierto como  Sinclética y Macrina que acabó dando  paso a la fundación  de numerosos monasterios para monjas, casi siempre familiares, hermanas o mujeres de confianza de personajes masculinos relevantes, como el de Escolástica, hermana de San Benito de Nursia, en Piumarola - muy cerca de Montecasino-, con lo que se abrió una puerta al estudio de las escuelas filosóficas de la Antigüedad para las mujeres.



Ya en Belén (Palestina) se había fundado un monasterio en el siglo IV en el que ingresaron algunas patricias educadas e influyentes como Paola, Eustochio y Melania, todas ellas bien valoradas por San Jerónimo y con quienes Gerolamo no se avergüenza de hablar sobre el gobierno del Iglesia y el problema de las herejías, afirmándose que algunas de aquellas jugaron un papel decisivo en la derrota de los pelagianos. 




Este monasterio palestino se convirtió rápidamente en un gran centro de cultura, en el que no sólo Jerónimo imparte doctrina como magister, sino también como aprendiz, pues de las monjas aprende  griego y  hebreo, quedando constancia de ello en las dedicatorias a estas mujeres que aparecen en dos libros de la Vulgata,  traducción de la Biblia al latín. 
En época carolingia, una miniatura de la Primera Biblia de Carlos el Calvo  muestra a San Jerónimo enseñando a sus discípulos, y discípulas tomando notas. 
Significativa es, igualmente la carta de San Jerónimo a la matrona Leta, que le había pedido consejos sobre cómo educar a su hija, recomendándole para la niña un plan de estudios que los autores del clasicismo romano establecían para un futuro retórico.
Esta misma tradición se perpetúa iniciada la Edad Media, existiendo constancia de ella en las Islas Británicas, propiciada por la llegada de intelectuales continentales, ocasionando un auge del conocimiento de la cultura clásica en escuelas mixtas asociadas a los monasterios dúplices, tan extendidos en ese territorio. Este fue el caso del monasterio irlandés de Clonbroney, reconocido desde principios del siglo VIII como un gran centro cultural, gracias a la santa abadesa Samantha, que  tuvo, entre sus discípulos, intelectuales del calibre de Ferghil o Virgil, futuro obispo de Salzburgo.



Las nueve musas - miniatura del Hortus Deliciarum de Herrada de Hohenburg - siglo XII.


El proceso llega a su cúlmen en los monasterios femeninos  de la Alemania otoniana de Quedilinburg, Herford, Gandersheim y Essen, todos ellos fundados por mujeres de la familia imperial, en los que se estudian las Siete Artes Liberales, Derecho, incluso Teología y en cuyo entorno,  en el siglo XII, aparece la gran Hildegard de Bingen, a quien ya hemos dedicado en este blog una entrada específica (acceso directo a Hildegard) por su especial don e intelecto.


Representación de una de las visiones. 
Libro de las Revelaciones de Hildegard Von Bingen

Es en estos monasterios y escuelas monásticas donde nace el término "magistra", en sus varias acepciones. 
De un lado se aplica  a la abadesa, de otro a la maestra de novicias y mujeres jóvenes de la nobleza que aprovechan la instrucción excepcional de los monasterios femeninos hasta su casamiento. De igual modo la magistra instruye a los niños pequeños en sus primeras fases educativas.




Toda esta tarea va ineludiblemente unida a la necesidad de elaborar libros que permitan la enseñanza. Así, disponemos de verdaderas joyas como el Hortus Deliciarum" - Jardín de las Delicias- compuesto en la segunda mitad del siglo XII por  la abadesa del monasterio de Mont-Saint-Odilie, en Alsacia, Herrada de Hohenburg, una obra ilustrada que sólo conocemos a través de copias del siglo XIX, pués el manuscrito original fué destruido durante la guerra franco-alemana de 1870.  Su contenido posee un hilo conductor, la interpretación de las Escrituras, insertando conocimientos sobre Astronomía, Matemáticas, Agricultura, Música, Literatura, y casi todos los demás campos del conocimiento humano.
Otra de las cultas mujeres de la época es Eloisa, abadesa del monasterio fundado por su esposo, Pedro Abelardo, a quién él mismo define como "profunda conocedora de las letras" y que tuvo un gran conocimiento de la cultura clásica, la Filosofía y la Literatura. Son las normas de fundación del monasterio que las monjas del Paracleto , curioso y caprichoso nombre para su monasterio, sepan latín, griego y hebreo sin necesidad de tener, para ello, que realizar largos viajes y gastos.




Monumento funerario de la priora Eloisa y su esposo el Abad Pedro Abelardo en el  Cementerio del Padre Lachaise en París

También encontramos "magistrae" fuera de los muros de los monasterios como revelan las cartas de Roberto de la Sorbona, predicador de la corte del rey de Francia Luis IX a mediados del siglo XIII, y  fundador de la universidad de París, que revela sus estrechos contactos con el entorno de las beguinas, primero de Cambrai y luego de París, y la alta estima que tiene por aquellas. 
En la Edad Media las beguinas, son laicas consagradas que viven en su propia casa o en pequeñas comunidades especiales, y dedican su vida a la oración, el trabajo, la asistencia a los pobres y enfermos y a tareas intelectuales. De hecho se constata la compra de textos en las librerías del entorno de la Universidad de París que luego copian y difunden. El propio Roberto confiesa el aprieto en el que una beguina de Cambrai le puso durante uno de sus sermones al hacerle alguna observación intelectual y Raul de Chateauroux, uno de los primeros miembros de la Universidad de la Sorbona, deja constancia de su aprecio por la elocuencia de Agnés d'Orchies, maestra de las beguinas de París, asistiendo con frecuencia y tomando nota durante sus sermones.





Como magistra se reconoce también a la gramática Guisla y otra dama magistra citadas en un documento del siglo XI de la catedral catalana de Vic, entendiendo que puede tratarse de dos profesoras de gramática y literatura latina y griega de una escuela y a Beatriz, maestra privada de la condesa de Anjou, citada en un documento del siglo XII.
Para una escuela medieval no hay necesidad de estructuras u organizaciones rígidas sino que la acepción engloba la reunión de discípulos alrededor de un maestro o una maestra, alguien particularmente bueno para enseñar sobre una o varias materias y que, incluso hasta el siglo XV,  los maestros "laicos" enseñan en casa. 
El cronista Matteo Paris, a principios del siglo XIII, afirma que su contemporáneo, el gran filósofo de  John de Basingstoke, que había estudiado durante un período en Grecia, le debía  su aprendizaje a Constantina,  hija del obispo metropolitano ortodoxo de Atenas , quien había sido su magistra, y que ya a los  diecinueve años era experta en las siete artes liberales, siendo matemática y astrónoma y de la que el propio Juan de Basingstoke presume apodándola  "segunda Catalina", es decir, asimilándola a Santa Catalina de Alejandría, como vimos mas arriba estandarte de la sabiduría femenina.


   

Retrato de Trótula y miniatura del manuscrito Passionibus mulierum, de Trótula.


Mención especial dedicamos a Trotta o Trótula de Salerno (Para saber más de ella), médica de comienzos del siglo XII, cuyas estudios de Ginecología  harán que la afamada escuela llegue hasta el Renacimiento, y Hersenda , quien un documento fechado en 1250  en San Juan de Acre, aparece como médica personal del  Rey de Francia Luis IX, al menos durante la Cruzada.
Si bien es cierto que conocemos ejemplos de mujeres excepcionales a lo largo de la Edad Media en los diferentes territorios no lo es menos que en la faceta literaria destacan especialmente las damas nobles que presiden los círculos poéticos en torno a sus castillos y residencias que acaban transformando en centros de cultura y entre las que destacan Adele de Normandía, mecenas del abad Baudrí de Bourguil y Ermengarda de Narbonne, protectora de Pietro Rogiers.
En este contexto nace un concepto novedoso del amor que frente a las conocidas  chansons de toile y los aubes del siglo XI en las que la mujer sufría y languidecía. A lo largo del siglo XII los trovadores y trobairitzes celebran el placer, en todos los sentidos, la belleza, la sensualidad y la relación carnal con el punto de partida del amante que ha de merecer el amor de la mujer,  sometiéndose al "servicio de amor" , convirtiendo a la dama en el "señor" del trovador, al que le debe absoluta lealtad, únicamente a cambio amor.
Se trata, casi siempre, de grandes damas, las mismas que protegen e inspiran a los trovadores y/o poetas, y que organizan las "cortes de amor", juegos de mesa en clave amorosa, donde disputan los versos con sus "colegas" masculinos o presiden los mismos, como María, esposa del vizconde Ebolo V de Ventadour, de quien conocemos un reto poético con el trovador Gui d'Ussel, pero que también reunía e inspiraba a muchos otros poetas, y  Beatriz, condesa de Día (para conocer mas de Beatriz), que vivió en el último cuarto del siglo XII.



Sepulcro de Leonor en la Abadía de Fontevrault Anjou 

Leonor de Aquitania, nieta del duque Guillermo IX, considerado como el primer trovador,  fue una de las más importantes impulsoras del amor cortés y de la cultura provenzal del siglo XII . Reina de Francia y luego de Inglaterra, en su corte de Poitiers protegió y promocionó a trovadores, entre los que se encontraba Bernardo de Ventadour, intelectuales como Wace, quien  le dedica el Roman de Brut y la Crónica de los duques de Normandía , y Benedetto de Saint-Maure, quien escribe el Roman de Troie para ella.  En su modo de concebir el mecenazgo de las artes,  Leonor contribuye a la definitiva entrada de la figura de la dama como elemento esencial de la sociedad y la literatura. Con su protección de la poesía de trovadores la langue d, Oc se extiende y aparece un nuevo género literario, el de las Novelas de Caballería.
De hecho, su hija hija María, condesa de Champagne, se convertirá en  protectora del autor Chretien de Troyes, el  más conocido autor de novelas caballerescas medievales, convirtiendo su corte en uno de los centros de referencia del amor cortés, mientras su otra hija, Matilde, casada con Enrique el León, duque de Baviera y Sajonia, promociona la traducción de la Chanson de Roland al alemán.
Otra reina de Francia, María, es una de las mas importantes autoras de la Edad Media europea, especialmente por que su obra "Doce Lais Bretones", adapta la tradición prerromana al mundo cortés del siglo XII, lo que nos hace presuponer su gran conocimiento de la cultura clásica en la que se encuentran trazos de la Obra de Ovidio y el poeta normando Wace. Con María la mujer se convierte en el motor de la aventura,  del amor y de la recompensa en la vida del caballero, que se somete lealmente al servicio del amor a la dama que, a su vez, pule la brutalidad del guerrero. Así se pone de manifiesto en la obra de Chretien, donde Parsifal es refinado en sus impulsos por Blancaflor y en el Lanval de María de Francia, que debe aprender el valor del secreto del amor.
En el caso de las universidades, en buena parte de los casos, surgidas al amparo de de la autoridad episcopal y derivadas de las escuelas catedralicias,  se produce una exclusión de las mujeres llegando a llevar ante los tribunales a varias médicas en París en el siglo XIV. Excepcional es el caso de Bolonia donde conocemos discípulas y maestras entre las que se encontraría Andrea, que vivió en la segunda mitad del siglo XIV y era hija del gran maestro de derecho Giovanni d'Andrea. Su hermosura le obligó a tener que enseñar escondida detrás de una cortina para no molestar a sus alumnos, tal y como refiere en el siglo XV  Christine de Pizan.
Ya a finales del siglo XIII, el papa Bonifacio VIII había establecido un claustro estricto y absoluto para todas las órdenes religiosas femeninas, propinando un revés al papel de los monasterios femeninos como lugares de transmisión de conocimiento y presionando para sospechar de las beguinas,  que fueron, en algunos casos, acusadas de herejía, como le ocurrió a Margherita Porete, quemada viva en París en 1310 como creyente del Espíritu Libre, un movimiento herético de tendencias panteístas. De ella queda una verdadera obra doctrinal, "el Espejo de las almas simples", recientemente reevaluado también por los teólogos.


No obstante esa intención imparable de apartar a las mujeres de la cultura se produce lentamente y aún en el siglo XIII conocemos mujeres nobles educadas que incluso estaban dispuestas a ayudar a la Universidad, como Jeanne de Châtel, que ofrece una protección económica para jóvenes de Saint-Jean des Vignes que quieran estudiar en París.
Las mismas mujeres de familias dedicadas al comercio saben leer, escribir y contar, solo para poder administrar negocios familiares junto con sus esposos o en su ausencia, como se atestigua la figura de Beatriz de Nazaret, hija de un comerciante belga (Bartolomé de Tirlemont), que durante su infancia estudió latín y mas tarde se unió a las beguinas de Léau  y de la que se conserva una autobiografía completa en latín y un tratado místico en flamenco bajo el título "Los siete modos de amor".
Dejo aquí el tema para retomar con Cristine de Pizán y sus contemporáneas en próximas entradas del blog.

¡Les deseo una feliz semana!






Bibliografía

Alcuin Blamires, El caso de las mujeres en la cultura medieval , Oxford University Press, 1998;
Patricia Ranft, Mujeres en la cultura intelectual occidental, 600-1500 , Nueva York, Palgrave Macmillan, 2002;
Joan M. Ferrante, Para la gloria de su sexo: los roles de las mujeres en la composición de textos medievales , Indiana University Press, 1997;
Au cloître et dans le monde: femmes, hommes et sociétés, IXe-XVe siècle: mélanges en l'honneur de Paulette L'Hermite-Leclercq , editado por Patrick Henriet y Anne-Marie Legras, París, Presses de l'Université de Paris-Sorbonne, 2000.
Zimmermann, Écrire et lire en Catalogne (IXe-XIIIe siècles) , Madrid, Casa de Velázquez 2003, 2 vols;
Myrrha Lot-Borodine, De amour profane à amour sacré: études de psychologie sentimentale au Moyen Age , París, Librairie Nizet, 1979;
Régine Pérnoud, La mujer en la época de las catedrales , Milán, Rizzoli, 1980;
Id., Historia de un escritor medieval: Cristina da Pizzano , Milán, Jaca Book, 1996;
Id., Eloisa y Abelardo , Milán, Jaca Book, 1984;
Amy Livingstone, Mujeres poetas latinos: idioma, género y autoridad, desde la antigüedad hasta el siglo XVIII , Oxford University Press, 2005;
Fredric L. Cheyette, Mujeres, poetas y política en Occitania, en "Mujeres aristocráticas en la Francia medieval", editado por Theodore Evergates, University of Pennsylvania Press, 2010, pp 138-177;
Erika Maderna, Medichesse. La vocación femenina al cuidado , Sansepolcro (AR), Aboca, 2014;
Helen Conrad-O'Briain, ¿las mujeres podían leer y escribir en la Edad Media? en Conceptos erróneos sobre la Edad Media, editado por Stephen Harris y  Bryon L. Grigsby, Oxford, Routledge, 2010, pp. 236-239 .

Enlaces

miércoles, 26 de junio de 2019

La mezquita alhama de Valladolid del siglo XV



Esquina suroeste de la Sala de Oración de la Mezquita Alhama de Valladolid y su remate sobre el trazado de la segunda muralla de Valladolid levantada en el s XIII.
Se advierte el pavimento de mortero de cal al interior y un enlosado al exterior.
Fotografía Patrimonio Inteligente.


Hasta ahora, la documentación histórica y la arqueología habían puesto de manifiesto la existencia de una mas que notable, aunque minoritaria, comunidad musulmana en la ciudad medieval de Valladolid. Así, los archivos, la toponimia urbana y la excavaciones arqueológicas de la Casa de la Beneficencia -hoy Casa del Estudiante- sacaban a la luz la existencia de un colectivo numéricamente significativo del que además contamos con datos científicos que se derivan del análisis de las propias inhumaciones. De todo esto ya hablamos en el blog hace un tiempo. (Para ampliar información, puedes seguir este enlace)
Los hornos alfareros excavados en la calle de Santa María donde se fabricaban lozas y brazaletes de pasta vítrea completaban el panorama de estudios sobre la comunidad mudéjar de la ciudad de Valladolid, pero recientemente,  fue Olatz Villanueva Zubizarreta,  especialista en mudejarismo y doctora e investigadora de la Universidad de Valladolid,  quien advirtió de que se llevaban a cabo unos sondeos geotécnicos en el interior de unos locales directamente situados sobre el antiguo solar de la mezquita alhama del siglo XV.
Este fue el detonante primero de la puesta en marcha de un trabajo de protección patrimonial por el que el entonces  futuro proyecto - hoy edificio residencial en el número 5 de la céntrica calle de Claudio Moyano- debería, como así se establece en el Plan General de Ordenación Urbana de la ciudad, contar con un estudio arqueológico previo.
De este modo se iniciaron los trabajos arqueológicos bajo la dirección de los arqueólogos de la empresa Patrimonio Inteligente, con Angel Palomino Lázaro a la cabeza, que a lo largo de dos campañas de excavación y estudio, han permitido reconocer las características principales de una singular construcción de la Baja Edad Media en Castilla.
Constituía el principal complejo religioso de los musulmanes vallisoletanos que incluía varias estancias y que fue construído a comienzos del siglo XV, entre 1411 y 1415. Los Ordenamientos de la reina Catalina de Lancaster en 1412, obligaban a «la comunidad de moros de la ciudad» a asentarse en su propio barrio, la aljama, apartándolos del resto de los habitantes de la ciudad. Así pués, arrendaron una zona de huerta cedida por el Cabildo  donde levantaron sus casas, talleres y el edificio más importante, el de reunión y culto: el almají, forma castellanizada del nombre arábigo de mezquita (al-mayīd), todo ello en el extremo sur de la ciudad, junto a la cerca de la villa.
Algo menos de un siglo después, en  el verano de 1506 el complejo era derribado como consecuencia de los ordenamientos de la Pragmática de Bautismo Obligatorio promulgada en 1502. 
Tras la expulsión de los no conversos, la zona siguió ocupada por los recién bautizados, ya sin su antiguo edificio religioso, del que solo quedaban algunas partes derruidas, según textos del momento, manteniéndose en esta zona una intensa actividad alfarera.
El solar, una vez desaparecida la actividad artesanal permaneció vacío hasta la construcción del edificio actualmente existente como puede comprobarse en el plano de Ventura Seco de 1738.



Los restos hallados durante la excavación arqueológica son la constatación material de la existencia, de ahí su excepcionalidad,  de una mezquita en este territorio situado en el centro de la Cuenca del Duero, una zona donde la comunidad islámica vivía en minoría. Un cálculo estimativo revela que este grupo podría haber estado compuesto por unos 500 individuos recluidos en su propio barrio, conocido como la Morería. 
El Complejo del Almají, así es mencionado en la documentación,  se componía de diversas estancias dedicadas a las manifestaciones cultuales y sociales de aquellos mudéjares: la Casa de Oración,  la Casa de bodas,  la vivienda del Alfaquí y una casa para pobres se situaban en tono a un gran patio. Una parte muy importante de este complejo es el que ha sido reconocido y está siendo objeto de estudios pormenorizados.
La sala de oración conserva aún un potente pavimento de mortero de cal, mientras que en el patio el solado es de canto rodado. 
La Sala de rezo, de unos 23 x 13 m, mantiene la orientación canónica, esto es, con el muro oriental en dirección a La Meca.
Se constata la destrucción deliberada del edifico, tal y como  es recogida en documentación histórica de 1506, registrándose alturas máximas de los muros en 1,5 m. No comparece, tampoco, evidencia alguna de los elementos de cubierta ni del  ornato interior de la construcción.
Esta investigación arqueológica forma parte de un proyecto de excelencia que investiga mezquitas y cementerios mudéjares de las villas y ciudades del valle del Duero en las que habitaron los mudéjares, y que constituyen un referente para el rezo y la reunión de la comunidad,  liderado desde la Universidad de Valladolid.
Mientras que en unos casos se trata de simples menciones a su existencia, en otros se acompañan de datos que permiten localizarlas, datarlas y reconocerlas. Así, se conocen las mezquitas de las aljamas más populosas, como Ávila, Valladolid -objeto de esta noticia por su reconocimiento arqueológico- y Arévalo y también de algunas de menor entidad, con una vecindad de varios centenares de mudéjares, como Burgos, Segovia o Aranda de Duero,  o de entorno a un centenar, caso de El Barco de Ávila, Piedrahita o Palencia.



Vestido de paseo de las mujeres moriscas,  en Christoph Weiditz, Trachtenbuch, Germanisches Nationalmuseum Nürnberg, Hs. 22474, fols. 97-98.



La conversión de los moriscos. Retablo de Felipe Vigarny

Completan los datos arqueológicos del sector excavado la cimentación de la segunda línea de muralla de la ciudad, construida a comienzos del siglo XIII, y que en el siglo XV limitaba por el sur el espacio ocupado por la comunidad morisca, muy cerca de la llamada Puerta del Campo,  y los hornos alfareros con los que la  comunidad  fabricaba las producciones cerámicas en lo que hoy conocemos como barrio de Santa María. Se trata de tres hornos cerámicos de los siglos XVI y XVII, así como un gran número de piezas, mayoritariamente vidriadas en blanco, que ponen de manifiesto la importancia de esta actividad en el contexto socio-económico de la ciudad.
El proyecto y la protección del Patrimonio, así como todos los agentes implicados, buscan, sin retraso alguno en las previsiones de obras, sinergias para garantizar su adecuada conservación. La promotora de las obras, la Junta de Castilla y León y el Ayuntamiento trabajan en la línea de la puesta en valor del espacio para su visita si bien parece prematuro avanzar una solución en estos momentos. Tiempo al tiempo.




Horno del siglo XVI realizado sobre el encachado de canto rodado del patio de la Casa del Almají.
Fotografía Patrimonio Inteligente.



Con los arqueólogos Quique Santamaría (equipo de campo de Patrimonio Inteligente), Eduardo Carmona (Servicio Territorial de Cultura de Valladolid), Manuel Moratinos (equipo de investigación) y Oscar Burón (arquitecto del Ayuntamiento de Valladolid), visitando el proceso de excavación de la mezquita y dilucidando con el plano de planta de excavación.


Existen evidencias de la reutilización de piezas procedentes del remate de mezquitas urbana desaparecidas en algunas singulares iglesias de algunas de nuestras ciudades y villas. Así sobre el frontón de la iglesia vallisoletana de San Pablo la veleta y la cruz apoyan  sobre un yamur musulmán.
Este tipo de piezas se levantaban sobre el alminar de una mezquita y están conformados por varias bolas, de diámetro decreciente de abajo hacia arriba, que los musulmanes rematan con una media luna.
Concluida su expulsión las esferas decrecientes se mantuvieron en su configuración -alineadas en vertical-  añadiendo el remate de la cruz cristiana o una veleta.


                

                                                  

                                      Yalmur rematado con veleta y cruz en San Pablo de Valladolid,
                                      yalmur de Santo Domingo, en Arévalo, Avila, sólo con cruz 
                                      y yalmur que corona el campanario de la catedral de Palencia.


Quiero agradecer a mis colegas la oportunidad de visitar y conocer de primera mano el trabajo y las evidencias y registro arqueológico. A ellos y su "oficio" debemos el conocimiento de nuestra historia. A ellos van dedicadas estas líneas.


¡Que tengan una feliz semana!






Enlaces

https://patrimoniointeligente.com/patrimonio-debajo-de-tu-casa/
http://ermitiella.blogspot.com/2015/01/la-maqbara-de-valladolid-mudejares-en.html
http://mezquitas-cementerios-mudejares.uva.es/author/mezcemmud/
http://www.jcyl.es/jcyl/patrimoniocultural/dueromudejar/historia-mudejar/index.html
http://revistas.uned.es/index.php/ETFIII/article/view/12653

miércoles, 8 de mayo de 2019

la Villa de Adriano, en Tívoli






“Animula vagula, blandula, hospes comesque corporis; quae nunc abitis in loca palidula rigida, nudula nec, ut soles dabis iocos”.

“Pequeña alma mía, vagabunda y encantadora, huésped y compañera del cuerpo, ahora andarás por lugares diáfanos, fríos y desnudos, y no bromearás como solías hacerlo”.

Adriano


Desde que leyera, reiteradamente y desde mi juventud, la obra de Marguerite Yourcenar, traducida por Julio Cortázar al castellano, fue una constante el deseo de conocer la villa adrianea de Tívoli. Pude ver cumplido mi sueño en enero de 2016 con una mezcla de expectación, emoción y admiración. Tuve la enorme suerte de visitarlo con tiempo, sin turistas, en un día plomizo y con una amiga del alma.



El emperador Adriano es uno de estos iconos culturales en el que se mezclan los viejos valores de la ciudad latina dando respuesta a las inquietudes de la gente, y otros absolutamente innovadores, un personaje controvertido, lleno de matices, capaz de ejercer el despotismo y, a la vez, de elevar la razón a la categoría de principio rector de su gobierno.
Los versos que inician este texto resultan ser los únicos conservados de una vasta obra poética perdida y son el fiel reflejo de su alma inquieta y romántica, si bien Adriano no fue nunca mas que un poeta aficionado.





Aureus con busto de Adriano en el anverso

Publio Elio Adriano había nacido el 79 d. de C. probablemente en Hispania, en la ciudad de Itálica (Santiponce, Sevilla),  hijo de un simple pretor, en una familia senatorial y adinerada, sí, pero de provincias, lo que no hacía presagiar el destino que le esperaba, si bien es cierto que muy pronto destacó por su carácter y dotes militares.
Adoptado como sucesor de Trajano,  fue aclamado emperador en el 117, mientras ocupaba el cargo de gobernador de Siria. Con el se inicia la consolidación real del Imperio. Entre los años 121 y 134 dirigió las campañas en Germania, la Galia, Britania -donde levantó el Muro de Adriano contra los Pictos- Hispania, Norte de Africa y Oriente.
A su regreso a Roma, en el 134 se dedicó a la reordenación administrativa de la Península Itálica y a la reforma fiscal de las provincias.
Murió en 138, a los 59 años.



Una de sus grandes operaciones constructivas, culturales y representativas  se llevó a cabo en la antigua Tibur, hoy Tívoli,  ciudad que había sido fundada por los latinos al sureste de Roma, cerca de las cascadas del Anieno, y que en época de Augusto se había convertido en una de las localidades de veraneo más de moda entre los patricios romanos: Casio, Mecenas, Horacio, Quintilio, Varo, Cátulo, Salustio, Augusto y, naturalmente, Adriano gozaban de este lugar, en el que se hallaba además el famoso santuario de Hércules, el Oráculo de la Sibila y unas termas de aguas sulfurosas, conocidas como Acque Albule -hoy Baños de Tívoli- , sumamente apreciada por el emperador.
Para ello se ocupó una meseta orientada entre dos valles, el del agua Ferrata al este y el de Risicoli o Rocca Bruna al oeste. Para crear un complejo tan grandioso, Adriano decidió trasladar su residencia fuera de la capital, Roma, eligiendo para ello un territorio verde y rico en agua por la que  pasaban cuatro de los antiguos acueductos (Anio Vetus, Anio Novus, Aqua Marcia y Aqua Claudia).
Situada a unos 28 km de Roma, era accesible tanto desde la vía Tiburtina como desde la vía Prenestina, así como por vía fluvial a través del río Anio.







Las fuentes literarias nos dicen que Adriano, con una personalidad extremadamente versátil, amó especialmente la arquitectura, a la que se dedicó personalmente. Las características de la planta de la Villa Adriana difieren de las costumbres arquitectónicas de la época y demuestran esta participación y competencia fuera de duda. 
El complejo constructivo de unas 120 hectáreas levantado sobre una villa familiar de época republicana, y que se compone de un conjunto de 30 edificios, se halla perfectamente insertado en el territorio en una estudiada programación de modo que ha sido definido por el arqueólogo   B. W. Cunliffe  como “un estudiado paisaje arquitectónico”.
La construcción del enorme complejo, que comenzó un año después de la llegada al principado, duró más de diez años, coincidiendo con el período en el que el emperador se hallaba recorriendo las diferentes provincias romanas, por lo que la Villa representa, de forma simbólica, el variado y extenso territorio romano para el que Adriano buscaba tenazmente la unificación.
Basó, así,  el proyecto, como conocedor y amante de la tradición helenística, en modelos, lugares y monumentos que le habían resultado impresionantes.
Los inicios, que se habían limitado a la restructuración y ampliación de los edificios preexistentes, enseguida fueron ampliados con instalaciones termales, la construcción de un gimnasio y una sala para los banquetes oficiales,  almacenes, pórticos, piscina e incluso un teatro- fue construido a medida que el lugar iba adquiriendo sus dimensiones monumentales definitivas, que puede decirse que se completaron solamente en el 133.


La Villa incluyó edificios residenciales, termas, ninfeos, pabellones, jardines que se alternan según una distribución completamente inusual e innovadora.
Los distintos edificios estaban conectados entre sí, tanto por caminos en superficie como por una red de caminos subterráneos para vehículos y servicios.
Villa Adriana estaba concebida como un complejo representativo en el que confluían todos los requisitos necesarios para completar e incluso sustituir el Palacio imperial de Roma. Podía sumir todas las funciones pública inherentes a la figura del emperador, pero garantizaba al mismo tiempo una cierta privacidad y amparaba a Adriano de las contiendas de la corte y del control ejercido por el senado. 
En Tívoli el emperador pudo poner en práctica sus personales concepciones arquitectónicas, a medio camino entre el riguroso clasicismo y la experimentación barroca, rodeado por audaces intuiciones escenográficas y por el empleo libre de prejuicios de nuevos métodos de construcción. De hecho, Villa Adriana es famosa también por el frecuente empleo de las superficies curvas y en particular por la gran variedad de cúpulas –semiesféricas, gajos, ojivales- acompañado por una búsqueda constante de los efectos visuales.




El acceso principal de la villa se situaba al norte, a través de un ramal de la Vía Tiburtina que rodeaba el llamado valle de Tempe, llamado así por su parecido a un célebre lugar del mismo nombre de Tesalia.  En este lugar se encontraba la Hospitalia, un edificio destinado a residencia-dormitorio de los pretorianos de guardia en la entrada. Era un edificio de dos pisos con 10 habitaciones, cada una de las cuales tiene tres alcobas para tres camas. El pavimento era de mosaico blanco y negro con diseños geométricos y florales y los muros se cubrían con frescos pintados con escenas mitológicas.

Hacia el interior se halla el Teatro Marítimo, uno de los elementos más sugestivos e íntimos del complejo, formado por un murallón anular, porticado hacia el interior, y rodeado, al interior, por un canal que delimita una islita circular, en su tiempo dotada de dos pequeños puentes levadizos, sobre la que se alzaba  una villa en miniatura destinada al reposo y al aislamiento, dispuesta alrededor de un patio con fuente y completada con unas pequeñas instalaciones termales.




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Pasado el Teatro Marítimo se extiende la parte central de la villa, que comprende las termas (Mayores y Menores),  el patio de las Bibliotecas -en realidad,  dos triclinios de verano, o  salas para comer, que forman parte del núcleo más antiguo del palacio- , el Palacio, el Ninfeo, la Sala de las Columnas Dóricas con el Cuartel del Cuerpo de Guardia al lado y finalmente la Plaza de Oro, rodeada por un peristilo y un pórtico con dos naves.







Plaza de Oro



Biblioteca

Desde la Sala de las Columnas Dóricas, en realidad una basílica, se accede a la estancia llamada Sala del trono, que muy probablemente constituía una especie de aula palatina, destinada a las sesiones solemnes de la corte imperial. El lado norte de la Plaza de Oro se caracteriza por un vestíbulo de planta octogonal cuya cobertura constituye uno de los más notables ejemplos de cúpula a gajos, mientras que en el lado sur se halla un gran y complejo ninfeo semicircular, quizá un triclinio de verano.


Enorme muro con acceso al Pecile



Jardines y gran estanque del Pecile

En la pared occidental de la Sala de los Filósofos, cerca del Teatro Marítimo, se halla adosado uno de los lados cortos del Pecilo, una gran plaza rodeada de pórticos que formaba una especie de xystus de inspiración griega, es decir, un lugar destinado a pasear y a charlar. 
Hacia el este se encuentran el edificio del Estadio y la Cenatio de verano, destinada a los banquetes oficiales. El grupo de estancias que sigue comprende las Pequeñas y las Grandes Termas, el Vestíbulo y finalmente el Canope.



Canope







El Canope es un proyecto paisajístico arquitectónico de primer orden que posee un jardín aterrazado de 160 m con un canal - de 119 x 18 m- a lo largo de su eje principal. Alrededor del canal corría una columnata, que estaba curvada en el lado norte, sola en el lado oeste y doble en el lado este. En el medio del lado occidental había cuatro "Cariátides" y dos Silenos en lugar de columnas. Estos aluden a Atenas: el primero al Pórtico de las Doncellas en el lado sur del Erecteión en la Acrópolis; el último para los silenos de Adriano que decoran el escenario del Teatro de Dionisio. Las estatuas en el lado norte, de trazado redondeado, incluían dos amazonas, ua Hermes y un guerrero, tal vez Teseo.
Las amazonas son copias de estatuas en el Templo de Artemisa en Éfeso.
Aquí también se han encontrado cabezas con retratos de un joven Adriano y un varón Julio-Claudio - quizá Julio César-, como estatuas de un cocodrilo y personificaciones del Nilo y el Tíber.
En una plataforma en el agua cerca de ambos extremos del canal se erigieron grupos de estatuas con Scylla.




Serapeum

En cualquier caso, el Canope era un auténtico museo al aire libre que ofrecía un espectáculo visual a quienes tenían el privilegio de cenar en el Serapaeum, una gran exedra semicircular cubierta por una semicúpula a gajos, alternativamente cóncavos y planos; en realidad, un enorme lecho triclinal en forma de letra Σ identifica el edificio como una imponente cenatio de verano. Su planta se inspira en la de los templos egipcios y armoniza con el depósito de agua vecino: más bien un canal, de hecho, unía en la antigüedad Alejandría con la ciudad de Canope, donde se hallaba un célebre templo de Serapis. El canal y la ciudad eran célebres por las fiestas y los banquetes, un eco de los cuales se refleja en el famoso mosaico nilótico de Palestrina.
Fué en Canope donde murió ahogado Antinoo, el amante del emperador, que a causa de este hecho cayó en la más profunda depresión. No es pues por azar que aquí hayan sido halladas las estatuas más hermosas del joven efebo, junto con las imitaciones de las Cariátides del Erecteion.
Muchas otras copias de célebres obras escultóricas, como la Venus de Cnido, obra maestra de Praxíteles, adornaban los distintos sectores de la ciudad, haciendo eco del gusto coleccionista del emperador. 



Estructuras de la zona residencial de la villa.

Durante la Alta Edad Media Villa Adriana fue expoliadas para reutilizar los materiales en los edificios del nuevo Tívoli. 
Afortunadamente, en el siglo XV, Biondo Flavio, historiador y humanista del Renacimiento italiano, identifica las ruinas como la villa del emperador Adriano que mencionaba la “Historia Augusta” y el papa Alejandro VI Borgia promueve las primeras excavaciones del Odeón. 
La moda del coleccionismo entre los nobles y los eclesiásticos hizo que en el siglo XVI se retomaran las excavaciones, pero no será hasta la intervención de Hipólito d’Este, hijo de Lucrecia Borgia, gobernador de Tívoli, cuando estas sean financiadas y planificadas.
Entra, en ese momento, en escena el arquitecto Pirro Ligorio que dirige las excavaciones con el único fin de recuperar objetos y mármoles con los que decorar Villa d’Este de Tívoli, y dejó escritas sus intervenciones junto con leyendas y descripciones de los antiguos romanos en los Códigos Ligorianos.
Las excavaciones continuaron; por encargo de la familia Bulgarini se removieron tierras y los hallazgos acabaron en los Museos Vaticanos. El cardenal Alejandro Furietti, obteniendo el permiso para excavar por encargo de la familia Bulgarini, sacó a la luz célebres obras como la estatua de los Centauros de Aristeas y Papias y el Fauno Rojo que se encuentran en los Museos Capitolinos o los candelabros Barberini conservados en los Museos Vaticanos.
También proceden de aquí las ocho musas de Cristina de Suecia, actualmente en el Museo del Padro de Madrid,  y la Diana de Versalles , en el Museo del Louvre de París.


www.museivaticani.va
Reconstrucción del Serapeum del Canopo de Villa Adriana en Tívoli

En el siglo XVIII la propiedad de la zona pasa al Conde Fede quien  hizo plantar los famosos cipreses y excavó activamente buscando tesoros para su colección, dispersa después de su muerte.
Desde entonces Villa Adriana fue expoliada por parte de los aristócratas ingleses, quienes trasladaron los hallazgos a Inglaterra y sólo a finales del siglo XIX, en 1873,cuando con la reunificación de Italia el estado se hizo cargo de la propiedad de los restos, es cuando se inician los trabajos de  excavación arqueológica y restauración que duran hasta hoy.
Desde 2003 existe un programa permanente de intervenciones.
En 2013 se produjo el descubrimiento tras la Plaza de Oro, de un  conjunto de cinco edificios monumentales de rara elegancia arquitectónica, decoradas con estatuas colosales, diseñado por Adriano para ofrecer recorridos privilegiados, creando fondos paisajísticos de carácter idílico, fruto de la larga y compleja campaña de excavaciones llevada a cabo por la Universidad La Sapienza bajo la dirección científica de Patrizio Pensabene en estrecha colaboración con la Superintendencia para los Bienes Arqueológicos del Lazio y la directora de Villa Adriana Benedetta Adembri. 
En 2016, mientras realicé la visita que acabo de describirles, el teatro marítimo estaba siendo objeto de una intervención restauradora y la Universidad sevillana Pablo Olavide bajo la dirección del doctor Rafael Hidalgo, realizaba la excavación del stibadium, el salón circular de banquetes en el que el propio Adriano realizó numerosas recepciones. Se cree que los apartamentos privados del emperador se encontraban muy cerca de este recinto, lo cual nos permite hacernos una idea de la importancia de estas excavaciones.
La Villa Adriana en Tívoli es uno de los lugares  incluidos por la Unesco en la Lista de Bienes del Patrimonio Mundial en 1999.
A día de hoy, es uno de los destinos turísticos favoritos de los amantes de la Cultura Clásica que viajamos a Italia.
Como parte de la reforma del Ministerio de Patrimonio y Actividades Culturales, a partir del 1 de septiembre de 2016, los sitios monumentales de Villa Adriana , Villa d'Este y el Santuario de Ercole Vincitore se unieron bajo una sola administración autónoma.






Para los mas curiosos hay un enlace muy especial en el que pueden trastear con planimetría actualizada  y 3d aquí




Recorrido de visita



Pila de mármol situada en la entrada de la villa

El recorrido de la visita se inicia en la entrada hasta llegar a los muros del Pecile una enorme construcción porticada entorno a  un estanque impresionante y jardines. Se continúa por la vivienda de la servidumbre, las llamadas   Cien habitaciones,  para llegar a  las Pequeñas Termas y las Grandes Termas, que posiblemente estaban destinadas para mujeres y hombres respectivamente.
A la derecha dejaremos los restos del Vestíbulo, justo antes de divisar el recinto del Canopo.
Volviendo hacia atrás accedemos al Praetorium, para continuar hasta el edificio de la Peschiera. A su izquierda el stadium, en este punto torcemos a la derecha para dirigirnos a la Piazza d’Oro, llamada así por la cantidad de objetos que salieron a la luz con las excavaciones, pero que pudo cumplir funciones públicas.
Retrocediendo llegamos al Palacio Imperial y a los barracones de la cohorte del emperador. El camino circular bordea la villa republicana, el Hospitalia, el Triclinio imperial y la biblioteca para desembocar en el impresionante Teatro marítimo.
Ya volviendo a la entrada visitamos finalmente los restos del templo de Venere Cnidia y Ninfeo y el Teatro griego, este último por desgracia bastante arruinado.


¡Les deseo una feliz semana!





Enlace:

http://www.villaadriana.beniculturali.it/index.php?it/204/villa-adriana


AREA ARCHEOLOGICA DI VILLA ADRIANA

 (Largo Marguerite Yourcenar, 1. 00010 Villa Adriana - Tivoli)

e. mail: villaadriana@beniculturali.it

Web: www.villaadriana.beniculturali.it